Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • ”Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría...”* (1 Corintios 1:21)
    *Meditación**”Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante lasabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.”* (1Corintios 1:21)En la iglesia de Corinto algunos trataban de que el evangelio fuera intelectualmenterespetable. Su preocupación con la sabiduría de este mundo les hizo sensibles a aquellosaspectos del mensaje cristiano que resultaban ofensivos a los oídos de los filósofos.No tenían la intención de abandonar la fe, sino de redefinirla para que fuera mássabrosa o aceptable a los eruditos.Pablo se enfureció por su intento de vincular la sabiduría del mundo con la de Dios.Sabía muy bien que lograr reconocimiento intelectual resultaría en una pérdida de poderespiritual.¡Enfrentémoslo! Hay algo en el mensaje cristiano que es escandaloso a los judíos yuna locura a los gentiles. Y no sólo eso, los cristianos en su mayoría no son lo que elmundo llamaría sabios, poderosos o nobles. Tarde o temprano tenemos que darnoscuenta de que en lugar de pertenecer a la inteligencia, somos necios, débiles, viles ymenospreciados, porque es así como el mundo nos considera.Pero lo maravilloso es que Dios utiliza este mensaje, que parece ser una locura, parasalvar a los que creen. Dios se vale precisamente de personas como nosotros pararealizar Sus propósitos. Al escoger instrumentos tan poco prometedores, evita toda lapompa y pretensión del mundo, elimina cualquier posibilidad de jactancia, y hace queÉl solamente sea alabado.Esto no quiere decir que no hay lugar para la erudición. Por supuesto que lo hay. Peroa menos que la erudición se combine con una profunda espiritualidad, ésta nos embotaráy llegará a ser un verdadero peligro. Cuando la erudición juzga a la Palabra de Dios,alegando, por ejemplo, que algunos escritores utilizaron fuentes más confiables queotras, esto representa un abandono de la verdad de Dios. Cuando buscamos elreconocimiento de eruditos como éstos, nos hacemos vulnerables a todas sus herejías.Pablo no llegó a los corintios con excelencia de palabras o de sabiduría. Determinó nosaber nada entre ellos sino a Jesucristo y a éste crucificado. Sabía que el poder estaba enla presentación simple y franca del evangelio, y no en ocuparse con problemasespinosos e intrincados, teorías complejas e infructuosas que a nadie benefician, ni enrendir pleitesía al intelectualismo.
    5 min
  • Lucas 14


    Capítulo 16


    Parábola del administrador astuto


    1 Jesús les contó la siguiente historia a sus discípulos: «Había cierto hombre rico que tenía un administrador que manejaba sus negocios. Un día llegó la noticia de que el administrador estaba malgastando el dinero de su patrón. 2 Entonces el patrón lo llamó y le dijo: “¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Prepara un informe final porque voy a despedirte”.

    3 »El administrador pensó: “¿Y ahora qué haré? Mi jefe me ha despedido. No tengo fuerzas para cavar zanjas y soy demasiado orgulloso para mendigar. 4 Ah, ya sé cómo asegurarme de que tendré muchos amigos que me recibirán en sus casas cuando mi patrón me despida”.

    5 »Entonces invitó a todo el que le debía dinero a su patrón para conversar sobre la situación. Le preguntó al primero: “¿Cuánto debes a mi patrón?”. 6 El hombre contestó: “Le debo tres mil litros de aceite de oliva”. Entonces el administrador le dijo: “Toma la factura y cámbiala a mil quinientos litros”.

    7 »Le preguntó al siguiente: “¿Cuánto le debes tú?”. “Le debo mil medidas de trigo”, respondió. “Toma la factura y cámbiala a ochocientas medidas”, le dijo.

    8 »El hombre rico tuvo que admirar a este pícaro deshonesto por su astucia. Y la verdad es que los hijos de este mundo son más astutos al lidiar con el mundo que los rodea que los hijos de la luz. 9 Aquí está la lección: usen sus recursos mundanos para beneficiar a otros y para hacer amigos. Entonces, cuando esas posesiones terrenales se acaben, ellos les darán la bienvenida a un hogar eterno.

