Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • "Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos" (Colosenses 1:3-4)

    Meditación

    "Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos" (Colosenses 1:3-4)

    1:3 Habiendo saludado a los santos en términos que han venido a ser el lema del cristianismo, el apóstol hace algo más, muy característico de él —cae de rodillas en acción de gracias y oración—. Parece que el apóstol siempre comenzaba su oración con alabanza al Señor, y en ello tenemos nosotros un buen ejemplo a seguir. Su oración se dirige al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. La oración es el inenarrable privilegio de tener audiencia ante el Soberano del universo. Pero se puede preguntar: «¿Cómo puede osar un mero hombre comparecer ante la terrible presencia del infinitamente excelso Dios?». La respuesta se encuentra en nuestro texto. El glorioso y majestuoso Dios del universo es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Aquel que es infinitamente excelso se ha hecho íntimamente cercano. Por cuanto los creyentes en Cristo compartimos la vida de Cristo, Dios es asimismo nuestro Padre (Jn. 20:17). Podemos acercarnos por medio de Cristo. Orando siempre por vosotros. Tomada por sí misma, esta expresión no parece destacable, pero adquiere un nuevo significado cuando recordamos que esto describe el interés de Pablo en las personas que nunca había conocido. A menudo encontramos difícil recordar a nuestros propios parientes y amigos ante el trono de la gracia, ¡pero pensemos en la lista de oración que el Apóstol Pablo debe haber guardado! Oraba no sólo por los que conocía, sino también por los cristianos en lugares lejanos cuyos nombres les habían sido mencionados por otros. Lo cierto es que la incansable vida de oración de Pablo nos ayuda a comprenderlo mejor.

    1:4 Había oído de la fe de los colosenses en Cristo Jesús, y del amor que tenían hacia todos los santos. Primero menciona su fe en Cristo Jesús. Ahí es donde debemos siempre comenzar. Hay muchas personas religiosas en el mundo en la actualidad que están constantemente hablando de su amor para con otros. Pero si les preguntas, encuentras que no tienen fe alguna en el Señor Jesús. Un amor así es hueco y carece de significado. Por otra parte, los hay que profesan fe en Cristo, pero se busca en vano por cualquier evidencia de amor en sus vidas. Pablo también pondría en duda la sinceridad de la fe de los tales. Ha de haber una verdadera fe en el Salvador, y esta fe se ha de hacer evidente mediante una vida de amor a Dios y a los semejantes.

    Pablo habla de la fe como en Cristo Jesús. Es muy importante observar esto. El Señor Jesucristo es siempre presentado en la Escritura como el Objeto de la fe. Uno podría tener una ilimitada fe en un banco, pero esta fe es sólo válida en tanto que el banco sea fiable. La fe en sí misma no asegurará la buena custodia del dinero si el banco es mal dirigido. Así sucede con la vida espiritual. La fe, por sí misma, no es suficiente. La fe ha de ser puesta en el Señor Jesucristo. Por cuanto Él nunca puede faltar, nadie que confíe en Él quedará frustrado.

    El hecho de que Pablo hubiese oído de su fe y amor muestra que desde luego no eran creyentes secretos. De hecho, el Nuevo Testamento da poco aliento a quien quiera proseguir como discípulo secreto. La enseñanza de la Palabra de Dios es que si alguien ha recibido verdaderamente al Salvador es inevitable que haga confesión pública de Cristo.

    El amor de los colosenses se proyectaba a todos los santos. No había nada local ni sectario...

    6 min
  • Jonás 2


    Capítulo 2


    Oración de Jonás


    1  Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el interior del pez 2 y dijo:


    «En mi gran aflicción clamé al SEÑOR

    y él me respondió.

    Desde la tierra de los muertos te llamé,

    ¡y tú, SEÑOR, me escuchaste!

    3 Me arrojaste a las profundidades del mar

    y me hundí en el corazón del océano.

    Las poderosas aguas me envolvieron;

    tus salvajes y tempestuosas olas me cubrieron.

    4 Entonces dije: “Oh SEÑOR, me has expulsado de tu presencia;

    aun así volveré a mirar hacia tu santo templo”.


    5 »Me hundí bajo las olas

    y las aguas se cerraron sobre mí;

    las algas se enredaban en mi cabeza.

    6 Me hundí hasta las raíces de las montañas.

    Me quedé preso en la tierra,

    cuyas puertas se cierran para siempre.

