Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • Ezequiel 7

    Capítulo 7

    Ya viene el fin


    1 Después recibí este mensaje del SEÑOR: 2 «Hijo de hombre, esto dice el SEÑOR Soberano a Israel:


    »¡Ya llegó el fin!

    Dondequiera que mires

    —al oriente, al occidente, al norte o al sur—

    tu tierra está acabada.

    3 No queda esperanza,

    porque desataré mi enojo contra ti.

    Te llamaré a rendir cuentas

    de todos tus pecados detestables.

    4 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.

    Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.

    Entonces sabrás que yo soy el SEÑOR.


    5 »Esto dice el SEÑOR Soberano:

    ¡Desastre tras desastre

    se te acerca!

    6 El fin ha llegado.

    Finalmente llegó.

    ¡Te espera la condenación final!

    7 Oh pueblo de Israel, ya amanece el día de tu destrucción.

    Ha llegado la hora; está cerca el día de dificultad.

    En las montañas se oirán gritos de angustia,

    no serán gritos de alegría.

    8 Pronto derramaré mi furia sobre ti

    y contra ti desataré mi enojo.

    Te llamaré a rendir cuentas

    de todos tus pecados detestables.

    9 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.

    Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.

    Entonces sabrás que soy yo, el SEÑOR,

    quien da el golpe.


    10 »¡El día del juicio ha llegado;

    tu destrucción está a la puerta!

    La perversidad y la soberbia de la gente

    han florecido en pleno.

    11 La violencia de ellos se ha transformado en una vara

    que los azotará por su perversidad.

    Ninguno de esos orgullosos y perversos sobrevivirá.

    Toda su riqueza y prestigio se esfumará.

    12 Sí, ha llegado la hora,

    ¡este es el día!

    Que los comerciantes no se alegren por las ofertas,

    ni los vendedores lamenten sus pérdidas,

    porque todos ellos caerán

    bajo mi enojo terrible.

    13 Aunque los mercaderes sobrevivan,

    jamás regresarán a sus negocios.

    Pues lo que Dios ha dicho se aplica a todos sin excepción,

    ¡no se cambiará!

    Ninguna persona que viva descarriada por el pecado

    se recuperará jamás.


    Desolación de Israel


    14 »Suena la trompeta para movilizar al ejército de Israel,

    pero nadie presta atención,

    porque me he enfurecido contra todos ellos.

    15 Fuera de la ciudad hay guerra,

    y dentro de la ciudad, enfermedades y hambre.

    Los que estén fuera de las murallas de la ciudad

    morirán al filo de las espadas enemigas.

    Los que estén dentro de la ciudad

    morirán de hambre y enfermedades.

    16 Los sobrevivientes que escapen hacia las montañas

    gemirán como palomas, sollozando por sus pecados.

    17 Sus manos colgarán sin fuerza,

    las rodillas les quedarán débiles como el agua.

    18 Se vestirán de tela áspera;

    el horror y la vergüenza los cubrirán.

    Se afeitarán la cabeza

    en señal de dolor y remordimiento.


    19 »Arrojarán su dinero a la calle,

    lo tirarán como si fuera basura.

    Ni su oro ni su plata los salvará

    cuando llegue ese día del enojo del SEÑOR.

    No los saciarán ni los alimentarán,

    porque su avaricia sólo los hace tropezar.

    20 Estaban orgullosos de sus hermosas joyas

    y con ellas hicieron...

    7 min
  • Ezequiel 6

    Capítulo 6

    Juicio contra los montes de Israel


    1 Nuevamente recibí un mensaje del SEÑOR: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Proclama este mensaje de parte del SEÑOR Soberano contra los montes de Israel. Esto dice el SEÑOR Soberano a los montes y a las colinas, a los barrancos y a los valles: “Estoy por provocar guerra contra ustedes y aplastaré sus santuarios paganos. 4 Todos sus altares serán demolidos y sus lugares de culto quedarán destruidos. Mataré a la gente delante de sus ídolos. 5 Arrojaré los cadáveres delante de sus ídolos y desparramaré sus huesos alrededor de sus altares. 6 Dondequiera que vivan, habrá desolación y destruiré sus santuarios paganos. Sus altares serán demolidos; sus ídolos, aplastados; sus lugares de culto, derribados y todos los objetos religiosos que hayan hecho, destruidos. 7 El lugar quedará sembrado de cadáveres y sabrán que sólo yo soy el SEÑOR.

