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Un pequeño pensamiento sobre la meditación básica Isha Kriya de Sadhguru
Lectura de lo que escribí sobre mi experiencia personal viviendo con la afantasia: Cómo me di cuenta, qué percibo, qué investigué sobre esto. Hace poco vi que el tema me comenzó a aparecer en mi feed de redes sociales, así que quise aportar un poco con mi punto de vista…..y a ti ¿cómo te va con la afantasia?
Hace un tiempo vi en redes sociales una historia. Decían que en algún momento a cierto actor de Hollywood le iba mal y que viajó a la India, donde conoció a un gurú. Según la historia, este gurú le dio un consejo peculiar: cada vez que viera a alguien en la calle, que tuviera algo que él deseara —ya fuera fama, dinero, una pareja o cualquier cosa que le llamara la atención—, en lugar de sentir envidia, debía bendecir a esa persona diciendo: Yo te bendigo a ti y a todas tus generaciones para que siempre tengan abundancia. Se dice que a partir de ese momento su suerte cambió y que comenzó a irle mucho mejor.
No sé si sea una historia real o solo una anécdota con tintes simbólicos, pero creo que podría tener sentido en la forma en que influye en la manera de pensar. Si en lugar de reaccionar con envidia o frustración cada vez que vemos algo que deseamos en otra persona, practicamos un gesto de reconocimiento y buenos deseos, podemos cambiar la forma en que procesamos esas situaciones. En lugar de generar una sensación de carencia o comparación negativa, transformamos la respuesta en algo más neutral o incluso positivo.
He comenzado a probarlo. Antes, cuando veía algo que me llamaba la atención en otra persona, solía pensar: pásame tu energía o pásame eso que tienes. Ahora practico bendecir a la persona y a todas sus generaciones. Se siente diferente, como si rompiera un patrón de pensamiento que antes generaba cierta incomodidad. Y si no tiene ningún efecto externo, al menos es un ejercicio que cambia la manera en que se experimentan ciertas emociones. Es una forma de entrenar la mente para responder de manera menos automática y más consciente.
Hola. Bienvenida a este blog. Este es un espacio donde quiero compartirte lo que llevo dentro: pensamientos, experiencias, aprendizajes y todo eso que siento que merece ser dicho en voz alta, aquí, en este diario escrito.
Vas a encontrar un poco de todo. A veces será como un cuaderno de notas donde anoto ideas sueltas que me parecen interesantes. Otras veces será un rincón más íntimo, donde te contaré sobre mi historia como mamá, mi experiencia con la lactancia, mi camino en la tecnología —porque durante mucho tiempo trabajé como profesionista en ese mundo— y también sobre los emprendimientos que he tenido, incluyendo el negocio que manejo hoy.
También voy a escribirte sobre lo que voy aprendiendo: sobre la maternidad, sobre la vida misma y sobre los retos que implica hacer crecer un proyecto propio.
Mi intención con este blog es que, de alguna manera, te sea útil. Que te entretenga, te invite a reflexionar o simplemente te haga sentir acompañada.
Y si en algún momento piensas: “Esto que estoy leyendo no va con lo que yo pienso” o “yo no opino igual”, también está perfecto. No se trata de coincidir en todo, sino de compartir ideas, de conectar desde distintas formas de ver la vida.
Me emociona mucho arrancar con este proyecto. No es la primera vez que lo intento. Ya van varias, pero por una u otra razón —que luego te contaré— he tenido que pausarlo.
La emoción viene porque siento un llamado fuerte a comunicarme, a compartir lo que pienso y lo que vivo. Para mí, es un gran regalo poder escribirte. Tener tu atención es muy valioso, y me haría muy feliz saber que esto, esto que hago, te deja algo bueno.
Estos textos van a estar publicados principalmente aquí, en este blog. También compartiré algunos fragmentos en redes sociales.
Este blog, por ahora, es palabra viva, acompañada tal vez de una que otra imagen o video de mi día a día, aunque no tenga relación directa con lo que esté escribiendo. Pero eso es lo que puedo y quiero crear en este momento.
Ojalá que te guste. Pero más allá de eso, lo que realmente me importa es el mensaje. La palabra.
Si llegaste hasta aquí, gracias de corazón. Deseo que este proyecto crezca, que florezca y que sobre todo te deje algo bueno. A ti, que estás del otro lado de la pantalla. A mí, que lo escribo con todo el corazón. Y a cualquiera que esté abierto a recibir esta buena vibra.
