Fue la fábrica subterránea más grande del mundo: siete millas de túneles bajo tierra construidos para fabricar las armas secretas de Hitler y, en especial, el cohete V-2. Pero Nordhausen atesora más de un secreto. Tecnología y tortura iban de la mano en este enclave en el que, al menos, 25.000 trabajadores perdieron la vida. Lejos de caer en el olvido, y tras el fin de la contienda, los intimidadores muros de Nordhausen dejaron de ser un campo de concentración para convertirse en las instalaciones que alojaban a aquellos que ayudaron a los americanos en la conquista del espacio.