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Acabo de terminar de ver la película Ordinary Angels y me conmovió profundamente.
“Absteneos de toda especie de mal.”
1 Tesalonicenses 5:22
Vivimos en una sociedad donde los estereotipos y las expectativas ajenas nos presionan a conformarnos a un molde determinado. Desde la apariencia hasta el comportamiento, a menudo nos sentimos tentados a cambiar para encajar en lo que otros esperan de nosotros. Sin embargo, como cristianos, estamos llamados a vivir conforme a la imagen de Cristo, no a la imagen de los demás.
Pero Pedro dijo: ‘No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.’
(Hechos 3:6)
Salmo 34:18
“Cerca está el Señor de los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
En la vida cristiana, uno de los mayores desafíos es reconocer que, aunque hemos sido perdonados, aún luchamos contra nuestra naturaleza pecaminosa.
Es una realidad que todos experimentamos: nuestro amor, por más genuino que sea, está marcado por imperfecciones.
Hoy quiero reflexionar sobre un tema que afecta a todos en algún momento: la falta de genuinidad en las personas. Nos hemos encontrado con momentos en los que sentimos que los demás no son auténticos, o incluso, hemos sido nosotros quienes, por diversas razones, ocultamos nuestra verdadera esencia.
Juan 14:15, “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
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