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Or


Capítulo 3
Esperanza en la fidelidad del SEÑOR
1 Yo soy el que ha visto las aflicciones
que provienen de la vara del enojo del SEÑOR.
2 Me llevó a las tinieblas,
y dejó fuera toda luz.
3 Volvió su mano contra mí
una y otra vez, todo el día.
4 Hizo que mi piel y mi carne envejecieran;
quebró mis huesos.
5 Me sitió y me rodeó
de angustia y aflicción.
6 Me enterró en un lugar oscuro,
como a los que habían muerto hace tiempo.
7 Me cercó con un muro, y no puedo escapar;
me ató con pesadas cadenas.
8 Y a pesar de que lloro y grito,
cerró sus oídos a mis oraciones.
9 Impidió mi paso con un muro de piedra;
hizo mis caminos tortuosos.
10 Se escondió como un oso o un león,
esperando atacarme.
11 Me arrastró fuera del camino, me descuartizó
y me dejó indefenso y destruido.
12 Tensó su arco
y me hizo el blanco de sus flechas.
13 Disparó sus flechas
a lo profundo de mi corazón.
14 Mi propio pueblo se ríe de mí;
todo el día repiten sus canciones burlonas.
15 Él me llenó de amargura
y me dio a beber una copa amarga de dolor.
16 Me hizo masticar piedras;
me revolcó en el polvo.
17 Me arrebató la paz
y ya no recuerdo qué es la prosperidad.
18 Yo exclamo: «¡Mi esplendor ha desaparecido!
¡Se perdió todo lo que yo esperaba del SEÑOR!».
19 Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
20 Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
21 No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
22 ¡el fiel amor del SEÑOR nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
23 Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
24 Me digo: «El SEÑOR es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
25 El SEÑOR es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
26 Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del SEÑOR.
27 Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
28 que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del SEÑOR.
29 Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
30 Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
31 Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
32 Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
33 Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.
34 Si la gente pisotea
a todos los prisioneros de la tierra,
35 si privan a otros de sus derechos,
desafiando al Altísimo,
36 si tuercen la justicia en los tribunales,
¿acaso no ve el Señor todas estas cosas?
37 ¿Quién puede ordenar que algo suceda
sin permiso del SEÑOR?
...
Capítulo 4
Oración por restauración
1 ¡Cómo perdió su brillo el oro!
Hasta el oro más preciado se volvió opaco.
¡Las piedras preciosas sagradas
yacen esparcidas en las calles!
2 Miren cómo los preciosos hijos de Jerusalén,
que valen su peso en oro puro,
ahora son tratados como vasijas de barro
hechas por un alfarero común y corriente.
3 Hasta los chacales amamantan a sus cachorros,
pero mi pueblo Israel no lo hace;
ignoran los llantos de sus hijos,
como los avestruces del desierto.
4 La lengua reseca de sus pequeños,
se pega al paladar a causa de la sed.
Los niños lloran por pan,
pero nadie tiene para darles.
5 Los que antes comían los manjares más ricos
ahora mendigan en las calles por cualquier cosa que puedan obtener.
Los que antes vestían ropa de la más alta calidad
ahora hurgan en los basureros buscando qué comer.
6 La culpa de mi pueblo
es mayor que la de Sodoma,
cuando en un instante cayó el desastre total
y nadie ofreció ayuda.
7 Nuestros príncipes antes rebosaban de salud,
más brillantes que la nieve, más blancos que la leche.
Sus rostros eran tan rosados como rubíes,
su aspecto como joyas preciosas.
8 Pero ahora sus caras son más negras que el carbón;
nadie los reconoce en las calles.
La piel se les pega a los huesos;
está tan seca y dura como la madera.
9 Los que murieron a espada terminaron mejor
que los que mueren de hambre.
Hambrientos, se consumen
por la falta de comida de los campos.
10 Mujeres de buen corazón
han cocinado a sus propios hijos;
los comieron
para sobrevivir el sitio.
11 Pero ahora, quedó satisfecho el enojo del SEÑOR;
su ira feroz ha sido derramada.
Prendió un fuego en Jerusalén
que quemó la ciudad hasta sus cimientos.
