Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”(Juan 16.24)
    *Meditación**”Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”* (Juan 16.24)*”Pedid y recibiréis”*. Los hombres debieran siempre orar sin desmayar. Los que más oran son los que más aliento tienen para orar. Su testimonio es: «Amo al Señor, porque Él ha oído mi voz».I. Las promesas. Son:1. SEGURAS (Jn. 16:23). «De cierto, de cierto os digo.» Pensad en Aquel que prometió. Yo, que he hecho los cielos y la tierra. Yo, que tengo toda potestad. El Testigo fiel y verdadero, el Dios que no puede mentir, el Señor tu Redentor.2. SENCILLAS (Mt. 7:7). Las declaraciones aquí son tales que las puede comprender un niño. Cuán lleno de gracia es nuestro Dios al poner unas verdades tan grandes y misteriosas en un lenguaje tan de niño, tan diferente de la sabiduría de este mundo.3. SUFICIENTES. Este «todo lo que pidáis» es ciertamente una puerta ancha y eficaz. Hay aquí suficiente lugar para la vida que es ahora y para la venidera. Su «¿Cuánto más?» (Lc. 11;13) es ciertamente suficiente para asegurarnos de su voluntad de dar. Todas las promesas son «Sí y amén» en Él.*II. Las condiciones*. Como las promesas, son llanas y simples. Que nosotros:1. PIDAMOS (Mt. 7:7). Como hijos, tenemos que dar a conocer nuestras peticiones de una manera infantil.2. PIDAMOS AL PADRE (Jn. 16:23). Vuestro Padre sabe que tenemos necesidad de estas cosas. Tenemos libertad de acceso. ¡Qué privilegio!3. PIDAMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. Recordemos siempre que este nuevo camino es a través del velo rasgado de la carne del Redentor, pero acudamos con libertad.4. PIDAMOS SEGÚN SU VOLUNTAD (1 Jn. 5:14, 15). Si la Palabra de Cristo mora ricamente en nosotros, entonces pediremos aquellas cosas que le agradan a Él.5. PIDAMOS EN FE (Mr. 11:24). El que a Dios se allega es necesario que crea. «Elías era hombre de sentimientos semejantes a los nuestros, y…. oró, y el cielo dio lluvia.» Cree, y verás.6. PERMANEZCAMOS EN ÉL (Jn. 15:7). La rama que no permanece en la vid no tiene necesidad de orar para ser llena de la savia. Buscando su gloria, podéis pedir lo que queráis, y os será hecho.7. QUE NUESTRO CORAZÓN NO NOS CONDENE (1 Jn. 3:21, 22). Es posible –y, ay, tan común– pedir con los labios lo que el corazón nunca espera. Él no nos responde según la longitud y anchura de nuestras peticiones, sino por nuestra fe.
    5 min
  • Lucas 6


    Capítulo 6


    Discusión acerca del día de descanso


    1 Cierto día de descanso, mientras Jesús caminaba por unos terrenos sembrados, sus discípulos arrancaron unas espigas de grano, las frotaron entre sus manos para sacarles la cáscara y se comieron los granos. 2 Algunos fariseos dijeron:

    —¿ el día de descanso?

    3 Jesús les respondió:

    —¿Acaso no han leído en las Escrituras lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre? 4 Entró en la casa de Dios y violó la ley al comer los panes sagrados que sólo los sacerdotes pueden comer, y también les dio una porción a sus compañeros.

    5 Entonces Jesús agregó:

    —El Hijo del Hombre es Señor incluso del día de descanso.


    Jesús sana en un día de descanso


    6 Otro día de descanso, un hombre que tenía la mano derecha deforme estaba en la sinagoga mientras Jesús enseñaba. 7 Los maestros de la ley religiosa y los fariseos vigilaban a Jesús de cerca. Si sanaba la mano del hombre, tenían pensado acusarlo por trabajar en el día de descanso.

