Hay que diferenciar entre "recibir" y "aceptar" la Palabra de Dios.
Mientras que todos tienen la posibilidad de recibir a Dios, no todos le aceptan.
Pablo nos lo repite una y otra vez, llegando a comparar el Pueblo de Dios con un olivo del cual sus ramas pueden ser desgajadas y, en su lugar, injertar ramas para formar parte del mismo.