Jardinería y Paisajismo (Oficial)

Jardinería y Paisajismo (Oficial)

By Claudio DorattoLeisureHome & Garden
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Jardinería y Paisajismo (Oficial) episodes

  • >> 36 - Esto es un panel solar para una máquina del sex0
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
    Mi boletín aquí: https://claudiodoratto.com/boletin
    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    ¿Te acuerdas de mi amigo “el pelao”, al que molestábamos cuando era joven cada vez que iba a la peluquería?
    Con el paso del tiempo su frente comenzaba a brillar bajo el sol.
    Era lustrosa y brillante.
    Pero él es un tipo de un humor extraordinario, como otro del que te contaré la semana que viene.
    Cuando Hernán tenía unos 23 y volvía de la peluquería, más evidente era su calvicie.
    Con el tiempo decidió afeitarse la cabeza.
    Pero volviendo a sus 23 años, nuestros 23. La falta de cabello estaba asumida completamente.
    Es más, bromeaba con ella.
    Pasando su mano por el cuero cabelludo sin cabellos.
    Desde la frente hasta la nuca y mirándonos con ojos pícaros nos decía: “esto no es una pelada, es un panel solar para una máquina del sex0”
    Te imaginarás nuestras carcajadas.
    Pero debo reconocer que algo debería de ser cierto porque era bastante “picaflor”. Un don Juan.
    Al recordar esta mañana esa historia y otras más.
    También me acordé de las plantas (como siempre), y en especial del césped.
    ¿Por qué?
    Porque otra vez mi vecino hizo cortar el césped.
    Bien, pero bien bajito. Como siempre.
    No llega al centímetro.
    De 25 a 1 cm.
    No lo cortó el mismo de la vez anterior.
    Lo hizo otro con la bordeadora de mano. Esas que enchufas a la corriente de la casa.
    Si juntas las imágenes del cuento de Rocky con las del “peluquero del césped” consigues visualizar el resultado.
    Quedó pelado y expuesto completamente al sol.
    Y no es precisamente un panel solar.
    Se veía el centro amarillo de las pequeñas matitas, casi los rizomas de la chipica.
    ¡Terrible!
    En fin, otro que no escuchó los podcasts ni los episodio de “Aprende jardinería”.
    Qué le “vamo a hace” dijo un paisano. Cosas que pasan y ya.
    Claudio. El jardinerista
    PD: Insisto con la altura del corte del césped. Cada especie tiene una altura ideal de acuerdo con la especie y a la época del año. Normalmente se deja algún centímetro más largo en pleno invierno y en pleno verano para protegerlo. También lo dejamos más largo en otras situaciones, pero de ello hablaremos otro día.
    PD1: Si tu césped creció más de lo esperado, lo ideal es hacer varios cortes hasta llevarlo a la altura deseada. Nunca de una vez.
    5 min
  • >> 36 - Esto es un panel solar para una máquina del sex0
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
    Mi boletín aquí: https://claudiodoratto.com/boletin
    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    ¿Te acuerdas de mi amigo “el pelao”, al que molestábamos cuando era joven cada vez que iba a la peluquería?
    Con el paso del tiempo su frente comenzaba a brillar bajo el sol.
    Era lustrosa y brillante.
    Pero él es un tipo de un humor extraordinario, como otro del que te contaré la semana que viene.
    Cuando Hernán tenía unos 23 y volvía de la peluquería, más evidente era su calvicie.
    Con el tiempo decidió afeitarse la cabeza.
    Pero volviendo a sus 23 años, nuestros 23. La falta de cabello estaba asumida completamente.
    Es más, bromeaba con ella.
    Pasando su mano por el cuero cabelludo sin cabellos.
    Desde la frente hasta la nuca y mirándonos con ojos pícaros nos decía: “esto no es una pelada, es un panel solar para una máquina del sex0”
    Te imaginarás nuestras carcajadas.
    Pero debo reconocer que algo debería de ser cierto porque era bastante “picaflor”. Un don Juan.
    Al recordar esta mañana esa historia y otras más.
    También me acordé de las plantas (como siempre), y en especial del césped.
    ¿Por qué?
    Porque otra vez mi vecino hizo cortar el césped.
    Bien, pero bien bajito. Como siempre.
    No llega al centímetro.
    De 25 a 1 cm.
    No lo cortó el mismo de la vez anterior.
    Lo hizo otro con la bordeadora de mano. Esas que enchufas a la corriente de la casa.
    Si juntas las imágenes del cuento de Rocky con las del “peluquero del césped” consigues visualizar el resultado.
    Quedó pelado y expuesto completamente al sol.
    Y no es precisamente un panel solar.
    Se veía el centro amarillo de las pequeñas matitas, casi los rizomas de la chipica.
    ¡Terrible!
    En fin, otro que no escuchó los podcasts ni los episodio de “Aprende jardinería”.
