Lidya Cota Podcast

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Lidya Cota Podcast episodes

  • Bienvenida a este espacio cercano de reflexiones y vida cotidiana

    Hola, soy Lidya Cota y te doy la bienvenida a estas grabaciones: un espacio donde comparto lo que llevo dentro. Aquí vas a escuchar reflexiones, aprendizajes, momentos de maternidad, historias de emprendimiento y fragmentos de mi vida que siento que deben ser contados en voz alta.

    Este podcast es una mezcla de diario personal y cuaderno de notas. Hablaremos de experiencias, retos cotidianos y todo aquello que forma parte del camino de ser mujer, mamá y emprendedora. No siempre estaremos de acuerdo, y eso también es parte de este diálogo abierto.

    Mi deseo es que estas palabras te acompañen, te hagan pensar, sentirte vista, o simplemente pasar un buen rato. Gracias por estar aquí. Este proyecto apenas comienza.

    📌 Disponible en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music y YouTube.

    IG: @lidyacotaWeb: www.lidyacota.comContacto: [email protected]

    #Podcast #Reflexiones #Maternidad #Emprender #LidyaCota #VidaCotidiana #AudioDiario #HistoriasReales #MujeresQueInspiran



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    5 min
  • ¿Por qué a algunos nos cuesta tanto salir en redes? | El dilema de la "marca personal"

    Hay algo en mí que me dice que debería compartir más, pero al mismo tiempo, hay muchas barreras internas que me detienen.

    La marca personal es un concepto muy mencionado en el marketing digital. Se habla de los beneficios de salir en cámara y de cómo eso ayuda a construir confianza con la audiencia. He tomado cursos sobre el tema, y aunque no soy experta, me interesa porque tengo un pequeño emprendimiento. De hecho, he tenido varios a lo largo de estos últimos 3 años, y eso me ha llevado a estudiar marketing digital.

    En mi negocio actual, he usado un modelo faceless. No sabía que así se llamaba, pero básicamente significa que la marca no tiene un rostro visible. Este emprendimiento lo llevo con mi esposo, y aunque él es el experto, no tiene tiempo para grabar contenido. Yo me encargo del marketing y he logrado posicionarlo sin necesidad de mostrarme.

    Pero aquí viene el dilema.

    Por un lado, sé que mostrar mi cara en redes podría traer beneficios. Muchos expertos en marketing dicen que las personas no compran solo el producto, sino a la persona detrás. Alex Hormozi menciona que sí se puede ganar dinero sin salir en cámara, pero que el impacto es mucho mayor cuando la audiencia te ve y te reconoce. Y tiene sentido: cuando das la cara, generas confianza, atraes clientes y puedes incluso conectar con colaboradores o socios.

    Pero por otro lado, siento que no quiero exponerme en ese contexto. Amo la temática de mi negocio, pero creo que quien debería hablar de eso es mi esposo. Quizá en el futuro me anime, pero por ahora no es algo que sienta natural.

    Sin embargo, hay algo más: siento una necesidad interna de expresarme, de compartir, aunque todavía no tenga un nicho definido. No necesariamente quiero construir una marca personal como estrategia de negocio. Solo quiero hablar de lo que me nace dentro de mi ser.

    Y aquí entra otra barrera: la práctica.

    He intentado seguir guiones, pero cuando los leo, me veo rígida. Probé grabar escenas de mi vida diaria y hacer voiceover, pero me da pena mostrar demasiado de mi entorno. Con dos hijos pequeños, mi casa suele estar desordenada y eso me incomoda. Además, cuando intento hacer voiceover, siempre hay interrupciones. Incluso ahora, mientras grabo esto, sé que tendré que hacer pausas o asumir el ruido de fondo.

    Otro obstáculo es la vergüenza de que me vean mis conocidos. Me incomoda que escuchen mis opiniones y, más allá de la pena, también siento que cuando amigos y familiares me siguen en redes, muchas veces terminan afectando el algoritmo porque no son mi público ideal.

