Liselotte Norman, Lilo, tal y como la llamaban sus amigos, era una mujer que vivía angustiada. Llevaba varios años establecida felizmente en España, en su bungalow de Gran Canaria. Sin embargo, con el paso del tiempo, se quedó sola y fue entonces, cuando toda su tortura comenzó.
Aseguraba que no estaba sola. A sus 70 años, Lilo, afirmaba ver fantasmas. Espectros, que la molestaban en el interior de su domicilio, y que incluso, la amenazaban de muerte.
Su jardín escondía un secreto
Sus vecinos comentaban que Lilo se había vuelto loca. Nadie la creía. Pero el 20 de octubre de 2005, la aparición de unos huesos enterrados en el jardín de su casa hizo cambiar el rumbo de los acontecimientos. Los restos se encontraban en el interior de una bolsa. ¿Pero a quién pertenecían?
Las primeras investigaciones no se hicieron esperar y los resultados parecían apuntar hacia una única dirección: el cadáver que se había encontrado pertenecía supuestamente a Dirk Damatschke, un antiguo amante de Liselotte. Un hombre, que vivía en su misma urbanización y con el que había mantenido una tormentosa relación. ¿Pero era Lilo cómplice de un asesinato o víctima de un suceso sobrenatural?
Tras el hallazgo de los huesos, se hizo el silencio
Aunque los indicios señalaron en un principio a Lilo, como supuesta implicada en el crimen, lo cierto es que a día de hoy, las autoridades siguen sin emitir ningún tipo de confirmación oficial sobre la procedencia de los restos. Liselotte abandonó España y estaba previsto que regresara a Gran Canaria para prestar declaración. Sin embargo, por el momento, no existe ninguna noticia que confirme su vuelta desde Alemania.