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Or


Capítulo 2
1 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Moab han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Profanaron los huesos del rey de Edom,
reduciéndolos a cenizas.
2 Por lo tanto, haré caer fuego sobre la tierra de Moab
y todas las fortalezas de Queriot serán destruidas.
Los habitantes caerán en el ruido de la batalla,
entre gritos de guerra y toques del cuerno de carnero.
3 Y destruiré a su rey
y masacraré a todos sus príncipes»,
dice al SEÑOR.
Juicio de Dios contra Judá e Israel
4 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Judá han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Rechazaron la instrucción del SEÑOR
y se negaron a obedecer sus decretos.
Se han descarriado por las mismas mentiras
que engañaron a sus antepasados.
5 Por lo tanto, haré caer fuego sobre Judá
y todas las fortalezas de Jerusalén serán destruidas».
6 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Israel han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Venden por dinero a la gente honrada
y a los pobres por un par de sandalias.
7 Pisotean en el polvo a los indefensos
y quitan a los oprimidos del camino.
Tanto el padre como el hijo se acuestan con la misma mujer
y así profanan mi santo nombre.
8 En sus festivales religiosos
están a sus anchas usando la ropa que sus deudores dejaron en garantía.
En la casa de sus dioses
beben vino comprado con dinero de multas injustas.
9 »Pero ante los ojos de mi pueblo,
destruí a los amorreos,
aunque eran tan altos como cedros
y tan fuertes como robles.
Destruí el fruto de sus ramas
y arranqué sus raíces.
10 Fui yo quien los rescató a ustedes de Egipto
y los guió por el desierto durante cuarenta años
para que pudieran poseer la tierra de los amorreos.
11 Elegí a algunos de sus hijos para ser profetas
y a otros para ser nazareos.
¿Acaso puedes negar esto, Israel, pueblo mío?
—pregunta el SEÑOR—.
12 Pero ustedes hicieron que los nazareos pecaran, forzándolos a beber vino
y les ordenaron a los profetas: “¡Cállense!”
13 »Por lo tanto, haré que giman
como una carreta cargada con gavillas de grano.
14 Sus corredores más veloces no podrán escapar.
El más fuerte entre ustedes se volverá débil.
Ni siquiera los guerreros más poderosos serán capaces de salvarse.
15 Los arqueros no podrán mantenerse firmes.
Los más veloces no serán lo suficientemente rápidos para escapar.
Ni siquiera los que montan a caballo podrán salvarse.
16 En aquel día, los hombres de guerra más valientes
dejarán caer sus armas y correrán por sus vidas»,
dice el SEÑOR.
Nueva Traducción Viviente
Amós
Capítulo 1
1 Este mensaje fue dado a Amós, un pastor de ovejas de la ciudad de Tecoa, en Judá. Él recibió el mensaje por medio de visiones, dos años antes del terremoto, cuando Uzías era rey de Judá y Jeroboam II, hijo de Yoás, era rey de Israel.
2 Esto es lo que vio y oyó:
«¡La voz del SEÑOR rugirá desde el monte Sión;
su voz tronará desde Jerusalén!
Los buenos pastizales de los pastores se secarán
y la hierba del monte Carmelo se marchitará y morirá».
Juicio contra las naciones vecinas
3 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Damasco han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Azotaron a mi gente en Galaad
como se separa el grano con trillos de hierro.
4 Por lo tanto, haré caer fuego sobre el palacio del rey Hazael
y las fortalezas del rey Ben-adad serán destruidas.
5 Derribaré las puertas de Damasco
y masacraré a los habitantes en el valle de Avén.
Destruiré al gobernante de Bet-edén
y los habitantes de Aram serán llevados cautivos a Kir»,
dice el SEÑOR.
6 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Gaza han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Enviaron a pueblos enteros al destierro
y los vendieron como esclavos a Edom.
7 Por lo tanto, haré caer fuego sobre los muros de Gaza
y todas sus fortalezas serán destruidas.
8 Masacraré a los habitantes de Asdod
y destruiré al rey de Ascalón.