    8 Pero Jesús sabía lo que pensaban y le dijo al hombre con la mano deforme: «Ven y ponte de pie frente a todos». Así que el hombre pasó adelante. 9 Entonces Jesús les dijo a sus acusadores: «Tengo una pregunta para ustedes: ¿Permite la ley hacer buenas acciones en el día de descanso o es un día para hacer el mal? ¿Es un día para salvar la vida o para destruirla?».

    10 Miró uno por uno a los que lo rodeaban y luego le dijo al hombre: «Extiende la mano». Entonces el hombre la extendió, ¡y la mano quedó restaurada! 11 Al ver esto, los enemigos de Jesús se llenaron de rabia y comenzaron a discutir para decidir qué harían con él.


    Jesús escoge a los doce apóstoles


    12 Cierto día, poco tiempo después, Jesús subió a un monte a orar y oró a Dios toda la noche. 13 Al amanecer, llamó a todos sus discípulos y escogió a doce de ellos para que fueran apóstoles. Sus nombres son los siguientes:


    14 Simón (a quien llamó Pedro),

    Andrés (hermano de Pedro),

    Santiago,

    Juan,

    Felipe,

    Bartolomé,

    15 Mateo,

    Tomás,

    Santiago (hijo de Alfeo),

    Simón (a quien llamaban el zelote),

    16 Judas (hijo de Santiago),

    Judas Iscariote (quien después lo traicionó).


    Multitudes siguen a Jesús


    17 Cuando descendieron del monte, los discípulos se quedaron con Jesús en un amplio lugar llano, rodeados de muchos seguidores y de las multitudes. Había gente de toda Judea y Jerusalén, y de lugares tan al norte como las costas de Tiro y Sidón. 18 Habían llegado para oírlo y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus malignos fueron sanados. 19 Todos trataban de tocarlo, porque de él salía poder sanador, y los sanó a todos.


    Las bienaventuranzas


    20 Entonces Jesús se volvió hacia sus discípulos y les dijo:


    «Dios los bendice a ustedes, que son pobres,

    porque el reino de Dios les pertenece.

    21 Dios los bendice a ustedes, que ahora tienen hambre,

    porque serán saciados.

    Dios los bendice a ustedes, que ahora lloran,

    porque a su debido tiempo reirán.


    22 »Qué bendiciones les esperan cuando la gente los odie y los excluya, cuando se burlen de ustedes y los maldigan, como si fuera gente maligna, porque siguen al Hijo del Hombre. 23 Cuando les suceda eso, pónganse contentos. ¡Sí, salten de alegría, porque les espera una gran recompensa en el cielo! Y recuerden que los antepasados de ellos trataron a los antiguos profetas de la misma manera.


    Tristeza anunciada

    24 »Qué...

    11 min
  • Lucas 5


    Capítulo 5


    Primeros discípulos


    1 Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios. 2 Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes. 3 Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.

    4 Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:

    —Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.

    5 —Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.

    6 Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces, ¡que comenzaron a romperse! 7 Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.

    8 Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo:

    —Señor, por favor, aléjate de mí, soy demasiado pecador para estar cerca de ti.

    9 Pues estaba muy asombrado por la cantidad de peces que habían sacado, al igual que los otros que estaban con él. 10 Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados.

    Jesús respondió a Simón: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!». 11 Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.


    Jesús sana a un leproso


    12 En una de las aldeas, Jesús conoció a un hombre que tenía una lepra muy avanzada. Cuando el hombre vio a Jesús, se inclinó rostro en tierra y le suplicó que lo sanara.

    —¡Señor! —le dijo—, ¡si tú quieres puedes sanarme y dejarme limpio!

    13 Jesús extendió la mano y lo tocó:

    —Sí quiero —dijo—. ¡Queda sano!

    Al instante, la lepra desapareció. 14 Entonces Jesús le dio instrucciones de que no dijera a nadie lo que había sucedido. Le dijo: «Preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra. Esto será un testimonio público de que has quedado limpio».

    15 Sin embargo, a pesar de las instrucciones de Jesús, la noticia de su poder corrió aún más, y grandes multitudes llegaron para escucharlo predicar y ser sanados de sus enfermedades. 16 Así que Jesús muchas veces se alejaba al desierto para orar.


