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Capítulo 15
Jerusalén, una vid inútil
1 Luego recibí este mensaje del SEÑOR: 2 «Hijo de hombre, ¿cómo se compara una vid con un árbol? ¿Es la madera de una vid tan útil como la de un árbol? 3 ¿Sirve su madera para hacer objetos, como ganchos para colgar ollas y sartenes? 4 No, sólo sirve para leña y aun como leña se consume demasiado rápido. 5 ¡Las vides son inútiles antes y después de arrojarlas al fuego!
6 »Esto dice el SEÑOR Soberano: los habitantes de Jerusalén son como vides que crecen entre los árboles del bosque. Dado que son inútiles, los arrojé al fuego para que se quemen. 7 Si escapan de un fuego, me encargaré de que caigan en otro. Cuando me ponga en su contra, ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR. 8 Haré que el país quede desolado porque mi pueblo me ha sido infiel. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!».
Nueva Traducción Viviente
Capítulo 14
Idolatría de los líderes de Israel
1 Después me visitaron algunos de los líderes de Israel y, mientras estaban sentados conmigo, 2 recibí este mensaje del SEÑOR: 3 «Hijo de hombre, estos líderes han levantado ídolos en su corazón. Se han entregado a cosas que los harán caer en pecado. ¿Por qué habría de escuchar sus peticiones? 4 Diles: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘Los israelitas han levantado ídolos en su corazón y han caído en pecado y después corren a consultar a un profeta. Así que yo, el SEÑOR, les daré la clase de respuesta que merece su gran idolatría 5 a fin de conquistar la mente y el corazón de mi pueblo, que me ha abandonado para rendir culto a sus ídolos detestables’ ”.
6 »Por lo tanto, dile a los israelitas: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘Arrepiéntanse y abandonen sus ídolos, y dejen de cometer ya sus pecados detestables. 7 Yo, el SEÑOR, les responderé a todos —sean israelitas o extranjeros— los que me rechazan y levantan ídolos en su corazón y así caen en pecado, y después van a consultar a un profeta en busca de mi consejo. 8 Me pondré en contra de esas personas y haré de ellas un ejemplo espantoso cuando las elimine de mi pueblo. Entonces ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR.
9 »’Además, si un profeta es engañado para que dé un mensaje, es porque yo, el SEÑOR, engañé a ese profeta. Alzaré mi puño contra esos profetas y los eliminaré de la comunidad de Israel. 10 Tanto los falsos profetas como quienes los consultan serán castigados por sus pecados. 11 De este modo, los israelitas aprenderán a no alejarse de mí y por tanto a no contaminarse con el pecado. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!’ ”».
Certeza del castigo del SEÑOR
12 Luego recibí este mensaje del SEÑOR: 13 «Hijo de hombre, supongamos que los habitantes de un país pecaran contra mí y yo alzara mi puño para aplastarlos al cortarles la provisión de alimento y al hacerles pasar un hambre que destruyera tanto a personas como a animales. 14 Aunque Noé, Daniel y Job estuvieran allí, su justicia los salvaría sólo a ellos y no a ningún otro, dice el SEÑOR Soberano.
15 »O supongamos que yo les enviara animales salvajes que invadieran el país, mataran a los habitantes y dejaran la tierra desolada y demasiado peligrosa para ser transitada. 16 Tan cierto como que yo vivo, dice el SEÑOR Soberano, aunque esos tres hombres estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Se salvarían sólo ellos tres, pero la tierra quedaría desolada.
17 »O supongamos que yo provocara guerra contra el país y mandara ejércitos enemigos para destruir tanto a personas como a animales. 18 Tan cierto como que yo vivo, dice el SEÑOR Soberano, aunque esos tres hombres estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Sólo ellos tres se salvarían.
19 »O supongamos que yo derramara mi furia y enviara una epidemia al país que matara tanto a personas como a animales. 20 Tan cierto como que yo vivo, dice el SEÑOR Soberano, aunque Noé, Daniel y Job estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Sólo ellos tres se salvarían por causa de su justicia.