12 Ningún rey sobre toda la tierra,
nadie en todo el mundo,
hubiera podido creer que un enemigo
lograra entrar por las puertas de Jerusalén.
13 No obstante ocurrió a causa de los pecados de sus profetas
y de los pecados de sus sacerdotes,
que profanaron la ciudad
al derramar sangre inocente.
14 Vagaban a ciegas
por las calles,
tan contaminados por la sangre
que nadie se atrevía a tocarlos.
15 «¡Apártense! —les gritaba la gente—,
¡ustedes están contaminados! ¡No nos toquen!».
Así que huyeron a tierras distantes
y deambularon entre naciones extranjeras,
pero nadie les permitió quedarse.
16 El SEÑOR mismo los dispersó,
y ya no los ayuda.
La gente no tiene respeto por los sacerdotes
y ya no honra a los líderes.
17 En vano esperamos que nuestros aliados
vinieran a salvarnos,
pero buscábamos socorro en naciones
que no podían ayudarnos.
18 Era imposible andar por las calles
sin poner en peligro la vida.
Se acercaba nuestro fin; nuestros días estaban contados.
¡Estábamos condenados!
19 Nuestros enemigos fueron más...
Meditación
”¿No tiene el día doce horas?” (Juan 11:9)
Cuando Jesús decidió volver a Judea, los discípulos se aterrorizaron. Los judíos habían tratado de apedrearle allí hacía apenas pocos días, y ahora hablaba de volver de nuevo. En respuesta al temor de los discípulos, el Señor dijo: “¿No son doce las horas del día?” A primera vista, la pregunta parece estar desconectada de la conversación. ¿A qué se refería con esto el Salvador? El día de trabajo normal consta de doce horas. Cuando una persona se rinde a Dios, cada día tiene su programa señalado. Nada puede impedir que se cumpla ese programa. Si Jesús regresaba a Jerusalén, o si los judíos trataban nuevamente de matarle, no podrían tener éxito. Su obra aún no había terminado. Su hora no había llegado todavía.
De cada hijo de Dios podemos decir que: “es inmortal hasta que haya terminado su obra”. Esta verdad debe darnos una gran paz y aplomo cuando enfrentamos los riesgos de la vida. Si estamos viviendo de acuerdo a la voluntad de Dios, y seguimos reglas razonables de salud y seguridad, no podemos morir ni siquiera un segundo antes de tiempo. Nada puede sucedernos fuera de Su voluntad y consentimiento.
Muchos cristianos se ponen enfermos preocupándose por la comida que comen, el agua que beben y el aire que respiran. En nuestra sociedad que conscientemente permite la contaminación siempre hay algo que sugiere que la muerte está llamando a la puerta. Pero esta ansiedad es vana. “¿No tiene el día doce horas?” ¿No ha rodeado Dios al creyente de una valla (Job 1:10) que hace que el diablo sea impotente para penetrar?
Si creemos esto, no andaremos con adivinanzas. No diremos: “si la ambulancia hubiera llegado unos minutos antes”, o “si el doctor hubiera detectado esta enfermedad hace cuatro semanas”, o “si mi esposo hubiera tomado una línea aérea diferente”.
Nuestras vidas están planeadas con infinita sabiduría y poder. Dios tiene un horario perfecto para cada uno de nosotros, y Sus trenes siempre llegan a tiempo.
Lamentaciones
Capítulo 1
Dolor en Jerusalén
1 Jerusalén, antes colmada de gente,
ahora está desierta.
La que en su día fue grande entre las naciones
ahora queda sola como una viuda.
La que antes era la reina de toda la tierra,
ahora es una esclava.
2 Durante toda la noche solloza;
las lágrimas corren por sus mejillas.
De todos sus amantes
no hay quien la consuele.
Todos sus amigos la traicionaron
y se volvieron sus enemigos.
3 Judá fue llevada al cautiverio,
oprimida por la cruel esclavitud.
Vive entre naciones extranjeras
y no tiene lugar donde descansar.
Sus enemigos la persiguieron y la alcanzaron
y ya no tiene a quien recurrir.
4 Los caminos a Jerusalén están de luto,
porque las multitudes ya no vienen para celebrar los festivales.