    Pero tú, oh SEÑOR mi Dios,

    ¡me arrebataste de las garras de la muerte!

    7 Cuando la vida se me escapaba,

    recordé al SEÑOR.

    Elevé mi oración sincera hacia ti

    en tu santo templo.

    8 Los que rinden culto a dioses falsos

    le dan la espalda a todas las misericordias de Dios.

    9 Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza,

    y cumpliré todas mis promesas.

    Pues mi salvación viene sólo del SEÑOR».


    10 Entonces el SEÑOR ordenó al pez escupir a Jonás sobre la playa.



    Nueva Traducción Viviente

    3 min
  • Jonás 1









    Jonás



    Capítulo 1


    Jonás huye del SEÑOR


    1 El SEÑOR le dio el siguiente mensaje a Jonás, hijo de Amitai: 2 «Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto qué perversa es su gente».

    3 Entonces Jonás se levantó y se fue en dirección contraria para huir del SEÑOR. Descendió al puerto de Jope donde encontró un barco que partía para Tarsis. Compró un boleto, subió a bordo y se embarcó rumbo a Tarsis con la esperanza de escapar del SEÑOR.

    4 Ahora bien, el SEÑOR mandó un poderoso viento sobre el mar el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco. 5 Temiendo por sus vidas, los desesperados marineros pedían ayuda a sus dioses y lanzaban la carga por la borda para aligerar el barco.

    Todo esto sucedía mientras Jonás dormía profundamente en la bodega del barco, 6 así que el capitán bajó a buscarlo. «¿Cómo puedes dormir en medio de esta situación? —le gritó—. ¡Levántate y ora a tu dios! Quizá nos preste atención y nos perdone la vida».

    7 Entonces la tripulación echó suertes para ver quién había ofendido a los dioses y causado tan terrible tempestad. Cuando lo hicieron, la suerte señaló a Jonás como el culpable. 8 Así que los marineros le reclamaron:

    —¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta? ¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad?

    9 —Soy hebreo —contestó Jonás— y temo al SEÑOR, Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra.

    10 Los marineros se aterraron al escuchar esto, porque Jonás ya les había contado que huía del SEÑOR.

    —¿Ay, por qué lo hiciste? —.gimieron

    11 Como la tormenta seguía empeorando, le preguntaron:

    —¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad?

    12 —Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.

    13 Sin embargo, los marineros remaron con más fuerza para llevar el barco a tierra, pero la tempestad era tan violenta que no lo lograron. 14 Entonces clamaron al SEÑOR, Dios de Jonás: «Oh SEÑOR —le rogaron—, no nos dejes morir por el pecado de este hombre y no nos hagas responsables de su muerte. Oh SEÑOR, has enviado esta tormenta sobre él y sólo tú sabes por qué».

    15 Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido, ¡y al instante se detuvo la tempestad! 16 Los marineros quedaron asombrados por el gran poder del SEÑOR, le ofrecieron un sacrificio y prometieron servirle.

    17 Entre tanto, el SEÑOR había provisto que un gran pez se tragara a Jonás; y Jonás estuvo dentro del pez durante tres días y tres noches.



    Nueva Traducción Viviente

    5 min
  • Abdías 1









    Abdías


    1 Esta es la visión que el SEÑOR Soberano reveló a Abdías acerca de la tierra de Edom.


    Anuncio del juicio a Edom


    Hemos oído un mensaje del SEÑOR,

    que un embajador fue enviado a las naciones para decir:

    «¡Prepárense todos!

    ¡Convoquemos a nuestros ejércitos y ataquemos a Edom!».


    2 El SEÑOR dice a Edom:

    «Te haré pequeña entre las naciones;

    serás muy despreciada.

    3 Has sido engañada por tu propio orgullo

    porque vives en una fortaleza de piedra

    y haces tu morada en lo alto de las montañas.

    “¿Quién puede tocarnos aquí en las remotas alturas?”,

    te preguntas con arrogancia;

    4 pero aunque te remontes tan alto como las águilas

    y construyas tu nido entre las estrellas,

    te haré caer estrepitosamente»,

    dice el SEÑOR.


    5 «Si vinieran ladrones en la noche y te robaran,

    (¡qué desastre te espera!)

    no se llevarían todo.

    Los que cosechan uvas

    siempre dejan unas cuantas para los pobres.

    ¡Pero tus enemigos te aniquilarán por completo!

