Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • "el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Colosenses 1.13)

    Meditación

    "el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Colosenses 1.13)

    Al hacernos «aptos para participar de la herencia de los santos en luz», Dios nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor (V.M.; cf. 1 Jn. 2:11). Esto puede ilustrarse con la experiencia de los hijos de Israel, tal como está registrada en Éxodo. Habían estado viviendo en Egipto, gimiendo bajo los azotes de los capataces. Por un acto maravilloso de intervención divina, Dios los libró de aquella terrible esclavitud y los condujo a través del desierto a la tierra prometida. De manera similar, los pecadores estábamos esclavizados por Satanás, pero por medio de Cristo hemos sido libertados de sus garras, y ahora somos súbditos del reino de Cristo. El reino de Satanás es reino de tinieblas —ausencia de luz, calor y gozo; mientras que el reino de Cristo es un reino de amor, lo que implica la presencia de las tres cosas.

    El reino de Cristo es contemplado en las Escrituras bajo diversos aspectos diferentes. Cuando Él vino a la tierra por vez primera, ofreció un reino literal a la nación de Israel. Los judíos querían liberación del opresor romano, pero no querían arrepentirse de sus pecados. Cristo sólo podía reinar sobre un pueblo que estuviese en una apropiada relación espiritual con Él. Cuando vieron esto con claridad, rechazaron a su Rey y lo crucificaron. Desde entonces, el Señor Jesús ha vuelto al cielo y ahora tenemos el reino en forma de misterio (Mt. 13). Esto significa que el reino no aparece en forma visible. El Rey está ausente. Pero todos los que aceptan al Señor Jesucristo durante esta edad presente lo reconocen como su Gobernante legítimo, y son por tanto súbditos de Su Reino. En un día venidero, el Señor Jesús volverá a la tierra, establecerá Su reino con Jerusalén como capital, y reinará durante mil años. Al final de este tiempo, Cristo abatirá a todos los enemigos bajo Sus pies, y luego entregará el reino a Dios Padre. Esto inaugurará el reino eterno, que continuará por toda la eternidad.

     

    La operación de la gracia que nos libra de la potestad de las tinieblas, nos traslada al reino de su amado Hijo, literalmente al reino del Hijo de su amor. Un traslado de una esfera de perdición y tinieblas a otra de vida y luz. Del poder tenebroso del pecado, nos conduce al servicio agradable en el reino de su Hijo. De la tiranía esclavizante en la que estábamos prisioneros bajo la acción de los agentes de las tinieblas, que controlan la humanidad sin Cristo, nos traslada a la luz admirable del reino de Dios.

    El hecho de que el apóstol habla muy a menudo del Reino de Dios, refiriéndose al Padre, no disminuye en nada la realidad de que el Reino de Dios, es también el Reino del Hijo (Ef. 5:5). Este traslado del reino de las tinieblas al reino de Cristo se produce en el momento en que un pecador perdido deposita la fe en Jesús; el Espíritu Santo que la vincula con el Salvador, lo bautiza en Cristo, quedando revestidos de Él (Gá. 3:27), el cual “nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9). Todavía más: La luz gloriosa del reino, no sólo está para ser disfrutada fuera, sino que se ha hecho realidad en la intimidad del cristiano, que es convertido en luz, “porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor, andad como hijos de luz” (Ef. 5:8). La presencia de Cristo en el creyente lo convierte en luz en el Señor, de manera que Aquel que dijo “Yo soy la luz del mundo”, dice a los suyos “vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14). La lumbre de vida, la luz gloriosa del reino de Dios, es dada a quien...

    6 min
  • Zacarías 4


    Capítulo 4


    El candelabro y los dos olivos


    1 Entonces el ángel que había estado hablando conmigo volvió y me despertó, como si hubiera estado dormido.

    2 —¿Qué ves ahora? —me preguntó.

    —Veo un candelabro de oro macizo con un tazón de aceite encima —contesté—. Alrededor del tazón hay siete lámparas y cada una tiene siete conductos para las mechas. 3 También veo dos olivos, uno a cada lado del tazón.

    4 Entonces le pregunté al ángel:

    —¿Qué es todo esto, mi señor? ¿Qué significa?

    5 —¿No lo sabes? —preguntó el ángel.