    10 »Si son fieles en las cosas pequeñas, serán fieles en las grandes; pero si son deshonestos en las cosas pequeñas, no actuarán con honradez en las responsabilidades más grandes. 11 Entonces, si no son confiables con las riquezas mundanas, ¿quién les confiará las verdaderas riquezas del cielo?; 12 y si no son fieles con las cosas de otras personas, ¿por qué se les debería confiar lo que es de ustedes?

    13 »Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero».

    14 Los fariseos, que amaban mucho su dinero, oyeron todo eso y se burlaron de Jesús. 15 Entonces él les dijo: «A ustedes les encanta aparecer como personas rectas en público, pero Dios conoce el corazón. Lo que este mundo honra es detestable a los ojos de Dios.

    16 »Hasta el tiempo de Juan el Bautista, la ley de Moisés y el mensaje de los profetas fueron sus guías; pero ahora se predica la Buena Noticia del reino de Dios, y todos están ansiosos por entrar. 17 Eso no significa que la ley haya perdido su fuerza. Es más fácil que el cielo y la tierra desaparezcan, a que el más pequeño punto de la ley de Dios sea anulado.

    18 »Por ejemplo, un hombre que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio; y el que se case con una mujer divorciada de su esposo comete adulterio».


    Parábola del rico y Lázaro


    19 Jesús dijo: «Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos. 20 Tirado a la puerta de su casa había un hombre pobre llamado Lázaro, quien estaba cubierto de llagas. 21 Mientras Lázaro estaba tendido, deseando comer las sobras de la mesa del hombre rico, los perros venían y le lamían las llagas abiertas.

    22 »Con el tiempo, el hombre pobre murió, y los ángeles lo llevaron a estar con Abraham. El hombre rico también murió y fue enterrado, 23 y su alma fue al lugar de los muertos. Allí, en medio del tormento, vio a Abraham a lo lejos con Lázaro junto a él.

    24 »El hombre rico gritó: “¡Padre Abraham, ten piedad! Envíame a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua. Estoy en angustia en estas llamas”....

    7 min
  • Lucas 13


    Capítulo 13


    Un llamado al arrepentimiento


    1 En esos días, le informaron a Jesús que Pilato había asesinado a varias personas de Galilea mientras ofrecían sacrificios en el templo. 2 «¿Piensan que esos galileos eran peores pecadores que todas las demás personas de Galilea? —preguntó Jesús—. ¿Por eso sufrieron? 3 ¡De ninguna manera! Y ustedes también perecerán a menos que se arrepientan de sus pecados y vuelvan a Dios. 4 ¿Y qué piensan de los dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima? ¿Acaso eran los peores pecadores de Jerusalén? 5 No, y les digo de nuevo, a menos que se arrepientan, ustedes también perecerán».


    Parábola de la higuera estéril


    6 Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado. 7 Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, sólo ocupa espacio en mi jardín”.

    8 »El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante. 9 Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla».


    Jesús sana en el día de descanso


    10 Cierto día de descanso, mientras Jesús enseñaba en la sinagoga, 11 vio a una mujer que estaba lisiada a causa de un espíritu maligno. Había estado encorvada durante dieciocho años y no podía ponerse derecha. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: «Apreciada mujer, ¡estás sanada de tu enfermedad!». 13 Luego la tocó y, al instante, ella pudo enderezarse. ¡Cómo alabó ella al Señor!

    14 En cambio, el líder a cargo de la sinagoga se indignó de que Jesús la sanara en un día de descanso. «Hay seis días en la semana para trabajar —dijo a la multitud—. Vengan esos días para ser sanados, no el día de descanso».

    15 Así que el Señor respondió: «¡Hipócritas! Cada uno de ustedes trabaja el día de descanso. ¿Acaso no desatan su buey o su burro y lo sacan del establo el día de descanso y lo llevan a tomar agua? 16 Esta apreciada mujer, una hija de Abraham, estuvo esclavizada por Satanás durante dieciocho años. ¿No es justo que sea liberada, aun en el día de descanso?».

    17 Esto avergonzó a sus enemigos, pero toda la gente se alegraba de las cosas maravillosas que él hacía.


    Parábola de la semilla de mostaza


    18 Entonces Jesús dijo: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿Cómo puedo ilustrarlo? 19 Es como una pequeña semilla de mostaza que un hombre sembró en un jardín; crece y se convierte en un árbol, y los pájaros hacen nidos en las ramas».


