Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • Marcos 16


    Capítulo 16


    La resurrección


    1 El sábado al atardecer, cuando terminó el día de descanso, María Magdalena, Salomé y María, la madre de Santiago, fueron a comprar especias para el entierro, a fin de ungir el cuerpo de Jesús. 2 El domingo por la mañana muy temprano, justo al amanecer, fueron a la tumba. 3 En el camino, se preguntaban unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada de la tumba?»; 4 pero cuando llegaron, se fijaron y vieron que la piedra, que era muy grande, ya estaba corrida.

    5 Cuando entraron en la tumba, vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado al lado derecho. Las mujeres estaban asustadas, 6 pero el ángel les dijo: «No se alarmen. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. ¡No está aquí! ¡Ha resucitado! Miren, aquí es donde pusieron su cuerpo. 7 Ahora vayan y cuéntenles a sus discípulos, incluido Pedro, que Jesús va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo antes de morir».

    8 Las mujeres, desconcertadas, huyeron temblando de la tumba y no dijeron nada a nadie porque estaban muy asustadas.

    9 Después de que Jesús resucitó el domingo por la mañana temprano, la primera persona que lo vio fue María Magdalena, la mujer de quien él había expulsado siete demonios. 10 Ella fue a ver a los discípulos, quienes estaban lamentándose y llorando, y les dijo lo que había sucedido. 11 Sin embargo, cuando les dijo que Jesús estaba vivo y que lo había visto, ellos no le creyeron.

    12 Tiempo después, Jesús se apareció en otra forma a dos de sus seguidores que iban caminando desde Jerusalén hacia el campo. 13 Ellos regresaron corriendo para contárselo a los demás, pero ninguno les creyó.

    14 Incluso más tarde, se apareció a los once discípulos mientras comían juntos. Los reprendió por su obstinada incredulidad, porque se habían negado a creer a los que lo habían visto después de que resucitó.

    15 Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos.16 El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que se niegue a creer, será condenado. 17 Estas señales milagrosas acompañarán a los que creen: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán nuevos idiomas. 18 Podrán tomar serpientes en las manos sin que nada les pase y, si beben algo venenoso, no les hará daño. Pondrán sus manos sobre los enfermos, y ellos sanarán».

    19 Cuando el Señor Jesús terminó de hablar con ellos, fue levantado al cielo y se sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios. 20 Y los discípulos fueron por todas partes y predicaron, y el Señor actuaba por medio de ellos confirmando con muchas señales milagrosas lo que decían.



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Marcos 15


    Capítulo 15


    Juicio de Jesús ante Pilato


    1 Muy temprano por la mañana, los principales sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley religiosa —todo el Concilio Supremo— se reunieron para hablar del próximo paso. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.

    2 Pilato le preguntó a Jesús:

    —¿Eres tú el rey de los judíos?

    —Tú lo has dicho —contestó Jesús.

    3 Entonces los principales sacerdotes siguieron acusándolo de muchos delitos, 4 y Pilato le preguntó: «¿No vas a contestarles? ¿Qué me dices de las acusaciones que presentan en tu contra?». 5 Entonces, para sorpresa de Pilato, Jesús no dijo nada.

    6 Ahora bien, era costumbre del gobernador cada año, durante la celebración de la Pascua, poner en libertad a un preso, el que la gente pidiera. 7 Uno de los presos en ese tiempo era Barrabás, un revolucionario que había cometido un asesinato durante un levantamiento. 8 La multitud acudió a Pilato y le pidió que soltara a un preso como era la costumbre.

    9 «¿Quieren que les deje en libertad a este “rey de los judíos”?», preguntó Pilato. 10 (Pues ya se había dado cuenta de que los principales sacerdotes habían arrestado a Jesús por envidia). 11 Sin embargo, en ese momento, los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que exigiera la libertad de Barrabás en lugar de la de Jesús. 12 Pilato les preguntó:

    —Entonces, ¿qué hago con este hombre al que ustedes llaman rey de los judíos?