21 »Ahora esto dice el SEÑOR Soberano: ¡qué terrible será cuando estos cuatro castigos espantosos caigan sobre Jerusalén —guerra, hambre, animales salvajes y enfermedades— y destruyan a todos sus habitantes y a los animales! 22 Sin embargo, habrá sobrevivientes, quienes vendrán aquí, desterrados como ustedes en Babilonia. Ustedes verán con sus propios ojos lo perversos que ellos son y entonces no se sentirán tan mal por lo que hice en Jerusalén. 23 Cuando se reúnan con ellos y vean cómo se comportan, entenderán que lo que hice a Israel no fue sin motivo. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!»....
Meditación
”Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28)
Este es uno de aquellos versículos que más nos asombran, especialmente cuando el camino es áspero y difícil. Mientras el viento sopla suavemente, no es difícil decir: “Señor, creo”. Pero cuando las tormentas de la vida se levantan y azotan contra nosotros, decimos: “Ayuda a mi incredulidad”.
Y aún así sabemos que el versículo es verdad. Dios hace que todas las cosas ayuden a bien. Lo sabemos porque la Biblia lo declara. La fe se lo apropia, aún cuando no puede ver o entender.
Sabemos que es verdad por causa del carácter de Dios. Si Él es un Dios de amor, sabiduría y poder infinitos, entonces Él está planeando y trabajando para nuestro bien supremo.
Sabemos que es verdad porque ésta ha sido siempre la experiencia del pueblo de Dios. Se cuenta la historia del único sobreviviente de un naufragio que fue arrojado a una isla deshabitada. Hizo lo que pudo para construirse una choza, en la que puso todo lo que había salvado de la tragedia. Oró a Dios para que fuera libertado y cada día oteaba ansiosamente el horizonte para hacer señas a cualquier barco que pasara. Un día se horrorizó al encontrar que su choza ardía en llamas; todo lo que tenía se elevaba en humos. Pero aquello que parecía ser lo peor, en realidad fue lo mejor. “Vimos su señal de humo”, dijo el capitán del barco que vino en su rescate. Recordemos que si nuestras vidas están en las manos de Dios: “Todas las cosas ayudan a bien”.
Cierto es que hay veces cuando la fe vacila, la carga parece insoportable y la oscuridad impenetrable. En nuestra desesperación nos preguntamos: “¿Qué bien puede salir de todo esto?” Hay una respuesta: El bien que Dios está haciendo lo encontramos en el versículo que sigue (Ro. 8:29), “para ser hechos conformes a la imagen de su Hijo”. Es como el cincel de un escultor con el que desprende trozos de mármol hasta que al fin aparece la imagen del hombre. Y es así que los golpes de la vida hacen astillas todo lo que es indigno en nosotros para que podamos ser transformados a Su bendita semejanza.
Así que si no puedes encontrar ningún otro bien en las crisis de la vida, recuerda éste: ser conformado a Su semejanza.
Capítulo 13
Juicio contra los falsos profetas
1 Después recibí este mensaje del SEÑOR: 2 «Hijo de hombre, profetiza contra los falsos profetas de Israel que inventan sus propias profecías. Diles: “Escuchen la palabra del SEÑOR. 3 Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘¡Qué aflicción les espera a los falsos profetas que siguen su propia imaginación y no han visto absolutamente nada!’ ”.
4 »“Oh pueblo de Israel, estos profetas tuyos son como chacales que escarban en las ruinas. 5 No han hecho nada para reparar las grietas de las murallas que rodean la nación. No la han ayudado a mantenerse firme en la batalla el día del SEÑOR. 6 En cambio, han mentido y han hecho predicciones falsas. Dicen: ‘Este mensaje es del SEÑOR’, aunque el SEÑOR nunca los envió. ¡Y todavía esperan que el SEÑOR cumpla las profecías de ellos! 7 ¿No son acaso totalmente falsas sus visiones si ustedes afirman: ‘Este mensaje es del SEÑOR’, cuando yo ni siquiera les he hablado?
8 »”Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Soberano: lo que ustedes afirman es falso y sus visiones son mentira, por eso yo me pondré en contra de ustedes, dice el SEÑOR Soberano. 9 Alzaré mi puño contra todos los profetas que tengan visiones falsas y hagan predicciones mentirosas, y serán expulsados de la comunidad de Israel. Tacharé sus nombres de los registros de Israel, y jamás volverán a pisar su propia tierra. Entonces ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR Soberano.