    8 »”Sin embargo, permitiré que algunos de mi pueblo escapen de la destrucción y esos pocos serán esparcidos entre las naciones del mundo. 9 Luego, cuando estén desterrados entre las naciones, se acordarán de mí. Reconocerán cuánto me duele la infidelidad de su corazón y la lujuria de sus ojos que anhelan a sus ídolos. Entonces, al fin, se odiarán a sí mismos por todos sus pecados detestables. 10 Sabrán que sólo yo soy el SEÑOR y que hablaba en serio cuando dije que traería esta calamidad sobre ellos.

    11 »”Esto dice el SEÑOR Soberano: den palmadas y pataleen en señal de horror. Griten por todos los pecados detestables que ha cometido el pueblo de Israel. Ahora morirán por la guerra, el hambre y la enfermedad: 12 la enfermedad herirá de muerte a los que estén desterrados en lugares lejanos; la guerra destruirá a quienes estén cerca y cualquiera que sobreviva morirá a causa del hambre. Entonces, por fin desahogaré mi furia en ellos. 13 Sabrán que yo soy el SEÑOR cuando sus muertos queden esparcidos en medio de sus ídolos y en torno a sus altares, sobre cada colina y montaña y debajo de todo árbol frondoso y cada árbol grande que da sombra, es decir, en los lugares donde ofrecían sacrificios a sus ídolos. 14 Los aplastaré y dejaré desoladas sus ciudades, desde el desierto del sur hasta Ribla, en el norte. Entonces sabrán que yo soy el SEÑOR».



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Ezequiel 5


    Capítulo 5


    Señal del juicio que viene


    1 »Hijo de hombre, toma una espada afilada y úsala como navaja para afeitarte la cabeza y la barba. Toma una balanza y pesa el cabello en tres partes iguales. 2 Coloca una tercera parte del cabello en el centro del mapa que hiciste de Jerusalén. Después de representar el ataque a la ciudad, quémalo allí. Esparce otra tercera parte del cabello por todo el mapa y córtalo con una espada. Arroja la otra tercera parte al viento, porque yo esparciré a mi pueblo con la espada. 3 Conserva apenas un poquito del cabello y átalo en tu túnica. 4 Luego toma algunos de esos cabellos y arrójalos al fuego para que se consuman. De ese remanente se esparcirá un fuego que destruirá a todo Israel.

    5 »El SEÑOR Soberano dice: esto es una ilustración de lo que le ocurrirá a Jerusalén. Yo la puse en el centro de las naciones, 6 pero ella se rebeló contra mis ordenanzas y decretos, y resultó ser aún más perversa que las naciones vecinas. Se ha negado a obedecer las ordenanzas y los decretos que le di para que siguiera.

    7 »Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Soberano al pueblo: te has comportado peor que tus vecinos y te has negado a obedecer mis decretos y ordenanzas. Ni siquiera has vivido a la altura de las naciones que te rodean. 8 Por lo tanto, ahora, yo mismo, el SEÑOR Soberano, soy tu enemigo. Te castigaré en público, a la vista de todas las naciones. 9 A causa de tus ídolos detestables, te castigaré como nunca he castigado a nadie ni volveré a hacerlo jamás. 10 Los padres se comerán a sus propios hijos y los hijos se comerán a sus padres. Te castigaré y esparciré a los pocos que sobrevivan a los cuatro vientos.

    11 »Tan cierto como que yo vivo dice el SEÑOR Soberano, te eliminaré por completo. No te tendré ninguna lástima porque has contaminado mi templo con tus imágenes repugnantes y tus pecados detestables. 12 Una tercera parte del pueblo morirá de hambre y de enfermedades en la ciudad. Otra tercera parte será masacrada por el enemigo fuera de las murallas de la ciudad. A la otra tercera parte la dispersaré a los cuatro vientos y la perseguiré con mi espada. 13 Entonces por fin mi enojo se habrá desahogado y quedaré satisfecho. Cuando se haya calmado mi furia contra ellos, todo Israel sabrá que yo, el SEÑOR, les hablé enojado de celos.

