No amas… necesitas.
Necesitas que te contesten, que te validen, que no se vayan.
Y cuando no lo hacen, te rompes.
Te pones celoso, controlas, manipulas… y luego lo justificas como “amor”.
Pero no es amor.
Es miedo a que te dejen y no saber qué hacer contigo.
La dependencia emocional no se ve como enfermedad.
Se ve como intensidad, como apego, como “así soy”.
Y por eso no la cuestionas.
Lo incómodo es esto:
no estás amando… estás necesitando.