    13 —¡Crucifícalo! —le contestaron a gritos.

    14 —¿Por qué? —insistió Pilato—. ¿Qué crimen ha cometido?

    Pero la turba rugió aún más fuerte:

    —¡Crucifícalo!

    15 Entonces Pilato, para calmar a la multitud, dejó a Barrabás en libertad. Y mandó azotar a Jesús con un látigo que tenía puntas de plomo, y después lo entregó a los soldados romanos para que lo crucificaran.


    Los soldados se burlan de Jesús


    16 Los soldados llevaron a Jesús al patio del cuartel general del gobernador (llamado pretorio) y llamaron a todo el regimiento. 17 Lo vistieron con un manto púrpura y armaron una corona con ramas de espinos y se la pusieron en la cabeza. 18 Entonces lo saludaban y se mofaban: «¡Viva el rey de los judíos!». 19 Y lo golpeaban en la cabeza con una caña de junco, le escupían y se ponían de rodillas para adorarlo burlonamente. 20 Cuando al fin se cansaron de hacerle burla, le quitaron el manto púrpura y volvieron a ponerle su propia ropa. Luego lo llevaron para crucificarlo.


    La crucifixión


    21 Un hombre llamado Simón, que pasaba por allí pero era de Cirene, venía del campo justo en ese momento, y los soldados lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. (Simón era el padre de Alejandro y de Rufo). 22 Y llevaron a Jesús a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»). 23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él lo rechazó.

    24 Después los soldados lo clavaron en la cruz. Dividieron su ropa y tiraron los dados para ver quién se quedaba con cada prenda. 25 Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. 26 Un letrero anunciaba el cargo en su contra. Decía: «El Rey de los judíos». 27 Con él crucificaron a dos revolucionarios, uno a su derecha y otro a su izquierda.

    29 La gente que pasaba por allí gritaba insultos y movía la cabeza en forma burlona. «¡Eh! ¡Pero mírate ahora! —le gritaban—. Dijiste que ibas a destruir el templo y a reconstruirlo en tres días. 30 ¡Muy bien, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz!».

    31 Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa también se burlaban de Jesús. «Salvó a otros —se mofaban—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! 32 ¡Que este Mesías, este Rey de Israel, baje de la cruz para que podamos...

    8 min
  • ”Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmo 51:17)

    Meditación

    ”Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmo 51:17)    

    No hay nada más hermoso en la creación espiritual de Dios que un creyente que demuestra un genuino espíritu de quebrantamiento. Aun Dios mismo encuentra irresistible a tal persona; puede resistir al soberbio y orgulloso (Stg. 4:6), pero no al quebrantado y humilde.   

    En nuestra condición natural, ninguno de nosotros está quebrantado. Somos como un potro salvaje, rebelde, obstinado e impetuoso. Resistimos al freno, las bridas y la silla de la voluntad de Dios. Rehusamos ser enjaezados, deseando ir por nuestro propio camino. Mientras permanecemos sin quebrantarnos, no somos aptos para el servicio.   

    La conversión es como el comienzo del proceso del quebrantamiento. El pecador penitente puede decir:

    “El corazón más orgulloso que jamás latió, / Ha sido sojuzgado en mí; / La voluntad más salvaje que alguna vez surgió / Para burlarse de tu causa o auxiliar a tus enemigos / ¡Es sofocado, mi Dios, por Ti!”

    En la conversión tomamos sobre nosotros el yugo de Cristo.   

    Pero es posible ser creyente y no obstante comportarse a veces de manera muy parecida a la de un potro indomado que desea vagar por la distancia a su agrado. Debemos aprender a pasarle las riendas de la vida al Señor Jesús en la práctica de la vida cotidiana. Hemos de someternos a Sus tratos en nuestra vida sin dar coces, saltar o relinchar. Tenemos que decir:Su camino es mejorCesemos de planear inútilmente,Y dejemos el gobierno de nuestra vida a Él.    