    Me pasó antes. En una cuenta anterior, quería hablar de una experiencia que me molestó con una amiga, pero no lo hice porque sabía que ella veía mis videos.

    Leí una vez que la vergüenza en redes sociales no se supera, se ignora. Pero hasta ahora, no he encontrado una forma efectiva de hacerlo. Varias veces he cerrado cuentas con contenido de un año entero porque me da pena. Y no es solo pena, es casi una fobia.

    Una mentora una vez me dio un consejo: "Antes de grabar, sube tu energía: salta, respira rápido, ponte contenta y luego graba. Eso hará que tu energía se refleje en cámara."

    Quizá eso es lo que me falta.

    O quizá, simplemente, necesito encontrar mi propio ritmo.

    Lo que he decidido por ahora es simple: tomar la cámara y dejar que el destino haga lo suyo.

    Si alguna vez has pasado por algo similar, cuéntame. ¿Te cuesta exponerte en redes? ¿Has sentido esta vergüenza? ¿Cómo lo has manejado?

    Al final, creo que el verdadero éxito en redes no está en seguir una fórmula perfecta, sino en encontrar la manera de compartir que se sienta alineada contigo. Y ese es el camino que quiero explorar.

    Eso es todo. Te mando saludos y gracias por leer. Hasta pronto.



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    5 min
  • Convertirme en mamá fue lo que sembró mi deseo de emprender

    ¿Qué me motivó a emprender mi propio negocio? Yo diría que el factor más importante, el más más importante, fue el nacimiento de mi primer hijo.. De repente, la idea de regresar a la oficina y separarme de él se volvió insoportable. Necesitaba una forma de generar ingresos, pero que me permitiera manejar mis tiempos y estar presente para mi hijo.

    Fue así como se me ocurrió emprender. En ese momento, no tenía ni idea de qué tipo de negocio, pero la semilla ya estaba plantada. Además, como trabajaba en el área de tecnología, veía a muchas personas que querían crear sus propias aplicaciones y generar ingresos con ellas. Esa idea también me inspiró.

    Los primeros meses con mi bebé los pasé investigando qué podía hacer. Sin embargo, la historia no fue fácil. Pasaron años hasta que encontré la valentía, los ahorros y la idea que me dieran el impulso para emprender.

    Y la cosa no terminó ahí. Mis primeros proyectos no fueron rentables en absoluto. Lo más frustrante fue un proyecto grande que terminó en un fracaso rotundo. Pero de todo se aprende, y esa experiencia me sirvió para después lograr crear un negocio que, al menos, me genera lo suficiente para vivir.

    Mi principal motivación fue convertirme en madre y el dolor de pensar en dejar a mi bebé recién nacido para ir a la oficina. Afortunadamente, en mi trabajo me dieron algunas concesiones, como la posibilidad de trabajar a medio tiempo (aún teniendo un puesto importante de gran responsabilidad) y tener un espacio digno para extraer leche materna. Pero aun así, la idea de no poder estar al 100% con mi hijo me dolía.

    Además, había otras cosas que me frustraban. Por ejemplo, cuando me enfermaba, me costaba mucho trabajo faltar al trabajo, a pesar de tener derecho a incapacidad médica. Sentía que no podía quedar mal con mis responsabilidades, varios equipos y proyectos de la empresa dependían de mí. Los tiempos y los resultados no podían esperar.

    Anhelaba tener el control de mi tiempo, la libertad de tomar mis propias decisiones. Pensaba que si me convertía en dueña de mi propio negocio, podría manejar mi tiempo como yo quisiera.

    También influyó la presión que sentía en mi trabajo. Los trabajos en tecnología suelen ser muy exigentes, con mucha inversión y expectativas puestas en ellos. Yo me sentía constantemente estresada.

    Pude haber buscado un trabajo menos demandante, pero eso implicaba cambiar de área, y no quería hacerlo. Por eso, decidí tomar las riendas de mi vida y emprender.