    —No, mi señor —le contesté.

    6 Entonces me dijo:

    —El SEÑOR dice a Zorobabel: “No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. 7 Nada impedirá el camino de Zorobabel, ni siquiera una montaña gigantesca, ¡pues se convertirá en llanura delante de él! Y cuando Zorobabel coloque la última piedra del templo en su lugar, la gente gritará: “¡Dios lo bendiga! ¡Dios lo bendiga!”.

    8 Después recibí otro mensaje del SEÑOR: 9 «Zorobabel es quien colocó los cimientos de este templo y él los terminará. Así ustedes sabrán que el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales me envió. 10 No menosprecien estos modestos comienzos, pues el SEÑOR se alegrará cuando vea que el trabajo se inicia y que la plomada está en las manos de Zorobabel».

    (Las siete lámparas representan los ojos del SEÑOR que recorren toda la tierra).

    11 Entonces le pregunté al ángel:

    —¿Qué son esos dos olivos a cada lado del candelabro 12 y las dos ramas de olivo que vierten aceite dorado por dos tubos de oro?

    13 —¿No lo sabes? —preguntó.

    —No, mi señor —respondí.

    14 Entonces él me dijo:

    —Representan a los dos seres celestiales que están de pie en la corte del Señor de toda la tierra.



    Nueva Traducción Viviente

    3 min
  • Zacarías 3


    Capítulo 3


    Limpieza del sumo sacerdote


    1 Entonces el ángel me mostró a Jesúa, el sumo sacerdote, que estaba de pie ante el ángel del SEÑOR. El Acusador, Satanás, estaba allí a la derecha del ángel y presentaba acusaciones contra Jesúa. 2 Entonces el SEÑOR le dijo a Satanás: «Yo, el SEÑOR, rechazo tus acusaciones, Satanás. Así es, el SEÑOR que eligió a Jerusalén te reprende. Este hombre es como un tizón en llamas que ha sido arrebatado del fuego».

    3 La ropa de Jesúa estaba sucia cuando estuvo de pie ante el ángel. 4 Entonces el ángel dijo a los otros que estaban allí: «Quítenle esa ropa sucia». Luego se volvió hacia Jesúa y le dijo: «¿Ya ves? He quitado tus pecados y ahora te voy a dar esta ropa nueva y fina».

    5 Luego yo dije: «Deben también colocarle un turbante limpio en la cabeza». Así que ellos le pusieron en la cabeza un turbante sacerdotal limpio y lo vistieron de ropas nuevas, mientras el ángel del SEÑOR permanecía cerca.

    6 Entonces el ángel del SEÑOR habló solemnemente a Jesúa y le dijo: 7 «El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: “Si tú sigues mis caminos y me sirves con cuidado, recibirás autoridad sobre mi templo y sus atrios. Permitiré que camines entre los otros que están aquí.

    8 »”Escúchenme, oh Jesúa, sumo sacerdote, y ustedes los demás sacerdotes. Ustedes son símbolos de lo que está por venir. Pronto traeré a mi siervo llamado la Rama. 9 Miren ahora la joya que he puesto ante Jesúa, una sola piedra con siete facetas. Grabaré una inscripción en ella —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— y en un solo día quitaré los pecados de esta tierra.

    10 »”En ese día —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— cada uno invitará a su vecino a sentarse en paz bajo sus propias vides e higueras”».



    Nueva Traducción Viviente

    3 min
  • Zacarías 2


    Capítulo 2


    Prosperidad futura de Jerusalén


    1 Cuando miré de nuevo, vi a un hombre con una cinta de medir en la mano.

    2 —¿Adónde vas? —le pregunté.

    —Voy a medir Jerusalén —me contestó— para ver cuánto mide de ancho y de largo.

    3 Entonces el ángel que estaba conmigo fue a reunirse con un segundo ángel que se dirigía hacia él. 4 El otro ángel dijo:

    —Apresúrate y dile a ese joven: “¡Jerusalén algún día estará tan llena de gente y de animales que no habrá lugar suficiente para todos! Muchos vivirán fuera de las murallas de la ciudad. 5 Entonces yo mismo seré un muro de fuego protector alrededor de Jerusalén —dice el SEÑOR—. ¡Y seré la gloria dentro de la ciudad!”.