    Necesitamos practicar el quebrantamiento, no sólo hacia Dios sino también hacia nuestro prójimo. Esto significa que no seremos orgullosos, agresivos, o arrogantes. No nos sentiremos impulsados a defendernos cuando se nos acusa injustamente, o por causa de nuestros derechos. Ni devolveremos el golpe cuando nos insulten, ridiculicen, injurien o difamen. Una persona quebrantada se disculpa con prontitud cuando ha dicho o hecho algo equivocado, sin largas explicaciones para justificarse. No guarda rencores ni lleva la cuenta de los errores de los demás, sino que les considera como mejores que a sí mismo. Cuando se topa con retrasos, interrupciones, averías o accidentes, cambios de horario y decepciones, no responde con pánico, histeria o aspavientos. Manifiesta aplomo y ecuanimidad en las crisis de la vida.   

    Si un matrimonio está verdaderamente quebrantado, nunca necesitará recurrir al divorcio. Los padres e hijos quebrantados nunca experimentan la “brecha generacional”. Los vecinos quebrantados nunca necesitan erigir cercas. Las iglesias con personas que han aprendido el camino del quebrantamiento experimentan un avivamiento continuo.   

    Cuando venimos a la Cena del Señor y escuchamos las palabras del Salvador:

    “Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido”,

    la única respuesta adecuada es: “Ésta es mi vida, Señor Jesús quebrantada para Ti”

    5 min
  • Marcos 14


    Capítulo 14


    Jesús es ungido en Betania


    1 Faltaban dos días para la Pascua y el Festival de los Panes sin Levadura. Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa seguían buscando una oportunidad para capturar a Jesús en secreto y matarlo. 2 «Pero no durante la celebración de la Pascua —acordaron—, no sea que la gente cause disturbios».

    3 Mientras tanto, Jesús se encontraba en Betania, en la casa de Simón, un hombre que había tenido lepra. Mientras comía, entró una mujer con un hermoso frasco de alabastro que contenía un perfume costoso, preparado con esencias de nardo. Ella abrió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.

    4 Algunos que estaban a la mesa se indignaron. «¿Por qué desperdiciar un perfume tan costoso? —preguntaron—. 5 ¡Podría haberse vendido por el salario de un año y el dinero dado a los pobres!». Así que la regañaron severamente.

    6 Pero Jesús respondió: «Déjenla en paz. ¿Por qué la critican por hacer algo tan bueno conmigo? 7 Siempre habrá pobres entre ustedes, y pueden ayudarlos cuando quieran, pero a mí no siempre me tendrán. 8 Ella hizo lo que pudo y ungió mi cuerpo en preparación para el entierro. 9 Les digo la verdad, en cualquier lugar del mundo donde se predique la Buena Noticia, se recordará y se hablará de lo que hizo esta mujer».


    Judas acuerda traicionar a Jesús


    10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, fue a ver a los principales sacerdotes para llegar a un acuerdo de cómo entregarles a Jesús a traición. 11 Ellos quedaron complacidos cuando oyeron la razón de su visita y le prometieron darle dinero. Entonces él comenzó a buscar una oportunidad para traicionar a Jesús.


    La última cena


    12 El primer día del Festival de los Panes sin Levadura, cuando se sacrifica el cordero de la Pascua, los discípulos de Jesús le preguntaron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».

    13 Así que Jesús envió a dos de ellos a Jerusalén con las siguientes instrucciones: «Al entrar en la ciudad, se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo. 14 En la casa donde él entre, díganle al dueño: “El Maestro pregunta: ‘¿Dónde está el cuarto de huéspedes para que pueda comer la cena de Pascua con mis discípulos?’ ”. 15 Él los llevará a un cuarto grande en el piso de arriba, que ya está listo. Allí deben preparar nuestra cena». 16 Entonces los dos discípulos entraron en la ciudad y encontraron todo como Jesús les había dicho y allí prepararon la cena de Pascua.