    Parábola de la levadura


    20 También preguntó: «¿A qué otra cosa se parece el reino de Dios? 21 Es como la levadura que utilizó una mujer para hacer pan. Aunque puso sólo una pequeña porción de levadura en tres medidas de harina, la levadura impregnó toda la masa».


    La puerta angosta


    22 Jesús iba enseñando por ciudades y aldeas mientras seguía adelante, camino a Jerusalén. 23 Alguien le preguntó:

    —Señor, ¿sólo unos pocos se salvarán?

    Él contestó:

    24 —Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarán de entrar pero fracasarán. 25 Cuando el señor de la casa haya cerrado la puerta, será demasiado tarde. Ustedes quedarán afuera llamando y rogando: “¡Señor, ábrenos la puerta!”, pero él contestará: “No los conozco ni sé de dónde vienen”. 26 Entonces ustedes dirán: “Pero comimos y bebimos contigo, y enseñaste en nuestras calles”. 27 Entonces él responderá: “Les digo que no sé quiénes son ni de dónde vienen. Aléjense de mí, todos ustedes, que hacen maldad”....

    7 min
  • Lucas 12


    Capítulo 12


    Advertencia contra la hipocresía


    1 Mientras tanto, las multitudes crecieron hasta que miles de personas se arremolinaban y se atropellaban unas a otras. Jesús primero se dirigió a sus discípulos y les advirtió: «Tengan cuidado con la levadura de los fariseos, es decir, su hipocresía. 2 Llegará el tiempo en que todo lo que está encubierto será revelado y todo lo secreto se dará a conocer a todos. 3 Todo lo que hayan dicho en la oscuridad se oirá a plena luz, y todo lo que hayan susurrado a puerta cerrada, ¡se gritará desde los techos para que todo el mundo lo oiga!

    4 »Queridos amigos, no teman a los que quieren matarles el cuerpo, después de eso, no pueden hacerles nada más. 5 Les diré a quién temer: teman a Dios, quien tiene el poder de quitarles la vida y luego arrojarlos al infierno. Claro, él es a quien deben temer.

    6 »¿Cuánto cuestan cinco gorriones: dos monedas de cobre? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos. 7 Y, en cuanto a ustedes, cada cabello de su cabeza está contado. Así que no tengan miedo; para Dios ustedes son más valiosos que toda una bandada de gorriones.

    8 »Les digo la verdad, a todo el que me reconozca en público aquí en la tierra, el Hijo del Hombre también lo reconocerá en presencia de los ángeles de Dios. 9 Pero el que me niegue aquí en la tierra será negado delante de los ángeles de Dios. 10 El que hable en contra del Hijo del Hombre puede ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado.

    11 »Cuando sean sometidos a juicio en las sinagogas y delante de gobernantes y autoridades, no se preocupen por cómo defenderse o qué decir, 12 porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que hay que decir».


    Parábola del rico insensato


    13 Entonces alguien de la multitud exclamó:

    —Maestro, por favor, dile a mi hermano que divida la herencia de nuestro padre conmigo.

    14 Jesús le respondió:

    —Amigo, ¿quién me puso por juez sobre ustedes para decidir cosas como ésa?

    15 Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».

    16 Luego les contó una historia: «Un hombre rico tenía un campo fértil que producía buenas cosechas. 17 Se dijo a sí mismo: “¿Qué debo hacer? No tengo lugar para almacenar todas mis cosechas”. 18 Entonces pensó: “Ya sé. Tiraré abajo mis graneros y construiré unos más grandes. Así tendré lugar suficiente para almacenar todo mi trigo y mis otros bienes. 19 Luego me pondré cómodo y me diré a mí mismo: ‘Amigo mío, tienes almacenado para muchos años. ¡Relájate! ¡Come y bebe y diviértete!’ ”.

    20 »Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?”.

    21 »Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios, es un necio».


