El Dios a quien servía el hijo de Isaac, a quien había encomendado su viaje y que le había prometido en aquel sueño en Be-tel su presencia y bendición cumplía su promesa, y todos alrededor de Jacob se beneficiaban con ello.
El camino sería largo, sinuoso, vendrían tiempos de alegría y tristeza, de victorias y derrotas, pero todo esto sería parte del proceso de Dios para “hacer de Jacob lo que le había prometido”.
Problemas, problemas y más problemas. Parece que la vida de Isaac estuvo llena de ellos. Pero aun en medio de todo eso, como ya señalé, Dios lo bendijo, lo próspero y le ratificó la promesa hecha a su padre Abraham.
Física y espiritualmente, la importancia de la oración está en el asiento desde donde se sostiene el clamor ante Dios, y esa debe ser nuestra prioridad al momento de acercarnos a Dios.
Abraham, en medio de su tristeza, tuvo que negociar una heredad para poder enterrar el cuerpo de Sara, pero lo que destaca de este versículo es que lo hizo bien.
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About Isaí Rodríguez Ruiz
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Un poco de todo lo que como cristiano, pastor, maestro y escritor me impulsa cada día.