    17 Por la noche, Jesús llegó con los doce discípulos. 18 Mientras estaban a la mesa, comiendo, Jesús dijo: «Les digo la verdad, uno de ustedes que está aquí comiendo conmigo me traicionará».

    19 Ellos, muy afligidos, le preguntaron uno por uno: «¿Seré yo?».

    20 Él contestó: «Es uno de ustedes doce que come de este plato conmigo. 21 Pues el Hijo del Hombre tiene que morir, tal como lo declararon las Escrituras hace mucho tiempo. Pero qué aflicción le espera a aquel que lo traiciona. ¡Para ese hombre sería mucho mejor no haber nacido!».

    22 Mientras comían, Jesús tomó un poco de pan y lo bendijo. Luego lo partió en trozos, lo dio a sus discípulos y dijo: «Tómenlo, porque esto es mi cuerpo».

    23 Y tomó en sus manos una copa de vino y dio gracias a Dios por ella. Se la dio a ellos, y todos bebieron de la copa. 24 Y les dijo: «Esto es mi sangre, la cual confirma el pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada como sacrificio por muchos. 25 Les digo la verdad, no volveré a beber vino hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios».

    26 Luego cantaron un himno y salieron al monte de los Olivos.


    Jesús predice la negación de Pedro


    27 En el...

    14 min
  • Marcos 13


    Capítulo 13


    Jesús predice la destrucción del templo


    1 Cuando Jesús salía del templo ese día, uno de sus discípulos le dijo:

    —Maestro, ¡mira estos magníficos edificios! Observa las impresionantes piedras en los muros.

    2 Jesús respondió:

    —Sí, mira estos grandes edificios, pero serán demolidos por completo. ¡No quedará ni una sola piedra sobre otra!

    3 Más tarde, Jesús se sentó en el monte de los Olivos, al otro lado del valle del templo. Pedro, Santiago, Juan y Andrés se le acercaron en privado y le preguntaron:

    4 —Dinos, ¿cuándo sucederá todo eso? ¿Qué señal nos indicará que esas cosas están por cumplirse?

    5 Jesús contestó:

    —No dejen que nadie los engañe, 6 porque muchos vendrán en mi nombre y afirmarán: “Yo soy el Mesías”. Engañarán a muchos. 7 Y ustedes oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico. Es verdad, esas cosas deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente después. 8 Una nación entrará en guerra con otra, y un reino con otro reino. Habrá terremotos en muchas partes del mundo, y también hambres; pero eso es sólo el comienzo de los dolores del parto, luego vendrán más.

    9 »Cuando esas cosas comiencen a suceder, ¡tengan cuidado! Los entregarán a los tribunales y los golpearán en las sinagogas. Serán sometidos a juicio ante gobernantes y reyes por ser mis seguidores, pero esa será una oportunidad para que ustedes les hablen de mí. 10 Pues la Buena Noticia primero tiene que ser predicada a todas las naciones. 11 Cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Sólo hablen lo que Dios les diga en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.

    12 »Un hermano traicionará a muerte a su hermano, un padre traicionará a su propio hijo, y los hijos se rebelarán contra sus padres y harán que los maten. 13 Todos los odiarán a ustedes por ser mis seguidores, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.

    14 »Llegará el día cuando verán el objeto sacrílego que causa profanación de pie en un lugar donde él no debe estar. (Lector, ¡presta atención!). Entonces los que estén en Judea huyan a las colinas. 15 La persona que esté en la azotea no baje a la casa para empacar. 16 El que esté en el campo no regrese ni para buscar un abrigo. 17 ¡Qué terribles serán esos días para las mujeres embarazadas y para las madres que amamantan! 18 Y oren para que la huída no sea en invierno. 19 Pues habrá más angustia en esos días que en cualquier otro momento desde que Dios creó al mundo. Y jamás habrá una angustia tan grande. 20 De hecho, a menos que el Señor acorte ese tiempo de calamidad, ni una sola persona sobrevivirá; pero por el bien de los elegidos, él ha acortado esos días.