    Enseñanza acerca del dinero y las posesiones


    22 Luego, dirigiéndose a sus discípulos, dijo: «Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento para comer o suficiente ropa para vestirse. 23 Pues la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa. 24 Miren los cuervos. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque Dios los alimenta. ¡Y ustedes son para él mucho más valiosos que cualquier pájaro! 25 ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida? 26 Y, si por mucho preocuparse no se logra algo tan pequeño como eso, ¿de qué sirve preocuparse por cosas más grandes?

    27 »Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos. 28 Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores

    11 min
  • Lucas 11


    Capítulo 11


    Enseñanza acerca de la oración


    1 Una vez, Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos se le acercó y le dijo:

    —Señor, enséñanos a orar, así como Juan les enseñó a sus discípulos.

    2 Jesús dijo:

    —Deberían orar de la siguiente manera:


    Padre, que siempre sea santificado tu nombre.

    Que tu reino venga pronto.

    3 Danos cada día el alimento que necesitamos

    4 y perdónanos nuestros pecados,

    así como nosotros perdonamos a los que pecan contra nosotros.

    Y no permitas que cedamos ante la tentación.


    5 Luego utilizó la siguiente historia para enseñarles más acerca de la oración: «Supongan que uno de ustedes va a la casa de un amigo a medianoche para pedirle que le preste tres panes. Le dices: 6 “Acaba de llegar de visita un amigo mío y no tengo nada para darle de comer”. 7 Supongan que ese amigo grita desde el dormitorio: “No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mi familia y yo estamos acostados. No puedo ayudarte”. 8 Les digo que, aunque no lo haga por amistad, si sigues tocando a la puerta el tiempo suficiente, él se levantará y te dará lo que necesitas debido a tu audaz insistencia.

    9 »Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. 10 Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.

    11 »Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden un pescado, ¿les dan una serpiente en su lugar? 12 O si les piden un huevo, ¿les dan un escorpión? ¡Claro que no! 13 Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan».


    Jesús y el príncipe de los demonios


    14 Cierto día, Jesús expulsó un demonio de un hombre que no podía hablar y, cuando el demonio salió, el hombre comenzó a hablar. Las multitudes quedaron asombradas, 15 pero algunos dijeron: «Con razón puede expulsar demonios. Él recibe su poder de Satanás, el príncipe de los demonios». 16 Otros, con la intención de poner a Jesús a prueba, le exigían que les mostrara alguna señal milagrosa del cielo para demostrar su autoridad.

    17 Jesús conocía sus pensamientos, así que dijo: «Todo reino dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una familia dividida por peleas se desintegrará. 18 Ustedes dicen que mi poder proviene de Satanás, pero si Satanás está dividido y pelea contra sí mismo, ¿cómo puede sobrevivir su reino? 19 Entonces, si mi poder proviene de Satanás, ¿qué me dicen de sus propios exorcistas quienes también expulsan demonios? Así que ellos los condenarán a ustedes por lo que acaban de decir. 20 Sin embargo, si yo expulso a los demonios por el poder de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado y está entre ustedes. 21 Cuando un hombre fuerte, como Satanás, está armado y protege su palacio, sus posesiones están seguras, 22 hasta que alguien aún más fuerte lo ataca y lo vence, le quita sus armas y se lleva sus pertenencias.

    23 »El que no está conmigo a mí se opone, y el que no trabaja conmigo, en realidad, trabaja en mi contra.

    24 »Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va al desierto en busca de descanso, pero como no lo encuentra, dice: “Volveré a la persona de la cual salí”. 25 De modo que regresa y encuentra que su antigua casa está barrida y en orden. 26 Entonces el espíritu busca a otros siete espíritus más malignos que él, y todos entran en la persona y viven allí. Y entonces esa persona queda peor que antes».

    27 Mientras él hablaba, una mujer de la multitud exclamó: «¡Que Dios bendiga a tu madre, el vientre del...

    12 min
  • Tema: APTITUD PARA EL CIELO (Programa: Lectura de los domingos)

    Tema: APTITUD PARA EL CIELO 

    Preguntas por O. Lambert y otros; Respuestas por H. P. Barker 

    NUESTRO tema es la «Aptitud para el cielo». Es cosa maravillosa que personas como tú y yo, llenas de fracasos y defectos, podemos ser hechos aptos para el cielo, y ello mientras vivimos aquí en la tierra. Pero esto es lo que la gracia de Dios puede hacer por nosotros. 