    Y así, después de años de búsqueda y algunos tropiezos, he llegado a un punto en el que puedo decir que he logrado construir algo propio. Para nada es un negocio grande el que he construido, ni me ha hecho rica en absoluto, pero me permite contribuir a mi hogar y, lo más importante, me regala tiempo y libertad para estar con mis hijos. Hemos tenido que hacer muchos sacrificios y ajustarnos a varias carencias que no tendría si aún trabajara en tecnología, claro, pero la recompensa de ver a mis hijos crecer y saber que estoy presente para ellos no tiene precio.

    Quizás mi historia no sea la de una emprendedora exitosa según los estándares tradicionales, pero es mi historia. Y me siento orgullosa de ella. Porque me he demostrado que es posible seguir mi propio camino, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Y porque he encontrado una forma de conciliar mi vida personal y profesional, sin tener que renunciar a lo que más me importa.

    Si tú también estás pensando en emprender, te diría que no te rindas. Que sigas tu instinto y que no tengas miedo de equivocarte. Porque los errores son parte del aprendizaje. Y que recuerdes que el éxito no se mide solo en términos de dinero, sino también en términos de felicidad y satisfacción personal.

    Sin embargo, un día de estos, no descarto la esperanza de que mi pequeño negocio u otro crezca. Todos los días me sigo preparando y aprendiendo para mejorarlo.

    Y sobre todo, te diría que no te compares con los demás. Que cada persona tiene su propio ritmo y su propia historia.

    Después de mucho tiempo y esfuerzo, puedo decir que soy feliz con lo que hago. Y eso, para mí, es el mayor éxito de todos.



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    7 min
  • Apaga todos tus dispositivos digitales y escucha tu interior

    Se dice que cuando uno ve videos cortos en redes sociales, el cerebro no trabaja del todo, que entra en un estado de baja actividad. A veces creemos que esto es un descanso, pero haz la prueba: después de un rato consumiendo contenido y tras una jornada larga de trabajo, ¿realmente sientes que descansaste? ¿O más bien se siente como una saturación, como si tu mente estuviera abrumada?

    Este sobrecargamiento no ocurre solo con los videos cortos. También pasa con el consumo excesivo de contenido largo, como podcasts, conferencias e incluso audiolibros, cuando intentamos aprender constantemente con el afán de ser más productivos. Con la facilidad de los medios digitales, es posible estar escuchando algo todo el tiempo, pero esto también puede llegar a ser agotador.

    Por eso se habla tanto del detox digital. No se trata solo de desconectarse de las redes sociales, sino de hacer pausas en el consumo constante de información, incluso la que consideramos útil o educativa. Es apagar cualquier estímulo externo por un momento, dejar de recibir datos en el cerebro y simplemente estar en calma, haciendo otras cosas o, incluso, intentando escucharnos a nosotros mismos.

    Descansar no es solo desconectarse de lo superficial, sino también de la sobrecarga de cualquier tipo de información externa. Intenta no llegar al punto en el que hasta lo que disfrutas o te parece útil termine agotándote.



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    3 min
  • "El chisme", una teoría sobre su papel en la conciencia colectiva

    Nada de lo que diré a continuación debe tomarse como una afirmación categórica; son intuiciones, hipótesis cuasi-mágicas, teorías que no buscan demostrar nada, solo abrir preguntas. Estas grabaciones son un espacio para pensar en voz alta, para soltar ideas sin expectativas, solo por el placer de explorarlas.

    De lo que voy a hablar es de una teoría que imaginé sobre: EL CHISME. No como simple entretenimiento o curiosidad, sino como un posible mecanismo humano con una función más profunda de lo que creemos.

    Siempre se ha dicho que el chisme es malo, que hablar de los demás es perder el tiempo. Pero, ¿y si el chisme tiene una función humana que va más allá de la simple curiosidad o el entretenimiento?