    21 »Entonces, si alguien les dice: “Miren, aquí está el Mesías” o “Allí está”, no lo crean. 22 Pues se levantarán falsos mesías y falsos profetas y realizarán señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos de Dios. 23 ¡Tengan cuidado! ¡Les he advertido esto de antemano!

    24 »En ese tiempo, después de la angustia de esos días,


    el sol se oscurecerá,

    la luna no dará luz,

    25 las estrellas caerán del cielo,

    y los poderes de los cielos serán sacudidos.


    26 »Entonces todos verán al Hijo del Hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. 27 Y él enviará a sus ángeles para que reúnan a los elegidos de todas partes del mundo, desde los extremos más lejanos de la tierra y del cielo.

    28 »Ahora, aprendan una lección de la higuera. Cuando las ramas echan brotes y comienzan a salir las hojas, ustedes saben que el verano se acerca. 29 De la misma manera, cuando vean que suceden todas...

    7 min
  • Marcos 12


    Capítulo 12


    Parábola de los agricultores malvados


    1 Después Jesús comenzó a enseñarles con historias: «Un hombre plantó un viñedo. Lo cercó con un muro, cavó un hoyo para extraer el jugo de las uvas y construyó una torre de vigilancia. Luego les alquiló el viñedo a unos agricultores arrendatarios y se mudó a otro país. 2 Llegado el tiempo de la cosecha de la uva, envió a uno de sus siervos para recoger su parte de la cosecha; 3 pero los agricultores agarraron al siervo, le dieron una paliza y lo mandaron de regreso con las manos vacías. 4 Entonces el dueño envió a otro siervo, pero lo insultaron y le pegaron en la cabeza. 5 Al próximo siervo que envió, lo mataron. Envió a otros, a unos los golpearon y a otros los mataron, 6 hasta que le quedó sólo uno, su hijo, a quien amaba profundamente. Finalmente, el dueño lo envió porque pensó: “Sin duda, respetarán a mi hijo”.

    7 »Los agricultores se dijeron unos a otros: “Aquí viene el heredero de esta propiedad. ¡Matémoslo y nos quedaremos con la propiedad!”. 8 Así que lo agarraron, lo asesinaron y tiraron su cuerpo fuera del viñedo.

    9 »¿Qué creen qué hará el dueño del viñedo? —preguntó Jesús—. Les diré: irá y matará a esos agricultores y alquilará el viñedo a otros. 10 ¿Nunca leyeron en las Escrituras:


    “La piedra que los constructores rechazaron

    ahora se ha convertido en la piedra principal.

    11 Esto es obra del SEÑOR

    y es maravilloso verlo”?».


    12 Los líderes religiosos querían arrestar a Jesús porque se dieron cuenta de que contaba esa historia en contra de ellos, pues ellos eran los agricultores malvados; pero tenían miedo de la multitud, así que lo dejaron y se marcharon.


    Los impuestos para el César


    13 Después los ancianos enviaron a algunos fariseos y partidarios de Herodes para hacer que Jesús cayera en la trampa de decir algo por lo cual pudiera ser arrestado.

    14 —Maestro —dijeron—, sabemos lo honesto que eres. Eres imparcial y no tienes favoritismos. Enseñas con verdad el camino de Dios. Ahora dinos, ¿es correcto que paguemos impuestos al César o no? 15 ¿Debemos o no pagarlos?

    Jesús se dio cuenta de su hipocresía y dijo:

    —¿Por qué intentan atraparme? Muéstrenme una moneda romana, y les diré.