    Qué le “vamo a hace” dijo un paisano. Cosas que pasan y ya.
    Claudio. El jardinerista
    PD: Insisto con la altura del corte del césped. Cada especie tiene una altura ideal de acuerdo con la especie y a la época del año. Normalmente se deja algún centímetro más largo en pleno invierno y en pleno verano para protegerlo. También lo dejamos más largo en otras situaciones, pero de ello hablaremos otro día.
    PD1: Si tu césped creció más de lo esperado, lo ideal es hacer varios cortes hasta llevarlo a la altura deseada. Nunca de una vez.
    5 min
  • >> 35 - El día que una falda evitó pagar un vidrio - parte 2
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
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    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    Hoy continuamos con el cuento de ayer.
    Segunda parte.
    Aquí entra en el relato nuestra señora “granito”, una pequeña piedra de unos 5 mm de diámetro que había recorrido un largo camino en el dibujo del neumático de una camioneta hasta la estación de servicio.
    Allí se subió al lampazo y llegó al jardín con su cara manchada de aceite junto a tres papelitos y un chicle.
    Gonzalo, ignorante de su presencia camuflada con los colores de la tierra que la había recibido, sigue hermoseando el lugar, dentro de las posibilidades claro está.
    El cabezal de la desmalezadora que estaba utilizando tenía una tanza de unos 2,4 mm para el corte, de color amarilla. No es muy gruesa y permite acabados decentemente prolijos gracias a la pericia del operario.
    Esa tanza golpeó sin piedad a “granito” haciéndola volar unos 25 metros y deteniendo de forma brusca su trayectoria al golpear el vidrio nuevo, del camión nuevo, que en su primer viaje estaba allí.
    El vidrio colapsó en miles de diminutos pedazos y con ello cae al suelo el espejo retrovisor adherido a él.
    No te podés imaginar la reacción de Heriberto frente a ello cuando el sonido interrumpe la jocosa charla que tenía con un amigo.
    Casi se come crudo y con toda la ropa a Gonzalo.
    Un playero corre a mi encuentro en la distribuidora y me pone al tanto de la situación.
    El número de palabras fuera del lenguaje correcto era escalofriante.
    Heriberto tenía un diccionario aparte.
    Una vez iniciado mi diálogo y habiendo aplicado cuanta estrategia de mediación de conflictos recordaba de mi etapa docente. Logramos entendernos.
    Buscamos distintas opciones que si bien no reparaban el daño intentaban minimizarlos.
    El gerente de la estación de servicio se comunica con sus superiores y con la empresa que le vende el combustible.
    Comienza a partir de ese momento un interrogatorio que podría determinar no sólo la reparación del daño, “pagar el vidrio roto”, sino también perderlos a ellos como clientes.
    Voy a resumirte lo que, en esos quince minutos, que se sintieron como una hora.
    Me preguntaron:
    – Gerente (Ricardo): ¿El operario llevaba todos los EPP? ¿Te acordás que te dije antes que le llaman así, más moderno, a los Elementos de Protección Personal?
    – Yo: sí, botas con punta de acero, delantal, anteojos, protectores auditivos, …
    – Ricardo: ¿La desmalezadora está completa o le faltan piezas? Ésto lo pregunta porque habitualmente se observa que, para realizar más fácilmente el trabajo, se le quitan las piezas que protegen el cabezal de corte y aumentan en consecuencia el riesgo de accidentes.
    – Yo: Tiene todas sus partes y los elementos que hacen más segura su operación. Tiene su falda, que en realidad se llama faldón, y el complemento para el corte de la tanza así no sobresale del protector y hace más seguro el manejo. Y continúo diciendo, Gonzalo verificó que ningún vehículo estuviera a menos de 15 metros, pero en ocasiones los objetos alcanzados por la tanza vuelan más como lo hizo esa pequeña piedra.
    – Ricardo: más preguntas…
    – yo: más respuestas…
    Seguido al interrogatorio, el gerente se dirigió a las oficinas a realizar una llamada más por teléfono.
    Otra espera, ahora media hora que en mis huesos parecieron una hora y media.
    Sale Ricardo y se acerca con una cara que poco me permitía anticipar lo que me diría.
    Hemos verificado todo lo que nos dijiste, las cámaras de seguridad determinaron que es un “accidente” y no “negligencia”. Además, el chofer hacía cinco minutos que había finalizado su tarea y no debería haber estado allí por lo que para ustedes está todo bien
    Una tonelada de nervios se desprendió de mi espalda.
    “Una falda evitó pagar un vidrio roto y perder un cliente”.
    Con esta historia verídica, a excepción de los nombres, quiero que sepas lo importante del empleo de máquinas y herramientas tal como fueron diseñadas. Sin adaptaciones que pongan en riesgo tu integridad o la de quienes están cerca.