    6 Registrarán y saquearán

    cada rincón y cada grieta de Edom.

    Se llevarán hasta el último de los tesoros escondidos.


    7 »Todos tus aliados se volverán contra ti

    y ayudarán a expulsarte de tu tierra.

    Te prometerán paz

    mientras traman engañarte y destruirte.

    Tus amigos de confianza te tenderán trampas

    y ni siquiera te darás cuenta.

    8 En aquel día ni una sola persona sabia

    quedará en toda la tierra de Edom

    —dice el SEÑOR—.

    Pues destruiré en las montañas de Edom

    a todos los que tengan entendimiento.

    9 Los más poderosos guerreros de Temán

    sentirán terror,

    y todos en las montañas de Edom

    serán exterminados en la masacre.


    Causas del castigo de Edom


    10 »A causa de la violencia con la que trataste

    a tus parientes cercanos de Israel,

    te llenarás de vergüenza

    y serás destruido para siempre.

    11 Cuando tus parientes fueron invadidos,

    te mantuviste al margen y te negaste a ayudarlos.

    Los invasores se llevaron su riqueza

    y echaron suertes para repartirse Jerusalén,

    pero tú actuaste como un enemigo de Israel.


    12 »No debiste alegrarte

    cuando desterraron a tus parientes a tierras lejanas.

    No debiste gozarte

    cuando el pueblo de Judá sufría semejante desgracia.

    No debiste hablar con arrogancia

    en ese terrible tiempo de angustia.

    13 No debiste saquear la tierra de Israel

    mientras ellos sufrían semejante calamidad.

    No debiste regodearte de su destrucción

    mientras sufrían semejante calamidad.

    No debiste robar sus riquezas

    mientras sufrían semejante calamidad.

    14 No debiste pararte en la encrucijada

    para matar a los que intentaban escapar.

    No debiste capturar y entregar a los sobrevivientes

    en su terrible tiempo de angustia.


    Destrucción de Edom, restauración de Israel


    15 »¡Se acerca el día cuando yo, el SEÑOR,

    juzgaré a todas las naciones paganas!

    Como le hiciste a Israel,

    así se hará contigo.

    Todas tus malas acciones

    ...

    7 min
  • Oseas 9


    Capítulo 9


    La visión de Dios en el altar


    1 Entonces vi una visión del Señor, quien estaba de pie junto al altar y dijo:


    «Golpea la parte superior de las columnas del templo

    para que los cimientos se sacudan.

    Derriba el techo

    sobre las cabezas de la gente.

    Mataré a espada a los que sobrevivan.

    ¡Nadie escapará!


    2 »Aunque caven hasta el lugar de los muertos,

    allí descenderé y los sacaré.

    Aunque suban hasta los cielos,

    de allí los derribaré.

    3 Aunque se escondan en la cumbre del monte Carmelo,

    allí los buscaré y los capturaré.

    Aunque se oculten en el fondo del océano,

    enviaré tras ellos a la serpiente marina para que los muerda.

    4 Aunque sus enemigos los lleven al destierro,

    ordenaré a la espada que allí los mate.

    Estoy decidido a traerles desastre

    y no a ayudarlos».


    5 El Señor, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales,

    toca la tierra y ésta se derrite,

    y todos sus habitantes lloran.

    La tierra sube como el río Nilo en tiempo de inundaciones,

    y luego vuelve a hundirse.

    6 El hogar del SEÑOR llega hasta los cielos,

    mientras que sus cimientos están en la tierra.

    Él levanta agua de los océanos

    y la vierte como lluvia sobre la tierra.

    ¡El SEÑOR es su nombre!


    7 «Israelitas, ¿son ustedes más importantes para mí

    que los etíopes? —pregunta el SEÑOR—.

    Saqué a Israel de Egipto,

    pero también traje a los filisteos de Creta

    y a los arameos de Kir.


    8 »Yo, el SEÑOR Soberano,

    estoy vigilando a esta nación pecaminosa de Israel

    y la destruiré

    de la faz de la tierra.

    Sin embargo, nunca destruiré por completo a la familia de Israel

    —dice el SEÑOR—.

    9 Pues daré la orden

    y sacudiré a Israel junto con las demás naciones

    como se sacude el grano en un cernidor,

    sin embargo, ningún grano verdadero se perderá.

    10 En cambio, todos los pecadores morirán a filo de espada,

    esos que dicen: “Nada malo nos sucederá”.