10 »”Esto ocurrirá porque estos profetas malvados engañan a mi pueblo cuando dicen: ‘Todo está en paz’, ¡pero en realidad no hay paz en absoluto! Es como si el pueblo hubiera construido un muro frágil, ¡y estos profetas pretenden reforzarlo cubriéndolo con cal! 11 Diles a esos que pintan con cal que pronto se les derrumbará el muro. Una lluvia torrencial debilitará sus cimientos; fuertes tormentas de granizo y vientos impetuosos lo demolerán. 12 Entonces, cuando caiga el muro, la gente exclamará: ‘¿Qué pasó con la cal que pusieron ustedes?’.
13 »”Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Soberano: arrasaré su muro blanqueado con una tormenta de indignación, una gran inundación de enojo y una granizada de furia. 14 Derribaré su muro hasta los cimientos y cuando caiga los aplastará a ustedes. Entonces sabrán que yo soy el SEÑOR. 15 Por fin se saciará mi enojo contra el muro y quienes lo blanquearon con cal. Luego les diré a ustedes: ‘Ya desaparecieron el muro y quienes lo blanquearon con cal. 16 Eran los profetas mentirosos que afirmaban que la paz llegaría a Jerusalén, cuando no había paz. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!’ ”.
Juicio contra las falsas profetisas
17 »Ahora, hijo de hombre, denuncia a las mujeres que profetizan según su propia imaginación. 18 Esto dice el SEÑOR Soberano: “Qué aflicción les espera a ustedes, mujeres, que atrapan el alma de mi pueblo, tanto de los jóvenes como de los mayores. Les atan amuletos mágicos en las muñecas y les dan velos mágicos para la cabeza. ¿Acaso piensan que pueden atrapar a otros sin provocar su propia destrucción? 19 Ustedes me deshonran delante de mi pueblo por unos puñados de cebada o un trozo de pan. Al mentirle a mi pueblo —que disfruta de las mentiras—, ustedes matan a quienes no deben morir y prometen vida a quienes no deben vivir”.
20 »Esto dice el SEÑOR Soberano: “Estoy en contra de sus amuletos mágicos, esos que se usan para atrapar a mi pueblo como a pájaros. Yo se los arrancaré de los brazos y liberaré a mi pueblo como se libera a un pájaro de la jaula. 21 Les quitaré los velos mágicos y rescataré a mi pueblo de las garras de ustedes. Ellos ya no serán más sus víctimas. Entonces ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR. 22 Con sus mentiras desalentaron a los justos, pero yo no quería que estuvieran tristes; ustedes alentaron a los perversos al prometerles...
Capítulo 12
Señales del próximo destierro
1 Nuevamente recibí un mensaje del SEÑOR: 2 «Hijo de hombre, tú vives entre rebeldes que tienen ojos pero se niegan a ver; tienen oídos pero se niegan a oír, porque son un pueblo rebelde.
3 »De modo que ahora, hijo de hombre, haz como si te enviaran al destierro. Prepara tu equipaje con las pocas pertenencias que podría llevarse un desterrado y sal de tu casa para ir a otro lugar. Hazlo a la vista de todos para que te vean. Pues quizás presten atención a eso, por muy rebeldes que sean. 4 Saca tu equipaje en pleno día para que te vean. Luego, por la tarde, mientras aún estén mirándote, sal de tu casa como lo hacen los cautivos cuando inician una larga marcha a tierras lejanas. 5 Cava un hueco en la muralla a la vista de todos y sal por ese hueco. 6 Mientras todos observan, carga el equipaje sobre los hombros y aléjate caminando en la oscuridad de la noche. Cúbrete el rostro para que no puedas ver la tierra que dejas atrás. Pues yo he hecho de ti una señal para el pueblo de Israel».
7 Por lo tanto, hice lo que se me ordenó. A plena luz del día, saqué mi equipaje, lleno de cosas que llevaría al destierro. Por la tarde, mientras el pueblo seguía observando, cavé con las manos un hueco en la muralla y salí en la oscuridad de la noche con el equipaje sobre los hombros.
8 A la mañana siguiente, recibí este mensaje del SEÑOR: 9 «Hijo de hombre, esos rebeldes —el pueblo de Israel— te han preguntado qué significa todo lo que haces. 10 Diles: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘Estas acciones contienen un mensaje para el rey Sedequías, en Jerusalén, y para todo el pueblo de Israel’ ”. 11 Explica, entonces, que tus acciones son una señal para mostrar lo que pronto les sucederá a ellos, pues serán llevados cautivos al destierro.
