Todavía recuerdo su sonrisa infantil, sus ojos inocentes, sus alitas blancas agitando el viento, su desnudez sin timidez, su pañal de tela tapando su secreto, su arco pequeño siempre tenso, su carcaja a la espalda con flechas del amor. Sí, también recuerdo esa flecha que me disparó La arranqué de mi corazón La pinté de luto Le puse mi nombre Cogí del cuello al cupido Y le clavé la flecha entre los ojos Ahora soy cazador de cupidos y solo lo hago por amor.