    16 Cuando se la dieron, les preguntó:

    —¿A quién pertenecen la imagen y el título grabados en la moneda?

    —Al César —contestaron.

    17 —Bien —dijo Jesús—, entonces den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios.

    Su respuesta los dejó totalmente asombrados.


    Discusión sobre la resurrección


    18 Después se acercaron a Jesús algunos saduceos, líderes religiosos que dicen que no hay resurrección después de la muerte. Le plantearon la siguiente pregunta:

    19 —Maestro, Moisés nos dio una ley que dice que, si un hombre muere y deja a una esposa sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y darle un hijo para que el nombre del hermano continúe. 20 Ahora bien, supongamos que había siete hermanos. El mayor se casó y murió sin dejar hijos. 21 Entonces el segundo hermano se casó con la viuda, pero también murió sin dejar hijos. Luego el tercer hermano se casó con ella. 22 Lo mismo sucedió con los siete y aún no había hijos. Por último, la mujer también murió. 23 Entonces dinos, ¿de quién será esposa en la resurrección? Pues los siete estuvieron casados con ella.

    24 Jesús contestó:

    —El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios. 25 Pues, cuando los muertos resuciten, no se casarán ni se entregarán en matrimonio. En este sentido, serán como los ángeles del cielo.

    26 »Ahora bien, en cuanto a si los muertos resucitarán, ¿nunca...

    9 min
  • Marcos 11


    Capítulo 11


    Entrada triunfal de Jesús


    1 Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran. 2 «Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. 3 Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”».

    4 Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal. 5 Mientras lo desataban, algunos que estaban allí les preguntaron: «¿Qué están haciendo, por qué desatan ese burrito?». 6 Ellos contestaron lo que Jesús había dicho y se les dio permiso para llevarlo. 7 Así que llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima y él se sentó allí.

    8 Muchos de la multitud tendían sus prendas sobre el camino delante de él y otros extendían ramas frondosas que habían cortado en los campos. 9 Jesús estaba en el centro de la procesión, y la gente que lo rodeaba gritaba:


    «¡Alaben a Dios!

    ¡Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR!

    10 ¡Bendiciones al reino que viene, el reino de nuestro antepasado David!

    ¡Alaben a Dios en el cielo más alto!».


    11 Así Jesús llegó a Jerusalén y entró en el templo. Después de mirar todo detenidamente a su alrededor, salió porque ya era tarde. Después regresó a Betania con los doce discípulos.


    Jesús maldice la higuera


    12 A la mañana siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre. 13 Vio que, a cierta distancia, había una higuera frondosa, así que se acercó para ver si encontraba higos; pero sólo tenía hojas porque aún no había comenzado la temporada de los higos. 14 Entonces Jesús dijo al árbol: «¡Que nadie jamás vuelva a comer tu fruto!». Y los discípulos lo oyeron.


    Jesús despeja el templo


    15 Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, 16 y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. 17 Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones».

    18 Cuando los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa oyeron lo que Jesús había hecho, comenzaron a planificar cómo matarlo; pero tenían miedo de Jesús, porque la gente estaba asombrada de su enseñanza.

    19 Esa tarde Jesús y los discípulos salieron de la ciudad.

    20 A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera que él había maldecido, los discípulos notaron que se había marchitado desde la raíz. 21 Pedro recordó lo que Jesús había dicho al árbol el día anterior y exclamó:

    —¡Mira, Rabí! ¡La higuera que maldijiste se marchitó y murió!

    22 Entonces Jesús dijo a los discípulos:

    —Tengan fe en Dios. 23 Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá; pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón. 24 Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que lo han recibido, será suyo. 25 Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.


    Desafían la autoridad de Jesús


    27 Nuevamente entraron en Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por la zona del templo, los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos se le...

    6 min
  • Lectura Efesios 6


    Capítulo 6


    Padres e hijos


    1 Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto. 2 «Honra a tu padre y a tu madre». Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra».

