Hoy se ven los últimos preceptos de Dios: no codiciarás los bienes de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno ni nada de lo que le pertenezca. Este precepto, que la Iglesia ha dividido en dos mandamientos, abarca todo aquello que pertenece al hombre. La gran novedad es que no está dirigido a actos externos, sino deseos interiores.