    En Apocalipsis 21:27 leemos que ninguna cosa impura puede entrar en la Santa Ciudad. Entonces, ¿cómo podemos ser hechos aptos para habitar allí? 

    La eficacia de la preciosa sangre de Cristo es tan grande que puede eliminar la impureza por entero. Puede purificar los pecados de toda una vida en un momento, y lavar al pecador dejándolo blanco como la nieve. 

    Si alguien ha sentido que sus pecados eran tan negros como el infierno mismo, y más en número que los granos de arena de la playa, podríamos seguir señalándole la sangre que purifica de todo pecado, que emblanquece y purifica al pecador culpable e impuro, y lo hace apto para el resplandeciente y glorioso hogar de Dios. 

    ¿Sirve de ayuda para hacerse apto para el cielo recurrir a los sacramentos, hacer penitencia, y cumplir estrictamente todos los deberes religiosos? 

    Si cosas como estas pueden ayudar en alguna manera a hacer que nuestras almas sean aptas para el cielo, ¡es extraño más allá de toda medida que la Biblia no nos lo diga! Al contrario, encontramos que las «obras», aunque tienen su lugar en relación con la vida del cristiano en la tierra, no tienen lugar en absoluto en relación con su salvación, o para hacerlo apto para el cielo. La salvación se describe claramente como «NO POR OBRAS, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:9); y Si Dios ha salvado a Su pueblo, ello ha sido «NO POR OBRAS de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia» (Tito 3:5). 

    Los hay muchos, sin embargo, que rechazarían enérgicamente y denunciarían la doctrina de la salvación por obras, y que sin embargo abrigan la idea de que depende de ellos en alguna manera u otra hacer aptas sus almas para el cielo. De modo que cantan— 

    «Un encargo yo tengo para guardar, un Dios al que glorificar, 

    Un alma inmortal para salvar, y para el cielo preparar.» 

    Es cierto que el Señor ha dado un encargo a Su pueblo, pero este encargo no es desde luego que salven sus propias almas y las preparen para el cielo. La obra que Él consumó es lo único 

    UNA SALVACIÓN TAN GRANDE 

    RECOPILADO POR ORN 52 

    que puede conseguir tal cosa. Nada puede de ningún modo añadir al valor de lo que Cristo ha hecho por nosotros, ni hacer más perfecto aquel impecable manto de justicia del que nos ha revestido la gracia de Dios. 

    Ser hecho apto para el cielo, ¿es lo mismo que tener derecho a ir allí? 

    Naturalmente que no. Yo puedo recibir una invitación para asistir a una recepción en el Palacio Real de parte de Su Excelencia el Gobernador mismo. Esto me daría un claro derecho a ir. Pero tal como estoy aquí ahora no soy apto para asistir a una ocasión tan brillante como esta. No estoy vestido para ello. Necesitaría un cambio completo de vestimenta antes que se reconociera mi aptitud para la recepción ofrecida por el Gobernador. En cambio, mi vestimenta pudiera ser apropiada en todos sus aspectos, pero la misma no me daría derecho a acudir. En un caso, tendría derecho, pero no aptitud. En el otro, tendría aptitud, pero ningún derecho. Ahora bien, por la gracia de Dios hay provisión tanto de un derecho al cielo como de una perfecta aptitud para aquel santo lugar para todos los que confían en el Señor Jesucristo. Su preciosa sangre nos hace perfectamente aptos para el cielo, así como nuestros pecados nos habían hecho aptos para el infierno. 

    Pero nuestra aptitud no se limita meramente a que nuestros pecados hayan...

    23 min
  • Lucas 10


    Capítulo 10


    Jesús envía a sus discípulos


    1 Después el Señor escogió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él a todas las ciudades y los lugares que tenía pensado visitar. 2 Y les dio las siguientes instrucciones: «La cosecha es grande, pero los obreros son pocos. Así que oren al Señor que está a cargo de la cosecha; pídanle que envíe más obreros a sus campos. 3 Ahora vayan, y recuerden que los envío como ovejas en medio de lobos. 4 No lleven con ustedes nada de dinero, ni bolso de viaje, ni un par de sandalias de repuesto; y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

    5 »Cuando entren en la casa de alguien, primero digan: “La paz de Dios sea sobre esta casa”. 6 Si los que viven en la casa son gente de paz, la bendición permanecerá; si no lo son, la bendición regresará a ustedes. 7 No cambien de una casa a otra. Quédense en un lugar, coman y beban lo que les den. No duden en aceptar la hospitalidad, porque los que trabajan merecen recibir su salario.

