En marzo de 2025, Celeste Rivas Hernández, de 14 años, le mandó un mensaje a David Anthony Burke, conocido como D4vd, artista con más de mil millones de reproducciones en Spotify. El mensaje decía: "Todo lo que hacemos es tener sexo y pasar el rato. Quiero más para mí." Tres semanas después, su cuerpo desmembrado estaba en el maletero de un Tesla.
En este capítulo cuento el caso completo: quién era Celeste, cómo la conoció Burke cuando ella tenía 11 años, cómo construyó durante cuatro años un sistema de control coercitivo sobre una menor, cómo la mató la noche del 23 de abril de 2025, dos días antes de lanzar su primer álbum, y cómo ocultó el cuerpo mientras seguía de gira, dando entrevistas sobre el amor y llorando en el escenario.
Pero también cuento lo que ocurrió el 27 de julio de 2026, cuando la jueza Charlaine Olmedo pronunció estas palabras en el Tribunal Superior del condado de Los Ángeles: "The people have met their burden on all counts." David Anthony Burke va a juicio.
Dedico una parte importante de este capítulo a la audiencia preliminar: cinco días de testimonio, doce testigos, evidencia forense presentada por primera vez en público. El reactivo BlueStarForensic que iluminó el suelo del garaje en azul. Los once ambientadores dentro del Tesla. Los 8.000 mensajes de texto. El embarazo. El aborto. Las fotografías de abuso sexual infantil cuya descripción hizo salir llorando a los padres de Celeste de la sala. El último mensaje que ella envió antes de que su teléfono cayera en silencio permanente: "i will end ur career and ur life."
Y termino con lo que este caso revela sobre el control coercitivo, sobre cómo la fama construye un escudo que convierte las señales de alarma en estética, y sobre todos los momentos donde alguien debería haber actuado y nadie lo hizo.
Este capítulo tiene partes duras. Lo cuento todo porque Celeste merece que se cuente todo.