    Promesa de restauración


    11 »En aquel día restauraré la casa caída de David.

    Repararé sus muros dañados.

    De las ruinas, la reedificaré

    y restauraré su gloria anterior.

    12 Israel poseerá lo que quede de Edom

    y todas las naciones que he llamado a ser mías».

    El SEÑOR ha hablado

    y cumplirá estas cosas.


    13 «Llegará el día —dice el SEÑOR—

    en el que el grano y las uvas crecerán más rápido

    de lo que puedan ser cosechados.

    ¡Entonces los viñedos en las terrazas de las colinas de Israel

    destilarán vino dulce!

    14 Traeré a mi pueblo Israel de su cautiverio

    en tierras lejanas;

    reedificarán sus ciudades que están en ruinas

    y nuevamente vivirán en ellas.

    Plantarán viñedos y huertos,

    comerán sus cosechas y beberán su vino.

    15 Los plantaré firmemente allí

    en su propia tierra.

    Nunca más serán desarraigados

    de la tierra que yo les di»,

    dice el SEÑOR tu Dios.



    Nueva Traducción Viviente

    5 min
  • Amós 8


    Capítulo 8


    La visión de la fruta madura


    1 Entonces el SEÑOR Soberano me mostró otra visión. Esta vez vi una cesta llena de fruta madura.

    2 —¿Qué ves, Amós? —me preguntó.

    —Una cesta repleta de fruta madura —contesté.

    Entonces el SEÑOR dijo:

    —Al igual que esta fruta, ¡Israel está maduro para el castigo! No volveré a demorar su castigo. 3 En aquel día el canto en el templo se convertirá en lamento. Habrá cadáveres tirados por todas partes. Serán llevados fuera de la ciudad en silencio. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!


    4 ¡Escuchen esto, ustedes que roban al pobre

    y pisotean al necesitado!

    5 Ustedes no se aguantan a que termine el día de descanso

    y a que se acaben los festivales religiosos

    para volver a estafar al desamparado.

    Pesan el grano con medidas falsas

    y estafan al comprador con balanzas fraudulentas.

    6 Y el grano que venden lo mezclan

    con los deshechos barridos del piso.

    Por una moneda de plata o un par de sandalias,

    convierten en esclavos a los pobres.


    7 Ahora el SEÑOR ha hecho este juramento

    por su propio nombre, el Orgullo de Israel:

    «¡Nunca olvidaré

    las cosas perversas que han hecho!

    8 La tierra temblará a causa de sus acciones

    y todos harán duelo.

    La tierra subirá como el río Nilo en tiempo de inundaciones;

    se levantará y volverá a hundirse.


    9 »En aquel día

    —dice el SEÑOR Soberano—

    haré que el sol se ponga al mediodía

    y que en pleno día se oscurezca la tierra.

    10 Convertiré sus celebraciones en lamentos

    y su cantar en llanto.

    Se vestirán de luto

    y se raparán la cabeza en señal de dolor,

    como si su único hijo hubiera muerto.

    ¡Qué tan amargo será ese día!


    11 »Ciertamente se acerca la hora —dice el SEÑOR Soberano—

    cuando enviaré hambre a la tierra,

    no será hambre de pan ni sed de agua,

    sino hambre de oír las palabras del SEÑOR.

    12 La gente deambulará de mar a mar

    y vagará de frontera a frontera

    en busca de la palabra del SEÑOR,

    pero no la encontrarán.

    13 En aquel día, las jóvenes hermosas y los muchachos fuertes se desmayarán,

    sedientos por la palabra del SEÑOR.

    14 Y los que juran por los vergonzosos ídolos de Samaria,

    los que hacen juramentos en nombre del dios de Dan

    y votos en nombre del dios de Beerseba,

    todos caerán y nunca más se levantarán».



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Amós 7

    Capítulo 7


    La visión de las langostas


    1 El SEÑOR Soberano me mostró una visión. Lo vi preparándose para enviar una enorme nube de langostas sobre la tierra. Esto ocurrió después de que la parte de la cosecha del rey había sido recolectada, pero cuando se acercaba la cosecha principal. 2 En mi visión las langostas se comieron todo lo verde que se veía. Entonces dije:

    —Oh Soberano SEÑOR, por favor perdónanos o no sobreviviremos, porque Israel es tan pequeño.

    3 Así que el SEÑOR se retractó de ese plan y dijo:

    —No lo haré.