    14 »Así que te convertiré en ruinas, en una burla ante los ojos de las naciones vecinas y de todos los que pasen por allí. 15 Te volverás objeto de burla, de mofas y de horror. Servirás de advertencia a las naciones que te rodean. Ellas verán lo que sucede cuando el SEÑOR castiga con enojo a una nación y la reprende, dice el SEÑOR.

    16 »Haré que te lluevan las flechas mortales del hambre para destruirte. El hambre se volverá cada vez más terrible hasta que haya desaparecido la última migaja de alimento. 17 Junto con el hambre, te atacarán animales salvajes y te arrebatarán a tus hijos. La enfermedad y la guerra acecharán tu tierra, y mandaré la espada del enemigo contra ti. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!».



    Nueva Traducción Viviente

    5 min
  • Ezequiel 4


    Capítulo 4


    Señal del inminente sitio


    1 »Ahora, hijo de hombre, toma un ladrillo grande de barro y ponlo en el suelo, delante de ti. Luego dibuja en él un mapa de la ciudad de Jerusalén y 2 representa la ciudad bajo ataque. Construye un muro a su alrededor para que nadie pueda escapar. Establece el campamento enemigo y rodea la ciudad con rampas de asalto y arietes. 3 Luego toma una plancha de hierro y colócala entre tú y la ciudad. Dirígete a la ciudad y demuestra lo terrible que será el ataque contra Jerusalén. Esto será una advertencia al pueblo de Israel.

    4 »Ahora acuéstate sobre tu lado izquierdo y pon sobre ti los pecados de Israel. Cargarás con sus pecados todos los días que permanezcas acostado sobre ese lado. 5 Te exijo que cargues con los pecados de Israel durante trescientos noventa días, un día por cada año de su pecado. 6 Cumplido ese tiempo, date vuelta y acuéstate sobre el lado derecho cuarenta días, un día por cada año del pecado de Judá.

    7 »Mientras tanto, mira fijamente el sitio contra Jerusalén. Quédate acostado con el brazo descubierto y profetiza la destrucción de la ciudad. 8 Te ataré con cuerdas para que no puedas moverte de un lado al otro hasta que se hayan cumplido los días del ataque.

    9 »Ahora ve a conseguir algo de trigo, cebada, frijoles, lentejas, mijo y trigo espelta, y mézclalos en un recipiente grande. Con esta mezcla, harás pan para ti durante los trescientos noventa días que estarás acostado sobre tu lado izquierdo. 10 Prepárate raciones de alimento de doscientos veintiocho gramos para cada día y cómelas a determinadas horas. 11 Luego mide una jarra de agua para cada día y bébela a determinadas horas. 12 Prepara este alimento y cómelo como si fuera un pan de cebada. Cocínalo a la vista de todo el pueblo, sobre un fuego encendido con excremento humano seco, y luego cómete el pan». 13 Después el SEÑOR dijo: «¡Así comerán los israelitas pan contaminado en las naciones gentiles adonde los expulsaré!».

    14 Entonces dije: «Oh Soberano SEÑOR, ¿es necesario que me contamine con excremento humano? Pues nunca me he contaminado. Desde que era niño hasta ahora, jamás comí ningún animal que muriera por enfermedad o que fuera muerto por otros animales. Jamás probé ninguna carne prohibida por la ley».

    15 «Está bien —dijo el SEÑOR—. Puedes cocinar tu pan con estiércol de vaca en vez de excremento humano». 16 Luego me dijo: «Hijo de hombre, haré que escasee el alimento en Jerusalén. Tendrán que racionarlo con mucho cuidado y lo comerán con temor. El agua se racionará, gota a gota, y el pueblo la beberá afligido. 17 Por la falta de alimento y de agua, ellos se mirarán unos a otros llenos de terror, y en su castigo se irán consumiendo.



    Nueva Traducción Viviente

    4 min
  • Ezequiel 3


    Capítulo 3


    1 La voz me dijo: «Hijo de hombre, come lo que te doy, ¡cómete este rollo! Luego ve y transmite el mensaje a los israelitas». 2 Así que abrí la boca y él me dio a comer el rollo. 3 «Llénate el estómago con esto», me dijo. Al comerlo, sentí un sabor tan dulce como la miel.

