Me gusta la gente que, con su mirada, sus gestos, sus palabras, su sonrisa, transmite la paz que invita a caminar a su lado y a compartir con ella momentos y experiencias llenas de riqueza humana. Gente que vive y siente que su vida se encuentra en equilibrio y perfectamente sincronizada con todo lo que hay en el universo. Que actúa con coherencia en su vida y respeta a quienes difieren de sus ideas o conductas. Gente que vive en paz consigo misma y cuya paz se ve siempre reflejada en su rostro.
¿Cómo cultivar y vivir en armonía para pertenecer a esta clase de gente?
He aquí algunas reflexiones que nos situarán en este camino de equilibrio y paz interior.
En primer lugar, hemos de ser conscientes de los obstáculos que encontramos en el actual ritmo de vida en forma de prisas, estrés, presiones externas y todo tipo de interferencias que, muchas veces, nos llevan a ser quienes no queremos ser y a vivir como no nos gustaría vivir.