Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria

Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria

By Javier BonaHistory
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Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria episodes

  • Episodio 6: Shem Tov ben Isaac Shaprut: Un sabio en Tarazona
    Resumen del Episodio 6: Shem Tov ben Isaac Shaprut: Un sabio en Tarazona
    Este sexto episodio se centra en la imponente figura de Shem Tov ben Isaac Shaprut, un médico, filósofo y talmudista que encontró refugio en Tarazona a finales del siglo XIV, convirtiendo la ciudad en un inesperado foco de resistencia intelectual judía.
    El capítulo narra el origen de su llegada a Tarazona, tras la célebre disputa teológica que mantuvo en Pamplona en 1375 con el poderoso cardenal Pedro Martínez de Luna, futuro Papa Benedicto XIII. Se destaca la valentía y erudición de Shem Tov al defender la fe judía, una audacia que le obligó a exiliarse y le condujo hasta la aljama turiasonense.
    El guión profundiza en la obra magna de Shem Tov, el “Eben Bohan” (la “Piedra de Toque”), un manual de polémica antricristiana escrito en forma de diálogo. Se explica cómo esta obra se convirtió en una herramienta fundamental para que los judíos de Sefarad pudieran defenderse intelectualmente de los ataques teológicos, fortaleciendo su fe y su identidad en un ambiente de creciente presión para la conversión.
    Además de su faceta como polemista, el episodio explora el perfil polifacético de Shem Tov como médico y filósofo, heredero de la tradición de Maimónides. Se menciona su trabajo como traductor y comentarista de obras científicas, subrayando el ideal del sabio sefardí que une fe y razón.
    Finalmente, se destaca la colaboración intelectual entre Shem Tov y el rabino local, Jehudá Saladín, que convirtió a Tarazona en un centro de consulta jurídica y religiosa para otras aljamas del reino. El episodio concluye reflexionando sobre el legado imborrable de Shem Tov, quien demostró que, incluso en los tiempos más oscuros, la cultura y el conocimiento son la más alta forma de resistencia.
    7 min
  • Episodio 5: La judería nueva: Expansión y vida cotidiana en el siglo XV
    Resumen del Episodio 5: La judería nueva: Expansión y vida cotidiana en el siglo XV
    En este quinto episodio, Sol de Almalí nos guía a través del nacimiento y desarrollo de la "judería nueva" de Tarazona, un barrio que surge no por voluntad de expansión, sino como consecuencia de la creciente política de segregación impuesta por la Iglesia en el siglo XV, especialmente tras la bula del Papa Luna.
    El capítulo explica cómo la necesidad de reubicar las carnicerías y otras actividades insalubres fuera de la judería vieja, junto con la obligación de separar a judíos y conversos, llevó a la creación de este nuevo espacio. Se detalla la articulación del barrio en torno a la actual plaza de Nuestra Señora, que pasó a ser conocida como la “plaza de la Judería Nueva”, y cómo se protegió con sus propias puertas, como el Arco de Santa Ana.
    El guión se sumerge en la vibrante vida cotidiana que llenaba esta nueva judería. A través de la narración, se recrea el papel central de la plaza como lugar de encuentro, celebración y predicación rabínica. Se describe con detalle el ritmo de la vida judía, marcado por la santidad del Shabat y el ciclo de las grandes festividades anuales (Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sukkot, Janucá y Purim).
    El episodio también ofrece una mirada íntima a la estructura familiar, el papel de la mujer como pilar del hogar (eshet jayil), la importancia de la educación de los hijos y la fortaleza de los lazos comunitarios a través de la tzedaká (justicia social).
    Finalmente, el capítulo contrasta esta rica vida interior con la creciente hostilidad del mundo exterior. Se narra el endurecimiento de las leyes antijudías, la humillación de tener que llevar señales distintivas y la presión constante para la conversión, exacerbada por predicadores como Vicente Ferrer y eventos como la Disputa de Tortosa. El episodio concluye con una reflexión sobre la lucha constante de la comunidad por mantener su identidad en un entorno cada vez más adverso, sentando las bases para el próximo capítulo sobre la resistencia intelectual de la aljama.