    Ahora todo depende de ti.
    Claudio. El jardinerista
    PD: El cuento habla de la importancia del empleo de los elementos de seguridad en el trabajo como de mantener las máquinas con todas sus piezas, que por algo están. Eso nos protege a los usuarios y a las personas que se encuentran cerca.
    PD1: Mis libros.
    • Siete historias de jardinería. Cuentos con aprendizajes entre líneas (2020)
    • Jardines para Cre-Ser en familia. (2021) el único serio.
    • Los correos del jardinerista. (2022) por ahora 5 entregas
    7 min
  • >> 35 - El día que una falda evitó pagar un vidrio - parte 2
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    Hoy continuamos con el cuento de ayer.
    Segunda parte.
    Aquí entra en el relato nuestra señora “granito”, una pequeña piedra de unos 5 mm de diámetro que había recorrido un largo camino en el dibujo del neumático de una camioneta hasta la estación de servicio.
    Allí se subió al lampazo y llegó al jardín con su cara manchada de aceite junto a tres papelitos y un chicle.
    Gonzalo, ignorante de su presencia camuflada con los colores de la tierra que la había recibido, sigue hermoseando el lugar, dentro de las posibilidades claro está.
    El cabezal de la desmalezadora que estaba utilizando tenía una tanza de unos 2,4 mm para el corte, de color amarilla. No es muy gruesa y permite acabados decentemente prolijos gracias a la pericia del operario.
    Esa tanza golpeó sin piedad a “granito” haciéndola volar unos 25 metros y deteniendo de forma brusca su trayectoria al golpear el vidrio nuevo, del camión nuevo, que en su primer viaje estaba allí.
    El vidrio colapsó en miles de diminutos pedazos y con ello cae al suelo el espejo retrovisor adherido a él.
    No te podés imaginar la reacción de Heriberto frente a ello cuando el sonido interrumpe la jocosa charla que tenía con un amigo.
    Casi se come crudo y con toda la ropa a Gonzalo.
    Un playero corre a mi encuentro en la distribuidora y me pone al tanto de la situación.
    El número de palabras fuera del lenguaje correcto era escalofriante.
    Heriberto tenía un diccionario aparte.
    Una vez iniciado mi diálogo y habiendo aplicado cuanta estrategia de mediación de conflictos recordaba de mi etapa docente. Logramos entendernos.
    Buscamos distintas opciones que si bien no reparaban el daño intentaban minimizarlos.
    El gerente de la estación de servicio se comunica con sus superiores y con la empresa que le vende el combustible.
    Comienza a partir de ese momento un interrogatorio que podría determinar no sólo la reparación del daño, “pagar el vidrio roto”, sino también perderlos a ellos como clientes.
    Voy a resumirte lo que, en esos quince minutos, que se sintieron como una hora.
    Me preguntaron:
    – Gerente (Ricardo): ¿El operario llevaba todos los EPP? ¿Te acordás que te dije antes que le llaman así, más moderno, a los Elementos de Protección Personal?
    – Yo: sí, botas con punta de acero, delantal, anteojos, protectores auditivos, …
    – Ricardo: ¿La desmalezadora está completa o le faltan piezas? Ésto lo pregunta porque habitualmente se observa que, para realizar más fácilmente el trabajo, se le quitan las piezas que protegen el cabezal de corte y aumentan en consecuencia el riesgo de accidentes.
    – Yo: Tiene todas sus partes y los elementos que hacen más segura su operación. Tiene su falda, que en realidad se llama faldón, y el complemento para el corte de la tanza así no sobresale del protector y hace más seguro el manejo. Y continúo diciendo, Gonzalo verificó que ningún vehículo estuviera a menos de 15 metros, pero en ocasiones los objetos alcanzados por la tanza vuelan más como lo hizo esa pequeña piedra.
    – Ricardo: más preguntas…
    – yo: más respuestas…
    Seguido al interrogatorio, el gerente se dirigió a las oficinas a realizar una llamada más por teléfono.
    Otra espera, ahora media hora que en mis huesos parecieron una hora y media.
    Sale Ricardo y se acerca con una cara que poco me permitía anticipar lo que me diría.
    Hemos verificado todo lo que nos dijiste, las cámaras de seguridad determinaron que es un “accidente” y no “negligencia”. Además, el chofer hacía cinco minutos que había finalizado su tarea y no debería haber estado allí por lo que para ustedes está todo bien
    Una tonelada de nervios se desprendió de mi espalda.
    “Una falda evitó pagar un vidrio roto y perder un cliente”.
    Con esta historia verídica, a excepción de los nombres, quiero que sepas lo importante del empleo de máquinas y herramientas tal como fueron diseñadas. Sin adaptaciones que pongan en riesgo tu integridad o la de quienes están cerca.
    Ahora todo depende de ti.
