En la selva del Perú, cuando los chamanes realizan sus rituales de limpieza, protección o curación, se valen de los icaros, cantos o melodías de letra simple que aluden a determinadas plantas, animales y elementos del paisaje poseedores de poder o simbolismo.
Icarar es la acción mediante la cual los chamanes le confieren a un objeto o pócima su poder, alguna propiedad específica que luego le será transmitida a la persona que lo recibe. Los chamanes cantan el icaro sobre un objeto, y ese objeto luego es remitido al interesado y la sustancia ingerida en caso de líquidos o humo soplado si se trata de tabaco icarado.
En Rosario, la cantante Vanina Israel terminó de darle forma a su imaginario musical y conceptual a partir de estas prácticas propias de la cosmogonía andina y denominó a su primer disco “Icarar”. En su caso, aunque aclara que “la estética del álbum no está relacionada a la forma musical que plantea un ícaro, que es mucho más ritual”, sí podemos decir que su perspectiva sobre qué, por qué, o cómo cantar contiene una dimensión amplia, ligada al “ritual en el arte, a la conexión profunda con nosotros mismos, con todos los seres y las cosas, con el cielo y con la tierra y con nuestra raíz latinoamericana”.
Icarar contiene diez canciones, siete de las cuales le pertenecen a la cantante y compositora nacida en Buenos Aires, en 1990 y que vive en Rosario desde sus 18 años. El repertorio se completa con “Nacida en el verde” de la entrerriana afincada en San Luis Marita Londra, “Repechos del guadal” del cordobés José Luis Aguirre (ambos cantan en el disco) y “K’arallanta”, una copla popular anónima. «Marita y José Luis son personas que me convocan con su música pero en su humanidad también. Tienen una coherencia entre el decir en la música y el andar en la vida. Eso para mí es una cualidad importantísima, se aprecia un montón en ellos», dice ella.
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