Con una generación de futbolistas prometedora, tres refuerzos atacados hasta el cansancio, un director técnico serio, comprometido y sereno, además de una planeación perfecta de principio a fin, la Selección Mexicana de futbol olímpico ha conseguido el tercer puesto en los Juegos 0límpicos de T0Kl0 2O2O.
Esta medalla de bronce, la cuarta y última de la delegación mexicana, llega con aroma a oro, ya que ese metal era la aspiración, pero se nos escapó de las manos.
No obstante el nivel mostrado por estos jóvenes ilusiona no sólo en el presente, si no que entrega una serie de argumentos sólidos y consistentes para soñar con el futuro cercano.
Llega además en un momento sombrío para la mal llamada selección mayor, que ha perdido de forma lamentable una nueva Copa Oro frente a su más grande antagonista, abriendo de par en par las puertas de acceso a los jugadores olímpicos, repletos de hambre, juventud, ganas de victoria y sobre todo un montón de experiencia acumulada en sus espaldas.
Córdova, Romo, Antuna, Henry, Lainez, Ochoa, Vásquez, Montes, Angulo, Aguirre y todo el Tri olímpico demostró por enésima vez que nuestro futbol está para grandes cosas. En un torneo donde claramente pudimos llegar más lejos, México exhibió al mundo toda la capacidad que tiene en las piernas.
Una generación dorada que no se pintó de primer lugar, pero que con ese tercer puesto se colocó tan sólo un escalón por debajo del equipo 0límpico del 2012 y con propios méritos se convirtió en un equipo de Leyenda del Futbol Mexicano.