Hay mucha gente que no se hace cargo de sus emociones.
Que no tiene responsabilidad afectiva.
Que te suelta su mierda para que te encargues tú de ella.
Y sí, por supuesto que querer tiene que ver con acompañar.
Con hacer la vida más fácil.
Por supuesto que compartir es fundamental.
Pero hay que saber poner límites.
Hay que saber cuándo decir que no y cuándo que sí.
Pero para eso te tienes que conocer.
Y a veces los demás no nos dejan conocernos.
Con sus expectativas y sus demandas hacen muy difícil que sepamos si hacemos las cosas por complacer, por compromiso o porque de verdad queremos.
Hay que pedir responsabilidad afectiva a los demás para que nos dejen ser.
Porque si solo te ocupas tú de todo.
Si eres tú la persona que salva, que cuidar, que está.
No tienes tiempo para ti.
Ojalá nos enseñaran desde que somos personas pequeñas a poner ciertos límites.
Límites que son como abrazos propios.
Límites con tacto.
Límites con me da igual si me dejas de querer.
Me da igual que te vayas.
O no tan igual, pero no voy a ceder en esto.
Tal vez esto sea lo más complicado del mundo, sí.
Pero ahí seguiremos intentándolo.
Cada día un poco más nosotros.
Y un poco menos de ellos.
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