Poema de Kety Díaz Álvaro recitado por la autora (prohibida su copia y difusión sin permiso de la autora).
Registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid (España).
La cruz que tanto pesa
no es leño, ni tronco, ni es madero.
La cruz es hambre, injusticia, sufrimiento,
fuego ardiente es el leño en cada pecho
polvo, ceniza… su destino cierto.
Las sandalias ajadas de tus pies
abandonan los míos casi siempre,
y me dañan las piedras del camino
y me asustan las huellas de mi suerte,
ensangrientan mis ojos y mi boca
y los dedos de mis manos
se abandonan a la suerte.
Las llagas de tu costado
son mi herida de muerte -casi siempre-
salvo el agua bendita que me ofreces
para saciar la sed humana que me ahoga
y lavar las heridas que te hieren.
El amor y el placer también son leño,
y por ello te acompaño en tu pasión
crucificada en la cruz de cada día
a la espera del mensaje de tu voz.
© Kety Díaz Álvaro