    Claudio. El jardinerista
    PD: El cuento habla de la importancia del empleo de los elementos de seguridad en el trabajo como de mantener las máquinas con todas sus piezas, que por algo están. Eso nos protege a los usuarios y a las personas que se encuentran cerca.
    PD1: Mis libros.
    • Siete historias de jardinería. Cuentos con aprendizajes entre líneas (2020)
    • Jardines para Cre-Ser en familia. (2021) el único serio.
    • Los correos del jardinerista. (2022) por ahora 5 entregas
    7 min
  • # 179 - La jardinería regenerativa
    Es probable que sobre agricultura regenerativa ya hayas escuchado, ése concepto se puede aplicar a nuestros jardines.
    Y hoy te cuento cómo hacerlo.
    Recuerda que puedes sumarte a los correos del jardinerista desde mi web
    https://claudiodoratto.com/boletin
    Contratar mis servicios de diseño de jardines en:
    https://claudiodoratto.com/paisajismo
    O una consultoría en:
    https://cursosdejardineria.com/#consulta
    14 min
  • # 179 - La jardinería regenerativa
    Es probable que sobre agricultura regenerativa ya hayas escuchado, ése concepto se puede aplicar a nuestros jardines.
    Y hoy te cuento cómo hacerlo.
    Recuerda que puedes sumarte a los correos del jardinerista desde mi web
    https://claudiodoratto.com/boletin
    Contratar mis servicios de diseño de jardines en:
    https://claudiodoratto.com/paisajismo
    O una consultoría en:
    https://cursosdejardineria.com/#consulta
    14 min
  • >> 34 - El sensiblero y salvado por una falda
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
    Mi boletín aquí: https://claudiodoratto.com/boletin
    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    Hoy pensaba contarte mi reacción al ver cuando se tala un bosque, lo que siento y mis ganas de llorar.
    Lo siento, soy así de “sensible” como diría mi madre.
    Pero mejor te voy a compartir un cuento que escribí hace tiempo que está en el libro “Siete historias de jardinería” que lo puedes comprar en Amazon. (https://amzn.to/3B82dk2)
    El cuento se llama: El día que una “falda” evitó pagar un vidrio roto y perder un cliente.
    Vamos hoy con la primera parte.
    Era sábado por mañana, allá por noviembre del 2014.
    El cielo celeste de las 8:30 anunciaba engañosamente una mañana templada y relajada.
    Por entonces los sábados trabajábamos en el mantenimiento de las pequeñísimas áreas verdes de una estación de servicio y de la distribuidora de combustibles diésel propiedad de los mismos dueños que se encontraba a unos 50 metros de la primera y cuyos jardines eran amplios superando los 7500 metros cuadrados.
    Como para que tengas una idea de lo que correspondía a la estación de servicio te diré que los jardines estaban formados por una franja de pasto al costado del playón de expendio de gasolinas y otro frente a las oficinas con cuatro tremendos “Acer negundo” de más de 40 años.
    Lamentablemente vi como tiempo después fueron erradicados en función de la ampliación del edificio.
    Esa mañana, alrededor las nueve y media, un camión recién salido de la agencia, con su pintura lustrosa, los ploteados de la firma que hace la distribución en su sitio y con su primera carga de combustible visitó el lugar para rellenar las bodegas con su contenido.
    Su chofer, Heriberto, a esa hora ignoraba la serie de acontecimientos desafortunados que este destino le deparaba.
    Pero te describo un poco más el lugar y luego sigo con lo del camión que es parte fundamental de la historia, pero más adelante.
    Cuando te digo que había “pasto” es porque ni cerca de convertirse en un verdadero césped, era una mezcla de verdes producto de alguna semilla aportada, nuestra chipica (Cynodon dactylon), y cuanta planta encontrara allí su lugar transitorio o definitivo de residencia y que semana a semana era recortada.
    Era un espacio muy rústico, desparejo, sin sistema de riego, y con el aporte voluntario de la gente que en su ignorancia consideraba que papeles, bolsas y colillas de cigarrillos aportaban nutrientes al suelo para que el pasto se pusiera más lindo.
    Creo que notaste mi ironía, es que me había cansado de hablar y solicitar, que se colocaran más cestos para los residuos y de que los “playeros” que además de expender el combustible limpiaban el playón, no sacudieran los lampazos con restos de combustible mezclados con tierra, papelitos y más cosas sobre esa franja verde.
    En lo personal creo que es una invitación a transeúntes y visitantes a copiar el comportamiento.
    Continuando con el relato.
    Los dos rectángulos verdes por sus condiciones de “rusticidad” determinaban que no se pudieran cortar con una segadora de césped y se tuviera que emplear una desmalezadora o desbrozadora, algo así como la bordeadora que tenés en tu casa, pero más potente y con motor a explosión.
    Los jardines no estaban en la lista de mejoras que recibiría el resto del lugar porque serían erradicados como los árboles y reemplazados con canteros.
