A finales del siglo XI, en plena Edad Media, el mundo estaba dividido por la religión: el Occidente Cristiano se enfrentaba al Oriente musulmán, un conflicto que dió lugar a las Cruzadas. Uno de los rasgos más extraordinarios sobre las Cruzadas, en su conjunto, es que aquellos movimientos se basaban en un inmenso y poderoso fervor religioso. En 1212 dos chicos, convencidos de que Dios estaba de su parte, iniciaron su propia cruzada para salvar la Cristiandad y los Santos Lugares de la dominación islámica.