    Jesús sana a un hombre paralítico


    17 Cierto día, mientras Jesús enseñaba, algunos fariseos y maestros de la ley religiosa estaban sentados cerca. (Al parecer, esos hombres habían llegado de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén). Y el poder sanador del Señor estaba presente con fuerza en Jesús.

    18 Unos hombres llegaron cargando a un paralítico en una camilla. Trataron de llevarlo dentro a donde estaba Jesús, 19 pero no pudieron acercarse a él debido a la multitud. Entonces subieron al techo y quitaron algunas tejas. Luego bajaron al enfermo en su camilla hasta ponerlo en medio de la multitud, justo frente a Jesús. 20 Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al hombre: «Joven, tus pecados son perdonados».

    21 Entonces los fariseos y los maestros de la ley religiosa decían para sí: «¿Quién se cree que es? ¡Es una blasfemia! ¡Sólo Dios puede perdonar pecados!».

    22 Jesús supo lo que pensaban, así que les preguntó: «¿Por qué cuestionan eso en su corazón? 23 ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados son perdonados” o “Ponte de pie y camina”? 24 Así que les demostraré que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados».

    Entonces Jesús miró al paralítico y dijo: «¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a

    7 min
  • Lucas 4

    Capítulo 4


    Tentación de Jesús


    1 Entonces Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del río Jordán. Y el Espíritu lo llevó al desierto, 2 donde fue tentado por el diablo durante cuarenta días. Jesús no comió nada en todo ese tiempo y comenzó a tener mucha hambre.

    3 Entonces el diablo le dijo:

    —Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se transforme en pan.

    4 Jesús le dijo:

    —¡No! Las Escrituras dicen: “La gente no vive sólo de pan”.

    5 Entonces el diablo lo llevó a una parte alta y desplegó ante él todos los reinos del mundo en un solo instante.

    6 —Te daré la gloria de estos reinos y autoridad sobre ellos —le dijo el diablo—, porque son míos para dárselos a quien yo quiera. 7 Te daré todo esto si me adoras.

    8 Jesús le respondió:

    —Las Escrituras dicen:


    “Adora al SEÑOR tu Dios

    y sírvele sólo a él”.


    9 Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén, al punto más alto del templo, y dijo:

    —Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! 10 Pues las Escrituras dicen:


    “Él ordenará a sus ángeles que te protejan y te guarden.

    11 Y te sostendrán con sus manos

    para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”.


    12 Jesús le respondió:

    —Las Escrituras también dicen: “No pondrás a prueba al SEÑOR tu Dios”.

    13 Cuando el diablo terminó de tentar a Jesús, lo dejó hasta la siguiente oportunidad.


    Jesús es rechazado en Nazaret


    14 Entonces Jesús regresó a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo. Las noticias acerca de él corrieron rápidamente por toda la región. 15 Enseñaba con frecuencia en las sinagogas y todos lo elogiaban.

    16 Cuando llegó a Nazaret, la aldea donde creció, fue como de costumbre a la sinagoga el día de descanso y se puso de pie para leer las Escrituras. 17 Le dieron el rollo del profeta Isaías. Jesús lo desenrolló y encontró el lugar donde está escrito lo siguiente:


    18 «El Espíritu del SEÑOR está sobre mí,

    porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres.

    Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados,

    que los ciegos verán,

    que los oprimidos serán puestos en libertad,

    19 y que ha llegado el tiempo del favor del SEÑOR».


    20 Lo enrolló de nuevo, se lo entregó al ayudante y se sentó. Todas las miradas en la sinagoga se fijaron en él. 21 Después Jesús comenzó a hablarles: «La Escritura que acaban de oír, ¡se ha cumplido este mismo día!».

    22 Todos hablaban bien de él y estaban asombrados de la gracia con la que salían las palabras de su boca. «¿Cómo puede ser? —preguntaban—. ¿No es éste el hijo de José?».