Después me volveré para atacar a Ecrón
y los pocos filisteos que queden, morirán»,
dice el SEÑOR Soberano.
9 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Tiro han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Rompieron su pacto de hermandad con Israel
al vender aldeas enteras como esclavas a Edom.
10 Por lo tanto, haré caer fuego sobre los muros de Tiro
y todas sus fortalezas serán destruidas».
11 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Edom han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Espada en mano, persiguieron a sus parientes, los israelitas,
y no les tuvieron compasión.
En su furia, los apuñalaron continuamente
y fueron implacables en su enojo.
12 Por lo tanto, haré caer fuego sobre Temán
y las fortalezas de Bosra serán destruidas».
13 Esto es lo que dice el SEÑOR:
«¡Los habitantes de Amón han pecado una y otra vez
y no permitiré que queden sin castigo!
Cuando atacaron a Galaad para extender sus fronteras,
con sus espadas abrieron a las mujeres embarazadas.
14 Por lo tanto, haré caer fuego sobre los muros de Rabá
y todas sus fortalezas serán destruidas.
La batalla vendrá sobre ellos con gritos,
como un torbellino en una tormenta impetuosa.
15 Y su rey y sus príncipes irán juntos al destierro»,
dice el SEÑOR.
Nueva Traducción Viviente
Meditación
"...y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe..." (1 Juan 2:27)
Capítulo 3
Juicio contra las naciones enemigas
1 »En el tiempo de esos acontecimientos —dice el SEÑOR—,
cuando yo restaure la prosperidad de Judá y de Jerusalén,
2 reuniré a los ejércitos del mundo
en el valle de Josafat.
Allí los juzgaré
por hacerle daño a mi pueblo, mi posesión más preciada,
por dispersar a mi pueblo entre las naciones
y por dividir mi tierra.
3 Tiraron los dados para decidir quiénes de mi pueblo
serían sus esclavos.
Canjearon niños por prostitutas
y vendieron niñas por tan sólo suficiente vino para emborracharse.
4 »¿Qué tienen contra mí, Tiro y Sidón y, ustedes, ciudades de Filistea? ¿Tratan de vengarse de mí? Si es así, ¡tengan cuidado! Los atacaré con rapidez y les pagaré por todo lo que hicieron. 5 Tomaron mi plata y mi oro y todos mis tesoros preciados y los llevaron a sus templos paganos. 6 Les vendieron la gente de Judá y de Jerusalén a los griegos para que se la llevaran lejos de su tierra.
7 Sin embargo, yo los traeré de regreso de todos los lugares donde los vendieron y les pagaré a ustedes por todo lo que hicieron. 8 Venderé a sus hijos e hijas a la gente de Judá y ellos los venderán al pueblo de Arabia, una nación lejana. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!».
9 Digan a las naciones de todas partes:
«¡Prepárense para la guerra!
Llamen a sus mejores hombres de guerra.
Que todos sus combatientes avancen para el ataque.
10 Forjen las rejas de arado y conviértanlas en espadas
y sus herramientas para podar, en lanzas.
Entrenen aun a los más débiles para que sean guerreros.
11 Vengan pronto, naciones de todas partes.
Reúnanse en el valle».
¡Y ahora, oh SEÑOR, llama a tus guerreros!
12 «Que las naciones se movilicen para la guerra.
Que marchen hacia el valle de Josafat.
Allí, yo, el SEÑOR, me sentaré
para pronunciar juicio contra todas ellas.
13 Den rienda suelta a la hoz,
porque la cosecha está madura.
Vengan, pisen las uvas,
porque el lagar está lleno
y los barriles rebosan
con la perversidad de esas naciones».
14 Miles y miles esperan en el valle de la decisión.
Es allí donde llegará el día del SEÑOR.
15 El sol y la luna se oscurecerán
y las estrellas dejarán de brillar.
16 La voz del SEÑOR pronto rugirá desde Sión
y tronará desde Jerusalén
y los cielos y la tierra temblarán;
pero el SEÑOR será un refugio para su pueblo,
una fortaleza firme para el pueblo de Israel.
Bendiciones para el pueblo de Dios
17 «Entonces ustedes sabrán que yo, el SEÑOR su Dios,
habito en Sión, mi monte santo.
