Mientras David y sus hombres están ausentes, los amalecitas saquean Siclag, la incendian y llevan cautivas a las mujeres y los niños. David se angustia, pero se fortalece en YHVW Dios y consulta su voluntad antes de perseguir a los amalecitas. Finalmente, recupera todo lo que habían tomado. Este capítulo enseña que, aun en medio de la angustia y la pérdida, debemos fortalecernos en YHVW Dios y buscar su dirección.