Árbol no es una novela de trama sino una colección de textos a medio camino entre la memoria, el ensayo y la observación de la naturaleza, publicada originalmente en Japón en 1992.
El punto de partida es autobiográfico: de niña, el padre de Kōda le regalaba árboles a ella y a sus hermanos, y les enseñaba a plantarlos, a distinguir sus variedades por las hojas, a estar atentos a las plagas y a agradecer con reverencias el trabajo del jardinero. De esa educación temprana nace una relación de amor con el mundo vegetal que la autora cultivó toda su vida.El relato corre el eje de la mirada: los árboles dejan de ser fondo o paisaje decorativo y pasan a ser sujetos con su propia biografía, su propio tiempo y su propia forma de estar en el mundo. Un árbol solitario, sugiere Kōda, no es un objeto mudo sino algo que revela el entorno en el que creció: su historia, sus heridas, lo que lo rodea. Esa mirada trae consigo una idea de tiempo distinta a la humana.
No es casual que el libro haya sido rescatado del olvido gracias a Perfect Days, la película de Wim Wenders: su protagonista, un hombre que encuentra sentido en gestos mínimos y repetidos —fotografiar cada día la luz que atraviesa las hojas, el komorebi—, es un lector de Árbol, y esa cita funciona como una clave de lectura del libro entero: prestar atención sostenida a lo pequeño y lo vegetal como una forma de estar bien en el mundo.
Aya Koda (1904-1990) fue una destacada ensayista y novelista japonesa, hija del célebre autor del periodo Meiji, Kōda Rohan.
Creció bajo la rigurosa disciplina de su padre tras sufrir la temprana pérdida de su madre y de sus hermanos.
Tras un matrimonio fallido y su posterior divorcio, regresó al hogar paterno para cuidar a Rohan en sus últimos años.
Inició su carrera literaria de forma tardía, pasados los cuarenta años, impulsada por el deber de documentar la agonía de su padre.
En 1955 consolidó su prestigio con la novela Nagare (Fluir), basada en su experiencia trabajando en una casa de geishas.
En su etapa madura desarrolló una profunda fascinación por la botánica y escribió Árbol, una delicada meditación sobre los bosques de Japón.
Recorrió el país estudiando la belleza de la naturaleza, la resistencia de la madera y la prevención de desastres forestales.
Décadas después de su muerte, Árbol reflotó globalmente tras aparecer como la lectura del protagonista en la película Perfect Days de Wim Wenders.
El film despertó un renovado interés internacional por su prosa y la impulsó a traducirse por primera vez a varios idiomas.
Hoy en día es recordada como una de las voces más singulares, minuciosas y profundas de la literatura japonesa del siglo XX
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