Jerusalén será santa para siempre
y los ejércitos extranjeros nunca más volverán a conquistarla.
18 En aquel día las montañas destilarán vino dulce
y de los montes fluirá leche.
El agua llenará los arroyos de Judá
y del templo del SEÑOR brotará una fuente
que regará el árido valle de las acacias.
19 Sin embargo, Egipto se convertirá en tierra baldía
y Edom en un desierto
porque atacaron al pueblo de Judá
y mataron a gente inocente en la tierra de ellos.
20 »Judá, en cambio, se llenará de gente para siempre
y Jerusalén perdurará a través de todas las generaciones.
...
Capítulo 2
Las langostas invaden como un ejército
1 ¡Toquen alarma en Jerusalén!
¡Den el grito de guerra en mi monte santo!
Que todos tiemblen de miedo
porque está cerca el día del SEÑOR.
2 Es un día de oscuridad y penumbra,
un día de nubes densas y sombras profundas.
De repente, como el amanecer se extiende sobre las montañas,
aparece un ejército grande y poderoso.
Nunca antes se había visto algo semejante,
ni volverá a verse jamás.
3 Fuego va delante del ejército
y las llamas detrás.
Delante de ellos, la tierra se extiende
tan hermosa como el jardín del Edén.
Detrás sólo queda desolación;
nada escapa.
4 Parecen caballos;
van a la carga como caballos de guerra.
5 Mírenlos saltar a lo largo de las cumbres.
Escuchen el estruendo que producen, como el retumbar de carros de guerra,
como el rugir del fuego que arrasa los campos de hierba seca
o el despliegue de un poderoso ejército en batalla.
6 El miedo se apodera de la gente;
cada rostro palidece de terror.
7 Los agresores marchan como guerreros
y escalan los muros de la ciudad como soldados.
Marchan hacia adelante,
sin romper filas.
8 No se empujan unos a otros;
cada uno se mueve en la posición exacta.
Atraviesan las líneas de defensa
sin perder la formación.
9 Irrumpen en la ciudad,
corren a lo largo de sus muros.
Se meten en todas las casas;
como ladrones trepan por las ventanas.
10 La tierra tiembla mientras avanzan
y los cielos se estremecen.
El sol y la luna se oscurecen
y las estrellas dejan de brillar.
11 El SEÑOR va a la cabeza de la columna;
con un grito los guía.
Este es su ejército poderoso
y ellos siguen sus órdenes.
El día del SEÑOR es algo imponente y pavoroso.
¿Quién lo podrá sobrevivir?
Un llamado al arrepentimiento
12 Por eso dice el SEÑOR:
«Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo;
entréguenme su corazón.
Acérquense con ayuno, llanto y luto.
13 No se desgarren la ropa en su dolor
sino desgarren sus corazones».
Regresen al SEÑOR su Dios,
porque él es misericordioso y compasivo,
lento para enojarse y lleno de amor inagotable.
Está deseoso de desistir y no de castigar.
14 ¿Quién sabe? Quizá les suspenda el castigo
y les envíe una bendición en vez de esta maldición.
Quizá puedan ofrendar grano y vino
al SEÑOR su Dios, como lo hacían antes.
15 »¡Toquen el cuerno de carnero en Jerusalén!
Proclamen un tiempo de ayuno;
convoquen al pueblo
a una reunión solemne.
16 Reúnan a toda la gente:
ancianos, niños y aun los bebés.
Llamen al novio de su habitación
y a la novia de su cuarto de espera.
17 Que los sacerdotes, quienes sirven en la presencia del SEÑOR,
se levanten y lloren entre la entrada del templo y el altar.
Que oren: “¡Perdona a tu pueblo, SEÑOR!
No permitas que tu preciada posesión se convierta en objeto de burla.
No dejes que lleguen a ser la burla de los extranjeros incrédulos que dicen:
“¿Los ha abandonado el Dios de
Joel
Capítulo 1
1 El SEÑOR le dio el siguiente mensaje a Joel, hijo de Petuel.
Lamento por la plaga de langostas
2 Oigan esto, líderes del pueblo.
Escuchen, todos los habitantes de la tierra.