    Los desterrados son llamados a regresar


    6 El SEÑOR dice: «¡Salgan! Huyan de Babilonia en la tierra del norte, porque yo los he dispersado a los cuatro vientos. 7 ¡Sal, pueblo de Sión, tú que estás desterrado en Babilonia!».

    8 Después de un período de gloria, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales me envió contra las naciones que los saquearon a ustedes. Pues él dijo: «Cualquiera que te dañe, daña a mi más preciada posesión. 9 Levantaré mi puño para aplastarlos y sus propios esclavos los saquearán». Entonces ustedes sabrán que el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales me ha enviado.

    10 El SEÑOR dice: «Grita y alégrate, oh Jerusalén hermosa, porque yo vengo a vivir en medio de ti. 11 Muchas naciones se unirán al SEÑOR en ese día y ellos también serán mi pueblo. Viviré entre ustedes y sabrán que el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales me ha enviado a ustedes. 12 La tierra de Judá será la preciada posesión del SEÑOR en la tierra santa y él elegirá una vez más a Jerusalén para ser su propia ciudad. 13 Que toda la humanidad guarde silencio ante el SEÑOR, porque él entra en acción desde su santa morada».



    Nueva Traducción Viviente

    3 min
  • Zacarías 1









    Zacarías



    Capítulo 1


    Un llamado a volver al SEÑOR


    1 En noviembre del segundo año del reinado de Darío, el SEÑOR le dio este mensaje al profeta Zacarías, hijo de Berequías, nieto de Iddo:

    2 «Yo, el SEÑOR, estuve muy enojado con los antepasados de ustedes. 3 Por lo tanto, dile al pueblo: “El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: ‘Regresen a mí y yo me volveré a ustedes, dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales’. 4 No sean como sus antepasados que no querían escuchar ni prestar atención cuando los antiguos profetas les dijeron: ‘El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: “Apártense de sus malos caminos y abandonen todas sus prácticas malvadas” ’.

    5 »”¿Dónde están ahora sus antepasados? Ellos y los profetas murieron hace mucho tiempo. 6 Pero todo lo que dije por medio de mis siervos, los profetas, les ocurrió a sus antepasados, tal como lo dije. En consecuencia, ellos se arrepintieron y dijeron: ‘Hemos recibido lo que merecíamos del SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. Él ha hecho lo que dijo que haría’ ”».


    Un hombre entre los arrayanes


    7 Tres meses después, el 15 de febrero, el SEÑOR envió otro mensaje al profeta Zacarías, hijo de Berequías, nieto de Iddo.

    8 En una visión durante la noche, vi a un hombre montado en un caballo rojo que estaba entre unos arrayanes en un pequeño valle. Detrás de él había jinetes en caballos rojos, marrones y blancos. 9 Le pregunté al ángel que hablaba conmigo:

    —Mi señor, ¿qué significan estos caballos?

    —Te mostraré —me contestó el ángel.

    10 Entonces el jinete que estaba entre los arrayanes me explicó: «Son los que el SEÑOR ha enviado a recorrer la tierra».

    11 Entonces los otros jinetes le informaron al ángel del SEÑOR, que se encontraba entre los arrayanes: «Hemos estado recorriendo la tierra y el mundo entero está en paz».

    12 Al escucharlo, el ángel del SEÑOR elevó la siguiente oración: «Oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, durante los últimos setenta años has estado enojado con Jerusalén y con las ciudades de Judá. ¿Cuánto tiempo más pasará para que vuelvas a mostrarles compasión?». 13 Entonces el SEÑOR le habló palabras buenas y consoladoras al ángel que conversaba conmigo.

    14 Luego el ángel me dijo: «Proclama este mensaje a gritos para que todos lo oigan: “El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: ‘Mi amor por Jerusalén y el monte Sión es intenso y ferviente. 15 Sin embargo, estoy muy enojado con las otras naciones que ahora disfrutan de paz y seguridad. Sólo me enojé un poco con mi pueblo, pero las naciones le causaron mucho más daño del que me proponía.

    16 »’Por lo tanto, esto es lo que dice el SEÑOR: he vuelto a mostrar misericordia a Jerusalén. Mi templo será reedificado —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— y se tomarán las medidas para la reconstrucción de Jerusalén’ ”.