    8 »Si entran en un pueblo donde los reciben bien, coman todo lo que les ofrezcan. 9 Sanen a los enfermos y díganles: “El reino de Dios ahora está cerca de ustedes”. 10 Pero si un pueblo se niega a recibirlos bien, salgan a las calles y digan: 11 “Nos limpiamos de los pies hasta el polvo de su ciudad para mostrar que los abandonamos a su suerte. Y sepan esto: ¡el reino de Dios está cerca!”. 12 Les aseguro que, el día del juicio, le irá mejor a la perversa Sodoma que a ese pueblo.

    13 »¡Qué aflicción les espera, Corazín y Betsaida! Pues, si en las perversas ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran hecho los milagros que hice entre ustedes, hace tiempo sus habitantes se habrían arrepentido de sus pecados vistiéndose de tela áspera y echándose ceniza sobre la cabeza en señal de remordimiento. 14 Así es, el día del juicio, les irá mejor a Tiro y Sidón que a ustedes. 15 Y ustedes, los de Capernaúm, ¿serán honrados en el cielo? No, descenderán al lugar de los muertos».

    16 Entonces dijo a sus discípulos: «El que acepta el mensaje de ustedes me acepta también a mí. El que los rechaza a ustedes a mí me rechaza. Y el que me rechaza a mí rechaza a Dios, quien me envió».

    17 Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría:

    —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre!

    18 —Sí —les dijo—. Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño. 20 Pero no se alegren de que los espíritus malignos los obedezcan; alégrense porque sus nombres están escritos en el cielo.


    Jesús da gracias al Padre


    21 En esa misma ocasión, Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, gracias por esconder estas cosas de los que se creen sabios e inteligentes y por revelárselas a los que son como niños. Sí, Padre, te agradó hacerlo de esa manera.

    22 »Mi Padre me ha confiado todo. Nadie conoce verdaderamente al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce verdaderamente al Padre excepto el Hijo y aquellos a quienes el Hijo decide revelarlo».

    23 Después, cuando estuvieron a solas, se volvió a sus discípulos y les dijo: «Benditos los ojos que ven lo que ustedes han visto. 24 Les digo que muchos profetas y reyes anhelaron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y anhelaron oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron».


    El mandamiento más importante


    25 Cierto día, un experto en la ley religiosa se levantó para probar a Jesús con la siguiente pregunta:

    —Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

    26 Jesús contestó:

    —¿Qué dice la...

    9 min
  • Lucas 9


    Capítulo 9


    Jesús envía a los doce discípulos


    1 Cierto día, Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y sanar enfermedades. 2 Luego los envió para que anunciaran a todos acerca del reino de Dios y sanaran a los enfermos. 3 Les dio las siguientes instrucciones: «No lleven nada para el viaje, ni bastón, ni bolso de viaje, ni comida, ni dinero, ni siquiera una muda de ropa. 4 Por todo lugar que vayan, quédense en la misma casa hasta salir de la ciudad. 5 Y si en algún pueblo se niegan a recibirlos, sacúdanse el polvo de los pies al salir para mostrar que abandonan a esas personas a su suerte».

    6 Entonces ellos comenzaron su recorrido por las aldeas para predicar la Buena Noticia y sanar a los enfermos.


    La confusión de Herodes


    7 Cuando Herodes Antipas, el gobernante de Galilea, oyó hablar de todo lo que Jesús hacía, quedó perplejo. Algunos decían que Juan el Bautista había resucitado de los muertos. 8 Otros pensaban que Jesús era Elías o algún otro profeta, levantado de los muertos.

    9 «Decapité a Juan —decía Herodes—, así que, ¿quién es este hombre de quien oigo tantas historias?». Y siguió tratando de ver a Jesús.