    23 Entonces Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me citarán el proverbio que dice: “Médico, cúrate a ti mismo” para decirme: “Haz milagros aquí en tu propio pueblo como los que hiciste en Capernaúm”. 24 Pero les digo la verdad, ningún profeta es aceptado en su propio pueblo.

    25 »Sin duda había muchas viudas necesitadas en Israel en el tiempo de Elías, cuando los cielos se cerraron por tres años y medio y un hambre terrible devastó la tierra. 26 Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas. En cambio, lo enviaron a una extranjera, a una viuda de Sarepta en la tierra de Sidón. 27 También había muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta Eliseo, pero el único sanado fue Naamán, un sirio».

    28 Al oír eso la gente de la sinagoga se puso furiosa. 29 Se levantaron de un salto, lo atacaron y lo llevaron a la fuerza hasta el borde del cerro sobre el cual estaba construida la ciudad. Querían arrojarlo por el precipicio, 30 pero él pasó por en medio de la multitud y siguió...

    9 min
  • Lucas 3


    Capítulo 3


    Juan el Bautista prepara el camino


    1 Era el año quince del reinado de Tiberio, el emperador de Roma. Poncio Pilato era gobernador de Judea; Herodes Antipas gobernaba Galilea; su hermano Felipe gobernaba Iturea y Traconite; y Lisanias gobernaba Abilinia. 2 Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes. En ese tiempo, un mensaje de Dios llegó a Juan, hijo de Zacarías, que vivía en el desierto. 3 Entonces Juan fue de un lugar a otro, por ambos lados del río Jordán, predicando que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada. 4 Isaías había hablado de Juan cuando dijo:


    «Es una voz que clama en el desierto:

    “¡Preparen el camino para la venida del SEÑOR!

    ¡Ábranle camino!

    5 Los valles serán rellenados,

    y las montañas y las colinas, allanadas.

    Las curvas serán enderezadas,

    y los lugares ásperos, suavizados.

    6 Y entonces todas las personas verán

    la salvación enviada por Dios”».


    7 Cuando las multitudes acudieron a Juan para que los bautizara, les dijo:

    —¡Camada de víboras! ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira de Dios que se acerca? 8 Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios. No se digan simplemente el uno al otro: “Estamos a salvo porque somos descendientes de Abraham”. Eso no significa nada, porque les digo que Dios puede crear hijos de Abraham de estas mismas piedras. 9 Ahora mismo el hacha del juicio de Dios está lista para cortar las raíces de los árboles. Así es, todo árbol que no produzca buenos frutos será cortado y arrojado al fuego.

    10 Las multitudes preguntaron:

    —¿Qué debemos hacer?

    11 Juan contestó:

    —Si tienes dos camisas, da una a los pobres. Si tienes comida, comparte con los que tienen hambre.

    12 Hasta los corruptos recaudadores de impuestos vinieron a bautizarse y preguntaron:

    —Maestro, ¿qué debemos hacer?

    13 Él les contestó:

    —No recauden más impuestos de lo que el gobierno requiere.

    14 —¿Qué debemos hacer nosotros? —preguntaron algunos soldados.

    Juan les contestó:

    —No extorsionen ni hagan falsas acusaciones, y estén satisfechos con su salario.

    15 Todos esperaban que el Mesías viniera pronto, y tenían muchas ganas de saber si Juan era el Mesías. 16 Juan contestó a sus preguntas diciendo: «Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 17 Él está listo para separar el trigo de la paja con su rastrillo. Luego limpiará la zona donde se trilla y juntará el trigo en su granero, pero quemará la paja en un fuego interminable».18 Juan usó muchas advertencias similares al anunciar la Buena Noticia al pueblo.

    19 También Juan criticó públicamente a Herodes Antipas, el gobernador de Galilea, por haberse casado con Herodías, la esposa de su hermano, y por muchas otras injusticias que había cometido. 20 Así que Herodes metió a Juan en la cárcel, agregando a sus muchos pecados uno más.