    4 Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve a los israelitas y dales mis mensajes. 5 No te envío a un pueblo de extranjeros que habla un idioma que no comprendes. 6 No, no te envío a gente que habla un idioma extraño y difícil de entender. Si te enviara a esas personas, ¡ellas te escucharían! 7 ¡Pero los israelitas no te escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos son tercos y duros de corazón. 8 Sin embargo, mira, te he hecho tan obstinado y duro de corazón como ellos. 9 ¡Endurecí tu frente tanto como la roca más dura! Por lo tanto, no les tengas miedo ni te asustes con sus miradas furiosas, por muy rebeldes que sean».

    10 Luego agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después ve a tus compatriotas desterrados y diles: “¡Esto dice el SEÑOR Soberano!”. Hazlo, te escuchen o no».

    12 Luego el Espíritu me levantó y oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba. (¡Alabada sea la gloria del SEÑOR en su lugar!). 13 Era el sonido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras y el retumbar de las ruedas debajo de ellos.

    14 El Espíritu me levantó y me sacó de allí. Salí amargado y confundido, pero era fuerte el poder del SEÑOR sobre mí. 15 Luego llegué a la colonia de judíos desterrados en Tel-abib, junto al río Quebar. Estaba atónito y me quedé sentado entre ellos durante siete días.


    Centinela para Israel


    16 Después de siete días, el SEÑOR me dio el siguiente mensaje: 17 «Hijo de hombre, te he puesto como centinela para Israel. Cada vez que recibas un mensaje mío, adviértele a la gente de inmediato. 18 Si les aviso a los perversos: “Ustedes están bajo pena de muerte”, pero tú no les das la advertencia, ellos morirán en sus pecados; y yo te haré responsable de su muerte. 19 Si tú les adviertes, pero ellos se niegan a arrepentirse y siguen pecando, morirán en sus pecados; pero tú te habrás salvado porque me obedeciste.

    20 »Si los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que pongo en su camino, morirán; y si tú no les adviertes, ellos morirán en sus pecados. No se recordará ninguno de sus actos de justicia y te haré responsable de la muerte de esas personas; 21 pero si les adviertes a los justos que no pequen y te hacen caso y no pecan, entonces vivirán, y tú también te habrás salvado».

    22 Luego el SEÑOR puso su mano sobre mí y me dijo: «Levántate y sal al valle, y allí te hablaré». 23 Entonces me levanté y fui. Allí vi la gloria del SEÑOR, tal como la había visto en mi primera visión junto al río Quebar, y caí con el rostro en tierra.

    24 Después el Espíritu entró en mí y me puso de pie. Me habló y me dijo: «Vete a tu casa y enciérrate. 25 Allí, hijo de hombre, te atarán con cuerdas, para que no puedas salir a estar con el pueblo. 26 Haré que la lengua se te pegue al paladar para que quedes mudo y no puedas reprenderlos, porque son rebeldes. 27 Sin embargo, cuando te dé un mensaje, te soltaré la lengua y te dejaré hablar. Entonces les dirás: “¡Esto dice el SEÑOR Soberano!”. Los que quieran escuchar, escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.



    Nueva Traducción Viviente

    6 min
  • Ezequiel 2


    Capítulo 2


    Llamado y encargo de Ezequiel


    1 «Levántate, hijo de hombre —dijo la voz—, quiero hablarte». 2 El Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso de pie. Entonces escuché atentamente sus palabras. 3 «Hijo de hombre —me dijo—, te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de corazón. Ahora te envío a decirles: “¡Esto dice el SEÑOR Soberano!”. 5 Ya sea que te escuchen o se nieguen a escuchar —pues recuerda que son rebeldes—, al menos sabrán que han tenido un profeta entre ellos.

    6 »Hijo de hombre, no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas aunque sus amenazas te rodeen como ortigas, zarzas y escorpiones venenosos. No te desanimes por sus ceños fruncidos, por muy rebeldes que ellos sean. 7 Debes darles mis mensajes, te escuchen o no. Sin embargo, no te escucharán, ¡porque son totalmente rebeldes! 8 Hijo de hombre, presta atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te doy».

