Si Cristo está en nosotros, tenemos la vida, la verdad, la fe, la justicia y el amor: somos fuertes, poderosos y vencedores. Todos en la Iglesia, estamos bajo autoridad; aunque hay creyentes, que se rebelan contra el Pastor. La Palabra de Dios, predicada por un verdadero Pastor, despierta las conciencias dormidas: son como aguijón, para que no estemos descuidados espiritualmente.