    4 Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor.


    Esclavos y amos


    5 Esclavos, obedezcan a sus amos terrenales con profundo respeto y temor. Sírvanlos con sinceridad, tal como servirían a Cristo. 6 Traten de agradarlos todo el tiempo, no sólo cuando ellos los observan. Como esclavos de Cristo, hagan la voluntad de Dios con todo el corazón. 7 Trabajen con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente. 8 Recuerden que el Señor recompensará a cada uno de nosotros por el bien que hagamos, seamos esclavos o libres.

    9 Y ustedes, amos, traten a sus esclavos de la misma manera. No los amenacen; recuerden que ambos tienen el mismo Amo en el cielo, y él no tiene favoritos.


    Toda la armadura de Dios


    10 Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en su gran poder. 11 Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. 12 Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.

    13 Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes. 14 Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios. 15 Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados. 16 Además de todo eso, levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. 17 Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios.

    18 Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes.

    19 Y oren también por mí. Pídanle a Dios que me dé las palabras adecuadas para poder explicar con valor su misterioso plan: que la Buena Noticia es para judíos y gentiles por igual. 20 Ahora estoy encadenado, pero sigo predicando este mensaje como embajador de Dios. Así que pidan en oración que yo siga hablando de él con valentía, como debo hacerlo.


    Saludos finales


    21 Para tenerlos al tanto, Tíquico les dará un informe completo de lo que estoy haciendo y de cómo me va. Él es un amado hermano y un fiel colaborador en la obra del Señor. 22 Lo envié a ustedes con un propósito específico: que sepan cómo estamos y reciban ánimo.

    23 La paz sea con ustedes, queridos hermanos, y que Dios el Padre y el Señor Jesucristo les den amor junto con fidelidad. 24 Que la gracia de Dios sea eternamente con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo.



    Nueva Traducción Viviente

    6 min
  • Marcos 10


    Capítulo 10


    Discusión sobre el divorcio y el matrimonio


    1 Luego Jesús salió de Capernaúm, descendió a la región de Judea y entró en la zona que está al oriente del río Jordán. Una vez más, las multitudes lo rodearon, y él les enseñaba como de costumbre.

    2 Unos fariseos se acercaron y trataron de tenderle una trampa con la siguiente pregunta:

    —¿Está bien permitir que un hombre se divorcie de su esposa?

    3 Jesús les contestó con otra pregunta:

    —¿Qué dijo Moisés en la ley sobre el divorcio?

    4 —Bueno, él lo permitió —contestaron—. Dijo que un hombre puede darle a su esposa un aviso de divorcio por escrito y despedirla.

    5 Jesús les respondió:

    —Moisés escribió ese mandamiento sólo como una concesión ante la dureza del corazón de ustedes, 6 pero desde el principio de la creación “Dios los hizo hombre y mujer”. 7 “Esto explica por qué un hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, 8 y los dos se convierten en uno solo”. Como ya no son dos sino uno, 9 que nadie separe lo que Dios ha unido.

    10 Más tarde, cuando quedó a solas con sus discípulos en la casa, ellos sacaron el tema de nuevo. 11 Él les dijo: «El que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella; 12 y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».


    Jesús bendice a los niños


    13 Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que los tocara y los bendijera, pero los discípulos regañaron a los padres por molestarlo.

    14 Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños. 15 Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él». 16 Entonces tomó a los niños en sus brazos y después de poner sus manos sobre la cabeza de ellos, los bendijo.


    El hombre rico


    17 Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó:

    —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

    18 —¿Por qué me llamas bueno? —preguntó Jesús—. Sólo Dios es verdaderamente bueno; 19 pero para contestar a tu pregunta, tú conoces los mandamientos: «No asesines; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; no estafes a nadie; honra a tu padre y a tu madre».

    20 —Maestro —respondió el hombre—, he obedecido todos esos mandamientos desde que era joven.

    21 Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él.