    Leí que, según algunas investigaciones, las personas sienten placer al escuchar y compartir chismes. Además, el acto de comentar sobre la vida ajena está relacionado con la forma en que cada persona concibe el mundo. Es decir, cuando alguien critica o analiza la vida de otro, en realidad está expresando cómo cree que debería ser la vida.

    Aquí hago una pausa para aclarar que, en lo personal, no creo que hablar de los demás tenga un propósito positivo en lo cotidiano. No podemos cambiar la vida de alguien solo con nuestra opinión, y tampoco sabemos realmente qué está viviendo cada persona. Todo lo que decimos está filtrado por nuestros propios prejuicios.

    Pero si nos ponemos en un plano más especulativo y jugamos con esta idea desde un punto de vista narrativo o incluso mágico, podríamos pensar que el chisme tiene una función social más profunda.

    ¿Será el chisme un tipo de sistema de procesamiento computacional colectivo?

    Imagina que los seres humanos somos como computadoras individuales, pero cuando interactuamos, realizamos una especie de computación en paralelo, algo así como un cluster. Es decir, cuando muchas personas piensan o hablan sobre un mismo tema, están procesando información colectivamente.

    Si asumimos que el chisme cumple un propósito, entonces podría servir para varias cosas.

    La primera es que, al hablar de la vida de alguien más, estamos reorganizando nuestra propia información interna. Es decir, reafirmamos nuestras creencias o comenzamos a cuestionarlas. Nos confirmamos o nos replanteamos.

    La segunda—y aquí entra la parte mágica—es que cuando cambiamos una idea dentro de nosotros, estamos reescribiendo nuestro propio ADN. Si la epigenética demuestra que nuestras experiencias pueden modificar la expresión de nuestros genes, ¿qué pasaría si el pensamiento colectivo, el flujo de ideas que compartimos al hablar de otros, también tuviera ese poder?

    Tal vez por eso el chisme genera tanto placer. Porque mientras lo hacemos, estamos reestructurando nuestra manera de pensar y, en cierto modo, programando nuestras acciones futuras. No importa si el juicio es positivo o negativo, lo importante es que el proceso ocurre.

    Aquí entra otra pregunta: ¿por qué algunas personas generan más chismes que otras?

    Si cualquiera podría ser tema de conversación, ¿por qué hay quienes se vuelven el foco de atención constantemente, mientras que otros pasan desapercibidos?

    Mi respuesta cuasi mágica es que tal vez esas personas están enviando una señal para que hablen de ellas. Como si, de alguna manera, estuvieran pidiendo ser procesadas por la mente colectiva.

    Es decir, no se trata solo de que alguien decida hablar de otra persona, sino de que esa persona, de manera inconsciente o energética, emite un llamado para que su historia sea discutida. Como si hubiera algo en su vida que necesita ser observado, analizado y reinterpretado no solo para ella, sino para toda la comunidad.

    Esto se conecta con otra idea: el karma. No el karma simplificado de "lo que das, recibes", sino el concepto más profundo que he leído en algunas filosofías orientales.

    El karma entendido como en oriente, no es un castigo ni una recompensa. Es un registro de información. Algo que se graba profundamente en la vida de una persona, una experiencia que deja una marca y que puede influir en el futuro, incluso en generaciones posteriores.

    Si aplicamos esta idea al chisme, podríamos decir que cada conversación sobre alguien no se queda en el aire, sino que deja un rastro en la conciencia colectiva.

    Si todo lo que se dice de una persona tuviera un impacto real en su historia y en la de quienes vendrán después, ¿cómo cambiaría nuestra forma de hablar de los demás?

    Leí una vez que "lo que se recuerda, persiste". ¿Qué tal que el chisme es una forma de inmortalizar ciertas ideas, ciertos eventos, ciertas lecciones humanas?

