Pero él sigue sentado en su trono. Las mayorías no mandan en el cielo, y ciertamente no son superiores al Todopoderoso y su autoridad sobre el universo.
Le recordó a Noé que los días grises pasaron ya, las penas y dolores se han ido, la tormenta se ha disipado, el sol brilla nuevamente en todo su esplendor, y con él la oportunidad de disfrutar de todo aquello que Dios regala a sus criaturas: vida plena en él.
Dadas las condiciones de encierro, es de esperar que todos en el arca desearan tener noticias alentadoras que les animaran para saber cuándo podrían dejar la embarcación.
Qué gran lección de disposición, fe y obediencia nos deja Noé como legado. Sin importar el contexto, hoy es fundamental que los hijos de Dios muestran su dependencia de la gracia divina con una vida en la que hagamos “todo” lo que Dios nos ordene.
Es por eso que en este tiempo, el medio provisto por Dios ya no es un arca, sino una cruz, la cruz de Cristo, a la que todos podemos llegar y en ella recibir perdón y establecer un pacto de comunión con nuestro creador.
Qué más decir de Jesús, quien con su acto de “sustitución” tomó el lugar que nos correspondía en el castigo merecido por nuestros pecados y recibió la condena de nuestra maldad.
El huerto es un espacio donde Dios puede descender para pasear. A la sombra de los árboles, con el viento moviendo las ramas y generando esa sensación de llenura, plenitud, satisfacción.
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About Isaí Rodríguez Ruiz
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Un poco de todo lo que como cristiano, pastor, maestro y escritor me impulsa cada día.