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Texto breve y profundo de María Elena Walsh publicado en 1996, fue escrito en el marco del conflicto cultural que protagonizó la Unión Europea, cuando impulsó el proyecto de algunos fabricantes de computadoras, que pretendían comercializar teclados sin la letra Ñ.
En el texto aborda, con humor, el tema de la identidad de la lengua. La letra Ñ, que no existía en el griego ni en el latín, origen de las lenguas romances actuales. Solo existía la N, que a comienzos de la Edad Media se reforzó con otros signos, como las letras i, y, g, e incluso la n duplicada “nn”. Al aparecer, por economía de papel o tinta, en las lenguas romances la duplicidad se empezó a transcribir con un guión encima, que indicaba que se repetía la letra. Esto de transformo en rasgo e identidad del español frente a otras lenguas.
María Elena Walsh (1930 - 2011) Escribió para chicos, para grandes y para todos. Fue poeta, música, traductora y una de las voces más lúcidas de la Argentina. Inventó mundos absurdos para hablar de cosas serias y usó la risa como forma de resistencia. Tutú Marambá, Manuelita, El Reino del Revés, Desventuras en el País Jardín de Infantes son solo algunos de sus titulos más famosos.
En tiempos oscuros, cuando el miedo se imponía, escribió contra la censura, el autoritarismo y el silencio. Lo hizo con palabras simples y coraje elegante. Sin gritar. Sin bajar línea. Pero sin callarse.
Su estilo fue claro, musical, irónico. Una inteligencia que confiaba en el lector —niño o adulto— y lo trataba con respeto. Na no subestimó nunca.
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Osamu Dazai (1909 - 1948) Escribió como quien se confiesa a oscuras.Vivió como quien se cae todo el tiempo.
Osamu Dazai fue el niño brillante que nunca encajó, el escritor japonés que convirtió la vergüenza, el fracaso y la culpa en literatura. Intentó suicidarse varias veces. La última fue definitiva. Antes, dejó novelas que duelen todavía.
Su prosa es sencilla, casi descuidada, pero corta hondo. No hay héroes en Dazai: hay hombres que mienten, se humillan, se pierden. Indigno de ser humano no busca redención; expone la herida y la deja abierta.
Dazai escribió desde el margen, desde la derrota, desde la certeza de no pertenecer.
Esperando, es un monólogo, una joven que, tras el estallido de la guerra, se sienta diariamente en una estación de tren bajo la premisa de esperar algo.
La protagonista experimenta como aisalda socialmente y despreciando la falsedad de las interacciones humanas.A pesar de su terror ante un encuentro real, permanece inmóvil en el banco de la estación, debatiéndose entre sus deseos reprimidos y una resignación melancólica.
El texto captura una atmósfera de incertidumbre y soledad, de que época?
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María Gainza, escritora, periodista y critica de arte argentina escribio en 2014 su primera novela: El nervio óptico", una suma de microhistorias enlazadas por un elemento común: Arte.
Parte de esas historias es el relato de hoy: El encanto de las ruinas", en él la narradora nos presenta la relacion entre madre e hija, ambas parte de una suerte de familia aristocrática que por distintos motivos ya no es lo que era.
La referencia permante a un pintor del siglo XVIII, Hubert Robert, famoso en su tiempo por pintar jardines y ruinas seguramente inspiradas en su estancia en Roma.
El pintor fue "testigo" de los cambios de su tiempo y en el presente es la forma en que nos enteramos que la familia esta en decadencia, que ya no son lo que eran, que simplemente los tiempos cambián.
No se pierdan la novela, lean a María cuando puedan,
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En Nadar de noche, una noche calurosa de insomnio, el protagonista y narrador recibe la visita del espectro de su padre para mantener una última y extensa conversación sobre temas cotidianos y familiares.
El diálogo es pausado y tranquilo, con los protagonistas sentados en reposaras frente a una pileta iluminada. En esa calma aparente se abordan las complejidades del vínculo familiares, la aceptación de la muerte y la naturaleza del más allá.