    Jesús alimenta a cinco mil


    10 Cuando los apóstoles regresaron, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Luego él se retiró con ellos sin llamar la atención hacia la ciudad de Betsaida, 11 pero las multitudes descubrieron adónde iba y lo siguieron. Jesús los recibió y les enseñó acerca del reino de Dios y sanó a los que estaban enfermos.

    12 Al atardecer, los doce discípulos se le acercaron y le dijeron:

    —Despide a las multitudes para que puedan conseguir comida y encontrar alojamiento para la noche en las aldeas y granjas cercanas. En este lugar alejado no hay nada para comer.

    13 Jesús les dijo:

    —Denles ustedes de comer.

    —Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados —le respondieron—. ¿O esperas que vayamos y compremos suficiente comida para toda esta gente?

    14 Pues había alrededor de cinco mil hombres allí.

    Jesús les respondió:

    —Díganles que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno.

    15 Entonces todos se sentaron. 16 Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos junto con los pescados para que los distribuyeran entre la gente. 17 Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró.


    Declaración de Pedro acerca de Jesús


    18 Cierto día, Jesús se alejó de las multitudes para orar a solas. Sólo estaban con él sus discípulos, y les preguntó:

    —¿Quién dice la gente que soy?

    19 —Bueno —contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros antiguos profetas, que volvió de la muerte.

    20 Entonces les preguntó:

    —Y ustedes, ¿quién dicen que soy?

    Pedro contestó:

    —¡Tú eres el Mesías enviado por Dios!


    Jesús predice su muerte


    21 Jesús les advirtió a sus discípulos que no dijeran a nadie quién era él.

    22 —El Hijo del Hombre tendrá que sufrir muchas cosas terribles —les dijo—. Será rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarán pero al tercer día resucitará.

    23 Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. 24 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. 25 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el

    11 min
  • Lucas 8


    Capítulo 8


    Las mujeres que seguían a Jesús


    1 Poco después, Jesús comenzó un recorrido por las ciudades y aldeas cercanas, predicando y anunciando la Buena Noticia acerca del reino de Dios. Llevó consigo a sus doce discípulos, 2 junto con algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaban María Magdalena, de quien él había expulsado siete demonios; 3 Juana, la esposa de Chuza, administrador de Herodes; Susana; y muchas otras que contribuían con sus propios recursos al sostén de Jesús y sus discípulos.


    Parábola del sembrador


    4 Cierto día, Jesús contó una historia en forma de parábola a una gran multitud, proveniente de varias ciudades, que se había reunido para escucharlo: 5 «Un agricultor salió a sembrar. A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino, donde las pisotearon y los pájaros se las comieron. 6 Otras cayeron entre las rocas. Comenzaron a crecer, pero la planta pronto se marchitó y murió por falta de humedad. 7 Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron junto con ellas y ahogaron los brotes. 8 Pero otras semillas cayeron en tierra fértil. Estas semillas crecieron, ¡y produjeron una cosecha que fue cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!». Después de haber dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».

    9 Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola. 10 Él respondió: «A ustedes se les permite entender los secretos del reino de Dios, pero utilizo parábolas para enseñarles a los demás y para que se cumplan las Escrituras:


    “Cuando miren, no verán realmente.

    Cuando oigan, no entenderán”.


    11 »Este es el significado de la parábola: la semilla es la palabra de Dios. 12 Las semillas que cayeron en el camino representan a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo, se lo quita del corazón e impide que crean y sean salvos. 13 Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y lo reciben con alegría; pero como no tienen raíces profundas, creen por un tiempo y luego se apartan cuando enfrentan la tentación. 14 Las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen el mensaje, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida. Así que nunca crecen hasta la madurez. 15 Y las semillas que cayeron en la buena tierra representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme.


    Parábola de la lámpara


    16 »Nadie enciende una lámpara y luego la cubre con un tazón o la esconde debajo de la cama. Una lámpara se coloca en un lugar alto, donde todos los que entran a la casa puedan ver su luz. 17 Pues todo lo secreto tarde o temprano se descubrirá, y todo lo oculto saldrá a la luz y se dará a conocer a todos.

    18 »Así que presten atención a cómo oyen. A los que escuchan mis enseñanzas se les dará más entendimiento; pero a los que no escuchan, se les quitará aun lo que piensan que entienden».


