“Oscuro y fruncido como un clavel violeta
respira, humildemente agazapado entre el musgo,
húmedo aún de amor que sigue la pendiente dulce
de las blancas nalgas hasta el borde de su pliegue.
Filamentos semejantes a lágrimas de leche
han llorado, bajo el vendaval cruel que los rechaza,
a través de pequeños coágulos de rojizo abono,
para irse por donde la pendiente los llamaba.
Mi boca se acopló a menudo a su ventosa,
mi alma, del coito material celosa,
hizo de él su lagrimal salvaje y su nido de sollozos.
Es la oliva desfallecida, y la flauta mimosa,
es el tubo por donde desciende el celestial guirlache,
¡Canaán femenino en los trasudores brotados!”