Juan Forn no escribía para explicar: escribía para enredarte. Nació en La Plata en 1959 y fue, durante años, una de las mentes más brillantes, y más discretas, de la literatura argentina.
Editor, narrador, cronista, lector voraz. Un tipo que sabía que la literatura no está solo en los libros: está en las cartas, en las vidas torcidas, en las notas al pie.
Forn fue editor de Página/12 en los años en que la literatura argentina se animaba a volver a pensar en serio. Descubrió autores, armó catálogos, defendió textos difíciles. Pero también escribió cuentos filosos y novelas que incomodan sin levantar la voz.
Su estilo era una mezcla rara y preciosa de erudición sin pedantería, melancolía sin sentimentalismo e ironía sin cinismo.
Le interesaban los perdedores brillantes, los genios rotos, los escritores malditos, las historias mínimas que escondían una bomba. Por eso su columna Contratapa” se volvió de culto: pequeños ensayos donde unía literatura, historia y vida personal como quien te pasa un dato en voz baja, en un bar, antes de irse.
Juan Forn escribía con tono de conversación, pero dejaba marcas profundas. Te hacía creer que estabas leyendo algo liviano… y cuando levantabas la vista, ya no eras el mismo.
Murió en 2021, en Villa Gesell, mirando el mar. Un final coherente para alguien que entendía la escritura como deriva, como paseo atento, como exploración sin mapa.
Juan Forn no gritaba, susurraba historias y el que escuchaba, no se olvidaba más.
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Un verano sin hombres, es una novela sobre el quiebre, la pausa y la lenta reconstrucción de una mujer que, después de que su marido le anuncie —con brutalidad clínica— que necesita “un descanso”, se queda sin suelo bajo los pies.
Mia tiene más de cincuenta, una carrera intelectual sólida y una certeza que se rompe en mil pedazos: el amor no la protegía de nada. En ese derrumbe, huye. Se refugia en su pueblo natal, entre mujeres mayores, adolescentes feroces y recuerdos que no piden permiso. Y ahí pasa algo extraño: al desaparecer los hombres del primer plano, aparecen otras voces.
Hustvedt no escribe una novela de venganza. Escribe una novela de pensamiento. Sobre el deseo que cambia. Sobre la locura femenina y cómo la sociedad la administra. Sobre la amistad entre mujeres como tabla de salvación. Sobre el lenguaje como refugio cuando el cuerpo ya no sabe qué hacer.
No es una historia de “superación” fácil. Es más bien un aprendizaje incómodo: entender que el abandono no es el final, sino una grieta por donde entra otra forma de estar en el mundo.
Un verano sin hombres es un libro luminoso, elegante y con mucho humor a la vez. Un libro que dice, sin decirlo del todo, que a veces hace falta quedarse sola para volver a escucharse.
Siri Hustvedt no escribe para contar historias: escribe para entender qué nos pasa cuando creemos estar entendiendo. Nació en 1955, en Minnesota, en un paisaje de nieve y silencio que parece haberle enseñado desde temprano dos cosas fundamentales: observar y dudar. Hija de un profesor noruego y criada entre lenguas, mitos y libros, aprendió pronto que la identidad nunca es una sola cosa.
Estudió literatura, filosofía, psicoanálisis, neurociencia. Sí: todo eso. Porque Hustvedt nunca aceptó las fronteras cómodas entre disciplinas. Para ella, la mente no puede separarse del cuerpo, y la literatura no puede separarse de la ciencia ni del trauma.
Su vida cambió —y su escritura también— cuando sufrió un episodio neurológico desconcertante: comenzó a temblar sin control al dar una conferencia en homenaje a su padre muerto. Los médicos no tenían respuestas claras. Hustvedt hizo lo que siempre hace: pensó escribiendo. De ahí nacieron ensayos brillantes sobre el cerebro, la memoria, el duelo, el género y la identidad.
📖 Publicó novelas como Todo cuanto amé, El verano sin hombres y El mundo deslumbrante, donde las mujeres piensan, desean y se fracturan sin pedir permiso.