    Bautismo de Jesús


    21 Cierto día, en que las multitudes se bautizaban, Jesús mismo fue bautizado. Mientras él oraba, los cielos se abrieron, 22 y el Espíritu Santo, en forma visible, descendió sobre él como una paloma. Y una voz dijo desde el cielo: «Tú eres mi Hijo muy amado y me das un gran gozo».


    Antepasados de Jesús


    23 Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio público.


    Jesús era conocido como el hijo de José.

    José era hijo de Elí....

    8 min
  • ”Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1 Juan 5:13)
    Meditación”Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1 Juan 5:13) Estaremos eternamente agradecidos a Dios por este versículo porque nos enseña que la seguridad de la salvación nos llega en primer lugar por la Palabra de Dios y no por los sentimientos. La Biblia fue escrita, entre otras razones, para que aquellos que creen en el Nombre del Hijo de Dios puedan saber que tienen vida eterna. Podemos estar agradecidos al saber que esta seguridad no depende de los sentimientos, ya que éstos fluctúan de un día a otro. “Dios no nos pide que digamos: ‘gracias Dios porque me siento muy bien’, sino que fijemos los ojos en Jesús y Su Palabra”. Una vez alguien preguntó a Martín Lutero: “¿Sientes que tus pecados han sido perdonados?”, y él contestó: “No, pero estoy tan seguro de esto como que hay un Dios en el cielo. Porque los sentimientos van y vienen y son engañosos. Mi garantía es la Palabra de Dios. Nada es más digno de creerse”. C. I. Scofield nos recuerda que: “la justificación tiene lugar en la mente de Dios y no en el sistema nervioso del creyente”. H. A. Ironside acostumbraba decir: “No sé si soy salvo porque me siento feliz, pero me siento feliz porque sé que soy salvo”. Sabía que era salvo por la Palabra de Dios. Cuando vemos que el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, debemos recordar que el Espíritu nos da testimonio principalmente a través de las Escrituras (Ro. 8:16). Por ejemplo, en Juan 6:47 leemos: “El que cree en mí, tiene vida eterna”. Sabemos que hemos confiado en Cristo para nuestra salvación eterna; Él es nuestra única esperanza para el cielo. Por lo tanto, el Espíritu de Dios nos da testimonio, a través de este versículo, de que somos hijos de Dios. Por supuesto que también hay otros medios que nos aseguran que poseemos la salvación: sabemos que somos salvos porque amamos a los hermanos, aborrecemos el pecado y practicamos la justicia, amamos la Palabra de Dios y tenemos el instinto de oración. Pero el más importante y fundamental de estos es la Palabra de Dios, el instrumento más confiable y preciso del universo. George Cutting decía en su tratado memorable “Seguridad, Certeza y Gozo”: “Es la sangre la que nos salva; es la Palabra la que nos lo asegura”.
    5 min
  • Lucas 2


    Capítulo 2


    Nacimiento de Jesús


    1 En esos días, Augusto, el emperador de Roma, decretó que se hiciera un censo en todo el Imperio romano. 2 (Este fue el primer censo que se hizo cuando Cirenio era gobernador de Siria). 3 Todos regresaron a los pueblos de sus antepasados a fin de inscribirse para el censo. 4 Como José era descendiente del rey David, tuvo que ir a Belén de Judea, el antiguo hogar de David. Viajó hacia allí desde la aldea de Nazaret de Galilea. 5 Llevó consigo a María, su prometida, cuyo embarazo ya estaba avanzado.

    6 Mientras estaban allí, llegó el momento para que naciera el bebé. 7 María dio a luz a su primer hijo, un varón. Lo envolvió en tiras de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había alojamiento disponible para ellos.


    Pastores y ángeles


    8 Esa noche había unos pastores en los campos cercanos, que estaban cuidando sus rebaños de ovejas. 9 De repente, apareció entre ellos un ángel del Señor, y el resplandor de la gloria del Señor los rodeó. Los pastores estaban aterrados, 10 pero el ángel los tranquilizó. «No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente. 11 ¡El Salvador —sí, el Mesías, el Señor— ha nacido hoy en Belén, la ciudad de David! 12 Y lo reconocerán por la siguiente señal: encontrarán a un niño envuelto en tiras de tela, acostado en un pesebre».