    La visión del fuego


    4 Después el SEÑOR Soberano me mostró otra visión. Lo vi preparándose para castigar a su pueblo con un gran fuego. El fuego había quemado las profundidades del mar e iba devorando toda la tierra.

    5 Entonces dije:

    —Oh Soberano SEÑOR, por favor detente o no sobreviviremos, porque Israel es tan pequeño.

    6 Entonces el SEÑOR también se retractó de ese plan.

    —Tampoco lo haré —dijo el SEÑOR Soberano.


    La visión de la plomada


    7 Luego me mostró otra visión. Vi al Señor de pie al lado de una pared que se había construido usando una plomada. Usaba la plomada para ver si aún estaba derecha. 8 Entonces el SEÑOR me dijo:

    —Amós, ¿qué ves?

    —Una plomada —contesté.

    Y el Señor respondió:

    —Probaré a mi pueblo con esta plomada. Ya no pasaré por alto sus pecados. 9 Los altares paganos de sus antepasados quedarán en ruinas y los santuarios de Israel serán destruidos; acabaré de forma repentina con la dinastía del rey Jeroboam.


    Amós y Amasías


    10 Luego Amasías, el sacerdote de Betel, mandó un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «¡Amós está tramando una conspiración contra usted, aquí mismo en el umbral de su casa! Lo que él dice es intolerable. 11 Anda diciendo: “Pronto matarán a Jeroboam y el pueblo de Israel será enviado al destierro”».

    12 Entonces Amasías envió órdenes a Amós:

    —¡Vete de aquí, profeta! ¡Regresa a la tierra de Judá y gánate la vida profetizando allí! 13 No nos molestes con tus profecías aquí en Betel. ¡Este es el santuario del rey y el lugar nacional de culto!

    14 Pero Amós contestó:

    —No soy profeta profesional ni fui entrenado para serlo. No soy más que un pastor de ovejas y cultivador de las higueras sicómoros. 15 Sin embargo, el SEÑOR me llamó y me apartó de mi rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo en Israel”. 16 Ahora bien, escuchen este mensaje del SEÑOR:


    “Tú dices:

    ‘No profetices contra Israel.

    Deja de predicar contra mi pueblo’.

    17 Pero esto es lo que dice el SEÑOR:

    ‘Tu esposa se convertirá en prostituta en esta ciudad

    y a tus hijos y a tus hijas los matarán.

    Tu tierra será repartida

    y tú morirás en tierra extranjera.

    Con toda seguridad el pueblo de Israel irá cautivo al destierro,

    lejos de su patria’ ”.



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Amós 6


    Capítulo 6


    1 ¡Qué aflicción les espera a ustedes que están a sus anchas en medio de lujos en Jerusalén,

    y a ustedes que se sienten seguros en Samaria!

    Son famosos y conocidos en Israel,

    y la gente acude a ustedes en busca de ayuda.

    2 Pero vayan a Calne

    y vean lo que ocurrió allí.

    Vayan luego a la gran ciudad de Hamat

    y desciendan a la ciudad filistea de Gat.

    Ustedes no son mejores que ellos

    y miren cómo fueron destruidos.

    3 No quieren pensar en el desastre que viene,

    pero sus acciones sólo acercan más el día del juicio.

    4 Qué terrible será para ustedes que se dejan caer en camas de marfil

    y están a sus anchas en sus sillones,

    comiendo corderos tiernos del rebaño

    y becerros selectos engordados en el establo.

    5 Entonan canciones frívolas al son del arpa

    y se creen músicos tan magníficos como David.

    6 Beben vino en tazones llenos

    y se perfuman con lociones fragantes.

    No les importa la ruina de su nación.

    7 Por lo tanto, ustedes serán los primeros en ser llevados cautivos.

    De repente se acabarán todas sus fiestas.


    8 El SEÑOR Soberano ha jurado por su propio nombre y esto es lo que dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales:


    «Desprecio la arrogancia de Israel

    y odio sus fortalezas.

    Entregaré esta ciudad

    a sus enemigos junto con todo lo que hay en ella».


    9 (Si quedan diez hombres en una casa, todos morirán. 10 Luego, cuando el pariente responsable de deshacerse de los muertos entre en la casa para llevarse los cuerpos, le preguntará al último sobreviviente: «¿Está alguien más contigo?». Entonces, cuando la persona comience a jurar: «No, por … », lo interrumpirá y dirá: «¡Cállate! Ni siquiera menciones el nombre del SEÑOR»).


