Israel, que ya era anciano y apenas podía ver, le pide a su hijo José que le acerque a sus dos nietos, Efraím y Manasés, para adoptarlos como hijos suyos. José los tomó entre sus rodillas, conforme al rito de adopción, y el patriarca los declaró hijos adoptivos. De esta manera José recibe doble herencia, como si fuera el primogénito.