    17 »Proclama también: “El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: ‘Otra vez las ciudades de Israel rebosarán de prosperidad y otra vez el SEÑOR consolará a Sión y elegirá a Jerusalén para sí mismo’ ”».


    Los cuatro cuernos y los cuatro herreros


    18 Entonces levanté la mirada y vi cuatro cuernos.

    19 —¿Qué significan estos cuernos? —pregunté al ángel que hablaba conmigo.

    Él me contestó:

    —Estos cuernos representan a las naciones que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén.

    20 Entonces el SEÑOR me mostró cuatro herreros.

    21 —Y estos hombres, ¿qué vienen a hacer? —pregunté.

    El ángel me contestó:

    —Estos cuatro cuernos, es decir, estas naciones, dispersaron y humillaron a Judá. Ahora estos herreros han venido para aterrorizar, derribar y destruir...

    6 min
  • "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Juan 13:17)
    *Meditación**”Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.”* (Juan 13:17) Aquellos que enseñan y predican la fe cristiana deben practicar lo que predican. Están obligados a presentarse ante el mundo como un ejemplo viviente de la verdad. La voluntad de Dios es que la Palabra se encarne en las vidas de los Suyos. El mundo se impresiona más por la acción que por las palabras. ¿No era esto lo que Edgar Guest escribió una vez: “Preferiría antes ver un sermón que escucharlo”? Es bien conocido el dicho sarcástico que dice: “¡Lo que eres habla tan fuerte que no puedo oír lo que dices!” Se decía de un predicador que cuando estaba en el púlpito la gente deseaba que nunca lo dejara; pero cuando estaba fuera del púlpito, la gente deseaba que nunca subiera a él. H. A. Ironside decía, “Nada sella más los labios que la vida”. De modo similar, Henry Drummond escribió: “El hombre es el mensaje”. Carlyle añadió su testimonio: “La vida santa es el mejor argumento que aboga por Dios en una era de hechos... Las palabras tienen peso cuando tienen a un hombre detrás de ellas”. E. Stanley Jones decía: “La palabra tiene que encarnarse en nosotros antes de que pueda ser poder a través de nosotros”. “Si predico lo correcto pero no lo vivo, estoy diciendo una mentira acerca de Dios”, decía Oswald Chambers. Por supuesto que sabemos que el Señor Jesucristo es el Único que encarna perfectamente lo que enseña. No hay contradicción entre Su vida y Su mensaje. Cuando los judíos le preguntaron: “¿Tú quién eres? Jesús les dijo: lo que desde el principio os he dicho” (Jn. 8:25). Su conducta correspondía a Sus declaraciones. Nuestro proceder debe ser así cada vez más. Dos hermanos eran doctores, uno era predicador y el otro médico. Un día una mujer atormentada fue a ver al predicador, pero no estaba segura de cuál de los doctores vivía allí. Cuando el predicador abrió la puerta, ella preguntó: “¿Es usted el doctor que predica o el que practica?” La pregunta le impresionó haciéndole ver la necesidad de ser un ejemplo vivo de lo que enseñaba.
    4 min
  • Hageo 2

    Capítulo 2

    El menor esplendor del nuevo templo


    1 Entonces el 17 de octubre de ese mismo año, el SEÑOR envió otro mensaje por medio del profeta Hageo: 2 «Di lo siguiente a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Jesúa, hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y al remanente del pueblo de Dios allí en la tierra: 3 “¿Alguno de ustedes recuerda esta casa —este templo— con su antiguo esplendor? ¿Cómo se compara este con el otro? ¡No se parecen en nada! 4 Sin embargo, ahora el SEÑOR dice: Zorobabel, sé fuerte. Jesúa, hijo de Josadac, sumo sacerdote, sé fuerte. Ustedes que aún quedan en la tierra, sean fuertes. Así que ahora, ¡manos a la obra!, porque yo estoy con ustedes, dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. 5 Mi Espíritu permanece entre ustedes, así como lo prometí cuando salieron de Egipto. Por lo tanto, no teman”.

