Todos surgieron de barrios fruto de planes del desarrollismo de los años 60. Delincuentes juveniles procedentes de polígonos de viviendas donde el paro, la segregación social y la pobreza obligaron a muchos adolescentes a buscarse la vida en la calle. El más destacado y en torno al cual se forjaría toda una leyenda se llamaba José Joaquín Sánchez Frutos, alias El Jaro. Era un líder nato y desde pequeño manejó una banda con miembros mayores que él, algunos incluso mayores de edad, a los que dirigía en todo tipo de tropelías como robos, hurtos y atracos. La policia estimó que en el momento de la primera desarticulación de la banda, en febrero de 1978, la banda estaba compuesta por 31 personas, de los que sólo cinco eran mayores de edad, y actuaban en comandos de tres, cuatro o seis personas, a los que se les imputaron 33 asaltos a transeúntes, cerca de cien hurtos de bolsos por el sistema del tirón; casi cien sustracciones de vehículos; cuatro atracos a gasolineras; dos en viviendas; un séptimo asalto a una sucursal del Banco Español de Crédito y dieciocho robos en establecimientos comerciales.