Hay algo en mí que me dice que debería compartir más en redes sociales, pero al mismo tiempo, hay muchas barreras internas que me detienen.
La marca personal es un concepto muy mencionado en el marketing digital. Se habla de los beneficios de salir en cámara y de cómo eso ayuda a construir confianza con la audiencia. He tomado cursos sobre el tema, y aunque no soy experta, me interesa porque tengo un pequeño emprendimiento. De hecho, he tenido varios a lo largo de estos últimos 3 años, y eso me ha llevado a estudiar marketing digital.
En mi negocio actual, he usado un modelo faceless. No sabía que así se llamaba, pero básicamente significa que la marca no tiene un rostro visible. Este emprendimiento lo llevo con mi esposo, y aunque él es el experto, no tiene tiempo para grabar contenido. Yo me encargo del marketing y he logrado posicionarlo sin necesidad de mostrarme.
Pero aquí viene el dilema.
Por un lado, sé que mostrar mi cara en redes podría traer beneficios. Muchos expertos en marketing dicen que las personas no compran solo el producto, sino a la persona detrás. Alex Hormozi menciona que sí se puede ganar dinero sin salir en cámara, pero que el impacto es mucho mayor cuando la audiencia te ve y te reconoce. Y tiene sentido: cuando das la cara, generas confianza, atraes clientes y puedes incluso conectar con colaboradores o socios.
Pero por otro lado, siento que no quiero exponerme en ese contexto. Amo la temática de mi negocio, pero creo que quien debería hablar de eso es mi esposo. Quizá en el futuro me anime, pero por ahora no es algo que sienta natural.
Sin embargo, hay algo más: siento una necesidad interna de expresarme, de compartir, aunque todavía no tenga un nicho definido. No necesariamente quiero construir una marca personal como estrategia de negocio. Solo quiero hablar de lo que me nace dentro de mi ser.
Y aquí entra otra barrera: la práctica.
He intentado seguir guiones, pero cuando los leo, me veo rígida. Probé grabar escenas de mi vida diaria y hacer voiceover, pero me da pena mostrar demasiado de mi entorno. Con dos hijos pequeños, mi casa suele estar desordenada y eso me incomoda. Además, cuando intento hacer voiceover, siempre hay interrupciones. Incluso ahora, mientras grabo esto, sé que tendré que hacer pausas o asumir el ruido de fondo.
Otro obstáculo es la vergüenza de que me vean mis conocidos. Me incomoda que escuchen mis opiniones y, más allá de la pena, también siento que cuando amigos y familiares me siguen en redes, muchas veces terminan afectando el algoritmo porque no son mi público ideal.
Me pasó antes. En una cuenta anterior, quería hablar de una experiencia que me molestó con una amiga, pero no lo hice porque sabía que ella veía mis videos.
Leí una vez que la vergüenza en redes sociales no se supera, se ignora. Pero hasta ahora, no he encontrado una forma efectiva de hacerlo. Varias veces he cerrado cuentas con contenido de un año entero porque me da pena. Y no es solo pena, es casi una fobia.
Una mentora una vez me dio un consejo: "Antes de grabar, sube tu energía: salta, respira rápido, ponte contenta y luego graba. Eso hará que tu energía se refleje en cámara."
Quizá eso es lo que me falta.
O quizá, simplemente, necesito encontrar mi propio ritmo.
Lo que he decidido por ahora es simple: tomar la cámara y dejar que el destino haga lo suyo.
Si alguna vez has pasado por algo similar, cuéntame. ¿Te cuesta exponerte en redes? ¿Has sentido esta vergüenza? ¿Cómo lo has manejado?
Al final, creo que el verdadero éxito en redes no está en seguir una fórmula perfecta, sino en encontrar la manera de compartir que se sienta alineada contigo. Y ese es el camino que quiero explorar.
Eso es todo. Te mando saludos y gracias por leer. Hasta pronto.
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