El califa Harun-Al-Rashid, nuevamente disfrazado de mercader de Mosul, ha logrado encontrar a Abdul Hassan, quien, a pesar de sus esfuerzos, no consigue evadirlo. El califa le insta a que lo invite nuevamente a su hogar; Abdul, atribuyéndole sus infortunios, se niega categóricamente a ofrecerle cena. No obstante, el soberano, sin revelar su verdadera identidad, insiste con tal persuasión que logra convencerlo. Una vez más, el califa le administra un brebaje sedante para trasladarlo a palacio, con el fin de continuar con su entretenimiento de hacerle creer que él es el caudillo de los creyentes y el verdadero califa. La duración de esta elaborada farsa por parte del califa Harun-Al-Rashid permanece incierta, ya que Abdul Hassan, consciente de la irrealidad de la situación, presiente un desenlace aciago.