En las puertas de la ciudad hay silencio,
sus sacerdotes gimen,
sus mujeres jóvenes lloran;
¡qué amarga es su suerte!
5 Sus opresores son ahora sus amos
y sus enemigos prosperan,
porque el SEÑOR castigó a Jerusalén
por sus muchos pecados.
Sus hijos fueron capturados
y llevados a tierras lejanas.
6 La bella Jerusalén ha sido despojada
de toda su majestad.
Sus príncipes son como venados hambrientos
en busca de pastos.
Están demasiado débiles para huir
del enemigo que los persigue.
7 En medio de su tristeza y sus andanzas
Jerusalén recuerda su antiguo esplendor.
Pero ahora ha caído en manos de su enemigo
y no hay quien la ayude.
Su enemigo la derribó
y se burlaba cuando ella caía.
8 Jerusalén ha pecado grandemente,
por eso fue desechada como un trapo sucio.
Todos los que antes la honraban ahora la desprecian,
porque vieron su desnudez y su humillación.
Lo único que puede hacer es gemir
y taparse la cara.
9 Se deshonró a sí misma con inmoralidad
y no pensó en su futuro.
Ahora yace en una zanja
y no hay nadie que la saque.
«SEÑOR, mira mi sufrimiento —gime—,
el enemigo ha triunfado».
10 El enemigo la saqueó por completo
y se llevó todo lo valioso que poseía.
Vio a los extranjeros profanar su templo sagrado,
el lugar al que el SEÑOR les había prohibido entrar.
11 Su pueblo gime en busca de pan;
vendieron sus tesoros para comprar comida y mantenerse con vida.
«Oh SEÑOR, mira —se lamenta—
y observa cómo me desprecian.
12 »¿No les importa nada, ustedes que pasan por aquí?
Miren a su alrededor y vean si hay otro sufrimiento como el mío,
que el SEÑOR descargó sobre mí
cuando estalló en ira feroz.
13 »Él mandó fuego del cielo que me quema los huesos.
Tendió una trampa en mi camino y me hizo volver atrás.
Me dejó devastada
y atormentada día y noche por la enfermedad.
14 »Él tejió sogas con mis pecados
para atarme a un yugo de cautiverio.
El Señor minó mis fuerzas; me entregó a mis enemigos
y en sus manos soy...
Capítulo 51
1 Esto dice el SEÑOR:
«Incitaré a un destructor contra Babilonia
y contra la gente de Babilonia.
2 Vendrán extranjeros y la aventarán,
la soplarán como si fuera paja.
Vendrán de todos lados
para levantarse contra ella en su día de tribulación.
3 No dejen que los arqueros se pongan sus armaduras
ni que tensen sus arcos.
¡No perdonen la vida ni siquiera a sus mejores soldados!
Que su ejército sea completamente destruido.
4 Caerán muertos en la tierra de los babilonios,
acuchillados en sus calles.
5 Pues el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales
no ha abandonado a Israel ni a Judá.
Todavía es su Dios,
aunque su tierra se llenó de pecado
contra el Santo de Israel».
6 ¡Huyan de Babilonia! ¡Sálvense a sí mismos!
¡No queden atrapados en su castigo!
Es el tiempo de la venganza del SEÑOR,
él le dará su merecido.
7 Babilonia ha sido como copa de oro en las manos del SEÑOR,
copa que hizo emborrachar a todo el mundo.
Las naciones bebieron del vino de Babilonia
y se enloquecieron.
8 Pero repentinamente, cayó también Babilonia.
Lloren por ella.
Denle medicina,
quizá todavía pueda sanarse.
9 La habríamos ayudado si hubiéramos podido,
pero ya nada se puede hacer por ella.
Déjenla ir; abandónenla.
Regresen ahora a su propio país.
Pues su castigo llega hasta los cielos;
es tan grande que no se puede medir.
10 El SEÑOR nos ha hecho justicia.
Vengan, anunciemos en Jerusalén
todo lo que hizo el SEÑOR nuestro Dios.
11 ¡Afilen las flechas!
¡Alcen los escudos!
Pues el SEÑOR ha incitado a los reyes de Media
a que marchen contra Babilonia y la destruyan.
Esta es su venganza contra los que
profanaron su templo.