    —Hay una cosa que todavía no has hecho —le dijo—. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.

    22 Al oír esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenía muchas posesiones.

    23 Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!». 24 Los discípulos quedaron asombrados de sus palabras. Pero Jesús volvió a decir: «Queridos hijos, es muy difícil entrar en el reino de Dios. 25 De hecho, ¡es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios!».

    26 Los discípulos quedaron atónitos.

    —Entonces, ¿quién podrá ser salvo? —preguntaron.

    27 Jesús los miró fijamente y dijo:

    —Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible.

    28 Entonces Pedro comenzó a hablar.

    —Nosotros hemos dejado todo para seguirte —dijo.

    29 —Así es —respondió Jesús—, y les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o bienes por mi causa y por la Buena Noticia...

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  • Marcos 9

    Capítulo 9

    1 Jesús continuó diciendo: «¡Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán antes de ver el reino de Dios llegar con gran poder!».


    La transfiguración


    2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a una montaña alta para estar a solas. Mientras los hombres observaban, la apariencia de Jesús se transformó, 3 y su ropa se volvió blanca resplandeciente, más de lo que cualquier blanqueador terrenal jamás podría lograr. 4 Después aparecieron Elías y Moisés y comenzaron a conversar con Jesús.

    5 Pedro exclamó: «Rabí, ¡es maravilloso que estemos aquí! Hagamos tres enramadas como recordatorios: una para ti, una para Moisés y la otra para Elías». 6 Dijo esto porque realmente no sabía qué otra cosa decir, pues todos estaban aterrados.

    7 Luego una nube los cubrió y, desde la nube, una voz dijo: «Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo a él». 8 De pronto, cuando miraban ellos a su alrededor, Moisés y Elías se habían ido, y vieron sólo a Jesús con ellos.

    9 Mientras descendían de la montaña, él les dijo que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre se levantara de los muertos. 10 Así que guardaron el secreto, pero a menudo se preguntaban qué quería decir con «levantarse de los muertos».

    11 Entonces le preguntaron:

    —¿Por qué los maestros de la ley religiosa insisten en que Elías debe regresar antes de que venga el Mesías?

    12 Jesús contestó:

    —Es cierto que Elías viene primero a fin de dejar todo preparado. Sin embargo, ¿por qué las Escrituras dicen que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser tratado con total desprecio? 13 Pero les digo, Elías ya vino, y ellos prefirieron maltratarlo, tal como lo predijeron las Escrituras.


    Jesús sana a un muchacho endemoniado


    14 Cuando regresaron adonde estaban los demás discípulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutían con ellos. 15 Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.

    16 —¿Sobre qué discuten? —preguntó Jesús.

    17 Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo:

    —Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseído por un espíritu maligno que no le permite hablar. 18 Y, siempre que este espíritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rígido. Así que les pedí a tus discípulos que echaran fuera al espíritu maligno, pero no pudieron hacerlo.

    19 Jesús les dijo: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho».

    20 Así que se lo llevaron. Cuando el espíritu maligno vio a Jesús, le dio una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.

    21 —¿Hace cuánto tiempo que le pasa esto? —preguntó Jesús al padre del muchacho.

    —Desde que era muy pequeño —contestó él—. 22 A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.

    23 —¿Cómo que “si puedo”? —preguntó Jesús—. Todo es posible si uno cree.

    24 Al instante el padre clamó:

    —¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!

    25 Cuando Jesús vio que aumentaba el número de espectadores, reprendió al espíritu maligno. «Escucha, espíritu que impides que este muchacho oiga y hable —dijo—. ¡Te ordeno que salgas de este muchacho y nunca más entres en él!».

    26 Entonces el espíritu gritó, dio otra convulsión violenta al muchacho y salió de él. El muchacho quedó como muerto. Un murmullo recorrió la multitud: «Está muerto», decía la gente. 27 Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó, y el muchacho se...

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