En toda su historia,
¿había sucedido antes algo semejante?
3 Cuéntenlo a sus hijos en los años venideros
y que sus hijos lo relaten a sus hijos.
Transmitan esta historia de generación en generación.
4 Después de que la oruga devoró las cosechas,
¡el pulgón acabó con lo que quedaba!
Luego vino el saltamontes
y llegó también la langosta.
5 ¡Despiértense, borrachos, y lloren!
¡Giman, bebedores de vino!
Todas las uvas están arruinadas
y se acabó el vino dulce.
6 Un inmenso ejército de langostas ha invadido mi tierra,
un ejército terrible, imposible de contar.
Sus dientes son como los del león
y sus colmillos se parecen a los de la leona.
7 Destruyó mis vides
y arruinó mis higueras;
les arrancó la corteza y la destruyó,
dejando sus ramas blancas y desnudas.
8 Lloren como una recién casada vestida de luto,
quien llora la muerte de su esposo.
9 Pues no hay grano ni vino
para ofrecer en el templo del SEÑOR.
Por eso los sacerdotes están de luto;
los ministros del SEÑOR están llorando.
10 Los campos están arruinados,
la tierra quedó desnuda.
El grano está destruido,
las uvas se secaron
y se acabó el aceite de oliva.
11 ¡Laméntense, ustedes, agricultores!
¡Giman, ustedes que cultivan vides!
Lloren porque el trigo y la cebada
—todos los cultivos del campo— están arruinados.
12 Se secaron las vides
y se marchitaron las higueras.
Los granados, las palmeras y los manzanos
—todos los árboles frutales— se secaron.
Y la alegría de la gente se marchitó con ellos.
13 Ustedes sacerdotes, ¡vístanse de tela áspera y lloren!
¡Giman, ustedes, los que sirven ante el altar!
Vengan, pasen la noche vestidos de tela áspera,
ustedes, ministros de mi Dios.
Pues no hay grano ni vino
para ofrecer en el templo de su Dios.
14 Proclamen un tiempo de ayuno;
convoquen al pueblo a una reunión solemne.
Reúnan a los líderes
y a toda la gente del país
en el templo del SEÑOR su Dios
y allí clamen a él.
15 El día del SEÑOR está cerca,
el día cuando la destrucción viene de parte del Todopoderoso.
¡Qué terrible será aquel día!
16 La comida desaparece delante de nuestros ojos.
Ya no hay celebraciones de júbilo en la casa de nuestro Dios.
17 Las semillas mueren en la tierra reseca
y las cosechas de grano se pierden.
Los establos están vacíos
y los graneros abandonados.
18 ¡Cómo braman de hambre los animales!
Las manadas de ganado vagan desorientadas
porque no encuentran pasto.
Los rebaños de ovejas y cabras gimen en su sufrimiento.
19 ¡SEÑOR, ayúdanos!
El fuego ha devorado los pastos del desierto
y las llamas han consumido todos los árboles.
...
Capítulo 14
Sanidad para los que se arrepienten
1 Regresa, oh Israel, al SEÑOR tu Dios,
porque tus pecados te hicieron caer.
2 Presenta tus confesiones y vuélvete al SEÑOR.
Dile:
«Perdona todos nuestros pecados y recíbenos con bondad
para que podamos ofrecerte nuestras alabanzas.
3 Asiria no puede salvarnos,
ni nuestros caballos de guerra.
Nunca más diremos a ídolos que hemos hecho:
“Ustedes son nuestros dioses”.
No, solamente en ti
los huérfanos encuentran misericordia».
4 El SEÑOR dice:
«Entonces yo los sanaré de su falta de fe;
mi amor no tendrá límites,
porque mi enojo habrá desaparecido para siempre.
5 Seré para Israel
como un refrescante rocío del cielo.
Israel florecerá como el lirio;
hundirá sus raíces profundamente en la tierra
como los cedros del Líbano.
6 Sus ramas se extenderán como hermosos olivos,
tan fragantes como los cedros del Líbano.
