La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo: -Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo- y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue. Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó cómo cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados.
Pedro había nacido en el país de los paraguas; pero no lo sabía. Desde su nacimiento llevaba, como todos los habitantes de Maatmoori, su paraguas protector siempre abierto, haciendo de techo bajo o de cielo estrecho.
caño que sostiene el respaldo. Cuando el bullicio de la salida ya casi no se oye y todo es calor y olor a mate cocido, David se queda solo en el aula, entonces guarda en ese agujerito el lápiz negro...
“Te quiero con toda mi alma, hijito; lo mejor que tengo para darte es la libertad. No lo olvides nunca” –con el que me despidió esa noche de horrores entre el mimbre. Entonces me envolvió un perfume salado de recuerdos devolviéndome la paz. Lloré por las noches en que traté de justificar mi esencia de huérfano. Lloré. Amarga y pausadamente, hasta que los ojos dejaron de dolerme..."
Cuando lees libros, eres como un colador y ellos son como el agua del río. No importa si no puedes guardar en tu memoria todo el agua que dejan fluir en ti; porque los libros, la verdad que encuentras en ellos, te convertirán en una persona renovada.
Un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.