Colocación de la estatua de Zeus en el Templo y prohibición del judaísmo. Tras saquear el Templo, el rey Antíoco envía a Jerusalén a Apolonio con la orden de matar a todos los varones de edad adulta y de vender a las mujeres y a los niños y deja como gobernadores a Filipo en Jerusalén, a Andrónico en Garizim y a Menelao como sumo sacerdote. Más tarde, envía a un anciano ateniense para obligar a los judíos a abandonar las leyes de sus padres y para profanar el Templo de Jerusalén dedicándolo a Zeus Olímpico, y el de Garizim a Zeus Hospitalario. El Templo se llenó de desenfreno y orgías y se emitió un decreto por el que se ordenaba la muerte de aquellos judíos que no quisieran acoger las costumbres griegas. Judas Macabeo y sus compañeros se retiran a las montañas para no incurrir en profanación.