    9 Luego miré y vi que se me acercaba una mano que sostenía un rollo, 10 el cual él abrió. Entonces vi que estaba escrito en ambos lados con cantos fúnebres, lamentos y declaraciones de condena.



    Nueva Traducción Viviente

    3 min
  • "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo." (2Corintios 4:6)

    Meditación

    "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo." (2Corintios 4:6)

    “Dios resplandeció... para iluminación”. De aquí aprendemos que no debemos creer que somos las terminales de las bendiciones de Dios sino solamente los canales. La expresión: “Dios resplandeció”, se refiere a nuestra conversión. Mientras que en la creación original mandó que la luz resplandeciera, en la nueva creación Él mismo ha resplandecido en nuestros corazones.

    Pero hizo esto no para que acaparáramos egoístamente la marea de sus bendiciones, sino para que el conocimiento de su gloria en la faz de Jesucristo pudiera darse a conocer a los demás por medio de nosotros.

    De modo similar, Pablo hablaba de cómo Dios había revelado: “su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles...” (Gá. 1:16). Dios revela a Su Hijo en nosotros para que podamos darlo a conocer a los demás. Cuando entendí la verdad de esto hace algunos años, escribí en mi Biblia:

    Si de Jesús lo único que ven,

    Fuese lo que ven en ti, (..pon tu nombre aquí...), ¿qué es lo que ven?

    No es de sorprenderse que MacPherson dijera: “La predicación es algo augusto, sublime y sobrecogedor, una acción sobrenatural, la transmisión de una Persona a través de una persona a una compañía de personas, la Persona así transmitida es el Jesús eterno”.

    MacPherson lo ilustraba por medio de un incidente ocurrido cuando el rey Jorge V estaba hablando por la radio y sus palabras estaban siendo retransmitidas a América. Un cable muy importante se rompió en la estación de New York, llenando de pánico al personal. “Entonces Harold Vivien, un joven mecánico vio en aquel momento qué hacer. Asiendo con sus manos los extremos del cable roto, los sostuvo con valentía, mientras la corriente transmitía el mensaje real. La carga eléctrica, que era de doscientos cincuenta voltios, sacudían su cuerpo, convulsionándole de pies a cabeza y causándole dolores considerables. Pero él no aflojó la mano. Resuelta y desesperadamente se aferró al cable hasta que la gente terminó de escuchar al rey”.

    Sólo canales, bendito Maestro, Pero con Tu poder extraordinario Fluyendo a través nuestro Puedes usarnos siempre a diario.

    5 min
  • Ezequiel 1









    Ezequiel



    Capítulo 1


    Visión de los seres vivientes


    1 El 31 de julio de mis treinta años de vida, me encontraba con los judíos en el destierro, junto al río Quebar, en Babilonia, cuando se abrieron los cielos y tuve visiones de Dios. 2 Eso ocurrió durante el quinto año de cautividad del rey Joaquín. 3 (El SEÑOR le dio este mensaje al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzi, junto al río Quebar, en la tierra de los babilonios; y él sintió que la mano del SEÑOR se apoderó de él).

    4 Mientras miraba, vi una gran tormenta que venía del norte empujando una nube enorme que resplandecía con relámpagos y brillaba con una luz radiante. Dentro de la nube había fuego, y en medio del fuego resplandecía algo que parecía como de ámbar reluciente. 5 Del centro de la nube salieron cuatro seres vivientes que parecían humanos, 6 sólo que cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Las piernas eran rectas, y los pies tenían pezuñas como las de un becerro y brillaban como bronce bruñido. 8 Pude ver que, debajo de cada una de las cuatro alas, tenían manos humanas. Así que cada uno de los cuatro seres tenía cuatro caras y cuatro alas. 9 Las alas de cada ser viviente se tocaban con las de los seres que estaban al lado. Cada uno se movía de frente hacia adelante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta.

    10 Cada uno tenía cara humana por delante, cara de león a la derecha, cara de buey a la izquierda, y cara de águila por detrás. 11 Cada uno tenía dos pares de alas extendidas: un par se tocaba con las alas de los seres vivientes a cada lado, y el otro par le cubría el cuerpo. 12 Los seres iban en la dirección que indicara el espíritu y se movían de frente hacia delante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta.