    Por ello no se invertía dinero suficiente ni esfuerzo en mejorarlos.
    Esa mañana de noviembre mientras revisaba el estado de salud de algunas plantas en la distribuidora uno de nuestros empleados, Gonzalo, estaba con su máquina recortando el pasto en la franja lindante al playón.
    Ningún vehículo estaba allí porque al momento de la descarga de combustible no tienen permitido el ingreso por cuestiones de seguridad.
    Gonzalo estaba, cual animal herbívoro, avanzando lentamente sobre el pasto recortándolo y dejando un aspecto de alfombra verde perfectamente lisa disimulando lo irregular del terreno.
    A mucho más de 15 metros estaba detenido el camión que te contaba antes. Destaco la distancia porque es la mínima recomendada a dejar entre el operario y cualquier persona, o vehículo.
    Gonzalo es un tipo responsable en su trabajo, es de los que no hay que perseguir para que se coloque todos los elementos de seguridad o protección personal .
    Si no los conoces son: anteojos de acrílico, protectores auditivos, guantes, calzado de seguridad y otros que se suman cuando las tareas determinan condiciones más riesgosas como el desmalezado en donde usamos protectores faciales, casco y más. O cuando aplicamos agroquímicos.
    Alrededor de las 8:00 de la mañana con el cambio de turno del personal de la gasolinera todo se deja en impecables condiciones.
    Aquí entra en el relato nuestra señora “granito”, una pequeña piedra de unos 5 mm de diámetro que había recorrido un largo camino en el dibujo del neumático de una camioneta hasta la estación de servicio.
    (Fin de la primera parte)
    Claudio. El jardinerista
    PD: Hoy va de anuncios comerciales. Tengo varias publicaciones a la venta como bien ya sabes.
    • Siete historias de jardinería. Cuentos con aprendizajes entre líneas (2020)
    • Jardines para Cre-Ser en familia. (2021) el único serio.
    • Los correos del jardinerista. (2022) por ahora 5 entregas
    Sigue los enlaces si te decides por alguno en particular. Todos están en formato digital.
    PD1: El único libro escrito que no tiene forma de cuento también lo tengo en formato papel, pero ese te lo tengo que enviar por correo.
    8 min
  • >> 34 - El sensiblero y salvado por una falda
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
    Mi boletín aquí: https://claudiodoratto.com/boletin
    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    Hoy pensaba contarte mi reacción al ver cuando se tala un bosque, lo que siento y mis ganas de llorar.
    Lo siento, soy así de “sensible” como diría mi madre.
    Pero mejor te voy a compartir un cuento que escribí hace tiempo que está en el libro “Siete historias de jardinería” que lo puedes comprar en Amazon. (https://amzn.to/3B82dk2)
    El cuento se llama: El día que una “falda” evitó pagar un vidrio roto y perder un cliente.
    Vamos hoy con la primera parte.
    Era sábado por mañana, allá por noviembre del 2014.
    El cielo celeste de las 8:30 anunciaba engañosamente una mañana templada y relajada.
    Por entonces los sábados trabajábamos en el mantenimiento de las pequeñísimas áreas verdes de una estación de servicio y de la distribuidora de combustibles diésel propiedad de los mismos dueños que se encontraba a unos 50 metros de la primera y cuyos jardines eran amplios superando los 7500 metros cuadrados.
    Como para que tengas una idea de lo que correspondía a la estación de servicio te diré que los jardines estaban formados por una franja de pasto al costado del playón de expendio de gasolinas y otro frente a las oficinas con cuatro tremendos “Acer negundo” de más de 40 años.
    Lamentablemente vi como tiempo después fueron erradicados en función de la ampliación del edificio.
    Esa mañana, alrededor las nueve y media, un camión recién salido de la agencia, con su pintura lustrosa, los ploteados de la firma que hace la distribución en su sitio y con su primera carga de combustible visitó el lugar para rellenar las bodegas con su contenido.
    Su chofer, Heriberto, a esa hora ignoraba la serie de acontecimientos desafortunados que este destino le deparaba.
    Pero te describo un poco más el lugar y luego sigo con lo del camión que es parte fundamental de la historia, pero más adelante.
    Cuando te digo que había “pasto” es porque ni cerca de convertirse en un verdadero césped, era una mezcla de verdes producto de alguna semilla aportada, nuestra chipica (Cynodon dactylon), y cuanta planta encontrara allí su lugar transitorio o definitivo de residencia y que semana a semana era recortada.
    Era un espacio muy rústico, desparejo, sin sistema de riego, y con el aporte voluntario de la gente que en su ignorancia consideraba que papeles, bolsas y colillas de cigarrillos aportaban nutrientes al suelo para que el pasto se pusiera más lindo.