12 »Hasta Sedequías se irá de Jerusalén de noche por un hueco en la muralla, cargando sólo lo que pueda llevar consigo. Se cubrirá el rostro y sus ojos no verán la tierra que deja atrás. 13 Luego lanzaré mi red sobre él y lo capturaré con mi trampa. Lo llevaré a Babilonia, el territorio de los babilonios, aunque él nunca lo verá y allí morirá. 14 Esparciré a los cuatro vientos a sus siervos y guerreros, y mandaré la espada tras ellos. 15 Entonces, cuando los disperse entre las naciones, sabrán que yo soy el SEÑOR. 16 No obstante, a algunos los libraré de morir en la guerra o por enfermedades o de hambre, para que confiesen sus pecados detestables a sus captores. ¡Entonces sabrán que yo soy el SEÑOR!».
17 Luego recibí este mensaje del SEÑOR: 18 «Hijo de hombre, estremécete al comer tu alimento; tiembla de miedo al beber tu agua. 19 Dile al pueblo: “Esto dice el SEÑOR Soberano acerca de los que viven en Israel y Jerusalén: ‘Con temblor comerán su alimento y con desesperación beberán su agua, porque la tierra quedará arrasada a causa de la violencia de sus habitantes. 20 Las ciudades serán destruidas y los campos quedarán hechos desiertos. Entonces ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR’ ”».
Nuevo proverbio para Israel
21 Nuevamente recibí un mensaje del SEÑOR: 22 «Hijo de hombre, has oído ese proverbio que citan en Israel: “El tiempo pasa y las profecías quedan en nada”. 23 Dile al pueblo: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘Pondré fin a este proverbio y pronto dejarán de citarlo’ ”. Ahora dales este nuevo proverbio en reemplazo del otro: “¡Ha llegado la hora de que se cumplan todas las profecías!”.
24 »Ya no habrá más visiones falsas ni predicciones aduladoras en Israel. 25 ¡Pues yo soy el SEÑOR! Si yo lo digo, sucederá. Ya no habrá más demora para ustedes, rebeldes de Israel. Cumpliré mi amenaza de destrucción durante los años de su vida. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!».
26 Luego recibí este mensaje del...
Capítulo 11
Juicio a los líderes de Israel
1 Luego el Espíritu me levantó y me llevó a la entrada oriental del templo del SEÑOR, donde vi a veinticinco hombres prominentes de la ciudad. Entre ellos estaban Jaazanías, hijo de Azur, y Pelatías, hijo de Benaía, quienes eran líderes del pueblo.
2 El Espíritu me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que piensan hacer maldades y dan consejos perversos en esta ciudad. 3 Le dicen al pueblo: “¿Acaso no es un buen momento para construir casas? Esta ciudad es como una olla de hierro. Aquí adentro estamos a salvo, como la carne en la olla”. 4 Por lo tanto, hijo de hombre, profetiza contra ellos en forma clara y a viva voz».
5 Entonces vino sobre mí el Espíritu del SEÑOR, y me ordenó que dijera: «Esto dice el SEÑOR a los habitantes de Israel: “Yo sé lo que ustedes hablan, porque conozco cada pensamiento que les viene a la mente. 6 Ustedes asesinaron a muchos en esta ciudad y llenaron las calles con cadáveres.
7 »”Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Soberano: es cierto que esta ciudad es una olla de hierro, pero los trozos de carne son las víctimas de la injusticia de ustedes. En cuanto a ustedes, pronto los sacaré a rastras de esta olla. 8 Les haré caer la espada de la guerra que tanto temen, dice el SEÑOR Soberano. 9 Los expulsaré de Jerusalén y los entregaré a extranjeros que ejecutarán mis castigos contra ustedes. 10 Serán masacrados hasta las fronteras de Israel. Ejecutaré juicio contra ustedes y sabrán que yo soy el SEÑOR. 11 No, esta ciudad no será una olla de hierro para ustedes ni estarán a salvo como la carne dentro de ella. Los juzgaré, incluso hasta las fronteras de Israel, 12 y sabrán que yo soy el SEÑOR. Pues se negaron a obedecer mis decretos y ordenanzas; en cambio, han imitado las costumbres de las naciones que los rodean”».
13 Mientras yo aún profetizaba, murió de repente Pelatías, hijo de Benaía. Entonces caí rostro en tierra y clamé: «Oh Soberano SEÑOR, ¿vas a matar a todos en Israel?».