    6 »El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: “Dentro de poco, haré temblar los cielos y la tierra, los océanos y la tierra firme una vez más. 7 Haré temblar a todas las naciones y traerán los tesoros de todos las naciones a este templo. Llenaré este lugar de gloria —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—. 8 La plata es mía y el oro es mío —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—. 9 La futura gloria de este templo será mayor que su pasada gloria —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— y en este lugar, traeré paz. ¡Yo, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, he hablado!”».


    Promesas de bendición por la obediencia


    10 El 18 de diciembre del segundo año del reinado del rey Darío, el SEÑOR envió el siguiente mensaje al profeta Hageo: 11 «El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: pregunta a los sacerdotes acerca de la ley: 12 “Si alguno de ustedes trae entre sus vestiduras sacerdotales carne de un sacrificio consagrado y sucede que las vestiduras rozan con algún pan o guiso, vino o aceite de oliva o alguna otra clase de alimento, ¿quedará el alimento también consagrado?”».

    Entonces los sacerdotes contestaron:

    —No.

    13 Luego Hageo preguntó:

    —Si alguien se vuelve ceremonialmente impuro por tocar a un muerto y después toca cualquiera de esos alimentos, ¿se contaminará la comida?

    —Sí —contestaron los sacerdotes.

    14 Entonces Hageo respondió:

    —Así mismo sucede con este pueblo y con esta nación —dice el SEÑOR—. Todo lo que hacen y todo lo que ofrecen, está contaminado por su pecado. 15 Miren lo que les pasaba antes de que comenzaran a edificar los cimientos del templo del SEÑOR. 16 Cuando esperaban veinte medidas de grano, cosechaban sólo diez. Cuando esperaban sacar cincuenta litros del lagar, encontraban sólo veinte. 17 Yo envié plaga, moho y granizo para destruir todo aquello por lo que hicieron tanto esfuerzo para producir. Aun así, rehusaban regresar a mí, dice el SEÑOR.

    18 »Consideren este día, el 18 de diciembre, cuando los cimientos del templo del SEÑOR fueron establecidos. Considérenlo bien. 19 Ahora les doy una promesa cuando la semilla aún está en el granero. Todavía no han cosechado su grano, ni las vides ni las higueras ni los granados ni los olivos han dado sus frutos. Sin embargo, de hoy en adelante, yo los bendeciré.


    Promesas para Zorobabel


    20 En ese mismo día, el 18 de diciembre, el SEÑOR envió este segundo mensaje a Hageo: 21 «Dile a Zorobabel, gobernador de Judá, que yo estoy a punto de hacer temblar los cielos y la tierra. 22 Derrocaré los tronos reales y destruiré el poder de los reinos de las naciones. Volcaré sus carros de guerra, los caballos caerán y los jinetes se matarán unos a otros.

    23 »Pero cuando esto suceda —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—, te honraré, Zorobabel, hijo de Salatiel, mi siervo. Te haré como el anillo con mi sello oficial, dice el SEÑOR, porque te he escogido. ¡Yo, el...

    6 min
  • Hageo 1


    Hageo

    Capítulo 1


    Un llamado a reconstruir el templo


    1 El 29 de agosto del segundo año del reinado del rey Darío, el SEÑOR dio un mensaje por medio del profeta Hageo a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Jesúa, hijo de Josadac, el sumo sacerdote:

    2 «Esto es lo que dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales: el pueblo alega: “Todavía no ha llegado el momento para reconstruir la casa del SEÑOR”».

    3 Entonces el SEÑOR envió el siguiente mensaje por medio del profeta Hageo: 4 «¿Por qué viven ustedes en casas lujosas mientras mi casa permanece en ruinas?». 5 Esto es lo que dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando! 6 Han sembrado mucho pero cosechado poco; comen pero no quedan satisfechos; beben pero aún tienen sed; se abrigan pero todavía tienen frío. Sus salarios desaparecen, ¡como si los echaran en bolsillos llenos de agujeros!».

    7 Esto es lo que dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando! 8 Vayan ahora a los montes, traigan madera y reconstruyan mi casa. Entonces me complaceré en ella y me sentiré honrado, dice el SEÑOR. 9 Esperaban cosechas abundantes, pero fueron pobres; y cuando trajeron la cosecha a su casa, yo la hice desaparecer con un soplo. ¿Por qué? Porque mi casa está en ruinas —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— mientras ustedes se ocupan de construir sus elegantes casas.

