La más reciente crisis social, política y humanitaria en el Catatumbo se agudizó desde el 15 de enero de este año.
Las confrontaciones armadas iniciaron el 12 de enero, pero el 15 se intensificó gravemente la arremetida de los ataques por parte de la guerrilla del ELN contra grupos residuales de las Disidencias de las FARC, lo que ha colapsado toda la región del Catatumbo. En Tibú, Ocaña, El Carmen, Ábrego, Convención, Teorama, San Calixto, Hacarí, La Playa, El Tarra y Sardinata, les habitantes están o confinades, o sometides a desplazamientos forzados por el acelerado recrudecimiento de la violencia.
Hasta la fecha de publicación de este episodio, al menos 56 personas han sido asesinadas y otras 54 mil más han sido desplazadas. El presidente Gustavo Petro aseguró que este despliegue de violencia también ha ocurrido porque la guerrilla del ELN ha creado vínculos con carteles mexicanos, como el de Sinaloa, y esto ha llevado a que las guerras por el control territorial sean más violentas.
Sin embargo, la historia de violencia, desatención estatal y explotación desmedida en esta región del país está lejos de ser nueva.
Esta región empezó a ser explotada desde 1903 con la extracción de petróleo, y fue justo allá donde se abrió la primera fábrica de kerosene, más puntualmente en Tibú. Desde entonces, en los mayores momentos de extracción, grandes empresas globales entre ellas Texaco y Mobil, han logrado sacar casi 2mil barriles de petróleo diarios del Catatumbo, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos.
Esto mismo ha atraído a grupos armados ilegales que se han ido rotando el control de la explotación. Primero estuvieron los paramilitares, más concretamente el bloque Catatumbo, autores de 115 masacres y 5mil asesinatos entre 1999 y 2004.
Ahora, las confrontaciones entre el ELN y las Disidencias de las FARC volvieron a encender la violencia.
En medio de este panorama, y como en todos los conflictos, las infancias, las adolescencias, las mujeres y personas LGTBIQ+ están expuestas a violencias diferenciales que requieren atención especial. No sólo existe un mayor riesgo a escenarios de violencia sexual, sino también una mayor exposición a delitos como la captación para trata de personas, como lo explicó desde el inicio de esta crisis la Fundación Valientes, especialistas en la prevención de la Explotación Sexual Comercial de Niños, niñas y adolescentes.
El panorama para las mujeres en Norte de Santander nunca ha sido sencillo. Como explica el Observatorio de Asuntos de Género de Norte de Santander, año tras año, en esta región las mujeres son más vulnerables a todo tipo de violencia basada en género, que se agudiza por la porosidad de la frontera Colombo-venezolana, el tráfico y explotación de niñas y mujeres con fines laborales y sexuales, los servilismos obligados, además de las violencias ejercidas por grupos armados legales e ilegales.
Zonas como El Plateado han reportado un crecimiento importante en los enfrentamientos armados durante los últimos días entre dos bloques de las Disidencias que se están peleando el control de este paso clave para las economías ilegales.
Lo mismo está ocurriendo en Chocó, donde los enfrentamientos entre el ELN y las AGC han arreciado el peligro para las comunidades, principalmente indígenas y afrodescendientes, pues los dos grupos armados ilegales pelean el control de la minería legal e ilegal sobre el río Atrato.
En el episodio más reciente de La Semanaria hablamos con Amanda Chinchilla, Profesional de trabajo territorial Asociación Minga y con Judith Pérez, abogada del colectivo de abogados de Santander Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez para entender mejor el contexto en el Catatumbo. También, hablamos con Laura Bonilla, directora de la Fundación Paz y Reconciliación Pares y con Elizabeth Dickinson, analista senior del Crisis Group en Colombia, para comprender si las medidas aportadas podrán traer calma a la región.