    11 Cuando el SEÑOR dé la orden,

    las casas, tanto grandes como pequeñas, serán reducidas a escombros.


    12 ¿Pueden galopar los caballos sobre rocas grandes?

    ¿Se pueden usar bueyes para ararlas?

    Así de necios son ustedes cuando convierten la justicia en veneno

    y el fruto dulce de la rectitud en amargura.

    13 Ustedes se jactan de su conquista de Lo-debar

    y alardean: «¿No tomamos Carnáyim por nuestra propia fuerza?».


    14 «Oh pueblo de Israel, estoy a punto de levantar una nación enemiga contra ti

    —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—.

    Los oprimirán por todo su territorio,

    desde Lebo-hamat en el norte

    hasta el valle de Arabá en el sur».



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Amos 5


    Capítulo 5


    Un llamado al arrepentimiento


    1 ¡Escucha, pueblo de Israel! Oye este canto fúnebre que entono:


    2 «¡La virgen Israel ha caído,

    nunca volverá a levantarse!

    Yace abandonada en el suelo

    y no hay quien la levante».


    3 El SEÑOR Soberano dice:


    «Cuando una ciudad mande a mil hombres a la guerra,

    sólo volverán cien.

    Cuando un pueblo envíe a cien,

    sólo diez regresarán vivos».


    4 Ahora bien, esto es lo que el SEÑOR dice a la familia de Israel:


    «¡Vuelvan a buscarme y vivan!

    5 No adoren en los altares paganos en Betel;

    no vayan a los altares en Gilgal ni en Beerseba.

    Pues el pueblo de Gilgal será arrastrado al destierro

    y el pueblo de Betel será reducido a nada».

    6 ¡Vuelvan a buscar al SEÑOR y vivan!

    De lo contrario, él pasará por Israel como un fuego

    y los devorará completamente.

    Sus dioses en Betel

    no serán capaces de apagar las llamas.

    7 Ustedes tuercen la justicia y la convierten en trago amargo para el oprimido.

    Tratan al justo como basura.


    8 Es el SEÑOR quien creó las estrellas,

    las Pléyades y el Orión.

    Él transforma la oscuridad en luz

    y el día en noche.

    Él levanta agua de los océanos

    y la vierte como lluvia sobre la tierra.

    ¡El SEÑOR es su nombre!

    9 Con poder y deslumbrante velocidad destruye a los poderosos

    y aplasta todas sus defensas.


    10 ¡Cómo odian ustedes a los jueces honestos!

    ¡Cómo desprecian a los que dicen la verdad!

    11 Pisotean a los pobres,

    robandoles el grano con impuestos y rentas injustas.

    Por lo tanto, aunque construyan hermosas casas de piedra,

    nunca vivirán en ellas.

    Aunque planten viñedos exuberantes,

    nunca beberán su vino.

    12 Pues yo conozco la enorme cantidad de sus pecados

    y la profundidad de sus rebeliones.

    Ustedes oprimen a los buenos al aceptar sobornos

    y privan al pobre de la justicia en los tribunales.

    13 Así que los que son listos permanecerán con la boca cerrada,

    porque es un tiempo malo.


    14 ¡Hagan lo bueno y huyan del mal

    para que vivan!

    Entonces el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales será su ayudador,

    así como ustedes han dicho.

    15 Odien lo malo y amen lo bueno;

    conviertan sus tribunales en verdaderas cortes de justicia.

    Quizás el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales

    todavía tenga compasión del remanente de su pueblo.


    16 Por lo tanto, esto es lo que dice el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales:


    «Habrá llanto en todas las plazas públicas

    y lamentos en cada calle.

    Llamen a los campesinos para que lloren con ustedes

    y traigan a los que les pagan por lamentar.

    17 Habrá gemidos en cada viñedo,

    porque yo los destruiré a todos»,

    dice el SEÑOR.


    Advertencia sobre el juicio que viene


    18 Qué aflicción les espera a ustedes que dicen:

    «¡Si tan sólo hoy fuera el día del SEÑOR!».

    No tienen la menor idea de lo que desean.

    Ese día no traerá luz sino oscuridad.

    19 En ese día ustedes serán como un hombre que huye de un león,

    sólo para encontrarse con un oso.

    Y, al escapar...

    6 min

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Lectura y Meditaciones de las Escrituras