    13 De pronto, se unió a ese ángel una inmensa multitud —los ejércitos celestiales— que alababan a Dios y decían:


    14 «Gloria a Dios en el cielo más alto

    y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace».


    15 Cuando los ángeles regresaron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «¡Vayamos a Belén! Veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos anunció».

    16 Fueron de prisa a la aldea y encontraron a María y a José. Y allí estaba el niño, acostado en el pesebre. 17 Después de verlo, los pastores contaron a todos lo que había sucedido y lo que el ángel les había dicho acerca del niño. 18 Todos los que escucharon el relato de los pastores quedaron asombrados, 19 pero María guardaba todas estas cosas en el corazón y pensaba en ellas con frecuencia. 20 Los pastores regresaron a sus rebaños, glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído. Todo sucedió tal como el ángel les había dicho.


    Presentación de Jesús en el templo


    21 Ocho días después, cuando el bebé fue circuncidado, le pusieron por nombre Jesús, el nombre que había dado el ángel aun antes de que el niño fuera concebido.

    22 Luego llegó el tiempo para la ofrenda de purificación, como exigía la ley de Moisés después del nacimiento de un niño; así que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. 23 La ley del Señor dice: «Si el primer hijo de una mujer es varón, habrá que dedicarlo al SEÑOR». 24 Así que ellos ofrecieron el sacrificio requerido en la ley del Señor, que consistía en «un par de tórtolas o dos pichones de paloma».


    Profecía de Simeón


    25 En ese tiempo, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era justo y devoto, y esperaba con anhelo que llegara el Mesías y rescatara a Israel. El Espíritu Santo estaba sobre él 26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Mesías del Señor. 27 Ese día, el Espíritu lo guió al templo. De manera que, cuando María y José llegaron para presentar al bebé Jesús ante el Señor como exigía la ley, 28 Simeón estaba allí. Tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios diciendo:


    29 «Soberano Señor, permite ahora que tu siervo muera en paz,

    como prometiste.

    30 He visto tu salvación,

    31 la que preparaste para toda la gente.

    ...

    8 min
  • Lucas 1








    Lucas



    Capítulo 1


    Introducción


    1 Muchas personas han intentado escribir un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros. 2 Se valieron de los informes que circulan entre nosotros dados por testigos oculares, los primeros discípulos. 3 Después de investigar todo con esmero desde el principio, yo también decidí escribir un relato cuidadoso para ti, muy honorable Teófilo, 4 para que puedas estar seguro de la veracidad de todo lo que te han enseñado.


    Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista


    5 Cuando Herodes era rey en Judea, hubo un sacerdote judío llamado Zacarías. Era miembro del grupo sacerdotal de Abías; y su esposa, Elisabet, también pertenecía a la familia sacerdotal de Aarón. 6 Zacarías y Elisabet eran justos a los ojos de Dios y cuidadosos en obedecer todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor. 7 No tenían hijos porque Elisabet no podía quedar embarazada y los dos eran ya muy ancianos.

    8 Cierto día, Zacarías se encontraba sirviendo a Dios en el templo, porque su grupo de sacerdotes estaba de turno esa semana. 9 Como era costumbre entre los sacerdotes, le tocó por sorteo entrar en el santuario del Señor y quemar el incienso. 10 Mientras el incienso se quemaba, una gran multitud estaba afuera orando.

    11 Y mientras Zacarías estaba en el santuario, se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Cuando Zacarías lo vio, se alarmó y se llenó de temor, 13 pero el ángel le dijo:

    —¡No tengas miedo, Zacarías! Dios ha oído tu oración. Tu esposa, Elisabet, te dará un hijo, y lo llamarás Juan. 14 Tendrás gran gozo y alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, 15 porque él será grande a los ojos del Señor. No deberá beber vino ni ninguna bebida alcohólica y será lleno del Espíritu Santo aun antes de nacer. 16 Y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor su Dios. 17 Será un hombre con el espíritu y el poder de Elías; preparará a la gente para la venida del Señor. Inclinará el corazón de los padres hacia los hijos y hará que los rebeldes acepten la sabiduría de los justos.

