El futbol profesional es un sueño inalcanzable para millones de niños mexicanos. Pocos logran entrar a ese mundillo tan codiciado. Y de ellos, también es ínfima la cantidad de profesionales que alcanzan un éxito considerable.
Muy contados serán los que recordaremos para siempre. En esta lista encontramos a un delgadito y bigotón cancerbero, el único que ha llegado al famoso quinto partido de un mundial.
Un futbolista que fue la inspiración de miles de jóvenes aspirantes a la portería, admiradores de sus imposibles atajadas dobles y hasta triples.
Ese guardameta al que el Brody Campos ha señalado como el mejor guardameta mexicano de todos los tiempos. Un morelense que maravilló a México e inició una escuela que todavía hoy impacta en las porterías del balompié azteca.
Pero también es el mismo que sufrió lo indecible al dejar el deporte y evidenció las nulas capacidades empáticas de los dirigentes y dueños del balón para cuidar de los suyos más allá del tiempo que pueden exprimirles como jugadores de futbol.
La vida de los ex deportistas no se vive de recuerdos y de glorias y eso lo debe entender el futbol mexicano.
Pablo Larios es sólo un ejemplo de lo doloroso que puede ser irse de las canchas y entonces ya no saber hacia dónde ir, incluso después de ser tan exitoso. Es esencial que su historia no quede como una más y que se use como un ejemplo para futuras generaciones.