    10 »Es por causa de ustedes que los cielos retienen el rocío y la tierra no produce cosechas. 11 Yo mandé la sequía sobre sus campos y colinas; una sequía que destruirá el grano, el vino nuevo, el aceite de oliva y las demás cosechas; una sequía que hará que ustedes y sus animales pasen hambre y arruinará todo aquello por lo que tanto han trabajado».


    Obediencia al llamado de Dios


    12 Entonces Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y todo el remanente del pueblo de Dios comenzaron a obedecer el mensaje del SEÑOR su Dios. Cuando oyeron las palabras del profeta Hageo, a quien el SEÑOR su Dios había enviado, el pueblo temió al SEÑOR.

    13 Luego Hageo, el mensajero del SEÑOR, dio al pueblo el siguiente mensaje del SEÑOR: «¡Yo estoy con ustedes, dice el SEÑOR!».

    14 Entonces el SEÑOR despertó el entusiasmo de Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y de Jesúa, hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y de todo el remanente del pueblo de Dios. Comenzaron a trabajar en la casa de su Dios, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, 15 el 21 de septiembre del segundo año del reinado del rey Darío.



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Sofonías 3

    Capítulo 3

    Rebelión y redención de Jerusalén


    1 ¡Qué aflicción le espera a la rebelde y contaminada Jerusalén,

    la ciudad de violencia y crimen!

    2 Nadie puede decirle nada;

    rechaza toda corrección.

    No confía en el SEÑOR

    ni se acerca a su Dios.

    3 Sus líderes son como leones rugientes

    en cacería de sus víctimas.

    Sus jueces son como lobos voraces al anochecer,

    que no dejan rastro de sus presas al amanecer.

    4 Sus profetas son mentirosos y arrogantes, en busca de su propia ganancia.

    Sus sacerdotes profanan el templo al desobedecer las instrucciones de Dios.

    5 Pero el SEÑOR todavía está en la ciudad,

    y él no hace nada malo.

    Día tras día emite justicia,

    él nunca falla.

    Pero los perversos no conocen la vergüenza.


    6 «Yo he aniquilado a muchas naciones

    y he devastado las murallas y torres de sus fortalezas.

    Las calles ahora están desiertas;

    sus ciudades quedan en ruinas silenciosas.

    No quedó nadie con vida,

    ni siquiera uno.

    7 Yo pensé: “¡Seguramente ahora me temerán!

    Sin duda, escucharán mis advertencias.

    Entonces no necesitaré intervenir otra vez

    y destruir sus casas”.

    ¡Pero no es así! Se levantan temprano

    para continuar con sus malas acciones.

    8 Por lo tanto tengan paciencia —dice el SEÑOR—.

    Pronto me levantaré y acusaré a esas naciones malvadas.

    Pues he decidido reunir a los reinos de la tierra

    y descargar mi más feroz ira y furia sobre ellos.

    Toda la tierra será consumida

    por el fuego de mi celo.


    9 »Entonces purificaré el lenguaje de todos los pueblos,

    para que todos juntos puedan adorar al SEÑOR.

    10 Mi pueblo disperso, que vive más allá de los ríos de Etiopía

    vendrá a presentar sus ofrendas.

    11 En ese día ya no hará falta que sean avergonzados,

    porque dejarán de rebelarse contra mí.

    Quitaré al orgulloso y al arrogante de entre ustedes;

    no habrá más altivez en mi monte santo.

    12 Quedarán sólo los sencillos y los humildes

    porque son ellos quienes confían en el nombre del SEÑOR.

    13 Los del remanente de Israel no harán nada malo;

    nunca mentirán ni se engañarán unos a otros.

    Comerán y dormirán seguros,

    sin que nadie los atemorice».


    14 ¡Canta, oh hija de Sión;

    grita fuerte, oh Israel!

    ¡Alégrate y gózate con todo tu corazón,

    oh hija de Jerusalén!

    15 Pues el SEÑOR quitará su mano de juicio

    y dispersará a los ejércitos de tus enemigos.

    ¡El SEÑOR mismo, el Rey de Israel,

    vivirá en medio de ti!