Gracias. Nos leemos pronto. Bye.
Hola.
Bienvenida a estas grabaciones.
Un espacio donde te compartiré lo que llevo dentro: pensamientos, experiencias, aprendizajes
y todo aquello que siento que debe de ser dicho en voz alta, aquí, en este audio diario.
En estas grabaciones vas a encontrar un poco de todo.
A veces será como un cuaderno de notas donde anoto ideas sueltas que me parecen interesantes.
Otras veces será un espacio más personal, en el que te contaré sobre mi historia como mamá,
mi experiencia con la lactancia, mi camino en la tecnología,
porque mucho tiempo estuve trabajando como profesionista en el ámbito tecnológico.
Y también puede ser de los emprendimientos que he tenido, incluyendo el negocio que manejo actualmente.
También puedo estarte hablando de lo que aprendo, justamente sobre ser mamá, sobre la vida misma
y sobre los retos de hacer crecer un proyecto propio, en este caso, este negocio que actualmente tengo.
Mi intención con estos audios es que de alguna manera te sirvan.
Tal vez te entretengan, te ayuden a reflexionar o simplemente te hagan sentir acompañada.
Y si en algún momento piensas:
"Lo que estoy escuchando no coincide con lo que yo opino",
que digas: "yo no opino de la misma forma",
pues también está muy bien.
No se trata de que estemos de acuerdo en todo, sino de compartir ideas,
de que conectemos desde distintos puntos de vista.
Me emociona mucho comenzar con este proyecto.
Porque no es la primera vez que lo intento.
Ya van varias veces que lo intento, pero por uno u otro motivo —que después te iré platicando—
pues he tenido que detenerlos.
Pero la emoción es porque siento un fuerte llamado a comunicarme,
a compartir lo que pienso y vivo.
Para mí es un gran regalo poder hablar contigo a través de estos audios.
Tener tu atención es muy valioso para mí,
y sería una gran dicha saber que de alguna manera esto,
esto que hago, te aporta algo positivo.
Estos audios, pues, van a estar publicados en varias plataformas:
Spotify, Apple Podcast, Amazon Music y principalmente YouTube.
Ahí yo subo otros videos y también este podcast.
Este podcast, pues ahorita tengo planeado en que aparezca la voz
y que lo acompañen imágenes y videos,
más bien videos de mi vida cotidiana,
aunque no tenga nada que ver con lo que esté hablando en ese momento.
Pero pues es lo que puedo crear en este momento.
Espero que sea agradable.
Pero en realidad, el mensaje, el audio en este caso,
pues sería lo que trato de enfatizar más.
Si llegaste hasta aquí, te lo agradezco de corazón.
Espero que este proyecto crezca y que florezca
y que sobre todo aporte algo bueno a ti que me estás escuchando,
a ti y a mí,
a todos los que puedan recibir esta buena vibra.
Gracias.
Nos escuchamos pronto.
Bye.
Hace un tiempo vi en redes sociales una historia. Decían que en algún momento a cierto actor de Hollywood le iba mal y que viajó a la India, donde conoció a un gurú. Según la historia, este gurú le dio un consejo peculiar: cada vez que viera a alguien en la calle que tuviera algo que él deseara—ya fuera fama, dinero, una pareja o cualquier cosa que le llamara la atención—en lugar de sentir envidia, debía bendecir a esa persona diciendo:"Yo te bendigo a ti y a todas tus generaciones para que siempre tengan abundancia."Se dice que, a partir de ese momento, su suerte cambió y que comenzó a irle mucho mejor.No sé si sea una historia real o solo una anécdota con tintes simbólicos, pero creo que podría tener sentido en la forma en que influye en la manera de pensar.Si en lugar de reaccionar con envidia o frustración cada vez que vemos algo que deseamos en otra persona, practicamos un gesto de reconocimiento y buenos deseos, podemos cambiar la forma en que procesamos esas situaciones. En lugar de generar una sensación de carencia o comparación negativa, transformamos la respuesta en algo más neutral o incluso positivo.He comenzado a probarlo. Antes, cuando veía algo que me llamaba la atención en otra persona, solía pensar "pásame tu energía" o "pásame eso que tienes". Ahora, practico bendecir a la persona y a todas sus generaciones. Se siente diferente, como si rompiera un patrón de pensamiento que antes generaba cierta incomodidad.Y si no tiene ningún efecto externo, al menos es un ejercicio que cambia la manera en que se experimentan ciertas emociones. Es una forma de entrenar la mente para responder de manera menos automática y más consciente.
