Ayer, hablando con una amiga, me decía: “No sé qué me pasa, pero cuanto más servicial soy con los demás, más siento que se alejan o me rechazan. Yo siempre tengo un montón de detalles con todos, me sé de memoria sus agendas y les pregunto por sus citas médicas o por sus logros profesionales. Sin embargo, ellos nunca se acuerdan de las cosas importantes que vivo y muy pocas veces me incluyen en sus planes”.
Yo le comentaba que quizá, en el deseo de agradar a los demás, además de un espíritu sensible y generoso, hay mucho miedo a perder las relaciones, a sentir el abandono. Mi amiga se vincula a los otros con un punto de angustia y convierte a las otras personas en el centro de su vida.