12 ¡Levanten la bandera de guerra contra Babilonia!
Refuercen la guardia y pongan centinelas.
Preparen la emboscada
porque el SEÑOR llevará a cabo todos sus planes contra Babilonia.
13 Tú eres una ciudad junto a un gran río,
un gran centro comercial,
pero tu fin ha llegado.
Se cortó el hilo de tu vida.
14 El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales hizo este voto
y lo juró por su propio nombre:
«Tus ciudades se llenarán de enemigos,
como campos plagados de langostas,
y cantarán victoria sobre ti».
Himno de alabanza al SEÑOR
15 El SEÑOR hizo la tierra con su poder
y la preserva con su sabiduría.
Con su propia inteligencia
desplegó los cielos.
16 Cuando habla en los truenos
los cielos se llenan de agua.
Él hace que las nubes se levanten sobre la tierra.
Envía el relámpago junto con la lluvia
y suelta el viento de sus depósitos.
17 ¡Toda la raza humana es necia y le falta conocimiento!
Los artesanos quedan deshonrados por los ídolos que hacen,
porque sus obras hechas con tanto esmero son un fraude.
Estos ídolos no tienen ni aliento ni poder.
18 Los ídolos son inútiles; ¡son mentiras ridículas!
En el día del juicio todos serán destruidos.
19 ¡Pero el Dios de Israel no es ningún ídolo!
Él es el Creador de todo lo...
Capítulo 52
Caída de Jerusalén
1 Sedequías tenía veintiún años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años. Su madre se llamaba Hamutal y era hija de Jeremías, de Libna. 2 Sedequías hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, igual que Joacim. 3 Estas cosas sucedieron debido al enojo que el SEÑOR tenía contra la gente de Jerusalén y de Judá, hasta que finalmente los expulsó de su presencia y los envió al destierro.
Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia. 4 Así que el 15 de enero, durante el noveno año del reinado de Sedequías, Nabucodonosor, rey de Babilonia, dirigió a todo su ejército contra Jerusalén. Rodearon la ciudad y construyeron rampas de asalto contra las murallas. 5 Jerusalén estuvo sitiada hasta el año once del reinado de Sedequías.
6 Hacia el 18 de julio del año once del reinado de Sedequías, el hambre en la ciudad ya era muy intensa y se había agotado por completo lo último que quedaba de alimento. 7 Entonces abrieron una brecha en la muralla de la ciudad, y todos los soldados huyeron. Como la ciudad estaba rodeada por los babilonios, esperaron hasta la caída del sol y entonces se deslizaron por la puerta que está entre las dos murallas, detrás del jardín real, y se dirigieron al valle del Jordán.
8 Sin embargo, las tropas babilónicas persiguieron al rey Sedequías y lo capturaron en las llanuras de Jericó, porque todos sus hombres lo habían abandonado y se habían dispersado. 9 Lo llevaron ante el rey de Babilonia, que se encontraba en Ribla, en la tierra de Hamat. Allí el rey de Babilonia dictó sentencia contra Sedequías. 10 Hizo que Sedequías presenciara la masacre de sus hijos y de los demás funcionarios de Judá. 11 Luego le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. Sedequías permaneció allí en prisión hasta el día de su muerte.
Destrucción del templo
12 El 17 de agosto de ese año, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, llegó a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia y funcionario del rey babilónico. 13 Quemó por completo el templo del SEÑOR, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. Destruyó todos los edificios importantes de la ciudad. 14 Después supervisó a todo el ejército babilónico mientras derribaba por completo las murallas de Jerusalén. 15 Nabuzaradán, capitán de la guardia, se llevó cautivos a algunos de los más pobres, al resto de las personas que quedaban en la ciudad, a los desertores que habían jurado lealtad al rey de Babilonia y al resto de los artesanos; 16 pero Nabuzaradán permitió que algunos de los más pobres se quedaran en Judá para cuidar los viñedos y los campos.