    9 min
  • Episodio 4: Tiempos de tribulación: La Peste Negra y la guerra de los Dos Pedros
    Resumen del Episodio 4: Tiempos de tribulación: La Peste Negra y la guerra de los Dos Pedros
    Este cuarto episodio de "Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria hispano judía" sumerge al oyente en el convulso y dramático siglo XIV, una centuria que marcó un antes y un después para la comunidad judía. Con un tono emotivo y basado estrictamente en la documentación histórica, Sol de Almalí narra la llegada de dos de las mayores calamidades de la Edad Media: la Peste Negra y la guerra de los Dos Pedros.
    El capítulo comienza describiendo el impacto devastador de la "primera et grande pestilencia" de 1348, que, aunque menos virulenta en Tarazona que en otras zonas, sembró el terror y la muerte, alterando la vida social y económica. Se relata cómo la comunidad, a pesar del dolor, se mantuvo unida y recibió a judíos expulsados de Francia y Navarra, mostrando su capacidad de resiliencia.
    A continuación, el guión aborda la brutalidad de la guerra de los Dos Pedros. Se narra la capitulación de Tarazona en 1357 y, especialmente, la violenta reconquista y posterior asalto de 1362, que dejó la judería arrasada, las casas en ruinas y la sinagoga mayor destruida. El episodio destaca el esfuerzo titánico de la reconstrucción, un acto de fe y perseverancia apoyado por figuras locales como el infante Juan y los hermanos Pérez Calvillo.
    Finalmente, el episodio trata los alborotos antijudíos de 1391. Aunque en Tarazona los ecos de la violencia fueron más atenuados gracias a la necesidad de la ayuda financiera judía para la reconstrucción, el miedo se instaló en la comunidad. Se narra cómo la aljama tuvo que pagar por su propia protección, firmando unos "capítulos de la guarda" con el concejo. El capítulo concluye con una reflexión sobre la fractura irreparable de la convivencia, sentando las bases para el aislamiento y la desconfianza que marcarían el siglo siguiente.
    9 min
  • Episodio 3: La vida en la judería vieja: Calles, casas y sinagogas
    Episodio 3: La vida en la judería vieja: Calles, casas y sinagogas
    Resumen del Episodio 3: La vida en la judería vieja: Calles, casas y sinagogas
    En este tercer episodio de "Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria hispano judía", la narradora Sol de Almalí nos guía en un paseo inmersivo por el corazón de la comunidad: la judería vieja. El capítulo se centra en reconstruir la vida cotidiana, la estructura urbana y los espacios más significativos de la aljama.
    El episodio comienza describiendo la ubicación estratégica de la judería, asentada debajo del barrio de El Cinto y a los pies de la Zuda, en un área de aproximadamente una hectárea. Se detalla la morfología del barrio, con sus calles estrechas (callizos y carreras), sus sistemas de cierre y seguridad (puertas o trenques), y la importancia vital de la acequia de Selcos como fuente de agua.
    Sol de Almalí nos transporta a las rúas más importantes, como la Rúa Alta, hogar de la élite económica y cultural, y la Rúa Baja, de clases medias. Se destaca el papel central de la plaza de los Arcedianos como espacio para las celebraciones comunitarias, como el Sukkot o las bodas.
    El foco principal del episodio recae en la sinagoga, el verdadero centro espiritual, social y administrativo de la aljama. Se narra la destrucción de la sinagoga mayor durante la guerra de los Dos Pedros y su posterior reconstrucción en 1370, describiendo su estructura, su patio de acceso (azará) y la tribuna para las mujeres.
    Finalmente, el guión aborda la expansión hacia la judería nueva a finales del siglo XIV, como consecuencia de la presión demográfica y las crecientes políticas de segregación, explicando cómo surgió este nuevo barrio y su importancia en la vida de la comunidad, antes de que las leyes obligaran a un repliegue definitivo dentro de los muros de la judería.
