Después de la muerte de Amnón, Absalón permanece desterrado en Gesur durante tres años. Joab, al ver que David extraña a su hijo, utiliza a una mujer sabia de Tecoa para convencer al rey de que permita el regreso de Absalón.
David acepta que Absalón vuelva a Jerusalén, pero durante dos años no permite que se presente ante él. Finalmente, Absalón insiste hasta lograr que Joab interceda por él. David lo recibe y lo besa.
El capítulo muestra la reconciliación entre David y Absalón, pero también deja ver que el problema familiar y espiritual todavía no estaba resuelto. La restauración externa de la relación no significó una verdadera reconciliación del corazón, y esto prepararía el camino para la futura rebelión de Absalón.