Jesús, hoy, nos exhorta: nada os arrancará de mi abrazo. Ni el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, ni el odio, ni la fragilidad, ni el pecado, ni la indiferencia, ni la contradicción del existir. Ninguna cosa. Nada puede secuestrar, arrebatar, quitar de Él. Somos de Cristo, él ha pagado caro por nosotros y le pertenecemos. Somos del Señor.