📘 En sus ensayos: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, Vivir, pensar, mirar, desmonta el canon masculino con una inteligencia feroz pero sin estridencias.
Hustvedt es una de las grandes intelectuales contemporáneas, leída en universidades, citada por neurocientíficos y feministas por igual.
Dato de color: estuvo casada con Paul Auster hasta la muerte del escritor.
No se pierdan la oportunidad de leer la novela,
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El protagonista y narrador descubre, a partir de la lectura de un libro en un bus, que hay habitantes de otros mundos en este planeta.
Habitantes que se pueden disociar a gusto: brazos, ojos, cerebros, piernas. El protagonista no sabe qué hacer, ¿avisa al gobierno? Su familia parece ignorar esa situación y la angustia o asombro que produce en él saberlo.
En un estilo PKDiano, como lo llamara Borges, Dick nos sumerge en un escenario cotidiano y ordinario, pero posmoderno y perturbador, de un hombre que descubre... ¿qué? ¿Una nueva especie?
Philip K. Dick, novelista, ensayista y cuentista norteamericano fallecido en los 80s, es considerado uno de los padres de la ciencia ficción o de "anticipación" de la segunda mitad del siglo XX.
Estudió el bachillerato en California, donde se recibió en la misma promoción que Ursula K. Le Guin.
"El hombre en el castillo", ucronía (historia alternativa, mundo contrafactica), en la que los nazis ganan la Segunda Guerra y gobiernan parte de los Estados Unidos (hay serie), y por la que recibio el Premio Hugo 1963 a la mejor novela de Ciencia Ficción, y "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", novela en la que Ridley Scott se basó para escribir Blade Runner, son algunas de sus novelas más reconocidas.
Dos amigas mayores, Alida y Grace, que se reencuentran en la maravillosa Roma, alli dan cuenta de que sus vidas están entrelazadas por secretos y rivalidades pasadas y todo esto contado con la elegante pluma de Edith Wharton.
Fiebre romana es un relato filoso y sin amnesia de una clase social que ocupa mucho tiempo y esfuerzo en que no se note nada.
Edith Wharton nació en Nueva York en 1862, en el seno de una familia aristocrática que pasaba temporadas en Europa y la educó para ser “una dama”, no una escritora. Sin embargo, desde chica empezó a inventar historias y a leer escondida. Conoció de primera mano las reglas sofocantes de la alta sociedad y las convirtió en el centro de su literatura. Publicó novelas, crónicas de viaje y más de ochenta cuentos.
En 1921 se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer, por La edad de la inocencia. Se instaló definitivamente en Francia, donde también impulsó obras de ayuda humanitaria durante la Primera Guerra Mundial. Su narrativa une elegancia y disección social: detrás de cada gesto educado, hay tensión, deseo y una crítica ferocísima al mandato social.
Murió en 1937 en Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, dejando una obra que sigue revelando lo que la buena sociedad se empeña en ocultar.
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Los recuerdos de infancia y juventud de veranear en las islas del Mar de Mármara, cerca de Estambul, y de como estos lugares, como nosotros, se transformaron.
Con una perspectiva melancólica, Pamuk describe las tradiciones, la vida cotidiana de las islas, la Historia, los cambios que experimentaron con el tiempo, la llegada de la masificación y su nostalgia al regresar a los lugares vacíos en otoño.
Orhan Pamuk (Estambul 1952) ganador del Premio Nobel en 2006. Fusiona lo oriental y lo occidental, a menudo explorando la confusión de identidad y el choque entre culturas a través de tramas complejas y personajes inquietantes.
Su prosa es elegante, pero incorpora elementos de exploración narrativa inusuales y se nutre de un profundo sentimiento de nostalgia por Estambul, la ciudad que considera una voz más en sus novelas.
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¿Qué hacés cuando un pibe simplemente... se hace humo? 🤔
A veces, los recuerdos inútiles son los más hermosos. Pero en este cuento, las memorias son tan densas como el vapor de una fábrica de embutidos.