    Creo que notaste mi ironía, es que me había cansado de hablar y solicitar, que se colocaran más cestos para los residuos y de que los “playeros” que además de expender el combustible limpiaban el playón, no sacudieran los lampazos con restos de combustible mezclados con tierra, papelitos y más cosas sobre esa franja verde.
    En lo personal creo que es una invitación a transeúntes y visitantes a copiar el comportamiento.
    Continuando con el relato.
    Los dos rectángulos verdes por sus condiciones de “rusticidad” determinaban que no se pudieran cortar con una segadora de césped y se tuviera que emplear una desmalezadora o desbrozadora, algo así como la bordeadora que tenés en tu casa, pero más potente y con motor a explosión.
    Los jardines no estaban en la lista de mejoras que recibiría el resto del lugar porque serían erradicados como los árboles y reemplazados con canteros.
    Por ello no se invertía dinero suficiente ni esfuerzo en mejorarlos.
    Esa mañana de noviembre mientras revisaba el estado de salud de algunas plantas en la distribuidora uno de nuestros empleados, Gonzalo, estaba con su máquina recortando el pasto en la franja lindante al playón.
    Ningún vehículo estaba allí porque al momento de la descarga de combustible no tienen permitido el ingreso por cuestiones de seguridad.
    Gonzalo estaba, cual animal herbívoro, avanzando lentamente sobre el pasto recortándolo y dejando un aspecto de alfombra verde perfectamente lisa disimulando lo irregular del terreno.
    A mucho más de 15 metros estaba detenido el camión que te contaba antes. Destaco la distancia porque es la mínima recomendada a dejar entre el operario y cualquier persona, o vehículo.
    Gonzalo es un tipo responsable en su trabajo, es de los que no hay que perseguir para que se coloque todos los elementos de seguridad o protección personal .
    Si no los conoces son: anteojos de acrílico, protectores auditivos, guantes, calzado de seguridad y otros que se suman cuando las tareas determinan condiciones más riesgosas como el desmalezado en donde usamos protectores faciales, casco y más. O cuando aplicamos agroquímicos.
    Alrededor de las 8:00 de la mañana con el cambio de turno del personal de la gasolinera todo se deja en impecables condiciones.
    Aquí entra en el relato nuestra señora “granito”, una pequeña piedra de unos 5 mm de diámetro que había recorrido un largo camino en el dibujo del neumático de una camioneta hasta la estación de servicio.
    (Fin de la primera parte)
    Claudio. El jardinerista
    PD: Hoy va de anuncios comerciales. Tengo varias publicaciones a la venta como bien ya sabes.
    • Siete historias de jardinería. Cuentos con aprendizajes entre líneas (2020)
    • Jardines para Cre-Ser en familia. (2021) el único serio.
    • Los correos del jardinerista. (2022) por ahora 5 entregas
    Sigue los enlaces si te decides por alguno en particular. Todos están en formato digital.
    PD1: El único libro escrito que no tiene forma de cuento también lo tengo en formato papel, pero ese te lo tengo que enviar por correo.
    8 min
  • >> 33 - El bonsái gigante - drama
    Para contratarme lo tienes aquí: https://cursosdejardineria.com/#consulta
    Mi boletín aquí: https://claudiodoratto.com/boletin
    El canal de Telegram: https://t.me/jardineros
    Imagina, un bonsái de tres metros completitos.
    3000 centímetros de puro árbol pequeño.
    Un bonsái que me hace sombra.
    ¿No te parece cosa de locos?
    Lo cierto es que para mi asombro existen y los trabajan en Japón para exportarlos.
    Sin lugar a duda, son asombrosos.
    Siempre creí, nunca averigüé, que los árboles de figuras tortuosas con sus copas con forma de cascadas en los jardines de estilo japonés, eran producto de la poda constante en el lugar de residencia de las plantas.
    Tal vez muchos sean así, pero éstos los hacían ya grandecitos.
    No puedo describirte el proceso y la carga emocional que tuve al estudiarlo.
    Soy un poco sensiblero como te contaré mañana.
    Desde el punto de vista de las plantas, cada video podría bien haber sido una película de terror.
    Y lo sentí así.
    Casi me tapo la cara con las manos, con los dedos separados para mirar entre ellos.
    Para sumar más dramatismo, vi los videos los en la notebook (el portátil) con los auriculares puestos (cascos), esos de los que cancelan los ruidos exteriores.
    Cerca de la pantalla, lejos de los sonidos de la casa, y con el volumen un pelín alto.
    No sé si escuchaba el crujido de las ramas o me lo imaginaba.
    Pero más allá de la escena dramática que te cuento, las plantas eran tratadas con cariño y respeto.
    Alambrar y doblar las ramas como hacemos con los bonsáis pequeños es una cosa.
    Pero para esos árboles, el trabajo es mayor.
    Y como sabes que me gusta un poquito exagerar, te describiré de forma simple, pero dramática, el proceso.