    10 min
  • Episodio 2: Mosé de Portella: El auge de una estirpe en la Tarazona del siglo XIII
    Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria hispano judía
    Episodio 2: Mosé de Portella: El auge de una estirpe en la Tarazona del siglo XIII
    Sol de Almalí:
    Shalom, y bienvenidos de nuevo a este rincón de la memoria. Soy Sol de Almalí, y mi voz os guía otra vez por las rúas y los secretos de la judería de Tarazona.
    En nuestro anterior encuentro, desenterramos las raíces más profundas de nuestra aljama, desde los tiempos de la Tvriaso romana hasta la llegada de la “Edad de Oro” en el siglo XIII. Una época de esplendor de la que os prometí desvelar a uno de sus más grandes protagonistas. Hoy, cumplimos esa promesa.
    Nos adentraremos en la vida de un hombre que personificó el poder, la inteligencia y la influencia del judaísmo hispánico en su máximo apogeo. Un hombre de Tarazona cuyo nombre resonó en las cortes reales y en los centros de poder de todo el Reino de Aragón. Hoy, hablaremos de Mosé de Portella.
    Sol de Almalí:
    Para entender a Mosé de Portella, primero debemos conocer su entorno. Nació en el seno de una de las familias más importantes de nuestra aljama, hijo de Açach de Portella, el patriarca del linaje. Era el mayor de cinco hermanos: Salomón, Abraham, Ismael y Jucé, todos ellos destinados a jugar un papel en la historia de nuestra comunidad.
    Los Portella no eran nobles de cuna, pero su riqueza e influencia los elevaban por encima de muchos. Su fortuna no nació de la nada; se forjó con el sudor y la inteligencia, controlando el comercio de dos bienes esenciales: los cereales y la lana. Desde Tarazona, tejieron una red comercial que les permitió amasar un patrimonio considerable. Tan grande era su poder económico que, en el año 1267, el propio rey Jaime I les concedió un privilegio extraordinario: la estirpe de los Portella solo estaría obligada a satisfacer un quinto de los impuestos de la aljama. Una exención fiscal que nos da una idea clara de su elevado estatus.
    Mosé, o Muça, como gustaba firmar en los documentos oficiales de la Real Cancillería, sentía un gran respeto por el árabe, la lingua franca del mundo diplomático y cultural de la época. Era un hombre de su tiempo, un judío que no vivía aislado, sino inmerso en la compleja sociedad de las tres culturas.
    No era solo un hombre de negocios. Era un devoto defensor de la Torah como norma de conducta y mantenía una estrecha amistad con el más prestigioso rabino de la época, Selomó ben Adret de Barcelona, a quien acudía en busca de consejo. Era un hombre de familia, casado con Aljófar, con quien tuvo una prolífica descendencia: Açach, Abraham y Salomón. Y como era costumbre en nuestras familias para proteger el patrimonio, sus hijos se casaron con sus primas, las hijas de su tío Samuel, que era médico en nuestra comunidad.
    Sol de Almalí:
    El ascenso de Mosé de Portella al poder siguió un patrón bien conocido en la época para los judíos que alcanzaban altas responsabilidades. Primero, la concesión de cuantiosos préstamos a la Corona. Segundo, la cesión de rentas del Patrimonio Real como garantía de esos préstamos. Y tercero, el nombramiento como funcionario real, convirtiéndose en un hombre de confianza del soberano.
    Su carrera política, su cursus honorum, comenzó oficialmente en 1273, cuando fue nombrado baile de Tarazona, el administrador de las rentas reales en nuestra ciudad. Pero su ambición y su capacidad no conocían límites. A comienzos de 1276, su poder se extendía ya al reino de Valencia, figurando como baile de Sagunto, Onda, Peñíscola, Morella y Segorbe.