Esperanza para Israel en el destierro
14 Luego recibí este mensaje del SEÑOR: 15 «Hijo de hombre, el pueblo que aún queda en Jerusalén habla de ti, de tus parientes y de todos los israelitas desterrados. Dicen: “¡Ellos están lejos del SEÑOR, así que ahora él nos ha dado a nosotros la tierra que les pertenecía!”.
16 »Por lo tanto, diles a los desterrados: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘A pesar de que los esparcí por los países del mundo, yo seré un santuario para ustedes durante su tiempo en el destierro. 17 Yo, el SEÑOR Soberano, los reuniré de entre las naciones adonde fueron esparcidos y les daré una vez más el territorio de Israel’ ”.
18 »Cuando los israelitas regresen a su patria, quitarán todo rastro de sus imágenes repugnantes y sus ídolos detestables. 19 Les daré integridad de corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Les quitaré su terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo, 20 para que obedezcan mis decretos y ordenanzas. Entonces, verdaderamente serán mi pueblo y yo seré su Dios. 21 Sin embargo, a todos los que añoren las imágenes repugnantes y los ídolos detestables, les daré su merecido por sus pecados. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!».
La gloria del SEÑOR abandona a Jerusalén
22 Luego los querubines desplegaron las alas y se elevaron por el aire con las ruedas junto a ellos y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos. 23 Entonces la gloria del SEÑOR se levantó de la ciudad y se detuvo sobre la montaña que está al oriente.
24 Después el Espíritu de Dios me llevó de regreso a Babilonia, al pueblo desterrado. Así terminó la visión de mi visita a Jerusalén. 25 Entonces les relaté a los desterrados todo lo que el SEÑOR me había...
Capítulo 10
La gloria del SEÑOR abandona el templo
1 En mi visión, vi que, por encima de la superficie de cristal que estaba sobre las cabezas de los querubines, había algo que parecía un trono de lapislázuli. 2 Entonces el SEÑOR le habló al hombre vestido de lino y le dijo: «Métete entre las ruedas que giran debajo de los querubines, toma un puñado de carbones encendidos y espárcelos sobre la ciudad». Así que el hombre lo hizo mientras yo observaba.
3 Cuando el hombre entró allí, los querubines estaban de pie en la parte sur del templo y la nube de gloria llenaba el atrio interior. 4 Entonces la gloria del SEÑOR se elevó por encima de los querubines y se dirigió hacia la puerta del templo. El templo se llenó con esa nube de gloria y el atrio resplandeció con la gloria del SEÑOR. 5 El sonido de las alas de los querubines sonaban como la voz del Dios Todopoderoso y podía oírse hasta en el atrio exterior.
6 El SEÑOR le dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre los querubines y toma algunos carbones encendidos de entre las ruedas». Entonces el hombre entró y se paró junto a una de las ruedas. 7 Luego uno de los querubines extendió la mano y tomó algunas brasas de en medio del fuego que ardía entre ellos. Puso las brasas en las manos del hombre vestido de lino y el hombre las tomó y salió de allí. 8 (Todos los querubines tenían debajo de sus alas lo que parecían ser manos humanas).
9 Me fijé y cada uno de los cuatro querubines tenía una rueda a su lado y las ruedas brillaban como el berilo. 10 Las cuatro ruedas eran semejantes entre sí y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda que giraba en forma transversal. 11 Los querubines podían avanzar de frente en las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. Iban derecho en la dirección que tuvieran frente a ellos y nunca se desviaban. 12 Tanto los querubines como las ruedas estaban cubiertos de ojos. Los querubines tenían ojos por todo el cuerpo, incluso las manos, la espalda y las alas. 13 Oí que alguien hablaba de las ruedas como «las ruedas que giran». 14 Cada uno de los cuatro querubines tenía cuatro caras: la primera era la cara de un buey, la segunda era una cara humana, la tercera era la cara de un león y la cuarta era la cara de un águila.
15 Luego los querubines se elevaron. Eran los mismos seres vivientes que yo había visto junto al río Quebar. 16 Cuando los querubines se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando elevaban las alas para volar, las ruedas permanecían con ellos. 17 Cuando los querubines se detenían, las ruedas también se detenían. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas subían, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
18 Luego la gloria del SEÑOR salió de la puerta del templo y se sostenía en el aire por encima de los querubines. 19 Entonces, mientras yo observaba, los querubines volaron con sus ruedas a la puerta oriental del templo del SEÑOR y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos.