    13 Los seres vivientes parecían carbones encendidos o antorchas brillantes, y daba la impresión de que entre ellos destellaban relámpagos. 14 Y los seres vivientes se desplazaban velozmente de un lado a otro como centellas.

    15 Mientras miraba a esos seres vivientes, vi junto a ellos cuatro ruedas que tocaban el suelo; a cada uno le correspondía una rueda. 16 Las ruedas brillaban como si fueran de berilo. Las cuatro ruedas se parecían y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda, que giraba en forma transversal. 17 Los seres podían avanzar de frente en cualquiera de las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. 18 Los aros de las cuatro ruedas eran altos y aterradores, y estaban cubiertos de ojos alrededor.

    19 Cuando los seres vivientes se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas también subían. 20 El espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Así que a donde fuera el espíritu, iban también las ruedas y los seres vivientes. 21 Cuando los seres se movían, las ruedas se movían. Cuando los seres se detenían, las ruedas se detenían. Cuando los seres volaban hacia arriba, las ruedas se elevaban, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.

    22 Por encima de ellos se extendía una superficie semejante al cielo, reluciente como el cristal. 23 Por debajo de esa superficie, dos alas de cada ser viviente se extendían para tocar las alas de los otros, y cada uno tenía otras dos alas que le cubrían el cuerpo. 24 Cuando volaban, el ruido de las alas me sonaba como olas que rompen contra la costa o la voz del Todopoderoso o los gritos de un potente ejército. Cuando se detuvieron, bajaron las alas. 25 Mientras permanecían de pie con las alas bajas, se oyó una voz más allá de la superficie de cristal que estaba encima de ellos.

    26 Sobre esta superficie había algo semejante a un trono hecho de lapislázuli. En ese trono, en lo más...

    5 min
  • Lamentaciones 5


    Capítulo 5


    El enojo de Dios aplacado


    Oración por restauración


    1 SEÑOR, recuerda lo que nos ha sucedido.

    ¡Mira cómo hemos sido deshonrados!

    2 Se entregó nuestra herencia a extraños;

    nuestras casas, a extranjeros.

    3 Somos huérfanos, sin padre,

    y nuestras madres son viudas.

    4 Tenemos que pagar por el agua que bebemos,

    y hasta la leña es costosa.

    5 Los que nos persiguen nos pisan los talones;

    estamos agotados pero no encontramos descanso.

    6 Nos sometimos a Egipto y a Asiria

    para conseguir alimentos y así sobrevivir.

    7 Nuestros antepasados pecaron, pero murieron,

    ¡y nosotros sufrimos el castigo que ellos merecían!


    8 Los esclavos son ahora nuestros amos;

    no ha quedado nadie para rescatarnos.

    9 Buscamos comida a riesgo de nuestra vida porque la violencia domina el campo.

    10 El hambre hizo ennegrecer nuestra piel

    como si hubiera sido quemada en el horno.

    11 Nuestros enemigos violaron a las mujeres de Jerusalén

    y a las muchachas de las ciudades de Judá.

    12 Cuelgan a nuestros príncipes de las manos,

    y tratan a nuestros ancianos con desprecio.

    13 Llevan a los jóvenes a trabajar en los molinos,

    y los niños tambalean bajo pesadas cargas de leña.

    14 Los ancianos ya no se sientan en las puertas de la ciudad;

    los jóvenes ya no bailan ni cantan.

    15 La alegría abandonó nuestro corazón;

    nuestras danzas se convirtieron en luto.

    16 Cayeron las guirnaldas de nuestra cabeza.

    Lloren por nosotros porque hemos pecado.

    17 Tenemos el corazón angustiado y cansado,

    y nuestros ojos se nublan por las lágrimas,

    18 porque Jerusalén está vacía y desolada;

    es un lugar donde merodean los chacales.


    19 ¡Pero SEÑOR, tú serás el mismo para siempre!

    Tu trono continúa de generación en generación.

    20 ¿Por qué sigues olvidándonos?

    ¿Por qué nos has abandonado por tanto tiempo?

    21 ¡Restáuranos, oh SEÑOR, y haz que regresemos a ti!

    ¡Devuélvenos la alegría que teníamos antes!

    22 ¿O acaso nos has rechazado por completo?

    ¿Todavía estás enojado con nosotros?



    Nueva Traducción Viviente

    4 min

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