    Lo haré desde la mirada del ciprés (Cupressus sempervirens) al que se intervino.
    Antes repetiré que lo hacían con respeto por las plantas y que el relato será un verdadero DRAMA o el argumento para una película de TERROR.
    Puedes parar de leer aquí o taparte los ojos y leer entre los dedos.
    Bueno, vamos al lío.
    Hoy estoy tranquilo, mirando al cielo y desplegando mis ramas al viento.
    De pronto, como a las 8:30 de la mañana, llegan dos hombres munidos con dos escaleras, serruchos, tijeras, tijeritas y tijerotas de podar.
    Cortafierros y mazos de goma.
    Alambres gruesos y más gruesos.
    ¡Y una motosierra!
    También les vi unas bandas de goma largas que parecían cámaras de ruedas de bicicleta y unas tiras de tela resistentes como las de los zunchos o las cintas de las persianas de enrollar.
    Se pararon firmes frente a mí y me miraron por todos lados.
    De un costado y del otro.
    Desde abajo y desde arriba de la escalera.
    Hablaron en su idioma de humano, pero sentí que no era algo bueno para mi.
    Algo malo me sucedería.
    Unos 15 minutos después comenzaron con sus tijeras y tijerotas cortando mis ramas más delgadas.
    Me desnudaron.
    Luego siguieron con otra, y sus serruchos.
    Me sacaban de a bocados como si tallaran la boca de un Pac-Man. Uno y más arriba otro, y otro y otro…
    La torcieron mirando al piso y los cortes se cerraron. Tuvieron mucho cuidado al hacerlo. Luego ataron mi brazo a una estaca en el piso para que no mirara nuevamente al cielo. Me colocaron una cinta plateada que no había visto tapando todo el lugar en el que trabajaron.
    De inmediato comencé a producir tejido y a soldar esas uniones.
    No contento con ello, ahora comenzaron a realizar cortes a lo largo de mis brazos más fuertes.
    Clavaban esas herramientas que parecen cortafierros con la ayuda de los mazos de goma.
    Desgarraron mis carnes.
    Luego comienzan a cubrirme con las gomas y por encima con las telas como si fuera una momia. Con ayuda de gruesos cordeles empezaron a retorcer cada parte para un lado y para el otro.
    Me atan nuevamente al suelo como si me quisiera escapar y colocan alambres para llevar mis ramas a posturas caprichosas. Porque no crezco de esa manera.
    Ya terminó el día.
    El dolor es insoportable, tengo heridas por todos lados para cicatrizar y pareciera que una araña gigante ha tejido sus redes para atar mis ramas al suelo.
    Un año después las heridas se han curado.
    Las dos personas siguieron viniendo todos los días. Era el turno de mis vecinos.
    Yo sólo recibí atención.
    Saben que soy resistente y me recupero.
    Me quitaron las ataduras.
    Me siento libre nuevamente.
    Dicen que algún día me cambiarán de lugar, me llevarán a tierras lejanas y haré nuevos amigos.
    Seré el centro de atención en un jardín. Todos los humanos que pasen por ahí me dirán cosas bellas y se sacarán fotos conmigo.
    Yo no lo sé y no quiero pensar en ello.
    Claudio. El jardinerista.
    PD: es mi primer cuento dramático, lamento si no es de tu agrado, así viví los videos y supongo que lo experimentaros los cipreses.
    PD1: Los jardines botánicos son preciosos, cuidados hasta el último detalle. Algunas prácticas son secretas. Pero el respeto que se tiene por la naturaleza y cada elemento presente se hace sentir a los visitantes.
    PD2: Si nos gustan los bonsáis gigantes, podemos podar a los árboles imitando un poco las formas de ellos. Como nos muestra Fernando en su canal de YouTube con un olivo.
    PD3: Como hoy he quedado medio bajo de ánimos, me tomaría mejor una cerveza. ¿Me invitas a una comprando una de las recopilaciones de los correos del jardinerista?. Quien dice una, dice dos, o tres, o ...
    9 min
  • >> 33 - El bonsái gigante - drama
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    Imagina, un bonsái de tres metros completitos.
    3000 centímetros de puro árbol pequeño.
    Un bonsái que me hace sombra.
    ¿No te parece cosa de locos?
    Lo cierto es que para mi asombro existen y los trabajan en Japón para exportarlos.
    Sin lugar a duda, son asombrosos.
    Siempre creí, nunca averigüé, que los árboles de figuras tortuosas con sus copas con forma de cascadas en los jardines de estilo japonés, eran producto de la poda constante en el lugar de residencia de las plantas.
    Tal vez muchos sean así, pero éstos los hacían ya grandecitos.
    No puedo describirte el proceso y la carga emocional que tuve al estudiarlo.
    Soy un poco sensiblero como te contaré mañana.