20 Eran los mismos seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel cuando me encontraba junto al río Quebar. Sabía que eran querubines, 21 porque cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas y lo que parecían ser manos humanas debajo de las alas. 22 Además, sus caras eran como las caras de los seres que yo había visto junto al Quebar y se movían de frente y hacia adelante, tal como los otros.
Nueva Traducción Viviente
Meditación
“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.”
(1 Timoteo 3:16)
El misterio es grande, no porque sea enigmático sino porque es asombroso. El misterio es la verdad extraordinaria que “Dios fue manifestado en carne”.
Significa, por ejemplo, que el Eterno nació en un mundo donde hay tiempo, y vivió en una esfera de calendarios y relojes.
Aquel que es Omnipresente y capaz de estar en todos los lugares al mismo tiempo, se confinó a Sí mismo a un solo lugar: Belén, Nazaret, Capernaum o Jerusalén.
Es maravilloso pensar que el Dios Grande, que llena el cielo y la tierra se comprimiera en un cuerpo humano. Cuando los hombres le miraban podían decir con precisión: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”.
El misterio nos recuerda que el Creador visitó este insignificante planeta llamado Tierra. Siendo tan sólo una partícula de polvo cósmico, en comparación con el resto del universo, no obstante, pasó por alto el resto para llegar aquí. ¡Del palacio del cielo a un establo, a un pesebre!
El Omnipresente se convirtió en un indefenso Bebé. No es exagerado decir que Aquel a quién María sostenía en sus brazos también sostenía a María, porque Él es el Sustentador así como el Hacedor.
El Omnisciente es la fuente de toda sabiduría y conocimiento y a pesar de esto, leemos acerca de Él que, siendo Niño, crecía en sabiduría y conocimiento. Es casi increíble pensar que el Dueño de todo llegaba como alguien inoportuno a sus propias posesiones. No hubo lugar para Él en el mesón. El mundo no le conoció, los Suyos no le recibieron.
El Amo llegó al mundo como un Siervo. El Señor de la gloria veló Su gloria en un cuerpo de carne. El Señor de la vida vino al mundo a morir. El Santo se internó en una jungla de pecado. Aquel que es infinitamente alto llegó a ser íntimamente cercano. El Objeto de la delicia del Padre y de la adoración angélica se encontró hambriento, sediento y cansado, junto al pozo de Jacob, durmió en una barca en Galilea y vagó “como un extranjero sin hogar en el mundo que Sus manos habían hecho”. Vino del lujo a la pobreza, sin tener siquiera un lugar donde reclinar su cabeza. Trabajó como carpintero. Jamás durmió en un colchón. Nunca tuvo agua corriente caliente y fría u otras comodidades que nosotros damos por sentado.
¡Y todo fue por ti y por mí! ¡Oh ven, adorémosle!
Viviendo me amó; por Su muerte me salvó;
Sepultado, mi pecado lejos llevó;
Resucitando, para siempre me justificó:
Un día volverá: ¡qué día glorioso será!
Charles H. Marsh
Capítulo 9
Masacre de los idólatras
1 Entonces el SEÑOR dijo con voz de trueno: «¡Traigan a los hombres designados para castigar la ciudad! ¡Díganles que vengan con sus armas!». 2 Pronto entraron seis hombres por la puerta superior que da al norte y cada uno llevaba un arma mortal en la mano. Con ellos había un hombre vestido de lino, que llevaba un estuche de escriba en la cintura. Todos se dirigieron al atrio del templo y se pusieron de pie junto al altar de bronce.
3 Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de entre los querubines, donde había reposado, y se movió hacia la entrada del templo. Luego el SEÑOR llamó al hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba. 4 Le dijo: «Recorre las calles de Jerusalén y pon una marca en la frente de todos los que lloren y suspiren por los pecados detestables que se cometen en la ciudad».
5 Luego oí al SEÑOR decir a los demás hombres: «Síganlo por toda la ciudad y maten a todos los que no tengan la marca en la frente. ¡No tengan compasión! ¡No tengan lástima de nadie! 6 Mátenlos a todos: ancianos, jóvenes, muchachas, mujeres y niños. Sin embargo, no toquen a ninguno que tenga la marca. Comiencen aquí mismo, en el templo». Entonces ellos comenzaron matando a los setenta líderes.