    Con la llegada al trono del rey Pedro III, el Grande, su poder se consolidó. Mantuvo la bailía de Tarazona y su merindad, pero su influencia se extendió por Ejea, Tauste y El Bayo. En el trienio de 1279 a 1281, su control era casi absoluto en la frontera con Navarra, percibiendo los derechos reales de las merindades de Tarazona, Ejea y Jaca. Era, en la práctica, el virrey económico de una vasta y estratégica región.
    Sus funciones eran increíblemente variadas. Como merino, administraba el patrimonio del rey. Como baile, gestionaba los bienes del reino. Supervisaba la recaudación de impuestos, pero también la reparación de castillos y murallas en la frontera, como los de Grosín, Borja o Tauste. Evaluaba los daños de las incursiones castellanas, suministraba víveres y animales al ejército, controlaba la exportación de productos estratégicos como los caballos y el aceite, y subastaba las rentas de ciudades, salinas y peajes. Su firma estaba en todas partes. Era el hombre del rey.
    Sol de Almalí
    Pero tanto poder acumulado en manos de un judío no tardó en generar recelos y enemistades. La nobleza aragonesa, los ricos hombres, veían con malos ojos cómo un miembro de nuestra comunidad controlaba las finanzas y los recursos del reino. El rechazo de los estamentos a la costosa política exterior del rey, que solo parecía beneficiar a la burguesía catalana, encontró en Mosé de Portella un chivo expiatorio perfecto.
    En la asamblea de Zaragoza de 1283, convocada sin el permiso del rey, los nobles forzaron la aprobación del llamado Privilegio General. Este documento, que confirmaba muchos de sus fueros y libertades, contenía un artículo que nos afectaba directamente. Decía así: “demandan los ricos homes e todos los otros sobredichos que en los reynos d’Aragon e de Valencia, ni en Ribagorça ni en Teruel, que no aya bayle que jodio sea”.
    Los judíos éramos apartados, formalmente, de los cargos públicos. Fue un golpe durísimo. Sin embargo, la confianza del rey en Mosé era tal que, a pesar de la ley, siguió actuando de facto como baile general de Aragón. El rey no renunció a sus servicios, y pasó a llamarlo en sus documentos “nuestro fiel” o “miembro de nuestra casa”. Pero la presión era insostenible. En las Cortes de 1286, los ricos hombres volvieron a la carga y exigieron que fuera separado definitivamente de su cargo.
    El ocaso de Mosé de Portella había comenzado. Su muerte, o más bien su asesinato, ocurrido entre finales de 1286 y principios de 1287, sigue envuelta en el misterio. Las crónicas no son claras, pero su final fue violento y abrupto, en medio de los turbulentos tiempos de la Unión. Su inmensa fortuna fue confiscada por el rey para sufragar la conquista de Menorca.
    El impacto en nuestra aljama fue devastador. Un documento de 1294, al hacer rendición de cuentas, lo expresa con claridad: el grave quebranto que se produjo “desque murio don Muça, et que sus parientes se fueron de Taraçona”. La pecha ordinaria, el principal impuesto que pagábamos, se redujo de 1.150 sueldos a solo 600. Prácticamente a la mitad. La edad de oro, para nosotros, había terminado de forma abrupta.
    Sol de Almalí:
    Hoy hemos recorrido la vida de Mosé de Portella, un gigante de su tiempo. Un hombre que desde nuestra pequeña aljama de Tarazona ascendió a las más altas esferas del poder, demostrando la capacidad y el talento de nuestro pueblo. Su historia es la crónica de un ascenso meteórico, pero también la de una caída trágica, que nos recuerda la fragilidad de nuestra posición en un mundo que, a menudo, nos miraba con desconfianza.
    Su muerte marcó el fin de una era. Pero la vida de la judería de Tarazona continuó. Su hermano Ismael, también un hombre de gran valía, le sucedió en algunas de sus funciones y llegó a ser rab de las comunidades de Aragón. La familia Portella, aunque mermada, nunca se extinguió del todo en nuestra ciudad.