    Desde el punto de vista de las plantas, cada video podría bien haber sido una película de terror.
    Y lo sentí así.
    Casi me tapo la cara con las manos, con los dedos separados para mirar entre ellos.
    Para sumar más dramatismo, vi los videos los en la notebook (el portátil) con los auriculares puestos (cascos), esos de los que cancelan los ruidos exteriores.
    Cerca de la pantalla, lejos de los sonidos de la casa, y con el volumen un pelín alto.
    No sé si escuchaba el crujido de las ramas o me lo imaginaba.
    Pero más allá de la escena dramática que te cuento, las plantas eran tratadas con cariño y respeto.
    Alambrar y doblar las ramas como hacemos con los bonsáis pequeños es una cosa.
    Pero para esos árboles, el trabajo es mayor.
    Y como sabes que me gusta un poquito exagerar, te describiré de forma simple, pero dramática, el proceso.
    Lo haré desde la mirada del ciprés (Cupressus sempervirens) al que se intervino.
    Antes repetiré que lo hacían con respeto por las plantas y que el relato será un verdadero DRAMA o el argumento para una película de TERROR.
    Puedes parar de leer aquí o taparte los ojos y leer entre los dedos.
    Bueno, vamos al lío.
    Hoy estoy tranquilo, mirando al cielo y desplegando mis ramas al viento.
    De pronto, como a las 8:30 de la mañana, llegan dos hombres munidos con dos escaleras, serruchos, tijeras, tijeritas y tijerotas de podar.
    Cortafierros y mazos de goma.
    Alambres gruesos y más gruesos.
    ¡Y una motosierra!
    También les vi unas bandas de goma largas que parecían cámaras de ruedas de bicicleta y unas tiras de tela resistentes como las de los zunchos o las cintas de las persianas de enrollar.
    Se pararon firmes frente a mí y me miraron por todos lados.
    De un costado y del otro.
    Desde abajo y desde arriba de la escalera.
    Hablaron en su idioma de humano, pero sentí que no era algo bueno para mi.
    Algo malo me sucedería.
    Unos 15 minutos después comenzaron con sus tijeras y tijerotas cortando mis ramas más delgadas.
    Me desnudaron.
    Luego siguieron con otra, y sus serruchos.
    Me sacaban de a bocados como si tallaran la boca de un Pac-Man. Uno y más arriba otro, y otro y otro…
    La torcieron mirando al piso y los cortes se cerraron. Tuvieron mucho cuidado al hacerlo. Luego ataron mi brazo a una estaca en el piso para que no mirara nuevamente al cielo. Me colocaron una cinta plateada que no había visto tapando todo el lugar en el que trabajaron.
    De inmediato comencé a producir tejido y a soldar esas uniones.
    No contento con ello, ahora comenzaron a realizar cortes a lo largo de mis brazos más fuertes.
    Clavaban esas herramientas que parecen cortafierros con la ayuda de los mazos de goma.
    Desgarraron mis carnes.
    Luego comienzan a cubrirme con las gomas y por encima con las telas como si fuera una momia. Con ayuda de gruesos cordeles empezaron a retorcer cada parte para un lado y para el otro.
    Me atan nuevamente al suelo como si me quisiera escapar y colocan alambres para llevar mis ramas a posturas caprichosas. Porque no crezco de esa manera.
    Ya terminó el día.
    El dolor es insoportable, tengo heridas por todos lados para cicatrizar y pareciera que una araña gigante ha tejido sus redes para atar mis ramas al suelo.
    Un año después las heridas se han curado.
    Las dos personas siguieron viniendo todos los días. Era el turno de mis vecinos.
    Yo sólo recibí atención.
    Saben que soy resistente y me recupero.
    Me quitaron las ataduras.
    Me siento libre nuevamente.
    Dicen que algún día me cambiarán de lugar, me llevarán a tierras lejanas y haré nuevos amigos.
    Seré el centro de atención en un jardín. Todos los humanos que pasen por ahí me dirán cosas bellas y se sacarán fotos conmigo.
    Yo no lo sé y no quiero pensar en ello.
    Claudio. El jardinerista.
    PD: es mi primer cuento dramático, lamento si no es de tu agrado, así viví los videos y supongo que lo experimentaros los cipreses.
    PD1: Los jardines botánicos son preciosos, cuidados hasta el último detalle. Algunas prácticas son secretas. Pero el respeto que se tiene por la naturaleza y cada elemento presente se hace sentir a los visitantes.
    PD2: Si nos gustan los bonsáis gigantes, podemos podar a los árboles imitando un poco las formas de ellos. Como nos muestra Fernando en su canal de YouTube con un olivo.
    PD3: Como hoy he quedado medio bajo de ánimos, me tomaría mejor una cerveza. ¿Me invitas a una comprando una de las recopilaciones de los correos del jardinerista?. Quien dice una, dice dos, o tres, o ...
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