7 «¡Contaminen el templo! —mandó el SEÑOR—. Llenen los atrios con cadáveres. ¡Vayan!». Entonces ellos salieron y comenzaron la masacre por toda la ciudad.
8 Mientras mataban a la gente, yo me quedé solo. Caí con el rostro en tierra y clamé:
—¡Oh Soberano SEÑOR! ¿Acaso tu furia contra Jerusalén destruirá a todos los que queden en Israel?
9 Me contestó:
—Los pecados del pueblo de Israel y Judá son muy, pero muy grandes. La tierra está llena de homicidios; la ciudad está colmada de injusticia. Ellos dicen: “¡El SEÑOR no lo ve! ¡El SEÑOR ha abandonado esta tierra!”. 10 Por eso no les perdonaré la vida ni les tendré compasión. Les daré todo su merecido por lo que han hecho.
11 Luego regresó el hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba, e informó: «Ya hice lo que me ordenaste».
Nueva Traducción Viviente
Capítulo 8
Idolatría en el templo
1 Después, el 17 de septiembre, durante el sexto año de cautividad del rey Joaquín, mientras los líderes de Judá estaban en mi casa, el SEÑOR Soberano puso su mano sobre mí. 2 Vi una figura con apariencia de hombre. De lo que parecía ser su cintura para abajo, parecía una llama encendida. De la cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente. 3 Extendió algo que parecía ser una mano y me tomó del cabello. Luego el Espíritu me elevó al cielo y me transportó a Jerusalén en una visión que procedía de Dios. Me llevó a la puerta norte del atrio interior del templo, donde hay un ídolo grande que ha provocado los celos del SEÑOR. 4 De pronto, estaba allí la gloria del Dios de Israel, tal como yo la había visto antes en el valle.
5 Entonces el SEÑOR me dijo: «Hijo de hombre, mira hacia el norte». Así que miré hacia el norte y, junto a la entrada de la puerta que está cerca del altar, estaba el ídolo que tanto había provocado los celos del SEÑOR.
6 «Hijo de hombre —me dijo—, ¿ves lo que hacen? ¿Ves los pecados detestables que cometen los israelitas para sacarme de mi templo? ¡Pero ven y verás pecados aún más detestables que éstos!». 7 Luego me llevó a la puerta del atrio del templo, donde pude ver un hueco en el muro. 8 Me dijo: «Ahora, hijo de hombre, cava en el muro». Entonces cavé en el muro y hallé una entrada escondida.
9 «¡Entra —me dijo—, y mira los pecados perversos y detestables que cometen ahí!». 10 Entonces entré y vi las paredes grabadas con toda clase de reptiles y criaturas detestables. También vi los diversos ídolos a los que rendía culto el pueblo de Israel. 11 Allí había de pie setenta líderes de Israel y en el centro estaba Jaazanías, hijo de Safán. Todos tenían en la mano un recipiente para quemar incienso y de cada recipiente se elevaba una nube de incienso por encima de sus cabezas.
12 Entonces el SEÑOR me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto lo que los líderes de Israel hacen con sus ídolos en los rincones oscuros? Dicen: “¡El SEÑOR no nos ve; él ha abandonado nuestra tierra!”». 13 Entonces el SEÑOR agregó: «¡Ven y te mostraré pecados aún más detestables que éstos!».
14 Así que me llevó a la puerta norte del templo del SEÑOR; allí estaban sentadas algunas mujeres, sollozando por el dios Tamuz. 15 «¿Has visto esto? —me preguntó—. ¡Pero te mostraré pecados aún más detestables!».
16 Entonces me llevó al atrio interior del templo del SEÑOR. En la entrada del santuario, entre la antesala y el altar de bronce, había unos veinticinco hombres de espaldas al santuario del SEÑOR. ¡Estaban inclinados hacia el oriente, rindiendo culto al sol!
17 «¿Ves esto, hijo de hombre? —me preguntó—. ¿No le importa nada al pueblo de Judá cometer estos pecados detestables con los cuales llevan a la nación a la violencia y se burlan de mí y provocan mi enojo? 18 Por lo tanto, responderé con furia. No les tendré compasión ni les perdonaré la vida y por más que clamen por misericordia, no los escucharé».
Nueva Traducción Viviente
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