7 Mi pueblo vivirá otra vez bajo mi sombra.
Crecerán como el grano y florecerán como la vid;
serán tan fragantes como los vinos del Líbano.
8 »¡Oh Israel, mantente lejos de los ídolos!
Yo soy el que contesta tus oraciones y te cuida.
Soy como un árbol que siempre está verde;
todo tu fruto proviene de mí».
9 Que los sabios entiendan estas cosas.
Que los que tienen discernimiento escuchen con atención.
Los caminos del SEÑOR son rectos y verdaderos,
los justos viven al andar en ellos;
pero en esos mismos caminos, los pecadores tropiezan y caen.
Nueva Traducción Viviente (Os 14). (2009). Tyndale House Publishers, Inc.
Salmo 121:
¡Guardado!
Jehová es tu guardador
Cántico gradual.
1 Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
2 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
3 No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.
4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá
El que guarda a Israel.
5 Jehová es tu guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
6 El sol no te fatigará de día,
Ni la luna de noche.
7 Jehová te guardará de todo mal;
El guardará tu alma.
8 Jehová guardará tu salida y tu entrada
Desde ahora y para siempre.
121:1–2 Algunas de las primeras versiones de la Biblia traducen el comienzo de este Salmo sin interrogante, es decir:
«Alzaré mis ojos a los montes,
De donde vendrá mi socorro».
Más tarde, algunos traductores pensaron que era una herejía pagana, esto es, la idea de que el socorro viene de los montes en lugar del Señor (Jer. 3:23). Así que, cambiaron la puntuación de la segunda parte del versículo uno para que fuera pregunta. Es la lectura que tenemos en la Reina Valera:
«Alzaré mis ojos a los montes;
—¿De dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra».
Todavía prefiero la primera traducción, sin interrogante, y explicaré por qué. El templo en Jerusalén era la morada de Dios en la tierra. La nube de la gloria en el lugar Santísimo significaba la presencia del Señor en medio de Su pueblo. La ciudad de Jerusalén está situada en un monte y está rodeada de montes. Así que, cuando un judío en otras partes de Israel necesitaba ayuda divina, miraba a los montes. Esto le era como mirar al Señor, puesto que la morada del Creador estaba en los montes de Jerusalén. De modo que había un sentido poético en el que todo socorro venía de los montes.
En los primeros dos versículos, el que habla es el salmista, que expresa su confianza total en el Hacedor de los cielos y la tierra.
121:3 Comenzando con el versículo 3, cambia el que habla. En el resto de los versículos escuchamos al Espíritu Santo garantizando la seguridad eterna de los que confían en el Señor. Es la garantía de estabilidad segura. El pie del creyente es preservado de resbalar. Puesto que el pie ilustra el fundamento o el apoyo, significa que Dios guardará a Sus hijos que confían en Él, y que no resbalarán ni caerán.
121:4 No se adormecerá el que te guarda o “el que te protege no caerá en sueño”. Si nuestro Guardián se adormeciera no resistiríamos un instante; le necesitamos tanto de día como de noche, somos incapaces de dar un solo paso con seguridad si no es bajo su mirada protectora. Esta es, ciertamente, una de las estrofas preferidas en un cántico de peregrinaje. Dios es la escolta y guardaespaldas de sus santos. Y cuando surgen...
Capítulo 13
La ira de Dios contra Israel
1 Cuando hablaba la tribu de Efraín,
el pueblo temblaba de miedo
porque esa tribu era importante en Israel;
pero la gente de Efraín pecó al rendir culto a Baal
y así selló su destrucción.
2 Ahora siguen pecando, haciendo ídolos de plata,
imágenes hábilmente formadas por manos humanas.
«¡Ofrézcanles sacrificios —gritan ellos—
y besen a ídolos que tienen forma de becerros!».
3 Por lo tanto, desaparecerán como la neblina de la mañana,
como el rocío bajo el sol del amanecer,
como paja llevada por el viento
y como el humo de una chimenea.
4 «He sido el SEÑOR tu Dios
desde que te saqué de Egipto.
No debes reconocer a ningún otro Dios aparte de mí,
porque no hay otro salvador.
