Le pregunté que perdón de qué y ahí bajó un poco la voz, muy poco, lo justo para fastidiarme más. Y me dijo, perdón por envejecer, perdón por cansarse, perdón por no parecer siempre disponible, atractivo, resuelto, como si el rostro natural de una vida no fuese lo suficiente evidencia de que una vida ha ocurrido. Uff, luego señaló la foto y añadió, Antes los retratos mentían por vanidad, los perfiles mienten por pánico. Eso me hizo bastante daño, la verdad, porque no era solo una observación sobre redes, era sobre mí, sobre por qué había cambiado la foto. Y no fue por estética, fue por miedo, por ese miedo ridículo a parecer apagado, o mayor, o ya no sé qué.