17 Los babilonios hicieron pedazos las columnas de bronce que estaban al frente del templo del SEÑOR, las carretas de bronce para llevar agua y el enorme tazón de bronce llamado el Mar, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 También se llevaron los recipientes para la ceniza, las palas, la despabiladera de las lámparas, los tazones, los platos y todos los demás objetos de bronce que se usaban para realizar los sacrificios en el templo. 19 Nabuzaradán, capitán de la guardia, también se llevó los cuencos pequeños, los recipientes para quemar incienso, los tazones, los calderos, los candelabros, la vajilla y las copas utilizadas para las ofrendas líquidas, y todos los demás objetos de oro puro o de plata.
20 El peso del bronce de las dos columnas, el Mar con los doce bueyes de bronce que estaban debajo y las carretas para llevar agua era tanto que no podía calcularse. Estos objetos se habían hecho para el templo del SEÑOR en tiempos del rey Salomón. 21 Cada columna tenía unos ocho metros de altura y unos cinco metros y medio de circunferencia. Eran huecas, con un grosor de ocho centímetros. 22 El capitel de bronce en la parte...
Capítulo 2
Enojo de Dios por el pecado
1 En su enojo el Señor
cubrió de sombras a la bella Jerusalén.
La más hermosa de las ciudades de Israel yace en el polvo,
derrumbada desde las alturas del cielo.
En su día de gran enojo
el Señor no mostró misericordia ni siquiera con su templo.
2 El Señor ha destruido sin misericordia
todas las casas en Israel.
En su enojo derribó
las murallas protectoras de la bella Jerusalén.
Las derrumbó hasta el suelo
y deshonró al reino y a sus gobernantes.
3 Toda la fuerza de Israel
desaparece ante su ira feroz.
El Señor ha retirado su protección
durante el ataque del enemigo.
Él consume toda la tierra de Israel
como un fuego ardiente.
4 Tensa el arco contra su pueblo
como si él fuera su enemigo.
Utiliza su fuerza contra ellos
para matar a sus mejores jóvenes.
Su furia se derrama como fuego
sobre la bella Jerusalén.
5 Así es, el Señor venció a Israel
como lo hace un enemigo.
Destruyó sus palacios
y demolió sus fortalezas.
Causó dolor y llanto interminable
sobre la bella Jerusalén.
6 Derribó su templo
como si fuera apenas una choza en el jardín.
El SEÑOR ha borrado todo recuerdo
de los festivales sagrados y los días de descanso.
Ante su ira feroz
reyes y sacerdotes caen juntos.
7 El Señor rechazó su propio altar;
desprecia su propio santuario.
Entregó los palacios de Jerusalén
a sus enemigos.
Ellos gritan en el templo del SEÑOR
como si fuera un día de celebración.
8 El SEÑOR decidió
destruir las murallas de la bella Jerusalén.
Hizo cuidadosos planes para su destrucción,
después los llevó a cabo.
Por eso, los terraplenes y las murallas
cayeron ante él.
9 Las puertas de Jerusalén se han hundido en la tierra;
él rompió sus cerrojos y sus barrotes.
Sus reyes y príncipes fueron desterrados a tierras lejanas;
su ley dejó de existir.
Sus profetas no reciben
más visiones de parte del SEÑOR.
10 Los líderes de la bella Jerusalén
se sientan en el suelo en silencio;
están vestidos de tela áspera
y se echan polvo sobre la cabeza.
Las jóvenes de Jerusalén
bajan la cabeza avergonzadas.
11 Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
12 Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.
13 ¿Qué puedo decir de ti?
¿Quién ha visto alguna vez semejante dolor?
Oh hija de Jerusalén,
¿con qué puedo comparar tu angustia?
Oh virgen hija de Sión,
¿cómo puedo consolarte?
Pues tu herida es tan profunda como el mar.
¿Quién puede sanarte?...
Meditación
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto.” (Filipenses 3:12)
En la meditación anterior, vimos que nuestra conducta debe encajar con nuestro credo. Pero para equilibrar el tema debemos añadir dos postdatas.
Primero, debemos reconocer que jamás podremos vivir plena y completamente la verdad de Dios mientras estemos en este mundo. Después de haber hecho lo mejor que podamos, todavía tenemos que decir que somos siervos inútiles. Pero no debemos emplear este hecho para excusar nuestro fracaso o nuestra mediocridad: nuestra obligación es tratar de acortar continuamente el trecho entre nuestros dichos y nuestras vidas.