    En nuestro próximo episodio, dejaremos atrás a los grandes hombres y las intrigas palaciegas para adentrarnos en el corazón de nuestra comunidad. Pasearemos por las calles de la judería vieja, descubriremos cómo eran nuestras casas, y cruzaremos el umbral del edificio más importante de nuestra aljama: la sinagoga. Os espero para seguir desvelando la historia y la memoria de la judería de Tarazona.
    Shalom.
    Narradora: Sol de Almalí, personaje real siglo XIV.
    Dirección y producción: Javier Bona
    Zhakor
    8 min
  • Episodio 1: Los orígenes de la aljama: De la Tvriaso romana a la “Edad de Oro”
    Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria hispano judía
    Episodio 1: Los orígenes de la aljama: De la Tvriaso romana a la “Edad de Oro”
    Sol de Almalí:
    Shalom. Mi nombre es Sol de Almalí, y mi voz os llega desde el siglo XIV, desde las bulliciosas calles de la judería de Tarazona. A través de mis palabras, os invito a un viaje en el tiempo, a redescubrir la historia y la memoria de mi pueblo, los judíos de Sefarad, en esta tierra que tanto amamos.
    En esta serie de encuentros, pasearemos por las estrechas rúas de nuestra aljama, escucharemos el eco de nuestras plegarias en la sinagoga, compartiremos el aroma del pan recién horneado en nuestros hornos y reviviremos los tiempos de esplendor y también los de tribulación. Porque la historia de la judería de Tarazona es una historia de vida, de fe, de trabajo y de convivencia.
    En este primer episodio, desandaremos el camino hasta los orígenes de nuestra comunidad. ¿Cuándo llegaron los primeros judíos a estas tierras? ¿Cómo se forjó la aljama que llegó a ser una de las más importantes del Reino de Aragón? Acompañadme, y desvelemos juntos los secretos de nuestros antepasados.
    Sol de Almalí:
    Nuestra historia en Tarazona se hunde en la noche de los tiempos. Algunos sabios sugieren que ya en la Tvriaso romana, la ciudad que precedió a la que yo conozco, hubo presencia judía. Pequeños grupos de comerciantes, quizás, que recorrían las calzadas del Imperio llevando sedas, especias y conocimientos de tierras lejanas. E incluso durante el dominio visigodo, cuando la ciudad se convirtió en un enclave defensivo contra vascones, astures y cántabros, se cree que una pequeña comunidad hebrea ya habitaba entre sus muros.
    Esta nueva situación, la lejanía relativa de las zonas en conflicto y la utilización del enclave como base de aprovisionamiento de las tropas acantonadas en invierno, operó un influjo positivo sobre nuestros antepasados. La condición episcopal de la ciudad y la restauración del flujo comercial permitieron que floreciera la vida judía. De hecho, sabemos que al declinar el siglo VI y comenzar el VII, se acuñaba moneda áurea en Tarazona, señal inequívoca de prosperidad.
    Pero es con la llegada de los musulmanes cuando nuestra presencia se hace más notable y documentada. Tarazona floreció como un importante centro mercantil bajo el dominio islámico, y con ella, nuestra comunidad. Los judíos, como pueblo del Libro, gozábamos de cierta protección bajo el estatuto de dhimmíes, lo que nos permitió dedicarnos al comercio, la medicina, la traducción y las finanzas.
    Sin embargo, la fundación de la vecina Tudela, en una posición más estratégica sobre el río Ebro, atrajo a muchas de nuestras familias, que se trasladaron a tierras navarras en busca de nuevas oportunidades. Tudela se convertiría en una de las juderías más importantes de la península, pero Tarazona nunca perdió su relevancia. De hecho, cuando el célebre rabino Benjamín bar Jonás de Tudela emprendió su periplo euroasiático a finales del año 1165, fijando su primera singladura en Zaragoza tras descender por el río Ebro, la aljama de Tarazona ya era una realidad.
