En Jarán, Jacob tiene once hijos de sus dos esposas; Lía y Raquel, y de las esclavas de sus esposas; Bilhá y Zilpá. El hecho de que los patriarcas viviesen según estas costumbres, que no eran conformes al proyecto de Dios en la creación, muestra el desorden causado por el pecado original y la misericordia de Dios que, a partir de aquellas situaciones históricas, va for¬mando el pueblo de Israel y desvelando progresivamente la verdadera grandeza de la dignidad humana, así como del matrimonio y de la familia.