La segunda consideración es ésta. El mensaje es siempre mayor que el mensajero, no importa quién sea él. Andrew Murray decía: “Nosotros que somos los siervos del Señor, más pronto o más tarde tendremos que predicar palabras que nosotros mismos somos incapaces de cumplir”. Treinta y cinco años después de que escribiera el libro Permaneced en Cristo, escribió:
“Me gustaría que entendieras que un ministro o un autor cristiano a menudo puede ser guiado a decir más de lo que ha experimentado. Yo no había experimentado (cuando escribió Permaneced en Cristo ) todo lo que escribí. Aún no puedo decir que lo he experimentado todo”.
La verdad de Dios es suprema y sublime. Con respecto a su carácter sobrenatural Guy King escribió: “Hace a uno temer que alguno la manche con sólo tocarla”. Pero ¿debemos negarnos a anunciarla simplemente porque no alcanzamos sus cimas más altas? Por el contrario, la proclamaremos, aun si al hacerlo nos condenamos a nosotros mismos. Aunque fracasemos en experimentarla, haremos que sea la aspiración de nuestros corazones.
Una vez más debemos enfatizar que estas consideraciones nunca han de emplearse para disculpar una conducta que es indigna del Salvador. Deben, además, quitarnos la posibilidad de condenar injustificadamente a un verdadero hombre de Dios sólo porque su mensaje algunas veces vuela a alturas que él mismo no ha alcanzado. No deben privarnos de retener todo el consejo de Dios, aun si no lo hemos experimentado plenamente. Dios conoce nuestros corazones. Sabe si somos practicantes hipócritas o apasionados aspirantes.
Capítulo 49
Mensaje acerca de Amón
1 Este es el mensaje que se dio sobre los amonitas. Esto dice el SEÑOR:
«¿No hay descendientes de Israel
para que hereden la tierra de Gad?
¿Por qué ustedes, adoradores de Moloc,
habitan en sus ciudades?
2 En los días futuros —dice el SEÑOR—,
haré sonar el grito de guerra contra la ciudad de Rabá.
Se convertirá en un montón de escombros
y las ciudades vecinas serán quemadas.
Entonces Israel volverá a tomar
la tierra que ustedes le quitaron —dice el SEÑOR—.
3 Clama, oh Hesbón,
porque la ciudad de Hai quedó destruida.
¡Lloren, oh habitantes de Rabá!
Pónganse ropa de luto.
Lloren y giman, escondidos detrás de los arbustos,
porque su dios Moloc será llevado a tierras lejanas
junto con sus sacerdotes y funcionarios.
4 Estás orgullosa de tus fértiles valles, hija rebelde,
pero pronto se convertirán en ruinas.
Confiaste en tus riquezas
y pensaste que nadie podría hacerte daño.
5 ¡Pero mira! Yo traeré terror sobre ti
—el Señor, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—.
Tus vecinos te expulsarán de tu tierra
y nadie ayudará a tus desterrados cuando huyan.
6 Sin embargo, yo restableceré el bienestar de los amonitas
en los días venideros.
Yo, el SEÑOR, he hablado».
Mensajes acerca de Edom
7 Este es el mensaje que se dio acerca de Edom. Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales:
«¿No hay sabiduría en Temán?
¿No queda nadie que pueda dar sabios consejos?
8 ¡Dense la vuelta y huyan!
¡Escóndanse en cuevas profundas, habitantes de Dedán!
Pues cuando yo traiga desastre sobre Edom,
¡a ti también te castigaré!
9 Los que cosechan uvas
siempre dejan algunas para los pobres.
Si de noche vinieran los ladrones
ni ellos se llevarían todo;
10 pero yo despojaré la tierra de Edom
y no habrá lugar dónde esconderse.
Sus hijos, hermanos y vecinos
serán todos destruidos,
y Edom no existirá más.
11 Pero protegeré a los huérfanos que queden entre ustedes.
También sus viudas pueden contar con mi ayuda».
12 Así dice el SEÑOR: «Si el inocente debe sufrir, ¡cuanto más tú! ¡No quedarás sin castigo! ¡Debes beber de esta copa de juicio! 13 Pues juré por mi propio nombre —dice el SEÑOR—, que Bosra se convertirá en objeto de horror y en un montón de ruinas; se burlarán de ella y la maldecirán. Todas sus ciudades y aldeas quedarán desoladas para siempre».