    Sol de Almalí:
    El verdadero punto de inflexión en nuestra historia llegó con la conquista cristiana. En el año 1119, las tropas del rey Alfonso I de Aragón, conocido como el Batallador, tomaron la ciudad tras su campaña de reconquista del valle del Ebro. Para nosotros, los judíos de Tarazona, se abría un nuevo capítulo, lleno de incertidumbre, pero también de esperanza.
    El rey Alfonso, consciente de la importancia de repoblar y asegurar el territorio recién conquistado, nos otorgó fueros y privilegios. Necesitaba de nuestras habilidades como comerciantes, artesanos, médicos y administradores para hacer prosperar la ciudad. En el año 1123, apenas cuatro años después de la conquista, el monarca donó al obispo de Tarazona los derechos tributarios y mercantiles sobre nuestra comunidad.
    Este acto tuvo consecuencias profundas para nuestro futuro. Desde entonces, la figura del obispo tendría un papel fundamental en nuestras vidas, actuando a veces como protector, otras como vigilante, y en ocasiones como árbitro en nuestros conflictos internos. Esta relación con el poder episcopal marcaría el devenir de la aljama durante los siglos venideros.
    Fue así como nació oficialmente la aljama de Tarazona, nuestra comunidad organizada, con sus propias leyes basadas en la Torá y el Talmud, sus propios jueces o dayyanim, y sus propios representantes ante las autoridades cristianas. Una aljama que, con el tiempo, se convertiría en un faro para las comunidades judías de la región, como Borja, Magallón, Mallén y, de manera más efímera, Torrellas.
    Con estas comunidades vecinas, tejimos intensos vínculos familiares e intereses socioeconómicos. Los matrimonios entre familias de distintas aljamas eran frecuentes, y los negocios se extendían por toda la comarca. Éramos, en definitiva, una red de solidaridad y apoyo mutuo que trascendía las fronteras de cada judería.
    Sol de Almalí:
    El siglo XIII fue para nosotros una verdadera "Edad de Oro". Un tiempo de fulgor, de crecimiento y de esplendor que aún hoy recordamos con orgullo y nostalgia. Tarazona, situada como ciudad fronteriza entre los reinos de Aragón, Castilla y Navarra, era un hervidero de actividad comercial y política. Y nosotros, los judíos, desempeñamos un papel crucial en su desarrollo y prosperidad.
    Nuestras familias, cuyos apellidos aún resuenan en mi memoria, como los Abenabez, los Abenpesat, los de la Caballería, los Almalí, mi propio linaje, se dedicaban a múltiples actividades. Había entre nosotros comerciantes que traían paños de Flandes y especias de Oriente, artesanos que trabajaban el cuero y los metales, médicos que curaban tanto a cristianos como a judíos y musulmanes, y sí, también prestamistas, una actividad que nos era permitida por la ley cristiana y que resultó fundamental para la economía del reino.
    El préstamo con interés, prohibido entre cristianos por la Iglesia pero permitido a los judíos, nos convirtió en financieros indispensables. Financiamos las empresas de reyes y nobles, las campañas militares, la construcción de castillos y catedrales. Contribuimos con nuestros impuestos al sostenimiento de la Corona, y a cambio, recibíamos protección real.
    En esta época de florecimiento, surgieron figuras que marcaron nuestra historia para siempre. Hombres como Mosé de Portella, o Muça, como gustaba firmar en los documentos de la Real Cancillería, un personaje de una talla política inmensa. Nacido en nuestra ciudad, llegó a ser baile y merino de Tarazona, y a controlar gran parte de las finanzas del reino de Aragón durante los reinados de Jaime I el Conquistador y Pedro III el Grande.
    La familia Portella representa el arquetipo del judío cortesano de la época. Gracias a una inteligente inversión de sus recursos en el tráfico lanero y cerealístico, el préstamo y el arrendamiento de las rentas reales, Mosé comenzó su andadura política en 1273, cuando ostentaba el cargo de alcaide y baile de nuestra aljama. Su fortuna era tal que en 1267 obtuvo un privilegio que limitaba la contribución de su estirpe a un máximo de un quinto de los impuestos comunitarios, una cifra extraordinaria que da cuenta de su riqueza.
