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Or


PUEDO ACARICIARTE DIJO ÉL…
Puedo acariciarte dijo él
Gritaré dijo ella
Sólo una vez dijo él
Es divertido dijo ella
Puedo tocarte dijo él
Cuánto dijo ella
Mucho dijo él
Por qué no dijo ella
Vámonos dijo él
No demasiado lejos dijo ella
Qué es demasiado lejos dijo él
Donde tu estás dijo ella
Puedo quedarme dijo él
Cómo dijo ella
Así dijo él
Si me das un beso dijo ella
Puedo moverme dijo él
Me quieres dijo ella
Si lo estás deseando dijo él
Pero me estás matando dijo ella
Pero la vida es así dijo él
Pero y tu mujer dijo ella
Ahora dijo él
Oh dijo ella
Estupendo dijo él
No te detengas dijo ella
Oh no dijo él
Más despacio dijo ella
¿te corres? dijo él
uhmmm, dijo ella
¡Eres divina! dijo él
¡Eres Mío! dijo ella
ME GUSTA MI CUERPO CUANDO…
Me gusta cuando mi cuerpo esta junto
al tuyo. Es algo tan nuevo.
Mejores músculos y más nervioso.
Me gusta tu cuerpo. Lo que hace,
sus modos. Me gusta sentir la columna
de tu cuerpo y sus huesos, y la tembladera
–firme- delicadeza y de la cual
vez y vez y vez
besaré, me gusta besar esto y eso de ti,
me gusta, lentamente acariciar, la pelusa chocante
de tu piel eléctrica, y de lo-que-es que
viene sobre tu carne abierta. . . . Y los ojos grandes de amorosas migajas,
y posiblemente me gusta el encanto
bajo el mío del tuyo tan nuevo
LLEVO TU CORAZÓN CONMIGO
Llevo tu corazón conmigo
lo llevo en mi corazón
nunca estoy sin él.
A donde quiera que voy vas tú mi amor;
Y donde aquello que hago yo sola
es gracias a ti, mi cielo.
No le temo al destino
ya que tu eres mi destino, cariño.
No quiero ningún mundo porque hermosa
tu eres mi mundo, mi bien.
Este es el secreto más profundo que nadie conoce…
Esta es la raíz de la raíz
y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;
que crece mas alto de lo que el alma pueda esperar… o la mente ocultar
Es la maravilla que mantiene las estrellas separadas
Llevo tu corazón
lo llevo en mi corazón
ESTÁS CANSADA
Estás cansada
yo creo
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.
Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
sólo tú y yo, ¿comprendes?.
Tú has jugado
yo creo
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.
Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.
¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encotrar la Flor Única,
que sustentará yo creo tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.
Las distancias no miden lo mismo
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
- Roberto Juarroz
I
Cuerpos,
hay que abolir el tiempo,
regresar a la esfera.
Sólo el círculo salva
y no hay sino la urdimbre fantasmal
de los regresos y los viajes,
las huidas.
Se huye.
Uno se vuelve sombra fatigada
y se disloca,
se cuartea la huesumbre,
el alma se acongoja y pierde su condición
de almario
donde las penas y el amor que se extravió hace mucho
custodian su vigilia permanente
a la espera del sueño,
del regreso corpóreo de lo ido.
Sombra ya
como caída y yerta,
como badajo de campana que suena y suena
sin sonido alguno,
como camión destartalado y sin siquiera
pasaje funeral a los olvidos.
Sombra que ya perdió su propia sombra
en la búsqueda atroz de tantas sombras
--memoria fantasmal,
fantasmas al acecho
y en fuga circular hacia la nada.
Sólo el círculo salva,
Cuerpos,
su peculiar demencia de formas despiadadas
salva
y lo salvífico, después,
se expande en los infiernos,
se desarrolla y se machaca y clama
su condición desesperada de naufragio.
Sólo el círculo ofrece la certeza
de que lo huyente volverá algún día.
Fervor hacia los cuerpos,
las caídas.
La esfera es lo ejemplar de lo radiante,
la luz inmaculada y fría que se asesina
con mirada dura
--y mira,
los cuerpos tan amados que se abaten
en la niebla
hasta volverse sed o agua apenas
vislumbrada,
vislumbres que lo que ya dejó
de ser corpóreo ofrece en gesto de piedad
o desconsuelo
{no se sabe o se sabrá jamás
el peso de la noche cuando todo cae encima de uno
{y lo degüella.