    Conclusión

    Tal vez el chisme no es solo morbo o distracción. Tal vez es una forma en la que la historia se reescribe, en la que el pensamiento colectivo evoluciona y en la que, sin darnos cuenta, estamos tejiendo el futuro con cada palabra que pronunciamos sobre alguien más.

    No sé si estas ideas sean comprobables o si sean solo ocurrencias, pero me parecen fascinantes para explorarlas en una historia de ficción.

    Si llegaste hasta aquí, gracias por escuchar, gracias por estar aquí. Y, por favor, no me juzgues demasiado. Solo estoy jugando con ideas.

    Bye.



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    9 min
  • "Debí tomar más fotos"

    Ayer fue el cumpleaños de uno de mis sobrinos. Los hijos de mis hermanas son muy especiales para mí, los amo con todo mi corazón. Desde que nacieron, tuve un acercamiento profundo con ellos, incluso acompañé a mi hermana en el hospital cuando nació este sobrino. Lo cuidé, estuve ahí en sus primeros días de vida. Todos mis sobrinos nacieron cuando yo ya era adulta, y me tocó verlos crecer durante toda mi juventud, mientras yo aún estaba soltera.

    Les tomé muchísimas fotos. Pero cuando nació mi primer hijo, la atención naturalmente se centró en él, y sin darme cuenta, la mayoría de mis fotos comenzaron a ser de él. No dejé de querer a mis sobrinos, pero mi lente se enfocó en otro punto.

    Hace años que respaldo todas mis fotos en Google Photos. Me encanta porque no solo almacena, sino que también organiza por personas. Imagínate, casi 20 años de fotos ordenadas con inteligencia artificial, permitiéndome ver cómo han crecido mis sobrinos a lo largo del tiempo.

    Ayer, mientras pensaba en el cumpleaños de mi sobrino, me di cuenta de que nunca se me había ocurrido hacer algo tan sencillo como proyectar sus fotos en la pantalla de la sala. Filtré su nombre y aparecieron todas sus imágenes desde que nació. Ahí estaba su historia, desde el día en que lo conocí en el hospital hasta momentos chistosos, instantes tiernos, épocas que parecían lejanas pero que siguen ahí, congeladas en el tiempo.

    No pude comprarle un regalo porque no hubo economía para hacerlo, pero este gesto fue mi manera de demostrarle cuánto lo quiero. Fue un homenaje silencioso, un regalo diferente. Entre las fotos también aparecieron personas que ya no están con nosotros, lo cual trajo un poco de nostalgia, pero también gratitud.

    Mientras veía todas esas imágenes, me di cuenta de algo: desde que nació mi hijo, tomé menos fotos individuales de mis sobrinos. Antes intentaba que en cada reunión hubiera al menos una foto de cada uno, pero con los años me dio pena, sentí que ya no les gustaría.

    Me hubiera gustado capturar más de los últimos ocho años. Aunque hay fotos, son menos detalladas, menos espontáneas. Y ver tantas imágenes de su infancia fue un recordatorio de lo valioso que es documentar a quienes amamos.

    Leí una vez que no nos damos cuenta de las épocas doradas hasta que ya pasaron. Y es cierto. Por suerte, todavía estoy a tiempo de recuperar esa conciencia.

    A partir de ahora, quiero hacerlo con más intención. Se me ocurre que cada vez que nos reunamos podría grabarles pequeñas entrevistas en video: “¿Cómo estás? ¿Cuántos años tienes?”, y así ir documentando su vida. Hoy tenemos herramientas digitales que nos permiten hacerlo, y siento que sería un recuerdo hermoso.

    Este momento me dejó nostalgia por el tiempo que ha pasado, pero también un aprendizaje claro: registrar más a las personas que amo. Porque la vida cambia, las personas cambian y, a veces, nos dejamos llevar por la rutina sin darnos cuenta de lo valioso que es capturar el presente.

    Quizá algún día, cuando el tiempo haya avanzado más, estos recuerdos sean la forma en que volvamos a encontrarnos con lo que fuimos.



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    4 min

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