14 He oído un mensaje del SEÑOR.
Se envió un embajador a las naciones para decir:
«¡Formen una coalición contra Edom,
y prepárense para la batalla!».
15 El SEÑOR le dice a Edom:
«Te haré pequeña entre las naciones;
todos te despreciarán.
16 Has sido engañado por tu propio orgullo
y por el temor que inspirabas en los demás.
Vives en una fortaleza de piedra
y controlas las alturas de las montañas.
Pero aun si haces tu nido con las águilas en las cumbres,
te haré caer estrepitosamente», dice el SEÑOR.
17 «Edom será objeto de espanto;
todo el que pase por ese lugar quedará horrorizado
y dará un grito de asombro por la destrucción que verá allí.
Capítulo 50
Mensaje acerca de Babilonia
1 Jeremías recibió el siguiente mensaje del SEÑOR con relación a Babilonia y a la tierra de los babilonios. 2 Esto dice el SEÑOR:
«Anúncienlo a todo el mundo
y no se callen nada.
¡Levanten una bandera de señales
para decirles a todos que caerá Babilonia!
Sus imágenes e ídolos serán hechos pedazos.
Sus dioses Bel y Merodac serán completamente deshonrados.
3 Pues una nación la atacará desde el norte
y traerá tal destrucción que nadie volverá a vivir allí.
Desaparecerá todo;
huirán tanto las personas como los animales.
Esperanza para Israel y Judá
4 »En los días venideros
—dice el SEÑOR—,
el pueblo de Israel volverá a su hogar
junto con el pueblo de Judá.
Llegarán llorando
en busca del SEÑOR su Dios.
5 Preguntarán por el camino a Jerusalén
y emprenderán el regreso a su hogar.
Se aferrarán al SEÑOR
con un pacto eterno que nunca se olvidará.
6 »Mi pueblo ha sido como ovejas perdidas.
Sus pastores los llevaron por mal camino
y los dejaron sueltos en las montañas.
Perdieron su rumbo
y no recuerdan cómo regresar al redil.
7 Todos los que los encontraban los devoraban.
Sus enemigos decían:
“No hicimos nada malo al atacarlos
porque ellos pecaron contra el SEÑOR,
quien es su verdadero lugar de descanso
y la esperanza de sus antepasados”.
8 »Pero ahora, ¡huyan de Babilonia!
Abandonen la tierra de los babilonios.
Guíen a mi pueblo de regreso al hogar
como hace el macho cabrío que va a la cabeza de la manada.
9 Pues estoy levantando un ejército
de grandes naciones del norte.
Unirán fuerzas para atacar a Babilonia
y ésta será conquistada.
Las flechas de los enemigos irán directamente al blanco,
¡no errarán!
10 Babilonia será saqueada
hasta que los agresores se sacien con el botín.
¡Yo, el SEÑOR, he hablado!
Segura caída de Babilonia
11 »Se alegran y regocijan,
ustedes que despojaron a mi pueblo elegido.
Retozan como becerros en el prado
y relinchan como sementales.
12 Pero su tierra natal será llena
de vergüenza y deshonra.
Ustedes serán la última de las naciones,
un desierto, tierra seca y desolada.
13 A causa del enojo del SEÑOR,
Babilonia se convertirá en una tierra baldía y desierta.
Todo el que pase por ese lugar quedará horrorizado
y dará un grito por la destrucción que verá allí.
14 »Sí, prepárense para atacar Babilonia,
todas ustedes, naciones vecinas.
Que sus arqueros disparen contra ella, que no escatimen flechas;
pues pecó contra el SEÑOR.
15 Lancen gritos de guerra contra Babilonia desde todas partes.
¡Miren! ¡Se rinde!
Sus murallas han caído.
Es la venganza del SEÑOR,
así que vénguense también ustedes.
¡Háganle lo mismo que ella les hizo a otros!
16 Saquen de Babilonia a todos los sembradores;
despidan a todos los segadores.
Debido a la espada del enemigo
todos huirán a sus propias tierras.
Esperanza para el pueblo de Dios
...
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