Hace ratito tuve uno de esos momentos que estoy segura que todas las mamás pasamos. Mi hija de tres años estaba llorando inconsolablemente por una situación. Yo me sentía tensa, estaba en casa pero tenía muchísimo trabajo acumulado, una necesidad urgente que ya me tenía estresada de por sí. Y mi nena no dejaba de llorar. No me enojé con ella, pero empecé a sentirme abrumada, a tener pensamientos de no saber cómo poder con todo: con el negocio en casa, con ser ama de casa, con querer estar con mis hijos.
Me empecé a abrumar, a sentir que no podía, que quizás lo que debería hacer era buscarme un trabajo fijo para tener tranquilidad económica. Pero entonces, mientras pasaba el tiempo y mi hija seguía llorando, recordé por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo. Yo decidí cuidar a mis hijos, ser ama de casa y llevar un negocio desde casa, a pesar de todas las presiones económicas y de que no gano igual que si trabajara fuera. Por lo menos salimos adelante, con mucho trabajo.
Al tranquilizarme, me recordé que en el tiempo que yo estaría en una oficina, sería otra persona quien estaría cuidando a mi hija. Y no es que yo quiera ser egoísta, es que realmente quiero disfrutar cada momento que pueda con mis hijos. Y si toda esta situación me ha llevado a varias renuncias —renuncias que nadie me va a agradecer ni a comprender del todo—, para mí ha valido la pena. Yo quiero estar con mis hijos. No sé qué pase en el futuro, si Dios me permita vivir mucho tiempo, pero estos momentos yo no me los quiero perder.
También, siendo muy sincera, no confío en nadie más para cuidar a mis hijos. No porque no tenga personas alrededor, sino porque no confío, ni siquiera a la distancia. He visto cómo a veces otras personas terminan cuidando a los hijos sin ser responsables directos, o cómo poco a poco comienzan a querer tomar decisiones que yo quiero reservar para mí.
Con mi hijo de nueve años, también aprendí a ver que prefiero ser yo quien esté presente. No es por algo extremo, pero son pequeñas situaciones que para mí son importantes y que no siempre podría explicar a detalle. Eso tiene un costo. Estar en casa, interrumpir mi trabajo para atender emociones, detenerme media hora, una hora, hasta que todo vuelve a estabilizarse, es pesado. Pero aunque sea estresante, recordarme por qué lo hago me da fuerza.
Recordarlo me enfoca. Me mantiene firme en mi decisión. Saber que las cosas pueden ser difíciles, pero que puedo seguir adelante, me llena de fuerza.
Quise compartir este momento porque, desde mis circunstancias, mis ideas y mis pensamientos, es lo que estoy viviendo. Quizás si tú me escuchas —seas mamá, no seas mamá, o seas hombre—, tal vez me comprendas o tal vez no. Cada quien tiene su historia. Yo sólo quise compartirte esto: a veces, aunque sea difícil, recordar nuestras razones nos da la fuerza para seguir adelante.
Gracias por escucharme.
La imagen es de Nicolaes Maes, "The Lacemaker", 1656
Ilustración de Sivan Karim
En este audio te platico que tengo 44 años y por primera vez en mi vida tengo el cabello más abajo de la cintura. Descubrí que llevarlo largo y trenzado es mucho más cómodo de lo que imaginaba. Me hago una sola trenza, o dos, y eso me permite estar bien peinada sin maltratarme el cabello, algo que siempre me costó por lo lacio que lo tengo. Cualquier otro peinado se me cae, las ligas me maltratan y los pasadores no me sostienen nada.
Comparto cómo el largo de mi cabello no ha sido planeado por estética, sino por descuido, por no estar enfocada en arreglarme. Pero ese descuido me llevó a darme cuenta de que el cabello largo puede ser muy práctico y cómodo. Hablo también de una creencia que alguna vez escuché: que el cabello es como una extensión del sistema nervioso. En prácticas como el kundalini yoga recomiendan no cortárselo, y lo mismo he leído sobre los pueblos indígenas en Estados Unidos durante la guerra. No sé si eso sea cierto, pero lo menciono como parte de mi reflexión.