5 Yo te cuidé en el desierto,
en esa tierra árida y sedienta;
6 pero una vez que comiste y quedaste satisfecho,
te volviste orgulloso y te olvidaste de mí.
7 Entonces ahora yo te atacaré como un león,
como un leopardo que acecha en el camino.
8 Como una osa a quien le robaron sus cachorros,
arrancaré tu corazón.
Te devoraré como una leona hambrienta
y te destrozaré como un animal salvaje.
9 »Estás a punto de ser destruido, oh Israel;
sí, por mí, el único que te ayuda.
10 Ahora, ¿dónde está tu rey?
¡Que él te salve!
¿Dónde están los líderes de la tierra,
el rey y los funcionarios que me exigiste?
11 En mi enojo te di reyes
y en mi furia te los quité.
12 »La culpa de Efraín ha sido reunida
y su pecado almacenado para el castigo.
13 El sufrimiento ha llegado al pueblo
como dolores de parto,
pero son como un bebé
que se resiste a nacer.
¡El momento de nacer ha llegado,
pero siguen en la matriz!
14 »¿Debo rescatarlos de la tumba?
¿Debo redimirlos de la muerte?
¡Oh muerte, haz salir tus horrores!
¡Tumba, desata tus plagas!
Ya no les tendré compasión.
15 Efraín era el más productivo de sus hermanos,
pero el viento del este —una ráfaga del SEÑOR—
se levantará en el desierto.
Todos sus manantiales se secarán
y todos sus pozos desaparecerán.
Todo lo valioso que poseen
será saqueado y se lo llevarán.
16 El pueblo de Samaria
debe sufrir las consecuencias de su culpa
porque se rebeló contra su Dios.
Un ejército invasor los matará,
a sus niños los estrellarán contra el suelo hasta matarlos
y a las embarazadas las abrirán con espadas».
Nueva Traducción Viviente
Capítulo 12
1 El pueblo de Israel se alimenta del viento;
todo el día corre tras el viento del este.
Amontonan mentiras y violencia;
hacen una alianza con Asiria
mientras mandan aceite de oliva a fin de comprar el apoyo de Egipto.
2 Ahora el SEÑOR presenta cargos contra Judá.
Está a punto de castigar a Jacob por todos sus caminos engañosos
y cobrarle por todo lo que hizo.
3 Aun en la matriz,
Jacob luchó con su hermano;
cuando se hizo hombre,
hasta peleó con Dios.
4 Sí, luchó con el ángel y venció.
Lloró y clamó para que lo bendijera.
Allá en Betel se encontró cara a cara con Dios
y Dios habló con él,
5 ¡el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales,
el SEÑOR es su nombre!
6 Así que ahora, vuélvete a tu Dios.
Actúa con amor y justicia,
y confía siempre en él.
7 Pero no, la gente se comporta como astutos comerciantes
que venden con balanzas fraudulentas;
les encanta estafar.
8 Israel se jacta: «¡Yo soy rico!
¡Sin ayuda de nadie hice una fortuna!
¡Nadie me ha descubierto haciendo trampas!
¡Mi historial es impecable!».
9 «Pero yo soy el SEÑOR tu Dios,
quien te rescató de la esclavitud en Egipto.
Y te haré habitar otra vez en carpas
como lo haces cada año en el Festival de las Enramadas.
10 Yo envié a mis profetas para advertirte
con numerosas visiones y parábolas».
11 Pero la gente de Galaad no vale nada
debido a su idolatría.
Y en Gilgal también sacrifican toros;
sus altares están en filas como montones de piedra
a lo largo de los bordes de un campo arado.
12 Jacob huyó a la tierra de Aram
y allí, a cambio de pastorear ovejas, ganó una esposa.
13 Luego, por medio de un profeta,
el SEÑOR sacó de Egipto a los descendientes de Jacob;
y fueron protegidos
por el mismo profeta.
14 Pero el pueblo de Israel
amargamente ha provocado al SEÑOR,
ahora el Señor los sentenciará a muerte
en pago por sus pecados.
Nueva Traducción Viviente
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