    A comienzos de 1276, su influencia se extendió al reino de Valencia, donde fue baile de Morella, Onda, Peñíscola, Sagunto, Segorbe y Villarreal. En el trienio de 1279 a 1281, rigió las merindades de Tarazona, Ejea y Jaca, así como la bailía de Sariñena. No sólo se ocupó de la recaudación de impuestos y de la consolidación de las fortificaciones fronterizas con Castilla y Navarra, sino que se implicó en la administración de rentas episcopales y nobiliarias. Tres años antes de que las Cortes de 1286 exigieran al soberano su destitución del cargo, su influencia se extendía por todo Aragón.
    Pero como sucede a menudo con quienes alcanzan las cumbres del poder, su caída fue estrepitosa. Mosé de Portella fue asesinado en circunstancias que aún hoy no están del todo esclarecidas, en los turbulentos tiempos de la Unión. Su fortuna fue confiscada por el rey Alfonso III para contribuir parcialmente a los gastos de la conquista de Menorca. Sin embargo, un acuerdo posterior permitió a su familia recuperar parte de su patrimonio, con el compromiso de trasladar su residencia a Borja o poblaciones aledañas.
    De hecho, su hermano Ismael desempeñó tareas de recaudación de impuestos hasta 1289, y fue administrador privado del infante don Pedro, así como rab de los judíos de Aragón con Jaime II. Cuando los Portella perdieron su influencia en la Administración, se mudaron al vecino reino de Navarra, aunque el linaje nunca se extinguió definitivamente en la ciudad. Con posterioridad, este apellido aparecería en puntos tan dispares como Daroca, Uncastillo y Albarracín.
    (Sonido de plumas escribiendo sobre pergamino, murmullo de voces en hebreo y latín, pasar de páginas)
    Sol de Almalí:
    Pero nuestro esplendor no fue solo económico o político. Tarazona se convirtió también en un centro de cultura y saber, un lugar donde el conocimiento fluía entre las tres culturas que convivían en la península: la cristiana, la judía y la musulmana.
    En nuestra ciudad floreció una importante escuela de traductores, donde sabios judíos, en colaboración con eruditos cristianos y musulmanes, vertieron al latín y al romance las grandes obras de la ciencia y la filosofía árabes y hebreas. Obras de medicina, astronomía, matemáticas y filosofía que habían sido preservadas y enriquecidas por los sabios de Al-Ándalus, y que ahora se transmitían a la Europa cristiana.
    Este fue un puente de conocimiento entre Oriente y Occidente, del que aún hoy perduran algunos testimonios en los archivos de la catedral de Tarazona. Manuscritos bíblicos en hebreo, tratados médicos, obras de filosofía. Cada página es un testimonio de aquella época en que el saber no conocía fronteras de religión.
    Entre los personajes eximios que acogió nuestra ciudad, destaca Shem Tov ben Isaac Shaprut, físico y talmudista de Tudela, que fue recibido en Tarazona tras la polémica que mantuvo con el futuro papa Benedicto XIII. Shem Tov era un hombre de vasta erudición, conocedor de la medicina, la filosofía y la teología, y su presencia entre nosotros elevó aún más el prestigio intelectual de nuestra aljama.
    Nuestra aljama, en el último tercio del siglo XIII, ya figuraba entre las más importantes del reino de Aragón. De las aproximadamente veinte comunidades de realengo que existían en el reino, Tarazona se situaba entre las principales. Pagábamos un 3% del impuesto ordinario y un 2% de los subsidios extraordinarios, una cifra que demuestra nuestro peso demográfico y económico. Para que os hagáis una idea, la comunidad mudéjar local abonaba la mitad en ambos conceptos.
