Hoy te invito a un ejercicio sensorial.
Cierra los ojos y deja que tu mente dibuje cada verso.
Han escuchado de amor, nostalgia y mística…
pero hoy presento algo diferente: mística elevada, donde cuerpo y alma se unen.
Este poema es un viaje íntimo, un instante suspendido donde la entrega plena y el silencio nos enseñan a respirar juntos.
Siente cada palabra, déjate llevar…
y cuando termines, comparte tu experiencia en los comentarios.
Porque el arte no solo se escucha… se siente.
— Joriel
Susurros que se reconocen
Joriel… poesía se escucha
Como el sol descendiendo,
me acerco poco a poco
a la seda de tu piel.
La rozo con delicadeza,
con la suavidad que merece,
como quien abre una puerta tibia
que vuelve a despertar.
Dos susurros comienzan a reconocerse,
hallando la pausa que arde sin quemar,
un latido que despierta al otro
sin prisa, sin medida.
Nos elevamos en ese instante secreto,
donde no hay arriba ni abajo,
solo claridad y respiración compartida,
como si el mundo aprendiera a respirar con nosotros.
Y entonces comprendemos:
no es el clímax lo que nos eleva,
sino la entrega plena,
el misterio que habita…
cuando el silencio grita.
Joriel… la voz del alma