    18 Zacarías le dijo al ángel:

    —¿Cómo puedo estar seguro de que ocurrirá esto? Ya soy muy anciano, y mi esposa también es de edad avanzada.

    19 Entonces el ángel dijo:

    —¡Yo soy Gabriel! Estoy en la presencia misma de Dios. ¡Fue él quien me envió a darte esta buena noticia! 20 Pero ahora, como no creíste lo que te dije, te quedarás mudo, sin poder hablar hasta que nazca el niño. Te aseguro que mis palabras se cumplirán a su debido tiempo.

    21 Mientras tanto, la gente esperaba a que Zacarías saliera del santuario y se preguntaba por qué tardaba tanto. 22 Cuando por fin salió, no podía hablarles. Entonces, por las señas que hacía y su silencio, se dieron cuenta de que seguramente había tenido una visión en el santuario.

    23 Cuando Zacarías terminó su semana de servicio en el templo, regresó a su casa. 24 Poco tiempo después, su esposa, Elisabet, quedó embarazada y permaneció recluida en su casa durante cinco meses. 25 «¡Qué bondadoso es el Señor! —exclamó ella—. Me ha quitado la vergüenza de no tener hijos».


    Anuncio del nacimiento de Jesús


    26 Cuando Elisabet estaba en su sexto mes de embarazo, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, una aldea de Galilea, 27 a una virgen llamada María. Ella estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. 28 Gabriel se le apareció y dijo: «¡Saludos, mujer favorecida! ¡El Señor está contigo!».

    29 Confusa y perturbada, María trató de pensar lo que el ángel quería decir.

    30 —No tengas miedo, María —le dijo el ángel—,...

    12 min
  • Marcos 16


    Capítulo 16


    La resurrección


    1 El sábado al atardecer, cuando terminó el día de descanso, María Magdalena, Salomé y María, la madre de Santiago, fueron a comprar especias para el entierro, a fin de ungir el cuerpo de Jesús. 2 El domingo por la mañana muy temprano, justo al amanecer, fueron a la tumba. 3 En el camino, se preguntaban unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada de la tumba?»; 4 pero cuando llegaron, se fijaron y vieron que la piedra, que era muy grande, ya estaba corrida.

    5 Cuando entraron en la tumba, vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado al lado derecho. Las mujeres estaban asustadas, 6 pero el ángel les dijo: «No se alarmen. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. ¡No está aquí! ¡Ha resucitado! Miren, aquí es donde pusieron su cuerpo. 7 Ahora vayan y cuéntenles a sus discípulos, incluido Pedro, que Jesús va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo antes de morir».

    8 Las mujeres, desconcertadas, huyeron temblando de la tumba y no dijeron nada a nadie porque estaban muy asustadas.

    9 Después de que Jesús resucitó el domingo por la mañana temprano, la primera persona que lo vio fue María Magdalena, la mujer de quien él había expulsado siete demonios. 10 Ella fue a ver a los discípulos, quienes estaban lamentándose y llorando, y les dijo lo que había sucedido. 11 Sin embargo, cuando les dijo que Jesús estaba vivo y que lo había visto, ellos no le creyeron.

    12 Tiempo después, Jesús se apareció en otra forma a dos de sus seguidores que iban caminando desde Jerusalén hacia el campo. 13 Ellos regresaron corriendo para contárselo a los demás, pero ninguno les creyó.

    14 Incluso más tarde, se apareció a los once discípulos mientras comían juntos. Los reprendió por su obstinada incredulidad, porque se habían negado a creer a los que lo habían visto después de que resucitó.

    15 Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos.16 El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que se niegue a creer, será condenado. 17 Estas señales milagrosas acompañarán a los que creen: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán nuevos idiomas. 18 Podrán tomar serpientes en las manos sin que nada les pase y, si beben algo venenoso, no les hará daño. Pondrán sus manos sobre los enfermos, y ellos sanarán».