    Éramos una comunidad viva, orgullosa de su fe y de su cultura, que contribuía activamente a la prosperidad de Tarazona. Nuestras casas se apiñaban en el barrio de la judería vieja, en torno a la sinagoga, nuestro centro espiritual y comunitario. Allí celebrábamos nuestras festividades, educábamos a nuestros hijos en la Torá, y resolvíamos nuestros conflictos según la ley judía.
    La vida en la judería era intensa y rica. Cada día, al amanecer, los hombres acudían a la sinagoga para las oraciones matutinas. Las mujeres se ocupaban de las tareas del hogar, preparando las comidas según las leyes de la kashrut, las normas dietéticas judías. Los niños asistían a la escuela, donde aprendían hebreo, arameo y los textos sagrados. Y los artesanos abrían sus talleres, llenando las calles de sonidos y olores: el martilleo de los herreros, el olor del cuero curtido, el aroma del pan horneado.
    Pero como toda edad dorada, esta también tuvo su ocaso. Tras la caída en desgracia de los Portella, la situación de la aljama empeoró. Debieron adoptarse medidas estabilizadoras, incluidas condonaciones fiscales parciales, para frenar la crisis financiera y el descontento social. La gestión interna de la aljama fue sometida a un férreo control, lo que no logró frenar la emigración de algunas familias hacia Castilla y Navarra. A todo ello se añadieron las amenazas de invasión provenientes de la guerra con Francia.
    Y sin embargo, a pesar de estas dificultades, nuestra comunidad perseveró. Porque somos un pueblo acostumbrado a las adversidades, un pueblo que ha aprendido a sobrevivir y a mantener viva su fe y su cultura en las circunstancias más difíciles. Y así lo hicimos en Tarazona, adaptándonos a los nuevos tiempos, reorganizando nuestras instituciones, y manteniendo siempre la esperanza en un futuro mejor.
    Sol de Almalí:
    Hemos llegado al final de nuestro primer viaje por la memoria de la judería de Tarazona. Hemos desenterrado las raíces de nuestra aljama, desde los inciertos tiempos de la Tvriaso romana, pasando por el dominio visigodo y musulmán, hasta la deslumbrante "Edad de Oro" del siglo XIII bajo los reyes de Aragón.
    Hemos visto cómo, a base de trabajo, de fe, de inteligencia y de un profundo sentido de comunidad, nuestros antepasados echaron los cimientos de una de las juderías más prósperas de Aragón. Hemos conocido a personajes extraordinarios como Mosé de Portella, cuya vida resume las grandezas y miserias de la condición judía en la Edad Media: el ascenso vertiginoso, la influencia política, y la caída trágica.
    Hemos descubierto que Tarazona no fue solo un centro económico, sino también un faro de cultura y conocimiento, donde judíos, cristianos y musulmanes colaboraron en la traducción y transmisión del saber antiguo.
    Pero la historia, como la vida, está llena de altibajos. Y tras el fulgor, llegarían también los tiempos de tribulación. La Peste Negra, las guerras, las persecuciones, la Inquisición y, finalmente, el destierro. Pero esas son historias que contaremos en los próximos episodios.
    En nuestro próximo encuentro, nos adentraremos más profundamente en la vida de Mosé de Portella y su familia. Descubriremos los detalles de su increíble ascenso al poder, su influencia en la corte del rey Pedro el Grande, las intrigas que rodearon su trágico final, y el legado que dejó a nuestra comunidad.
    Os espero en la próxima luna, aquí, en la judería de Tarazona, donde las piedras susurran historias a quienes saben escucharlas. Donde cada rincón guarda la memoria de un pueblo que amó esta tierra, que trabajó por su prosperidad, y que nunca olvidó sus raíces.
    Shalom, y que la paz os acompañe hasta nuestro próximo encuentro.
    (La música sube de volumen y finaliza el episodio)
    Narradora: Sol de Almalí, personaje real siglo XIV.
    Dirección y producción: Javier Bona
    Zhakor
    13 min

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