La ilustración que acompaña este audio me hizo pensar más en todo esto: muestra a varias mujeres con el cabello largo y una en medio cortándoselo. Muchos comentarios decían que cortarse el cabello era un acto de rebeldía. Pero yo creo que ya no es así. Hoy en día casi nadie lleva el cabello largo hasta la cintura o más, y me doy cuenta de que quizá lo más rebelde ahora sea dejárselo largo, no teñírselo, no cambiarse el look todo el tiempo.
También hablo de cómo, cuando trabajaba fuera, solía cortármelo por practicidad, porque creía que me quitaba tiempo o que me veía mejor. Lo teñía, lo cambiaba, y ese impulso de cambio casi siempre lo pagaba mi cabello. Hoy lo dejo largo, lo trenzo y así duermo, así estoy cómoda. Incluso he notado que se me cae menos porque ya no lo estoy jalando todo el día.
Confieso que he subido mucho de peso últimamente, y que no me siento tan bella como antes. Pero recuerdo que admiraba a una amiga que siempre traía su cabello largo, y que eso le daba algo muy bonito. Tal vez, sin haberlo planeado, me lo he dejado largo como una forma de reservarme algo de belleza para mí.
Reflexiono sobre cómo casi todas las mujeres que conocí de generaciones anteriores —mi mamá, mi abuela— llevaban el cabello corto. Ellas eran mujeres profesionales, muy elegantes, pero el cabello corto era parte de su rutina. Hoy, yo veo muy pocas mujeres con el cabello realmente largo. Tal vez no se trata de rebeldía o sumisión, sino de qué queremos cada una. Yo solo sé que hoy, trenzarme el cabello y tenerlo largo, me resulta muy cómodo. Y que eso ya es suficiente para mí.
En este audio te platico cómo fue que empecé a considerar el camino del emprendimiento, no por iniciativa ni por un sueño romántico, sino por necesidad, por maternidad, por cansancio y también por anhelo de libertad. Durante muchos años trabajé en el sector tecnológico, en consultorías y startups. Me involucraba profundamente en los proyectos, y aunque disfrutaba lo que hacía, siempre sentía una nostalgia por la libertad que había conocido en la academia.
Cuando nació mi primer hijo, todo cambió. Tenerlo en brazos y saber que tenía que regresar a trabajar sembró en mí un deseo profundo de encontrar otra forma de generar ingresos. Una forma que me permitiera estar con él, acompañarlo, verlo crecer. En ese entonces, aunque mi empleo era flexible y comprensivo con mi maternidad, yo quería más. Quería libertad, presencia, autonomía.
No vengo de familia emprendedora. Mis papás y mis hermanas han sido maestros. Yo no sabía vender nada. Pero empecé a investigar durante mi licencia de maternidad y ahí comenzó este camino. El reto más difícil para mí ha sido decidir qué emprender. No sólo por la idea en sí, sino por todo lo que implica: tomar la decisión, juntar recursos, sostener la motivación.
La primera vez que lo intenté, tardé años en definir la idea, en ahorrar, en animarme. Lo hice y fracasó. Pero el hecho de haber tomado una decisión me dio calma en ese momento. A veces, lo más desesperante es estar en búsqueda sin saber hacia dónde ir. Y eso me ha pasado varias veces. Después de ese primer intento, vinieron otros aprendizajes, más búsquedas, más pruebas.
Los últimos dos años he podido vivir mi sueño de estar cerca de mis hijos gracias a un emprendimiento. Pero ahora ya no es suficiente. Los ingresos no alcanzan, la economía está complicada, las circunstancias cambiaron. Y de nuevo me encuentro preguntándome: ¿qué sigue? ¿Qué puedo emprender ahora? ¿O acaso tendría que regresar a la vida de oficina, algo que hoy me parece muy lejano de lo que quiero?
Lo que más deseo es seguir cerca de mis hijos. Alimentarlos, verlos, jugar con ellos, acompañarlos. Aunque a veces el emprendimiento me consume, al menos estoy ahí, con ellos. Eso no quiero perderlo. Pero también sé que tengo que brincar a otro barco antes de que se hunda el que tengo.
Estoy buscando. Me siento un poco perdida. Hay opciones, sí, pero también hay dudas. ¿Dónde invertir mi tiempo? ¿Mis recursos? ¿Cuál de mis habilidades usar? ¿Cómo emprender siendo mujer, teniendo 44 años, con mi contexto, mis retos?
Este audio es un diario personal que decidí compartir, por si tú también te has sentido así. Por si tú también estás buscando. Gracias por escuchar.
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