Palpa el demente nada pero palpa,
con avidez, la nada
y sorbe
lo fantasmal que permanece de los cuerpos
cuando huyen
y sorbe entre los huesos el hueco que dejaron
y sorbe la caída
y sorbe los contornos de lo ido y lo quedado
--lo perenne,
lo fijo e inmutable,
pero también, lo que se pierde.
lo que se deja abandonado
o lo que se abandona a sí mismo
y desguarece,
lo extraviado, lo que se hizo a un lado
o se tiró porque ya no servía
pero de todos modos se quedó atorado
en la conciencia.
Conmiseración por el que yace
perdido entre la bruma,
Cuerpos,
el que deambula en los jardines
como lunático perdido en su inocencia
{fe perdida, razón de la añoranza},
en su rotunda necedad de ser cuerpo cercado
por los cuerpos sombríos del recuerdo.
Fe en la contemplación de cuerpos de mujer
que organiza el espíritu,
acechador de carne
y de zarpazo,
para el descanso de su ánima tristona.
Fe en el descenso de las aguas
y fe en la limpieza de la carne
y en lo pecaminoso que, a veces, se guarda
en el espíritu,
fe en la degustación de líquen y de pasto
entre lo impropio del perdón que llega
y la impiedad,
que se resiste a irse.
Manías del extraviado en los espejos
que contempla los cuerpos
congelados,
la salvación hecha un desastre
y envuelta en su envoltorio de cascajo,
la mortandad que avanza y que no cesa
de incrementar volumen.
Sólo el círculo salva,
Cuerpos.
No crujan,
no estampen la estampida en lo cuarteado,
lo que se desmorona y cae y se hunde
sin remedio.
Lo pasional escurre como un cilindro seco
y ya sin música,
y el que tocaba el instrumento falleció
hace ya tiempo
de afónica nostalgia y ahora tartajea
su adiós de cilindrero
ladrando en el silencio,
alma en crisis
que se integra a la noche y se sumerge en ella.
Sólo lo quieto salva y purifica,
Cuerpos,
lo móvil contamina y roe ácidamente
todo lo que semeja cuerpo
o imagen susceptible de volverse cuerpo.
(No hay salida.
Los muertos rondan los espejos
y no cantan,
palpan lo que oscurece y silban mucho).
No crujan.
La esfera es, dicho con toda propiedad,
lo eterno,
lo cristalino y puro que endurece
lo que llamamos lo eternal
--mo
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables.
Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón.
Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.
Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón.
Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera.
Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
I
El lenguaje silencioso engendra fuego. El silencio se propaga, el
silencio es fuego.
Era preciso decir acerca del agua o simplemente apenas nombrarla, de
modo de atraerse la palabra agua para que apague las llamas del silencio.
Porque no cantó, su sombra canta. Donde una vez sus ojos hechizaron
mi infancia, el silencio al rojo rueda como un sol.
En el corazón de la palabra lo alcanzaron; y yo no puedo narrar el
espacio ausente y azul creado por sus ojos.
II
Con una esponja húmeda de lluvia gris borraron el ramo de lilas
dibujado en su cerebro.
El signo de su estar es la enlutada escritura de los mensajes que se
envía. Ella se prueba en su nuevo lenguaje e indaga el peso del muerto
en la balanza de su corazón.
III
Y el signo de su estar crea el corazón de la noche.
Aprisionada: alguna vez se olvidarán las culpas, se emparentarán los
vivos y los muertos.
Aprisionada: no has sabido prever que su final iría a ser la gruta a
donde iban los malos en los cuentos para niños.
Aprisionada: deja que se cante como se pueda y se quiera. Hasta que
en la merecida noche se cierna la brusca desocultada. A exceso de
sufrimiento exceso de noche y de silencio.
IV
Las metáforas de asfixia se despojan del sudario, el poema. El terror
es nombrado con el modelo delante, a fin de no equivocarse.
V
Y yo sola con mis voces, y tú, tanto estás del otro lado que te
confundo conmigo.
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