    19 Cuando el Señor Jesús terminó de hablar con ellos, fue levantado al cielo y se sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios. 20 Y los discípulos fueron por todas partes y predicaron, y el Señor actuaba por medio de ellos confirmando con muchas señales milagrosas lo que decían.



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Marcos 15


    Capítulo 15


    Juicio de Jesús ante Pilato


    1 Muy temprano por la mañana, los principales sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley religiosa —todo el Concilio Supremo— se reunieron para hablar del próximo paso. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.

    2 Pilato le preguntó a Jesús:

    —¿Eres tú el rey de los judíos?

    —Tú lo has dicho —contestó Jesús.

    3 Entonces los principales sacerdotes siguieron acusándolo de muchos delitos, 4 y Pilato le preguntó: «¿No vas a contestarles? ¿Qué me dices de las acusaciones que presentan en tu contra?». 5 Entonces, para sorpresa de Pilato, Jesús no dijo nada.

    6 Ahora bien, era costumbre del gobernador cada año, durante la celebración de la Pascua, poner en libertad a un preso, el que la gente pidiera. 7 Uno de los presos en ese tiempo era Barrabás, un revolucionario que había cometido un asesinato durante un levantamiento. 8 La multitud acudió a Pilato y le pidió que soltara a un preso como era la costumbre.

    9 «¿Quieren que les deje en libertad a este “rey de los judíos”?», preguntó Pilato. 10 (Pues ya se había dado cuenta de que los principales sacerdotes habían arrestado a Jesús por envidia). 11 Sin embargo, en ese momento, los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que exigiera la libertad de Barrabás en lugar de la de Jesús. 12 Pilato les preguntó:

    —Entonces, ¿qué hago con este hombre al que ustedes llaman rey de los judíos?

    13 —¡Crucifícalo! —le contestaron a gritos.

    14 —¿Por qué? —insistió Pilato—. ¿Qué crimen ha cometido?

    Pero la turba rugió aún más fuerte:

    —¡Crucifícalo!

    15 Entonces Pilato, para calmar a la multitud, dejó a Barrabás en libertad. Y mandó azotar a Jesús con un látigo que tenía puntas de plomo, y después lo entregó a los soldados romanos para que lo crucificaran.


    Los soldados se burlan de Jesús


    16 Los soldados llevaron a Jesús al patio del cuartel general del gobernador (llamado pretorio) y llamaron a todo el regimiento. 17 Lo vistieron con un manto púrpura y armaron una corona con ramas de espinos y se la pusieron en la cabeza. 18 Entonces lo saludaban y se mofaban: «¡Viva el rey de los judíos!». 19 Y lo golpeaban en la cabeza con una caña de junco, le escupían y se ponían de rodillas para adorarlo burlonamente. 20 Cuando al fin se cansaron de hacerle burla, le quitaron el manto púrpura y volvieron a ponerle su propia ropa. Luego lo llevaron para crucificarlo.


    La crucifixión


    21 Un hombre llamado Simón, que pasaba por allí pero era de Cirene, venía del campo justo en ese momento, y los soldados lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. (Simón era el padre de Alejandro y de Rufo). 22 Y llevaron a Jesús a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»). 23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él lo rechazó.

    24 Después los soldados lo clavaron en la cruz. Dividieron su ropa y tiraron los dados para ver quién se quedaba con cada prenda. 25 Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. 26 Un letrero anunciaba el cargo en su contra. Decía: «El Rey de los judíos». 27 Con él crucificaron a dos revolucionarios, uno a su derecha y otro a su izquierda.

    29 La gente que pasaba por allí gritaba insultos y movía la cabeza en forma burlona. «¡Eh! ¡Pero mírate ahora! —le gritaban—. Dijiste que ibas a destruir el templo y a reconstruirlo en tres días. 30 ¡Muy bien, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz!».

    31 Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa también se burlaban de Jesús. «Salvó a otros —se mofaban—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! 32 ¡Que este Mesías, este Rey de Israel, baje de la cruz para que podamos...

    8 min

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