    La verdadera familia de Jesús


    19 Entonces la madre y los hermanos de Jesús vinieron a verlo, pero no pudieron acercarse a él debido a la gran cantidad de gente. 20 Alguien le dijo a Jesús:

    —Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte.

    21 Jesús respondió:

    —Mi madre y mis hermanos son todos los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.


    Jesús calma la tormenta


    22 Cierto día Jesús les dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». Así que subieron a una barca y salieron. 23 Mientras navegaban, Jesús se recostó para dormir...

    11 min
  • Lucas 7


    Capítulo 7


    La fe de un oficial romano


    1 Cuando Jesús terminó de decir todo eso a la gente, regresó a Capernaúm. 2 En ese tiempo, un apreciado esclavo de un oficial romano estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el oficial oyó hablar de Jesús, envió a unos respetados ancianos judíos a pedirle que fuera a sanar a su esclavo. 4 De todo corazón, le suplicaron a Jesús que ayudara al hombre. Le dijeron: «Si alguien merece tu ayuda, es él; 5 pues ama al pueblo judío y hasta construyó una sinagoga para nosotros».

    6 Entonces Jesús fue con ellos; pero, justo antes de que llegaran a la casa, el oficial envió a unos amigos a decir: «Señor, no te molestes en venir a mi casa, porque no soy digno de tanto honor. 7 Ni siquiera soy digno de ir a tu encuentro. Tan sólo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará. 8 Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Sólo tengo que decir: “Vayan”, y ellos van, o “vengan”, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: “Hagan esto”, lo hacen».

    9 Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se digirió a la multitud que lo seguía y dijo: «Les digo, ¡no he visto una fe como ésta en todo Israel!». 10 Cuando los amigos del oficial regresaron a la casa, encontraron al esclavo completamente sano.


    Jesús resucita al hijo de una viuda


    11 Poco después, Jesús fue con sus discípulos a la aldea de Naín, y una multitud numerosa lo siguió. 12 Cuando Jesús llegó a la entrada de la aldea, salía una procesión fúnebre. El joven que había muerto era el único hijo de una viuda, y una gran multitud de la aldea la acompañaba. 13 Cuando el Señor la vio, su corazón rebosó de compasión. «No llores», le dijo. 14 Luego se acercó al ataúd y lo tocó y los que cargaban el ataúd se detuvieron. «Joven —dijo Jesús—, te digo, levántate». 15 ¡Entonces el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar! Y Jesús lo regresó a su madre.

    16 Un gran temor se apoderó de la multitud, y alababan a Dios diciendo: «Un profeta poderoso se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado hoy a su pueblo». 17 Y las noticias acerca de Jesús corrieron por toda Judea y sus alrededores.


    Jesús y Juan el Bautista


    18 Los discípulos de Juan el Bautista le contaron todo lo que Jesús hacía. Entonces Juan llamó a dos de sus discípulos 19 y los envió al Señor para que le preguntaran: «¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?».

    20 Los dos discípulos de Juan encontraron a Jesús y le dijeron: «Juan el Bautista nos envió a preguntarte: “¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?”».

    21 En ese preciso momento Jesús sanó a muchas personas de enfermedades, dolencias, y expulsó espíritus malignos y le devolvió la vista a muchos ciegos. 22 Luego les dijo a los discípulos de Juan: «Regresen a Juan y cuéntenle lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos caminan bien, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les predica la Buena Noticia. 23 Y díganle: “Dios bendice a los que no se apartan por causa de mí”».

    24 Después de que los discípulos de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar acerca de él a las multitudes. «¿A qué clase de hombre fueron a ver al desierto? ¿Acaso era una caña débil sacudida por la más leve brisa? 25 ¿O esperaban ver a un hombre vestido con ropa costosa? No, la gente que usa ropa elegante y vive rodeada de lujos se encuentra en los palacios. 26 ¿Buscaban a un profeta? Así es, y él es más que un profeta. 27 Juan es el hombre al que se refieren las Escrituras cuando dicen:


    “Mira, envío a mi mensajero por anticipado,

    y él preparará el camino delante de ti”.

    10 min

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