Una mirada al interior del hombre que, más que cualquiera de sus contemporáneos, abrazó las operaciones de inteligencia secretos, engaños e instrumentos via bles para romper el código de la guerra moderna. Pocos hombres en la larga historia del Imperio Británico se ganaron el profundo respeto y admiración como Winston Spencer Churchill en los tenebrosos días de la Segunda Guerra Mundial. Desde que fue nombrado Primer Ministro, en mayo de 1940, hasta el final de su mandato en 1945, Churchill fue fuente de inspiración para sus aliados, de frustración para sus enemigos y de entusiasmo para Gran Bretaña debido a su determinación, voluntad y sentido del humor. Como Primer Ministro, Churchill se paseó por los despachos de guerra secretos en los que con frecuencia pernoctó. Desde aquellos cuarteles generales no cesó de manejar comunicados secretos, tratar operaciones militares encubiertas y preparar estratagemas políticas clandestinas. Todo ello, con el fin de derrotar a su gran enemigo: Adolf Hitler.