    Por fin, se habrán terminado tus aflicciones

    y nunca jamás temerás el desastre.

    16 En ese día, la proclama en Jerusalén será:

    «¡Ánimo Sión! ¡No temas!

    17 Pues el SEÑOR tu Dios vive en medio de ti.

    Él es un poderoso salvador.

    Se deleitará en ti con alegría.

    Con su amor calmará todos tus temores.

    Se gozará por ti con cantos de alegría».


    18 «Reuniré a los que añoran los festivales establecidos;

    nunca más serán avergonzados.

    19 Sin embargo, trataré con severidad

    a quienes te oprimieron.

    Salvaré al débil y al indefenso;

    reuniré a los que fueron expulsados.

    Daré gloria y...

    6 min
  • Sofonías 2

    Capítulo 2

    Un llamado al arrepentimiento


    1 Reúnanse, sí, júntense,

    nación desvergonzada.

    2 Reúnanse antes de que comience el juicio,

    antes de que su oportunidad de arrepentirse vuele como la paja.

    Actúen ahora, antes de que caiga la intensa furia del SEÑOR

    y comience el terrible día de la ira del SEÑOR.

    3 Busquen al SEÑOR los que son humildes

    y sigan sus mandamientos.

    Procuren hacer lo que es correcto

    y vivir con humildad.

    Quizá todavía el SEÑOR los proteja

    y los libre de su ira en ese día de destrucción.


    Juicio contra Filistea


    4 Gaza y Ascalón serán abandonadas,

    Asdod y Ecrón, derribadas.

    5 Y qué aflicción les espera, filisteos,

    que viven a lo largo de la costa y en la tierra de Canaán,

    ¡porque este juicio es también en contra de ustedes!

    El SEÑOR los destruirá

    hasta que no quede ni uno de ustedes.

    6 La costa filistea se convertirá en pastizales desiertos,

    un lugar en el que acampan los pastores

    con corrales para ovejas y cabras.

    7 Allí pastoreará un remanente de la tribu de Judá.

    Por las noches descansarán en las casas abandonadas de Ascalón.

    Pues el SEÑOR su Dios visitará a su pueblo con bondad

    y le devolverá su prosperidad.


    Juicio contra Moab y Amón


    8 «He oído las burlas de los moabitas

    y los insultos de los amonitas

    cuando se mofan de mi pueblo

    e invaden sus fronteras.

    9 Ahora, tan cierto como que yo vivo,

    —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel—,

    Moab y Amón serán destruidos,

    aniquilados por completo, igual que Sodoma y Gomorra.

    Su tierra será un lugar de ortigas,

    de pozos de sal y de desolación eterna.

    El remanente de mi pueblo los saqueará

    y tomará su tierra».


    10 Recibirán el pago de su orgullo,

    porque se burlaron del pueblo del SEÑOR de los Ejércitos Celestiales.

    11 El SEÑOR los llenará de terror

    cuando destruya a todos los dioses de la tierra.

    Entonces naciones en todo el mundo adorarán al SEÑOR,

    cada una en su propio país.


    Juicio contra Etiopía y Asiria


    12 «Ustedes, etíopes, también serán masacrados

    por mi espada», dice el SEÑOR.


    13 Con su puño, el SEÑOR golpeará a las tierras del norte

    y así destruirá a la tierra de Asiria.

    Hará de Nínive, su gran capital, una desolada tierra baldía,

    reseca como un desierto.

    14 La orgullosa ciudad vendrá a ser pastizal para los rebaños y manadas;

    allí se instalará y vivirá toda clase de animales salvajes.

    El búho del desierto y la lechuza blanca se posarán sobre las columnas destruidas

    y sus reclamos se oirán por las ventanas rotas.

    Los escombros taparán todas las puertas

    y los revestimientos de cedro quedarán a la intemperie.

    15 Esta es la ruidosa ciudad

    que un día fue tan segura.

    «¡Yo soy la más grande! —se jactaba—.

    ¡No hay otra ciudad que se compare conmigo!».

    Sin embargo, ahora, miren la ruina en la que se convirtió,

    un refugio de animales salvajes.

    Todo el que pase por allí, se reirá con desdén

    y sacudirá su puño en señal de desafío.


    Nueva Traducción Viviente

    5 min

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