Transportada a la casa de la abuela, la narradora nos cuenta que en el tercer patio se montó una verdadera industria a vapor de chorizos y panes. Un lugar donde las máquinas son "brutales", transformando carne en una rojiza masa.
Ahí aparece Piri, el muchacho con "nombre de pájaro". Su trabajo no es apto para sensibles: medir los metros de tripa de cerdo, esa tela transparente y viscosa que a veces "olía a mierda". (Sí, Piri se guardaba un retacito de esa membrana en el bolsillo del pantalón, y la narradora no decía nada).
Pero un día, Piri desaparece. Se sube a un micro y se baja "en la mitad de la nada"...
El relato corto pero intenso no busca resolver el misterio de Piri, sino mostrar los detalles sensoriales y las imágenes que rodean el evento central. El foco está en las sensaciones vívidas (como el "chasquido líquido que hacía la madeja de tripas dentro del balde con agua y vinagre"), en lugar de en la lógica de la desaparición.
Giovanna Rivero nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 1972. Es narradora, ensayista y una de las autoras más destacadas del llamado gótico latinoamericano, un movimiento donde el terror, el cuerpo, la violencia cotidiana y lo fantástico se mezclan con una mirada profundamente femenina y política.
Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana.
Luego obtuvo un doctorado en Literatura Hispanoamericana en la University of Florida (EE.UU.), algo que marcó profundamente su estilo: híbrido, fronterizo, siempre moviéndose entre lo íntimo y lo perturbador.
Comenzó a publicar muy joven. Su escritura ganó fuerza y reconocimiento en los 2000 y 2010, cuando su estética viró hacia lo oscuro y lo corporal.
Sus cuentos suelen ubicarse entre lo real y lo sobrenatural, explorando temas como la violencia doméstica, el deseo femenino, la maternidad inquietante, el miedo cotidiano, lo monstruoso que habita en lo familiar
Es una autora que incomoda, pero con belleza. Su prosa es sensorial, psicológica y afilada.
Tierra fresca de su tumba (2020) – Premio de la Fundación del Libro a mejor libro de cuentos; la consagra internacionalmente.
Y entre sus cuentos más reconocidos está Humo, donde Rivero hace estallar lo doméstico y lo íntimo con una sutileza inquietante.
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La historia se centra en la relación padre-hijo mientras pescan y en la influencia de la muerte de un vecino en su comunidad, Luke Moran, muere luchando en la Guerra de Corea después de emigrar a Estados Unidos.
La comunidad se llena de rumores sobre la compensación que recibió la familia Moran.
El padre, John Doyle, guarda silencio ante los rumores, pero su hijo, Eamon, se enamora de Una Moran, la madre del joven fallecido.
Un relato corte y humano, en la mejor tradición del cuento irlandes, para los que leen a Claire Keegan saben de que se trata. Los que no, no se van a arrepentir.
John McGahern nació en 1934 en el condado de Leitrim, Irlanda, en una familia humilde. Su madre murió cuando él tenía nueve años y fue criado por su padre, un sargento de policía con un carácter duro, relación que después se colaría en casi todos sus libros. Estudió para maestro y trabajó varios años en escuelas rurales hasta que publicó su primera novela, The Barracks (1963), que fue finalista del premio James Tait Black. Su siguiente novela, The Dark (1965), fue prohibida en Irlanda por “contenido inmoral” y la presión de la Iglesia lo dejó sin trabajo como docente.
A pesar de eso, McGahern no se frenó: siguió escribiendo novelas y cuentos donde explora los vínculos familiares, la violencia silenciosa, la represión y la vida cotidiana en la Irlanda profunda. En 2002 publicó That They May Face the Rising Sun, considerada su obra maestra. Su colección de cuentos incluye Nightlines y Getting Through, y en español circula su libro de relatos Corea y otros cuentos.
Murió en Dublín en 2006, dejando una obra pequeña, precisa y profundamente humana. Es de esos autores que no necesitan gritar para conmover: alcanzan con sus silencios.
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